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El
chileno Manfred Max-Neef estudió economía e hizo carrera como
empleado de la empresa Shell. En 1957 dio las espaldas a la
industria y se dedicó a estudiar los problemas de los países en
desarrollo. Trabajó para organizaciones de la ONU y en diversas
universidades de EE.UU. y América Latina. Inspirado por el
imperativo de E.F. Schumacher small is beautiful, desarrolló tesis
que denominó «economía descalza» y «economía a escala humana», cuyos
criterios definió ya en los años 80 en una matriz que abarca diez
necesidades humanas básicas. En los años 90 formuló con la hipótesis
del «umbral» la idea de que a partir de determinado punto del
desarrollo económico, la calidad de vida comienza a disminuir.
En 1973 acepta un llamado de la Universidad de
Chile, a la que arriba poco antes del golpe de Estado contra el
gobierno de la Unidad Popular. Max-Neef se marcha al exilio. En
Argentina pasa a trabajar en la Fundación Bariloche, fuertemente
marcada por Carlos Mallmann, y donde se cultivan simbióticamente las
ciencias naturales, las matemáticas y la música. En esos tiempos es
editado «Límites de la pobreza», de A. Herrera y H.D. Scolnik, en el
que se presenta el «modelo de Bariloche» como respuesta al escenario
de catástrofe formulado por Dennis L. Meadow en «Limits to Growth».
En «Límites de la pobreza» se trata de un modelo del mundo
alternativo, basado en la igualdad y en la idea de cubrir las
necesidades básicas, que no termina con el colapso global. También
la Fundación Hammarskjöld, de Suecia, comienza a interesarse por
este chileno poco convencional y lo acompaña editorialmente.
Entre el trabajo de proyecto y la reflexión teórica
(que llevó a Max-Neef también varias veces hasta seminarios de la
DSE), crece su bagaje de ideas. Max-Neef es premiado finalmente en
1983 con el Nobel Alternativo.
Con el dinero del premio, Max-Neef funda en Santiago
de Chile el (hoy desaparecido) Centro de Estudio y Promoción de
Asuntos Urbanos (CEPAUR), con el objetivo de poner en práctica sus
ideas sobre un «desarrollo a escala humana» y desde entonces se
multiplican los premios internacionales. Max-Neef se transforma en
miembro del Club de Roma, la Academia Leopold Kohr, en Salzburgo y
la E.F. Schumacher Society, en Inglaterra. En 1993 es candidato
independiente presentado por los Verdes para la Presidencia de su
país, una empresa destinada de antemano al fracaso en el Chile del
milagro económico. Hoy, Max-Neef es rector de la pequeña, pero
reconocida Universidad Austral, en Valdivia («una ciudad a escala
humana»), en el paradisiaco sur de Chile, donde la política de
exportación a rajatabla no ha dejado aún marcas visibles. No
obstante, ni siquiera un Nobel alternativo puede satisfacer a todos:
frente al rectorado, un disidente escribió, no sin cierta poesía:
«Sr. Rector, la Universidad no es un banco». Max-Neef sonrió y no
ordenó quitar el grafito.
Su propia búsqueda intelectual, la simpatía para con
la gente sencilla, el small is beautiful de Schumacher, la obsesión
de Leopold Kohr por unidades abarcables, el pensamiento alternativo
de la Fundación Bariloche y sobre todo su propio trabajo de proyecto
alimentaron la búsqueda de Max-Neef de propuestas para la puesta en
práctica del «desarrollo a escala humana». El «desarrollo» fue
definido por Max-Neef como la «liberación de posibilidades
creativas» de todos los integrantes de una sociedad, como un
concepto claramente separado del crecimiento económico y sin ser una
condición para éste.
Inspirado por la Fundacion Dag-Hammarskjöld, que
para su informe global «What New: Another Development» (1975)
necesitaba ejemplos de desarrollo sectorial alternativo en América
Latina, maduró en Max-Neef a mediados de los años 80 el instrumental
de su «desarrollo a escala humana». Como el desarrollo no debe ser
impuesto desde arriba, sino que debe venir de la base, Max-Neef
elaboró un método para aprehender los verdaderos deseos y
necesidades de la gente sencilla.
El objeto de su búsqueda lo ejemplifica el acto de
una madre que amamanta a su bebé: un recién nacido tiene una
necesidad básica, la subsistencia; la satisfacción la encuentra en
ser amamantado, un acto que a su vez despierta otras necesidades,
tales como protección, amor e identidad y simultáneamente estimula
su satisfacción.
De acuerdo con ese modelo, Max-Neef construye una
matriz básica con nueve necesidades básicas (una décima, la búsqueda
de la trascendencia, le pareció entonces demasiado osada),
conectadas axiológicamente con cuatro categorías de satisfacción de
necesidades. Las nueve necesidades fundamentales son: subsistencia,
protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación,
identidad y libertad. Las cuatro categorías correspondientes al
nivel de las satisfacciones son: ser, tener, hacer e interacción (Max-Neef,
p. 32 ss.)
Siguiendo el esquema se obtiene una matriz con 36
campos. A los satisfactores positivos se contraponen
pseudosatisfactores o satisfactores inhibidores, que ofrecen una
falsa satisfacción de deseos. El armamento, p. ej., promete
protección, pero disminuye la satisfacción de otras necesidades,
tales como subsistencia, afecto, participación o libertad; el
nacionalismo chaunivista ofrece identidad, pero destruye otras
áreas; el paternalismo impone protección, pero a costas de la
comprensión, la participación, la libertad y la identidad.
Correco electrónico:
economia@uach.cl
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