Nací
cuando estaba acabando la segunda guerra mundial y me crié entre
las máquinas e inventos de un modesto taller, con el que mi padre
daba de comer como podía a la familia mientras se recreaba en sus
inquietudes tecnológicas. Al llegar a la universidad me invadió la
irresistible curiosidad de poder colocar en cualquier lugar un
agujerito temporal, mirar a su través, dar hacia atrás a la
manivela y contemplar cómo varía el paisaje, hasta agotar los
datos disponibles; luego, manivela adelante, pasada por el momento
presente y a ver si la cuerda dura lo suficiente como para echar
un fugaz vistazo hacia el futuro. Como lo que más se parecía a eso
era la geología, realicé esos estudios y trabajé en hidrología y
minería de metales básicos. A las rocas le faltaban los seres
vivos, así que entré hace treinta años en un departamento de
Ecología y me doctoré en Biología. Luego progresivamente fui
cayendo en la cuenta que lo que realmente importa en esta vida
somos los humanos y recientemente terminé estudios de Psicoterapia
en el Reino Unido. Ignoro cuál será la siguiente fase.
Mientras tanto, hice una incursión como consejero
técnico hacia las esferas del gobierno y estuve peleando por
trasladar a los papeles y reuniones de la preparación del Convenio
Marco sobre el Cambio Climático lo que la sociedad del momento me
ordenaba. Todavía sigo enganchado con lo del clima, rebuscando por
los rincones de la ciencia y sigo tratando de lograr la meta de
aquel agujerito temporal que me propuse al llegar a la
universidad. Sin embargo, creo que me voy resignando a aceptar el
hecho de que el conocimiento disponible no satisface, ni
previsiblemente va a satisfacer, las expectativas de lo que yo
imaginaba entonces tendría que ser la ciencia, cuarenta años más
tarde. Tampoco tengo grandes esperanzas de que viva lo suficiente
como para ver mejoras sustanciales, dada la generalizada afición a
los eternos debates y a enredarnos con todo lo que se nos cruza
por delante.
Imparto clases a futuros biólogos sobre Sistemas
Ambientales y a futuros ambientalistas sobre Restauración de
Ecosistemas, esto último algo paradójico en un país que se está
cementando a toda velocidad. Lo complemento con clases de
doctorado sobre la relación entre cambio climático y la sociedad,
así como con temas de percepción y comunicación en educación
ambiental. En estos momentos me dedico al análisis de la evolución
del clima, al estudio de la dinámica de los paisajes y a preparar
unos módulos que permitan, más adelante, aplicar en algún proyecto
concreto los planteamientos de educación hacia el individuo que
propongo en el artículo.
Mirando hacia atrás, con mis antecedentes
familiares y dada mi afición a lo manual, creo que no me veo ni
como un científico, ni tampoco como un profesor; ante todo me
considero un artesano de lo que esté haciendo y en esa dirección
deseo continuar.