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Parte 1 / 3
Del Informe sobre Desarrollo Humano 2003
El nuevo siglo ha comenzado con una declaración de
solidaridad sin precedentes y con el firme propósito de acabar con la
pobreza en el mundo. En el año 2000, la Declaración del Milenio de las
Naciones Unidas fue aprobada por la mayor concentración de jefes de Estado
de la historia. Ésta comprometió a los países —ricos y pobres— a que
hicieran todo lo posible para erradicar la pobreza, promover la dignidad
humana y la igualdad, y alcanzar la paz, la democracia y la sostenibilidad
ambiental. Estos dirigentes prometieron unir fuerzas para lograr que, para
el año 2015 o antes, se cumpliesen unos objetivos concretos de avance en el
desarrollo y reducción de la pobreza.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio derivan de la
Declaración del Milenio y comprometen a los países a luchar más firmemente
contra la insuficiencia de ingresos, el hambre generalizado, la desigualdad
de género, el deterioro del medio ambiente y la falta de educación, atención
médica y agua potable (recuadro 1). Estos objetivos incluyen, además, una
serie de acciones que deben ser llevadas a cabo para reducir la deuda y
aumentar la ayuda, el comercio y la transferencia de tecnologías a los
países pobres. El Consenso de Monterrey de 2002 —consolidado en la
Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible de septiembre de
2002 y en el Plan de Implementación de Johannesburgo— proporciona el marco
adecuado para esta alianza entre países ricos y pobres.
Resulta difícil pensar en un momento más propicio para
apoyar la existencia de una alianza mundial como ésta. En 2003, el mundo ha
presenciado un incremento de los conflictos violentos, acompañados por un
aumento de la tensión internacional y el miedo al terrorismo. Algunos
podrían argumentar que la lucha contra la pobreza se debe posponer hasta que
se le haya ganado la guerra al terrorismo, pero se equivocarían. La
necesidad de erradicar la pobreza no compite con la necesidad de hacer del
mundo un lugar más seguro. Por el contrario, erradicar la pobreza debería
contribuir a crear ese mundo más seguro que forma parte de la visión de la
Declaración del Milenio.
Para abordar el problema de la pobreza es preciso comprender
sus causas. Este Informe contribuye a esta comprensión aportando un análisis
sobre los factores que dificultan el desarrollo. Durante los años 90, el
debate sobre el desarrollo se centraba en torno a tres cuestiones generales.
La primera era la necesidad de reformas económicas para conseguir la
estabilidad macroeconómica. La segunda era la necesidad de instituciones y
gobernabilidad sólidas, que consiguieran hacer respetar las leyes y
controlar la corrupción. La tercera era la necesidad de una justicia social
y de la participación ciudadana en la toma de decisiones que les afectaban a
ellos directamente, a sus comunidades y a sus países; una cuestión por la
que este Informe continua abogando.
Todos estos temas son cruciales para un desarrollo humano
sostenible, y por ello siguen mereciendo una atención prioritaria a la hora
de elaborar políticas. No obstante, existe un cuarto factor que no se ha
tenido en cuenta pero que se analiza en este Informe: las limitaciones
estructurales que impiden el crecimiento económico y el desarrollo humano. El Pacto de
Desarrollo del Milenio presentado en este Informe realiza una propuesta
política para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que comienza
por abordar dichas limitaciones.
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El sentido de la propiedad nacional —por parte de los
gobiernos y las comunidades— es fundamental para conseguir los Objetivos de
Desarrollo del Milenio. De hecho, éstos pueden fomentar el debate
democrático, por lo que es más probable que los dirigentes emprendan las
acciones necesarias para lograr los objetivos si existe presión por parte de
ciudadanos comprometidos. |
Los Objetivos sólo tendrán éxito si significan algo para los
miles de millones de individuos a los que están dirigidos. Los Objetivos
deben convertirse en una realidad nacional acogida por los principales
interesados: las personas y los gobiernos. Son un conjunto de elementos de
referencia necesarios para evaluar el progreso y para que los pobres puedan
asegurarse de que sus líderes políticos asuman sus responsabilidades. Ayudan
a las personas a luchar por el tipo de políticas y acciones necesarias para
crear empleos dignos, mejorar el acceso a las escuelas y erradicar la
corrupción. Son, a su vez, compromisos adquiridos por líderes nacionales,
que son responsables de su cumplimiento ante sus electores.
Cuando son comunidades las que adoptan estos Objetivos,
éstos pueden alentar el debate democrático sobre la actuación del gobierno,
especialmente cuando se facilitan datos imparciales expuestos en el tablero
de anuncios de las salas comunales de cada pueblo. También pueden constituir
plataformas de campañas políticas, como sucedió en el caso del presidente
brasileño Luis Inacio "Lula" da Silva en su campaña contra el hambre llamada
Fome Zero (Cero Hambre), la cual estaba dentro de la plataforma utilizada en
su propuesta como candidato a la presidencia.
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Objetivos y Metas de Desarrollo del Milenio
Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre
Meta 1: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el
porcentaje de personas con ingresos inferiores a 1 dólar diario
Meta 2: Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el
porcentaje de personas que padecen hambre
Objetivo 2: Lograr la educación primaria universal
Meta 3: Velar por que, para el año 2015, los niños
y las niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de
educación primaria
Objetivo 3: Promover la quidad de género y la
autonomía de la mujer
Meta 4: Eliminar las desigualdades de género en la
educación primaria y secundaria preferiblemente para el año 2005,
y en todos los niveles de la educación antes del final de 2015
Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil
Meta 5: Reducir en dos terceras partes, entre 1990
y 2015, la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años
Objetivo 5: Mejorar la salud materna
Meta 6: Reducir, entre 1990 y 2015, la tasa de
mortalidad materna en tres cuartas partes
Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras
enfermedades
Meta 7: Detener y comenzar a reducir, para el año
2015, la propagación del VIH/SIDA
Meta 8: Detener y comenzar a reducir, para el año
2015, la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves
Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad ambiental
Meta 9: Incorporar los principios del desarrollo
sostenible en las políticas y los programas nacionales e invertir
la pérdida de recursos ambientales
Meta 10: Reducir a la mitad, para el año 2015, la
proporción de personas que carecen de acceso sostenible a agua
potable
Meta 11: Mejorar considerablemente, para el año
2020, la vida de por lo menos 100 millones de habitantes de los
barrios más precarios
Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el
desarrollo
Meta 12: Desarrollar aún más un sistema financiero
y de comercio abierto, regulado, previsible y no discriminatorio
(incluye el compromiso de lograr una buena gobernabilidad y la
reducción de la pobreza, en cada país y en el plano
internacional).
Meta 13: Atender las necesidades especiales de los
países menos adelantados, lo que incluye el acceso libre de
aranceles y cupos para las exportaciones de los países menos
adelantados, el programa mejorado de alivio de la deuda de los
países pobres muy endeudados y la cancelación de la deuda
bilateral oficial así como la concesión de una asistencia oficial
para el desarrollo más generosa a los países que se hayan
comprometido a reducir la pobreza
Meta 14: Atender a las necesidades especiales de
los países sin litoral y de los pequeños Estados insulares en
desarrollo (mediante el Programa de Acción para el Desarrollo
Sostenible de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y las
disposiciones de la XXII Asamblea General).
Meta 15: Encarar de manera general los problemas
de la deuda de los países en desarrollo aplicando medidas
nacionales e internacionales, con el fin de garantizarla
sostenibilidad de la deuda a largo plazo
Meta 16: En cooperación con los países en
desarrollo, elaborar y aplicar estrategias que proporcionen a los
jóvenes un trabajo digno y productivo
Meta 17: En cooperación con los laboratorios
farmacéuticos, proporcionar acceso a los medicamentos de primera
necesidad y a precios asequibles, en los países en desarrollo
Meta 18: En colaboración con el sector privado,
velar por que se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas
tecnologías, en particular las tecnologías de la información y de
las comunicaciones
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Los grupos de la sociedad civil —desde organizaciones
comunitarias hasta asociaciones profesionales, agrupaciones de mujeres y
redes de organizaciones no gubernamentales (ONG)— desempeñan un papel
decisivo con su contribución a la implementación y seguimiento de los
progresos hacia los Objetivos. No obstante, los Objetivos también requieren
la existencia de Estados competentes y eficientes, capaces de cumplir sus
compromisos de desarrollo. También la movilización popular se presenta como
un factor necesario para poder mantener la voluntad política de conseguir
tales propósitos. Tal movilización debe estar integrada por culturas
políticas abiertas y participativas.
Reformas políticas, como la descentralización de
presupuestos y la responsabilidad de prestar servicios básicos, acercan la
toma de decisiones a los ciudadanos y refuerzan la presión popular para
conseguir la realización de los objetivos. En los lugares donde la
descentralización ha funcionado —como en algunas zonas de Brasil, Jordania,
Mozambique y los estados Indios de Kerala, Madya Pradesh y Bengala
occidental — ésta ha dado lugar a mejoras muy significativas. Por ejemplo,
puede traducirse por servicios gubernamentales que respondan más rápidamente
a las necesidades de los ciudadanos, pongan al descubierto la corrupción y
reduzcan el absentismo.
Pero la descentralización es difícil. Para lograrla con
éxito, son necesarios una autoridad central competente, autoridades locales
comprometidas y autónomas a nivel financiero, así como ciudadanos, también
comprometidos, dentro de una sociedad civil bien organizada. En Mozambique,
las autoridades locales dotadas de estas características consiguieron
ampliar la cobertura de las vacunaciones y consultas prenatales en un 80%, y
superaron las limitaciones de capacidad contratando ONG y proveedores
privados a nivel municipal.
Experiencias recientes han demostrado cómo los movimientos
sociales pueden llevar a una mayor participación en la toma de decisiones,
como por ejemplo en la supervisión pública de presupuestos locales. En Porto
Alegre, Brasil, el seguimiento público de estos presupuestos ha supuesto
grandes mejoras en los servicios. En 1989, poco menos de la mitad de los
residentes de la ciudad tenía acceso a agua potable. Siete años más tarde,
prácticamente toda la población tenía acceso a estos servicios. La
matriculación en escuelas de enseñanza primaria se duplicó durante este
periodo y el servicio de transportes se amplió a las zonas periféricas.
Semejante acción colectiva produce una mejora en los
servicios básicos y ayuda a alentar y sustentar la voluntad política. La
ciudadanía ha ejercido presión en sus líderes para que éstos cumplan con sus
compromisos políticos. Además, los Objetivos le proporcionan la herramienta
para delegar en su gobierno la responsabilidad que se les atribuye.
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Puesto que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no podrán
alcanzarse mediante el enfoque institucional habitual, se debe acelerar radicalmente el
paso hacia el progreso. |
Durante los últimos 30 años se han producido extraordinarias
mejoras en los países en desarrollo. El analfabetismo se ha reducido casi a la mitad, hasta un 25%,
y en Asia Oriental el número de personas que sobreviven con menos de $1 al
día se redujo casi en la mitad en los años 90.
No obstante, el desarrollo humano progresa con demasiada
lentitud. Para muchos países, los 90 fueron una década de desesperación.
Alrededor de 54 países son ahora más pobres que en 1990. En 21 países se ha
incrementado el porcentaje de personas que pasan hambre. En otros 14, mueren
más niños menores de 5 años. En 12, las matriculaciones en la escuela
primaria están descendiendo. En otros 34, la esperanza de vida también ha
disminuido. Pocas veces se habían producido semejantes retrocesos en las
tasas de supervivencia.
Otra señal de la crisis del desarrollo es que en 21 países
se ha producido un descenso del índice de
desarrollo humano (IDH, una medida que resume las tres
dimensiones del desarrollo humano: disfrutar de una vida larga y saludable,
recibir educación y tener un nivel de vida digno). Se trata de un fenómeno
poco común hasta finales de los 80, puesto que las capacidades que capta el
IDH no se pierden fácilmente.
Si el progreso mundial continúa al mismo ritmo que en los
90, tan sólo los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad
la pobreza de ingresos y el porcentaje de personas que carecen de acceso a
agua potable tendrán posibilidades de realizarse, principalmente gracias a
China y la India. Desde una óptica regional, al ritmo actual, los países al
sur del Sahara no alcanzarían los Objetivos de pobreza hasta el año 2147 y,
en lo que respecta al VIH/SIDA y el hambre, la tendencia en esta región es a
aumentar, en lugar de disminuir.
El hecho de que tantos países en el mundo estén muy lejos de
conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en los 12 años que faltan
hasta el año 2015, indica la necesidad urgente de un cambio de
procedimiento. Sin embargo, los logros que se han conseguido hasta ahora en
cuanto a desarrollo muestran lo que es posible conseguir incluso en países
muy pobres. Sri Lanka fue capaz de aumentar la esperanza de vida en 12 años
entre 1945 y 1953. Botswana aporta otro caso ejemplar: la tasa bruta de
matriculaciones en primaria aumentó de un 40% en 1960 a casi un 91% para el
año 1980.
El mundo actual dispone más que nunca de mayores recursos y
conocimientos técnicos para abordar retos como las enfermedades infecciosas,
la baja productividad, la carencia de energía limpia y transporte, la falta
de servicios básicos como son el agua potable, el saneamiento, las escuelas
y la atención médica. La cuestión es determinar la mejor manera de emplear
estos recursos y conocimientos para beneficiar a las personas más pobres.
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Dos grupos de países requieren un cambio urgente. En primer
lugar están los países donde se combinan un bajo desarrollo humano y un
progreso insuficiente hacia los Objetivos. Éstos son los países de máxima y
alta prioridad. En segundo lugar se encuentran países que progresan
adecuadamente hacia los Objetivos, pero que todavía tienen grandes sectores
de pobreza. |
Hay 59 países de prioridad máxima o alta, donde la
insuficiencia del progreso y unos niveles de partida muy bajos reducen las
posibilidades de conseguir muchos de los Objetivos. Es en estos países donde
el mundo debe centrar su atención y sus recursos.
En la década de los 90 estos países sufrieron muchos tipos
de crisis:
- Pobreza de ingresos:
las tasas de pobreza, que ya
eran altas, aumentaron en 37 de los 67 países de los que se tienen datos.
- Hambre:
en 19
países, más de una persona de cada cuatro pasa hambre, y la situación no
mejora o incluso empeora. La tasa de hambre ha aumentado en 21 países.
- Supervivencia:
en
14 países, la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años
aumentó en los años 90 y en 7 países casi uno de cada cuatro niños no
llegará a su quinto cumpleaños.
- Agua:
en 9
países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a agua potable y
la situación no mejora o incluso empeora.
- Saneamiento:
en
15 países, más de una persona de cada cuatro no tiene acceso a un servicio
adecuado de saneamiento e igualmente esta situación no mejora sino que
empeora.
Subyacente a todas estas crisis, se encuentra una crisis
económica. Estos países no sólo son ya extremadamente pobres, sino que sus
tasas de crecimiento son también sumamente bajas.
En los años 90, 125 países registraron una media de
crecimiento de ingresos per cápita inferior al 3% y en 54 de ellos los
ingresos medios per cápita descendieron. De los 54 países con ingresos en
disminución, 20 son países subsaharianos, 17 pertenecen a Europa Oriental y
la Comunidad de Estados Independientes (CEI), 6 a América Latina y el
Caribe, 6 a Asia oriental y el Pacífico y 5 a los Estados Árabes. Éstos
incluyen muchos países prioritarios, así como algunos países con un
desarrollo humano medio.
Los países de los que se habla con menor frecuencia son
aquellos cuyo progreso es bueno pero que excluyen o dejan de lado a ciertos
grupos y zonas. Todos los países deberían hacer frente a estos problemas de
notables desigualdades entre grupos — entre hombres y mujeres, entre grupos
étnicos, entre razas y entre zonas urbanas y rurales—, y para abordar esta
tarea se requiere ir más allá de los promedios de los países.
En muchos países donde los promedios nacionales indican un
progreso adecuado hacia los Objetivos según los plazos establecidos, existen
sin embargo grandes zonas de pobreza afianzadas. El extraordinario éxito de
China, que consiguió sacar de la pobreza de ingresos a 150 millones de
personas en los años 90, se produjo de manera concentrada en las regiones
costeras. En las demás zonas, las grandes zonas de pobreza persisten. En
algunas regiones del interior, el progreso económico ha sido mucho más lento
que en el resto del país.
En cierto número de países los Objetivos se podrían alcanzar
más fácilmente si simplemente se mejorasen las circunstancias que rodean a
las personas más acomodadas. Los datos sugieren que esto ocurre en el ámbito
de la salud pero, aunque este enfoque podría ajustarse a lo establecido en
la letra de los Objetivos, no se ajusta al espíritu de éstos. El progreso de
las mujeres, la población rural, las minorías étnicas y demás personas
pobres es, como de costumbre, más lento que el promedio nacional —o
inexistente — incluso en los países que, de manera global, muestran progreso
hacia los Objetivos.
De 24 países en desarrollo cuyas tasas subnacionales de
mortalidad infantil se encontraban por debajo de la media entre la mitad de
los 80 y la mitad de los 90, solamente 3 han conseguido reducir la
diferencia en la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años entre
los grupos más pobres y los más ricos. Se dan pautas similares en las tasas
de vacunación, matriculación y finalización escolar, donde las diferencias
entre el ámbito urbano-rural y entre grupos étnicos continúan o incluso se
intensifican. También las mujeres tienden a ser excluidas del progreso
generalizado hacia los Objetivos en las zonas pobres.
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