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Declaración de Manizales
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Conferencia Interamericana sobre reducción del riesgo de
los desastres
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Reflexiones y propuestas para mejorar la efectividad de la
gestión
Noviembre 17, 18 y 19, Manizales, Colombia
DECLARACIÓN DE MANIZALES
Reunidos en Manizales, Colombia, entre el 17 y el 19 de
noviembre de 2004, con motivo de la "Conferencia Interamericana sobre
Reducción del Riesgo de los Desastres", representantes de entidades
gubernamentales y no gubernamentales de los países de las Américas, de
agencias regionales y subregionales, profesionales, profesores e
investigadores de entidades públicas y privadas, miembros del público y de
la prensa interesados, teniendo en cuenta los resultados y acuerdos
establecidos en Cartagena de Indias y Yokohama en 1994, con motivo de la
Conferencia Interamericana y la Conferencia Mundial de Reducción de los
Desastres Naturales, compartieron como "ciudadanos del mundo" varias
reflexiones que se resumen en las siguientes consideraciones, conclusiones y
recomendaciones para que sean tomadas en cuenta por todos los entes de la
región y por los participantes de la 2da Conferencia Mundial sobre Reducción
de Desastres que se llevara a cabo en Kobe, Hyogo, Japón, del 18 al 22 de
enero de 2005:
- Coincidiendo paradójicamente con el Decenio Internacional para la
Reducción de los Desastres Naturales, declarado por las Naciones Unidas
entre 1990 y 2000, la humanidad fue testigo de varios de los desastres más
dramáticos y costosos de la historia. Estos desastres en su conjunto
revelaron múltiples dimensiones del proceso de construcción social del
riesgo, desde la importancia que juega el deterioro ambiental hasta el
impacto de la pobreza y la exclusión. Además mostraron la forma en que el
tiempo y la historia contribuyen a la configuración de condiciones de
riesgo que llevan a veces décadas, si no siglos, en materializarse en
pérdidas e impactos reales.
- La declaración de Cartagena de Indias y el Mensaje de Yokohama de
1994, significaron un aporte notable al entendimiento de riesgo y desastre
que estableció cambios importantes en la concepción del problema. Sus
conclusiones y recomendaciones siguen siendo vigentes y no deben
olvidarse, puesto que cada día se tienen mayores evidencias que indican
que los riesgos y los desastres no solamente no han disminuido, sino que
han aumentado y tenderán a seguir aumentando en los próximos años y
décadas. La aparición de nuevos -y en algunos casos desconocidos- factores
de riesgo indican que en el futuro las sociedades serán testigos y
protagonistas de nuevos y más complejos desastres. El cambio global
ambiental y el surgimiento de nuevas amenazas socio-naturales, sumado a
los impactos financieros y económicos ligados a los fenómenos de
globalización y apertura comercial, están generando nuevos escenarios de
riesgo.
- Es necesario tener en cuenta que las pérdidas de vidas no son el único
ni el mejor indicador de la existencia de riesgos materializados ni de la
ocurrencia de desastres. La evidencia de que cada vez existen más riesgos
y que se producen más desastres, vistos en términos del número de
afectados, las pérdidas económicas y sociales y las dificultades asociadas
con la recuperación, a la vez que el número de muertos disminuye
proporcionalmente durante las últimas décadas, indica que, a pesar de que
en el concepto de la gestión integral del riesgo ha sido adoptado por un
número cada vez más grande de gobiernos y de sociedades, en la práctica la
mayor parte de los recursos y esfuerzos se están dedicando a la
preparación y respuesta a las emergencias, sin que la decisión de actuar
verdaderamente sobre los factores que generan los riesgos haya logrado
alcanzar una posición de importancia en la agenda de las prioridades
políticas, económicas y sociales.
- En los últimos años se han presentado cambios importantes en el
concepto de la prevención de desastres, en el papel del Estado, del sector
privado y de la sociedad civil.
Por esta razón, es necesario reiterar que la gestión del
riesgo, como parte integral del derecho a la protección de la vida, sus
modos de vida y de la propiedad, es una responsabilidad irrenunciable e
indelegable del Estado, como es también irrenunciable e indelegable el deber
ciudadano de exigirla y de participar de manera activa y decisoria en crear
las condiciones que la hagan política y socialmente factible.
De acuerdo con lo anterior, los participantes de la
Conferencia Interamericana sobre Reducción del Riesgo de los Desastres, se
comprometen en el ámbito de su competencia a promover y a seguir las
siguientes recomendaciones, además de solicitar su consideración de cerca
por parte de los representantes gubernamentales y no gubernamentales en la
conferencia de Kobe:
- La gestión del riesgo es un componente esencial e integral del
Desarrollo Humano Sostenible, en el marco de una agenda universal que
busca incrementar el bienestar de las mayorías. Aunque este fue el
planteamiento en Cartagena y Yokohama, lamentablemente, existe en la
práctica una segregación conceptual y operativa entre políticas de
desarrollo y de la gestión del riesgo. Para superar esta separación
artificial, se debe garantizar que la gestión del riesgo sea reconocida e
incorporada como un elemento esencial de la práctica del desarrollo. El
logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) sólo será posible
con una efectiva articulación de la gestión del riesgo con la gestión y la
práctica del desarrollo.
- A pesar de que existe un cuerpo consolidado y validado de teoría sobre
la gestión integral del riesgo -sobre sus contenidos y sus cómos- no ha
sido posible que la misma se incorpore de manera real y efectiva en las
decisiones que determinan la orientación del desarrollo. Las soluciones,
hasta ahora, en su mayoría han sido puntuales y su efectividad y cobertura
en la región y en el mundo son apenas incipientes. La implementación de
buenas prácticas debe reconocerse y difundirse ampliamente, sin embargo es
necesario trascender la promoción de medidas que en muchos casos son la
excepción no la regla y convertir la gestión del riesgo, en general, en un
paradigma central para la convivencia entre las comunidades y su entorno.
- Están surgiendo nuevos desafíos para la gestión del riesgo asociados
con los procesos imbricados de globalización económica, apertura
comercial, migraciones internacionales y por el desplazamiento de
poblaciones debido a conflictos armados y megaproyectos de
infraestructura, entre otras causas. El circulo vicioso de la exclusión
social está contribuyendo a aumentar las condiciones de vulnerabilidad de
las poblaciones marginadas, potenciando los factores de riesgo en muchos
países de la región. Las reglas actuales que rigen las relaciones
económicas internacionales y el nuevo orden económico mundial, deben ser
examinadas desde la perspectiva política, económica, social y ambiental de
la reducción de riesgos.
- Los cambios globales ambientales también están exacerbando amenazas
existentes y se están configurando nuevos escenarios de riesgo en la
mayoría de los países. Estos escenarios de riesgo se derivan de procesos
complejos de deterioro ambiental, urbanización no planificada y
desarrollos tecnológicos sin adecuadas medidas de control. Esta situación
exige una gestión prospectiva del riesgo que privilegie las inversiones
responsables en prevención y mitigación, tanto en el contexto del
desarrollo como en los procesos de rehabilitación y reconstrucción
posdesastre.
- Se deben explorar y sacar ventaja de, las sinergias entre la agenda de
gestión del riesgo y las agendas ambientales derivadas de las principales
convenciones vigentes sobre cambio climático, combate a la
desertificación, de diversidad biológica, humedales, entre otras.
- Aprovechando la celebración de la 2da Conferencia Mundial de Reducción
de Desastres en Kobe, Japón, a inicios del 2005, se debe forjar un nuevo
compromiso internacional mediante un acuerdo vinculante y con metas
precisas para reducir las condiciones de riesgo que permitan monitorear,
medir y hacer seguimiento del desempeño de la gestión del riesgo de los
países. La puesta en práctica de estos compromisos permitirá potenciar las
capacidades regionales, nacionales y locales para enfrentar las
condiciones de riesgo presentes y futuras.
- Ante la prevalencia de argumentos que plantean que la reducción de
riesgos es excesivamente costosa desde una perspectiva del
costo-beneficio, es importante recordar que también existen otros
criterios no-económicos para evaluar las medidas de prevención y
mitigación. Poblaciones pobres nunca quedarán reivindicadas por el
análisis de costo-beneficio desde el punto de vista económico. Existen
enfoques relevantes desde una perspectiva ética y de los derechos humanos
que estimulan la solidaridad y la compensación mutua entre diferentes
sectores de la sociedad. Por lo tanto, la reducción de riesgos debe verse
como una sabia inversión y no sólo como un costo.
- El riesgo se puede representar de múltiples formas, de acuerdo con su
escala y su dimensión social, económica, ambiental o política. En
consecuencia se deben redoblar los esfuerzos para desarrollar indicadores
apropiados para expresar las múltiples facetas del riesgo en todas las
escalas. Se requiere mejorar la forma de traducir entre los distintos
actores sociales las múltiples dimensiones del riesgo, generar un lenguaje
común y educar a las generaciones futuras acerca del riesgo y la manera de
reducirlo, teniendo en cuenta que las soluciones macro, a nivel
internacional, no son suficientes para lograr la reducción del riesgo a
nivel local.
- Una gestión efectiva del riesgo requiere de condiciones de
gobernabilidad que permitan y promuevan la asignación de responsabilidades
y la implementación, obligatoriedad y transparencia de las políticas de
gestión de riesgos. En consecuencia es necesaria una amplia participación
democrática de la sociedad civil, representada por sus organizaciones
legitimadas, desde una perspectiva de empoderamiento social y de gestión
descentralizada.
Además, se debe apelar a la participación del sector
privado en la reducción de los riesgos de los desastres mediante la
creación de incentivos para fortalecer su responsabilidad social y
ambiental.
- La gestión del riesgo es una responsabilidad inherente e ineludible
del Estado. Tanto el riesgo como el desempeño de la gestión del riesgo
requieren de mecanismos de seguimiento que permitan observar tendencias,
identificar logros y buenas prácticas, y denunciar la negligencia, la
corrupción y las prácticas que perpetúan condiciones de riesgo. Para hacer
el seguimiento del riesgo y del desempeño de la gestión del riesgo es
necesario desarrollar sistemas de control cruzado y de rendición de
cuentas, a través de los órganos de control, regulación y veeduría de la
transparencia de la gestión pública, así como también mediante redes de
gobernabilidad que refuercen la gestión pública del riesgo a nivel global,
nacional y subnacional.
Manizales, noviembre 19 de 2004
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