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Como
liberar el potencial del sector privado
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Parte 1 / 2
"Cómo liberar el potencial del sector privado" es el
capítulo tres del informe
" El impulso del
empresariado: el potencial de las empresas privadas al servicio de los
pobres"
donde se ofrecen respuestas a estas interrogantes.
Para obtener el informe completo o por capítulos ir al
enlace:
http://www.undp.org/cpsd/
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Como se indica en los Objetivos de Desarrollo del Milenio,
la mitigación de la pobreza es la prioridad absoluta del desarrollo para el
siglo XXI. Pese a los extraordinarios avances logrados en los últimos 50
años, 1 200 millones de personas –la quinta parte de la población mundial-
subsiste con menos de un dólar USD diario y sin acceso a muchos de los
servicios sociales considerados básicos para llevar una vida digna. Esta
penosa situación exige una respuesta mundial que saque el máximo partido de
todos los recursos financieros, intelectuales y organizativos que podamos
reunir.
Con estos acuciantes datos como telón de fondo, el
Secretario General Kofi Annan instó
a la Comisión sobre el Sector Privado y del Desarrollo a responder a estas
dos preguntas:
¿Cómo cabe desencadenar el potencial del sector privado y el empresariado en
los países en desarrollo?, y, ¿cómo puede implicarse el sector privado en
tal menester?
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La Comisión es consciente de que las restricciones para
desarrollar un sector privado sostenible son de todos conocidas y suelen
asumirse. Lo mismo ocurre con las claves de las políticas para abordarlas.
El gran desafío consiste en pasar de comprender esas amplias
limitaciones a diseñar paquetes específicos aplicables por países. Ahora el
foco de atención debe dejar de consistir en identificar cuáles son las
restricciones para pasar a centrarse en cómo pueden superarse y quién
participará en tal empeño. Aquí nos ocupamos de examinar medidas políticas y
administrativas que pueden aliviar tales restricciones y contribuir a crear
la capacidad necesaria para gobernar las transacciones, la cual resulta
vital para el desarrollo del sector privado y el funcionamiento eficiente de
una economía de mercado.
La Comisión ha subrayado la importancia que tiene para
los pobres el sector privado en muchos sentidos. Si los beneficios de la
reforma se articulan correctamente y los resultados de dicha reforma tardan
poco en apreciarse, las iniciativas constructivas para el desarrollo del
sector privado pueden traducirse en un mayor apoyo político. Además, el
impulso y el consenso para cambiar así propiciados pueden convertirse en el
trampolín de un programa global para la reforma y el cambio.
He aquí algunas lecciones generales, fruto de la
experiencia:
- Las reformas de políticas culminadas con éxito suelen ser aquellas en
las que los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas
implicados han alcanzado compromisos firmes y voluntarios.
- Las reformas supeditadas a condiciones, que no cuentan con el
compromiso de los gobiernos que las deben poner en práctica, rara vez
prosperan.
- Los cambios significativos a menudo se producen cuando los países se
enfrentan a crisis económicas graves (la India en 1991 o Asia oriental a
finales de la década de 1990), y la respuesta a tales cambios puede
producirse rápidamente. No cabe duda de que es mejor no esperar a que se
produzca una crisis para acometer la reforma.
- Los cambios también pueden producirse como resultado de
transformaciones drásticas en la filosofía económica básica (China, Viet
Nam o Europa del Este).
- Los nuevos gobiernos que sustituyen a regímenes anteriores que dejaron
tras de sí una estela de precaria gobernabilidad (Kenia o Nigeria en los
últimos pocos años) suelen ser capaces de aprovechar el ímpetu de cambio
para poner en práctica reformas.
- Los cambios implican casi siempre un nuevo reparto de papeles para el
sector privado y las organizaciones de la sociedad civil locales,
incluidas las patronales y sindicales.
- La tecnología es el agente impulsor de buena parte del cambio
necesario y, en el caso de la nueva tecnología, posibilita que éste se
materialice mucho más rápidamente de lo que cabría esperar.
El apoyo al desarrollo del sector privado, tanto a escala
mundial como nacional, puede suponer investigación en el ámbito económico,
asesoramiento sobre macropolíticas y políticas sectoriales, asistencia
técnica y financiación directa para proyectos específicos del sector
privado. Dejando a un lado esta última, el grueso de estas intervenciones
cuenta con la participación de instituciones públicas y gobiernos que
prestan su apoyo a gobiernos e instituciones públicas de países en
desarrollo (figura 3.1).
Entre los principales grupos de actores públicos en este
campo figuran el Banco Mundial (incluidos la Corporación Financiera
Internacional y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones) y el
Fondo Monetario Internacional. Los bancos de desarrollo regional, como el
Banco para el Desarrollo de Asia, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco
Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y el Banco Interamericano de
Desarrollo, también se centran en ayudar a crear el ambiente propicio para
el desarrollo de las empresas en sus respectivas regiones. También
desempeñan un destacado papel la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico en investigación y políticas, así como las principales
organizaciones especializadas de las Naciones Unidas, como la Organización
de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la Organización Internacional
del Trabajo y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Numerosos organismos bilaterales e instituciones (como la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el Departamento del Reino
Unido para el Desarrollo Internacional, la Asociación Canadiense para el
Desarrollo Internacional y la Netherlands Development Finance Company,
también se encargan de importantes aspectos de esta labor, como mejorar el
acceso al capital y apoyar el desarrollo tanto de la pequeña y mediana
empresa como de la microempresa.
La Comisión cree que cualquier enfoque centrado en el
desarrollo del sector privado —así como las recomendaciones que éste lleve
aparejadas en materia de acción y políticas— debe basarse en la toma de
conciencia de que los particulares, las empresas y las comunidades son los
principales artífices del ahorro, la inversión y la innovación conducentes
al desarrollo. De ahí que los gobiernos deban actuar como promotores del
desarrollo del sector privado y evitar tomar medidas que lo impidan. Los
gobiernos y los organismos intergubernamentales pueden
facilitar el desarrollo del sector privado promoviendo sólo mercados
competitivos que funcionen adecuadamente. Para ello, deberán:
- Habilitar ambientes propicios para invertir y operar en los que toda
la empresa privada (nacional, extranjera, con contactos políticos o de
otro tipo) pueda prosperar con imparcialidad y sin temor, lo cual pasa por
un contexto social global políticamente estable y predecible, que cuente
con reglas adecuadas que promuevan la competencia y capacidad para velar
por su cumplimiento efectivo, así como con unos fundamentos
macroeconómicos sensatos, incluida una política fiscal que promueva el
desarrollo del sector privado formal y resulte adecuada para financiar la
infraestructura humana y física necesaria.
- Establecer sistemas legales y judiciales eficaces para salvaguardar
los derechos de propiedad y solucionar controversias derivadas de los
contratos, sistemas considerados aptos para operar con credibilidad y
eficacia cuando se juzgan atendiendo a estándares internacionales, y no
nacionales.
- Facilitar el movimiento de capital privado de todo tipo, no sólo la
inversión extranjera directa, mediante el desarrollo progresivo de
mercados de capital nacionales y de sus vínculos con los mercados de
capital regionales e internacionales. La liberalización de los flujos de
capital financiero requiere, no obstante, extremar la prudencia. Será
preciso, además, contar con un sistema financiero sensato dotado de una
reglamentación y unos mecanismos de cumplimiento buenos antes de proceder
a la completa liberalización.
Ofrecer a escala mundial, regional y nacional una imagen favorable del
riesgo mediante una mejor difusión de la información en tiempo real (más
que a través de la simple promoción de las oportunidades de
inversión) y promover en el gobierno comportamientos que estimulen y
apoyen a los inversores, ya sean nacionales o extranjeros, en lugar de
ahuyentarlos. Dirigir los subsidios y los incentivos fiscales allá donde
se necesiten de forma patente para corregir las imperfecciones del
mercado, y huir de la confianza ciega en medidas que pueden resultar
atractivas a corto plazo desde una perspectiva política pero que acaban
siendo contraproducentes para un desarrollo racional del sector privado a
largo plazo. Ofrecer o habilitar la prestación privada de infraestructura
esencial (energía, agua, comunicaciones, transporte) a través de la
colaboración entre los sectores público y privado, de modelos de
regulación innovadores y de otros mecanismos que garanticen que las
empresas privadas no se hallen en desventaja para competir.
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