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ISSN 1913-6196

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 Los objetivos del desarrollo del milenio:
un pacto entre las naciones para eliminar la pobreza humana

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Parte 1 / 3

Del Informe sobre Desarrollo Humano 2003
 

El nuevo siglo ha comenzado con una declaración de solidaridad sin precedentes y con el firme propósito de acabar con la pobreza en el mundo. En el año 2000, la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas fue aprobada por la mayor concentración de jefes de Estado de la historia. Ésta comprometió a los países —ricos y pobres— a que hicieran todo lo posible para erradicar la pobreza, promover la dignidad humana y la igualdad, y alcanzar la paz, la democracia y la sostenibilidad ambiental. Estos dirigentes prometieron unir fuerzas para lograr que, para el año 2015 o antes, se cumpliesen unos objetivos concretos de avance en el desarrollo y reducción de la pobreza.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio derivan de la Declaración del Milenio y comprometen a los países a luchar más firmemente contra la insuficiencia de ingresos, el hambre generalizado, la desigualdad de género, el deterioro del medio ambiente y la falta de educación, atención médica y agua potable (recuadro 1). Estos objetivos incluyen, además, una serie de acciones que deben ser llevadas a cabo para reducir la deuda y aumentar la ayuda, el comercio y la transferencia de tecnologías a los países pobres. El Consenso de Monterrey de 2002 —consolidado en la Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible de septiembre de 2002 y en el Plan de Implementación de Johannesburgo— proporciona el marco adecuado para esta alianza entre países ricos y pobres.

Resulta difícil pensar en un momento más propicio para apoyar la existencia de una alianza mundial como ésta. En 2003, el mundo ha presenciado un incremento de los conflictos violentos, acompañados por un aumento de la tensión internacional y el miedo al terrorismo. Algunos podrían argumentar que la lucha contra la pobreza se debe posponer hasta que se le haya ganado la guerra al terrorismo, pero se equivocarían. La necesidad de erradicar la pobreza no compite con la necesidad de hacer del mundo un lugar más seguro. Por el contrario, erradicar la pobreza debería contribuir a crear ese mundo más seguro que forma parte de la visión de la Declaración del Milenio.

Para abordar el problema de la pobreza es preciso comprender sus causas. Este Informe contribuye a esta comprensión aportando un análisis sobre los factores que dificultan el desarrollo. Durante los años 90, el debate sobre el desarrollo se centraba en torno a tres cuestiones generales. La primera era la necesidad de reformas económicas para conseguir la estabilidad macroeconómica. La segunda era la necesidad de instituciones y gobernabilidad sólidas, que consiguieran hacer respetar las leyes y controlar la corrupción. La tercera era la necesidad de una justicia social y de la participación ciudadana en la toma de decisiones que les afectaban a ellos directamente, a sus comunidades y a sus países; una cuestión por la que este Informe continua abogando.

Todos estos temas son cruciales para un desarrollo humano sostenible, y por ello siguen mereciendo una atención prioritaria a la hora de elaborar políticas. No obstante, existe un cuarto factor que no se ha tenido en cuenta pero que se analiza en este Informe: las limitaciones estructurales que impiden el crecimiento económico y el desarrollo humano. El Pacto de Desarrollo del Milenio presentado en este Informe realiza una propuesta política para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que comienza por abordar dichas limitaciones.

El sentido de la propiedad nacional —por parte de los gobiernos y las comunidades— es fundamental para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. De hecho, éstos pueden fomentar el debate democrático, por lo que es más probable que los dirigentes emprendan las acciones necesarias para lograr los objetivos si existe presión por parte de ciudadanos comprometidos.

Los Objetivos sólo tendrán éxito si significan algo para los miles de millones de individuos a los que están dirigidos. Los Objetivos deben convertirse en una realidad nacional acogida por los principales interesados: las personas y los gobiernos. Son un conjunto de elementos de referencia necesarios para evaluar el progreso y para que los pobres puedan asegurarse de que sus líderes políticos asuman sus responsabilidades. Ayudan a las personas a luchar por el tipo de políticas y acciones necesarias para crear empleos dignos, mejorar el acceso a las escuelas y erradicar la corrupción. Son, a su vez, compromisos adquiridos por líderes nacionales, que son responsables de su cumplimiento ante sus electores.

Cuando son comunidades las que adoptan estos Objetivos, éstos pueden alentar el debate democrático sobre la actuación del gobierno, especialmente cuando se facilitan datos imparciales expuestos en el tablero de anuncios de las salas comunales de cada pueblo. También pueden constituir plataformas de campañas políticas, como sucedió en el caso del presidente brasileño Luis Inacio "Lula" da Silva en su campaña contra el hambre llamada Fome Zero (Cero Hambre), la cual estaba dentro de la plataforma utilizada en su propuesta como candidato a la presidencia.

Objetivos y Metas de Desarrollo del Milenio

Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

Meta 1: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas con ingresos inferiores a 1 dólar diario

Meta 2: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padecen hambre

Objetivo 2: Lograr la educación primaria universal

Meta 3: Velar por que, para el año 2015, los niños y las niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de educación primaria

Objetivo 3: Promover la quidad de género y la autonomía de la mujer

Meta 4: Eliminar las desigualdades de género en la educación primaria y secundaria preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la educación antes del final de 2015

Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil

Meta 5: Reducir en dos terceras partes, entre 1990 y 2015, la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años

Objetivo 5: Mejorar la salud materna

Meta 6: Reducir, entre 1990 y 2015, la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes

Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

Meta 7: Detener y comenzar a reducir, para el año 2015, la propagación del VIH/SIDA

Meta 8: Detener y comenzar a reducir, para el año 2015, la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves

Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad ambiental

Meta 9: Incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales e invertir la pérdida de recursos ambientales

Meta 10: Reducir a la mitad, para el año 2015, la proporción de personas que carecen de acceso sostenible a agua potable

Meta 11: Mejorar considerablemente, para el año 2020, la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de los barrios más precarios

Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

Meta 12: Desarrollar aún más un sistema financiero y de comercio abierto, regulado, previsible y no discriminatorio (incluye el compromiso de lograr una buena gobernabilidad y la reducción de la pobreza, en cada país y en el plano internacional).

Meta 13: Atender las necesidades especiales de los países menos adelantados, lo que incluye el acceso libre de aranceles y cupos para las exportaciones de los países menos adelantados, el programa mejorado de alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados y la cancelación de la deuda bilateral oficial así como la concesión de una asistencia oficial para el desarrollo más generosa a los países que se hayan comprometido a reducir la pobreza

Meta 14: Atender a las necesidades especiales de los países sin litoral y de los pequeños Estados insulares en desarrollo (mediante el Programa de Acción para el Desarrollo Sostenible de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y las disposiciones de la XXII Asamblea General).

Meta 15: Encarar de manera general los problemas de la deuda de los países en desarrollo aplicando medidas nacionales e internacionales, con el fin de garantizarla sostenibilidad de la deuda a largo plazo

Meta 16: En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y productivo

Meta 17: En cooperación con los laboratorios farmacéuticos, proporcionar acceso a los medicamentos de primera necesidad y a precios asequibles, en los países en desarrollo

Meta 18: En colaboración con el sector privado, velar por que se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular las tecnologías de la información y de las comunicaciones

Los grupos de la sociedad civil —desde organizaciones comunitarias hasta asociaciones profesionales, agrupaciones de mujeres y redes de organizaciones no gubernamentales (ONG)— desempeñan un papel decisivo con su contribución a la implementación y seguimiento de los progresos hacia los Objetivos. No obstante, los Objetivos también requieren la existencia de Estados competentes y eficientes, capaces de cumplir sus compromisos de desarrollo. También la movilización popular se presenta como un factor necesario para poder mantener la voluntad política de conseguir tales propósitos. Tal movilización debe estar integrada por culturas políticas abiertas y participativas.

Reformas políticas, como la descentralización de presupuestos y la responsabilidad de prestar servicios básicos, acercan la toma de decisiones a los ciudadanos y refuerzan la presión popular para conseguir la realización de los objetivos. En los lugares donde la descentralización ha funcionado —como en algunas zonas de Brasil, Jordania, Mozambique y los estados Indios de Kerala, Madya Pradesh y Bengala occidental — ésta ha dado lugar a mejoras muy significativas. Por ejemplo, puede traducirse por servicios gubernamentales que respondan más rápidamente a las necesidades de los ciudadanos, pongan al descubierto la corrupción y reduzcan el absentismo.

Pero la descentralización es difícil. Para lograrla con éxito, son necesarios una autoridad central competente, autoridades locales comprometidas y autónomas a nivel financiero, así como ciudadanos, también comprometidos, dentro de una sociedad civil bien organizada. En Mozambique, las autoridades locales dotadas de estas características consiguieron ampliar la cobertura de las vacunaciones y consultas prenatales en un 80%, y superaron las limitaciones de capacidad contratando ONG y proveedores privados a nivel municipal.

Experiencias recientes han demostrado cómo los movimientos sociales pueden llevar a una mayor participación en la toma de decisiones, como por ejemplo en la supervisión pública de presupuestos locales. En Porto Alegre, Brasil, el seguimiento público de estos presupuestos ha supuesto grandes mejoras en los servicios. En 1989, poco menos de la mitad de los residentes de la ciudad tenía acceso a agua potable. Siete años más tarde, prácticamente toda la población tenía acceso a estos servicios. La matriculación en escuelas de enseñanza primaria se duplicó durante este periodo y el servicio de transportes se amplió a las zonas periféricas.

Semejante acción colectiva produce una mejora en los servicios básicos y ayuda a alentar y sustentar la voluntad política. La ciudadanía ha ejercido presión en sus líderes para que éstos cumplan con sus compromisos políticos. Además, los Objetivos le proporcionan la herramienta para delegar en su gobierno la responsabilidad que se les atribuye.

Puesto que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no podrán alcanzarse mediante el enfoque institucional habitual, se debe acelerar radicalmente el paso hacia el progreso.

Durante los últimos 30 años se han producido extraordinarias mejoras en los países en desarrollo. El analfabetismo se ha reducido casi a la mitad, hasta un 25%, y en Asia Oriental el número de personas que sobreviven con menos de $1 al día se redujo casi en la mitad en los años 90.

No obstante, el desarrollo humano progresa con demasiada lentitud. Para muchos países, los 90 fueron una década de desesperación. Alrededor de 54 países son ahora más pobres que en 1990. En 21 países se ha incrementado el porcentaje de personas que pasan hambre. En otros 14, mueren más niños menores de 5 años. En 12, las matriculaciones en la escuela primaria están descendiendo. En otros 34, la esperanza de vida también ha disminuido. Pocas veces se habían producido semejantes retrocesos en las tasas de supervivencia.

Otra señal de la crisis del desarrollo es que en 21 países se ha producido un descenso del índice de

desarrollo humano (IDH, una medida que resume las tres dimensiones del desarrollo humano: disfrutar de una vida larga y saludable, recibir educación y tener un nivel de vida digno). Se trata de un fenómeno poco común hasta finales de los 80, puesto que las capacidades que capta el IDH no se pierden fácilmente.

Si el progreso mundial continúa al mismo ritmo que en los 90, tan sólo los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza de ingresos y el porcentaje de personas que carecen de acceso a agua potable tendrán posibilidades de realizarse, principalmente gracias a China y la India. Desde una óptica regional, al ritmo actual, los países al sur del Sahara no alcanzarían los Objetivos de pobreza hasta el año 2147 y, en lo que respecta al VIH/SIDA y el hambre, la tendencia en esta región es a aumentar, en lugar de disminuir.

El hecho de que tantos países en el mundo estén muy lejos de conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en los 12 años que faltan hasta el año 2015, indica la necesidad urgente de un cambio de procedimiento. Sin embargo, los logros que se han conseguido hasta ahora en cuanto a desarrollo muestran lo que es posible conseguir incluso en países muy pobres. Sri Lanka fue capaz de aumentar la esperanza de vida en 12 años entre 1945 y 1953. Botswana aporta otro caso ejemplar: la tasa bruta de matriculaciones en primaria aumentó de un 40% en 1960 a casi un 91% para el año 1980.

El mundo actual dispone más que nunca de mayores recursos y conocimientos técnicos para abordar retos como las enfermedades infecciosas, la baja productividad, la carencia de energía limpia y transporte, la falta de servicios básicos como son el agua potable, el saneamiento, las escuelas y la atención médica. La cuestión es determinar la mejor manera de emplear estos recursos y conocimientos para beneficiar a las personas más pobres.

Dos grupos de países requieren un cambio urgente. En primer lugar están los países donde se combinan un bajo desarrollo humano y un progreso insuficiente hacia los Objetivos. Éstos son los países de máxima y alta prioridad. En segundo lugar se encuentran países que progresan adecuadamente hacia los Objetivos, pero que todavía tienen grandes sectores de pobreza.

Hay 59 países de prioridad máxima o alta, donde la insuficiencia del progreso y unos niveles de partida muy bajos reducen las posibilidades de conseguir muchos de los Objetivos. Es en estos países donde el mundo debe centrar su atención y sus recursos.

En la década de los 90 estos países sufrieron muchos tipos de crisis:

  • Pobreza de ingresos: las tasas de pobreza, que ya eran altas, aumentaron en 37 de los 67 países de los que se tienen datos.
  • Hambre: en 19 países, más de una persona de cada cuatro pasa hambre, y la situación no mejora o incluso empeora. La tasa de hambre ha aumentado en 21 países.
  • Supervivencia: en 14 países, la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años aumentó en los años 90 y en 7 países casi uno de cada cuatro niños no llegará a su quinto cumpleaños.
  • Agua: en 9 países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a agua potable y la situación no mejora o incluso empeora.
  • Saneamiento: en 15 países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a un servicio adecuado de saneamiento e igualmente esta situación no mejora sino que empeora.

Subyacente a todas estas crisis, se encuentra una crisis económica. Estos países no sólo son ya extremadamente pobres, sino que sus tasas de crecimiento son también sumamente bajas.

En los años 90, 125 países registraron una media de crecimiento de ingresos per cápita inferior al 3% y en 54 de ellos los ingresos medios per cápita descendieron. De los 54 países con ingresos en disminución, 20 son países subsaharianos, 17 pertenecen a Europa Oriental y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), 6 a América Latina y el Caribe, 6 a Asia oriental y el Pacífico y 5 a los Estados Árabes. Éstos incluyen muchos países prioritarios, así como algunos países con un desarrollo humano medio.

Los países de los que se habla con menor frecuencia son aquellos cuyo progreso es bueno pero que excluyen o dejan de lado a ciertos grupos y zonas. Todos los países deberían hacer frente a estos problemas de notables desigualdades entre grupos — entre hombres y mujeres, entre grupos étnicos, entre razas y entre zonas urbanas y rurales—, y para abordar esta tarea se requiere ir más allá de los promedios de los países.

En muchos países donde los promedios nacionales indican un progreso adecuado hacia los Objetivos según los plazos establecidos, existen sin embargo grandes zonas de pobreza afianzadas. El extraordinario éxito de China, que consiguió sacar de la pobreza de ingresos a 150 millones de personas en los años 90, se produjo de manera concentrada en las regiones costeras. En las demás zonas, las grandes zonas de pobreza persisten. En algunas regiones del interior, el progreso económico ha sido mucho más lento que en el resto del país.

En cierto número de países los Objetivos se podrían alcanzar más fácilmente si simplemente se mejorasen las circunstancias que rodean a las personas más acomodadas. Los datos sugieren que esto ocurre en el ámbito de la salud pero, aunque este enfoque podría ajustarse a lo establecido en la letra de los Objetivos, no se ajusta al espíritu de éstos. El progreso de las mujeres, la población rural, las minorías étnicas y demás personas pobres es, como de costumbre, más lento que el promedio nacional —o inexistente — incluso en los países que, de manera global, muestran progreso hacia los Objetivos.

De 24 países en desarrollo cuyas tasas subnacionales de mortalidad infantil se encontraban por debajo de la media entre la mitad de los 80 y la mitad de los 90, solamente 3 han conseguido reducir la diferencia en la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años entre los grupos más pobres y los más ricos. Se dan pautas similares en las tasas de vacunación, matriculación y finalización escolar, donde las diferencias entre el ámbito urbano-rural y entre grupos étnicos continúan o incluso se intensifican. También las mujeres tienden a ser excluidas del progreso generalizado hacia los Objetivos en las zonas pobres.


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