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 DESARROLLO SOCIAL Y DESARROLLO SOSTENIBLE CON
PERSPECTIVA DE DERECHOS HUMANOS

Desarrollo Humano sustentable

Por Areli Sandoval Terán   

Parte 2 / 4    

  Desarrollo sostenible: vínculo entre desarrollo y medio ambiente

Una vez ubicado el concepto de desarrollo y su relación intrínseca con los derechos humanos, vamos a revisar los vínculos históricos y teóricos entre desarrollo y medio ambiente, sin alejarnos de la perspectiva de derechos humanos puesto que todas las personas y todos los pueblos también tenemos el derecho a un medio ambiente sano y protegido.

Tanto el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (en adelante PIDESC)como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) definieron en su artículo 1 el derecho a la libre determinación en términos del derecho de los pueblos a establecer libremente su condición política, a proveer a su desarrollo económico, social y cultural, a disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, a no ser privados en ningún caso de sus propios medios de subsistencia.

Por su parte, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo lo fundamenta en el derecho de los pueblos a la libre determinación. y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales (1989) también aborda varios aspectos de este derecho:

Los gobiernos deberán tomar medidas, en cooperación con los pueblos interesados, para proteger y preservar el medio ambiente de los territorios que habitan. (Art. 7, Párr. 4)

   

Los gobiernos deberán tomar las medidas que sean necesarias para determinar las tierras que los pueblos interesados ocupan tradicionalmente y garantizar la protección efectiva de sus derechos de propiedad y posesión. (Art. 14, Párr. 2)

   

Los derechos de los pueblos interesados a los recursos naturales existentes en sus tierras deberán protegerse especialmente. Estos derechos comprenden el derecho de esos pueblos a participar en la utilización, administración y conservación de dichos recursos (Art. 15, Párr. 1)

En cualquier reflexión sobre desarrollo sostenible es fundamental apelar al derecho de los pueblos a la libre determinación. Este derecho ha sido claramente reclamado por ex colonias y países ocupados, pero en la actualidad, se evidencian con mayor frecuencia las dimensiones internas de este derecho ya que, como reconoce el propio Comité de DESC de Naciones Unidas, son cada vez más grupos constituidos dentro de los países los que lo reivindican.

Y esto cobra una mayor importancia en el contexto de la globablización económica neoliberal, por el tipo de modelo de desarrollo que impone, el cual implica la adopción de políticas de apertura indiscriminada del comercio y las inversiones por parte de los gobiernos nacionales, pasando por reformas estructurales para eliminar cualquier límite al capital privado, no importando comprometer así incluso el equilibrio ecológico y la sostenibilidad del desarrollo.

En muchas regiones y países se han producido desde la época colonial y hasta nuestros días severos impactos negativos en términos económicos, sociales y ambientales en zonas de biodiversidad a consecuencia del desarrollo de proyectos impulsados por la inversión extranjera, como: contaminación y desequilibrio ecológico, dañando más a las comunidades indígenas con alta dependencia del medio ambiente, pero a la larga, afectando no sólo a toda la nación sino al planeta mismo; desplazamiento arbitrario de poblaciones, violentando y afectando varios de sus derechos: a la libre determinación, a la información, a la vivienda y a la alimentación adecuadas, a la salud, entre otros.

Precisamente por razones como estas, entre otras, el llamado Plan Puebla Panamá -concebido como detonador del desarrollo económico y social- es actualmente rechazado por un fuerte y amplio movimiento social de la subregión mesoamericana.

Ahora bien, el llamado para armonizar el desarrollo económico y la protección ambiental ya era calificado de urgente desde que se celebró hace treinta años la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano (Estocolmo, 1972). Los conceptos de valoración o vigilancia mundial y control del medio ambiente fueron formulados por primera vez en esta Conferencia y conformaron las bases conceptuales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) creado unos meses después de la misma. 10

Una década más tarde se celebró en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo ( ECO 92) en cuya Declaración 172 gobiernos reconocieron la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra "nuestro hogar" y proclamaron una serie de principios entorno al desarrollo sostenible:11

Principio 1

Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.

Principio 3

El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Principio 4

A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada.

Principio 5

Todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo.

Principio 8

Para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar las modalidades de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas.

En esta Cumbre de la Tierra los gobiernos del mundo aprobaron también, entre otros importantes documentos, la Agenda 21, un programa de acción de gran alcance social, económico, político y ambiental, de cuyo balance a diez años hablaré más adelante.

Esta Conferencia fue recomendada por el Informe Nuestro Futuro Común o Informe Brundtland (1987) preparado por la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo.

Cabe decir que tanto el término desarrollo como los de desarrollo sustentable o sostenible y de sostenibilidad o sustentabilidad han sido interpretados de muy variadas maneras. El Informe Brundtland promovió el uso del término "desarrollo sostenible" o "desarrollo sustentable" y lo definió como el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.

El lema del Informe Brundtland fue De una tierra a un mundo, e hizo resaltar el mensaje urgente de identificar objetivos comunes, acordar acciones necesarias e introducir "los cambios políticos para poner los cimientos de un futuro común con base en el desarrollo sostenible". 12

Pero hay que aclarar que la sustentabilidad va más allá de la preservación ambiental, y que algunos autores ubican como otro de sus ingredientes esenciales a la participación ciudadana: "el desarrollo sustentable debe movilizar los recursos para la satisfacción de las necesidades esenciales de la población como forma de elevar la calidad de vida de esta generación y de las futuras, a través de la máxima utilización de los recursos naturales a largo plazo con tecnologías adecuadas para estos fines y con la activa participación de la población en las decisiones fundamentales del desarrollo."13

Para otros autores el término desarrollo sustentable "reúne dos líneas de pensamiento en torno a la gestión de las actividades humanas: una de ellas concentrada en las metas de desarrollo y la otra en el control de los impactos dañinos de las actividades humanas sobre el medio ambiente." 14

Vivir sustentablemente significa "entender y aceptar las consecuencias de ser parte de una gran comunidad de vida y volverse más conscientes de los efectos que nuestras acciones tienen en generaciones futuras y en las otras especies con las que compartimos este planeta." 15 También se considera que la sustentabilidad tiene que ver con la equidad, la justicia y una visión de largo plazo y sistémica.16

La profunda relación entre desarrollo sostenible, derechos humanos y desarrollo social se manifestó también a nivel de las Naciones Unidas con la influencia decisiva que tuvo la Conferencia de Río sobre todas las demás conferencias de Naciones Unidas que posteriormente abordaron esos temas centrales de la agenda internacional: la Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993), la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (Cairo, 1994), la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995), la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), la Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Estambul, 1996), la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996) hasta la Cumbre del Milenio (Nueva York, 2000)

Por ejemplo, en la Declaración de la Cumbre de Copenhague, los gobiernos reconocieron lo siguiente:

Estamos profundamente convencidos de que el desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente son componentes de desarrollo sostenible interdependientes y que se fortalecen mutuamente, lo cual constituye el marco de nuestros esfuerzos encaminados a lograr una mejor calidad de vida para todas las personas. Un desarrollo social equitativo que reconozca que los pobres deben tener el poder necesario para utilizar de modo sostenible los recursos ambientales es el fundamento necesario del desarrollo sostenible. También reconocemos que, para sostener el desarrollo social y la justicia social, es necesario un crecimiento económico de amplia base y sostenido, en el contexto del desarrollo sostenible (párrafo 6)

   

Reconocemos que los seres humanos son el elemento central de nuestras preocupaciones sobre el desarrollo sostenible y que tienen derecho a una vida sana y productiva en armonía con el medio ambiente (párrafo 8)

A su vez, en el Programa de Acción de Copenhague, en lo que respecta a la formulación de acciones integradas para la erradicación de la pobreza, se ubicaron, entre los requisitos fundamentales, la elaboración y aplicación de medidas de protección del medio ambiente y ordenación de los recursos de conformidad con la Agenda 21, y se destacó la importancia de promover el goce efectivo de todos los derechos humanos, incluyendo, por supuesto, el derecho a un medio ambiente sano y protegido.

Por su parte, la Declaración del Milenio, estableció una agenda para la paz y la seguridad, el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente, los derechos humanos y el buen gobierno. En la Declaración se establecen ocho compromisos relacionados con el desarrollo, la reducción de la pobreza y la asociación global conocidos como las Metas de Desarrollo del Milenio (Millenium Development Goals o MDG por sus siglas en inglés), y sitúa como uno de los valores esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI el respeto de la naturaleza, señalando que es necesario actuar con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos del desarrollo sostenible para poder conservar y transmitir a nuestros descendientes las inconmensurables riquezas que nos brinda la naturaleza. También se destaca que es necesario modificar las actuales pautas insostenibles de producción y consumo en interés de nuestro bienestar futuro y en el de nuestros descendientes.

Dentro de las Metas de Desarrollo del Milenio, que pretenden resumir, integrar y priorizar los principales compromisos derivados de las cumbres y conferencias de los 90, se coloca también una meta relacionada con asegurar la sustentabilidad ambiental (meta 7) a la que se comprometieron 147 Jefes de Estado y de gobierno y 191 naciones en total. 17

No obstante la importancia del reconocimiento internacional de una serie de metas para el desarrollo, cabe decir que su concreción depende de la voluntad política de los gobiernos y desafortunadamente el consenso mismo en torno a unas metas mínimas nos está hablando de una enorme falta de esa voluntad, puesto que se evadieron compromisos sustanciales que se habían adoptado en las cumbres anteriores, supuestamente incluyéndolos en el espíritu de la Declaración del Milenio.


Notas


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