¿Qué se esconde tras el autoempleo?
Existe una gran variedad de tipos de trabajo de autoempleo.
Tras este enunciado encontramos una gran gama de historias, vidas, procesos
y luchas. Algunas de ellas dramáticamente fracasadas. Otras felizmente
exitosas. Muchas de permanente lucha frente a los desafíos de la
sobrevivencia económica, cultural, social, etc.
Sin embargo, más allá del necesario reconocimiento al
esfuerzo de millares en la búsqueda de alternativas de vida y de
subsistencia, El autoempleo no se ve presente, en el resultado de la suma y
resta, como una alternativa eficaz en la construcción de una sociedad con
oportunidades. Si bien ha generado espacios de sobrevivencia y alternativas
a la excusión absoluta, no es, por si mismo, una alternativa suficiente.
Esto, por cuanto tras el concepto de autoempleo se esconden
realidades muy disímiles. En efecto, encontramos en ella, interesantes
alternativas de personas y familias que buscan alternativas independientes
de colocar el trabajo. Dentro de esta lógica, surgen experiencias de empleo
asociativo y talleres laborales que, en el marco de relaciones económicas
diversas y diferenciables de las imperantes, logran determinados espacios de
desarrollo. Acá podremos identificar experiencias de economía solidaria, que
incluso han permitido el desarrollo y crecimiento de espacios locales. Sin
embargo, la única forma en que estas logras desarrollarse es generando
espacios locales alternativos al modelo económico imperante, donde las
lógicas económicas de intercambio y acumulación se presentan en forma
solidaria. Son, en el fondo, pequeños nichos de economía no capitalista.
Sin embargo, el autoempleo engloba realidades muy diversas,
como el trabajo a domicilio fuertemente precarizado. En este sentido se
rescatan experiencias de trabajadores que laboran para una industria
determinada, que son trabajadores de esta, pero que la precarización de sus
puestos de trabajo los ha llevado a trabajar en su propio domicilio, sin
contrato de trabajo y en condiciones de higiene y seguridad infrahumanas.
Estas experiencias son más bien el fruto de la exacerbación del modelo
neoliberal, que legitima las utilidades y la reducción de costos y riesgos
de producción, aunque pasen por formas de trabajo inhumanas, con apariencia
de "microempresas". Así, el Patrón ahorra en infraestructura productiva, ya
que esta es implementada en la casa del "trabajador autoempleado"; ahorra en
seguridad social, ya que el auto empleado no puede exigir cotizaciones a su
"cliente", ahorra en negociaciones colectivas, pues este no forma
sindicatos; etc. Finalmente, genera "encadenamientos productivos", que le
permiten competir en mejor forma frente a los mercados globales.
Nos hemos querido detener un breve instante en estos
ejemplos, pues sus contradicciones nos marcan la necesidad de generar
propuestas y alternativas para este sector, pero revisando las necesarias
limitantes, para que estas no terminen abriendo nuevos frentes de
explotación y precarización del empleo.
El Estado como agente de fomento
Hoy, pese a las críticas surgidas durante los años 80 y que
nos acompañaron por más de dos décadas, el Estado ha de tener un rol
relevante en el tema del trabajo. En efecto, entendiendo que el trabajo (o
como dirían los economistas más técnicos, la remuneración de factores), es
la principal forma de distribución de la riqueza, el Estado no puede
desentenderse de él. Quizás sea Argentina quien nos recuerda con más fuerza
esta realidad. El "granero del mundo", país rico en producción alimenticia,
ve hoy morir a sus niños por desnutrición. Y no ha sido la sequía, ni la
violencia de permanentes inundaciones, ni guerras civiles intestinas. Ha
sido el capitalismo, en su nueva fase globalizada y neoliberal, la que ha
llevado a la miseria este pueblo. Miseria que hoy cobra nuevas víctimas.
De esta forma, en Chile y otros países latinoamericanos, nos
vemos obligados a aprender de este vecino país. Aprender que los pueblos no
pueden responsablemente entregar su soberanía a las lógicas de la
globalización y sus agentes (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial,
Organización Mundial de Comercio, G.8., etc.), a las lógicas de la
acumulación transnacional de las riquezas. Los pueblos han de mantener es
sus manos el poder de alimentar a sus hijos. Si, por el contrario, aceptamos
las lógicas de pérdida de soberanía económica y cultural, se estará
entregando a los intereses de los capitales el destino de los ciudadanos.
En esta misma lógica, pensar el autoempleo como alternativa
de empleo digno o de empleo sustentable, nos vuelve la mirada al rol del
Estado. En efecto, el poder político de las naciones ha sido servil a un
modelo que tiende a agudizar las contradicciones, generando cada vez más
excluidos. El Estado, todos los Estados, gastan enormes cantidades de
recursos en beneficio directo del capital. Franquicias tributarias,
subsidios directos, protecciones arancelarias, estudios e información,
tratados internacionales, reformas laborales y tributarias (en beneficio del
empresario y en desmedro del trabajador), campañas de publicidad,
privatización de servicios públicos, etc., se orientan preferentemente a
proteger estos intereses. Es cosa de ver el comportamiento de los políticos
de las diversas naciones en las negociaciones internacionales. Cada uno
defiende a los "ricos" de su país y no a los pobres de su país.
Es así como el Estado "cumple" su rol de fomento productivo.
De fomento a las economías nacionales. Sin embargo, es precisamente este
actuar de los Estados, el que fomenta la precariedad en los puestos de
trabajo, limitantes de diversa índole para el desarrollo de experiencias
económicas no-capitalistas, y que reclama déficit presupuestario para
fomentar un desarrollo equitativo y justo.
Se nos reclamará que estamos omitiendo "importantes
esfuerzos" de los Estados en el fomento de la Microempresa. Que el Estado ha
capacitado y fomentado mediante asesorías y algunos subsidios a un
importante conjunto de experiencias económicas a pequeña escala. Sin
embargo, hemos constatado que el impacto de estas medidas es menor y ni
siquiera paliativo de las dificultades que deben enfrentar estas
experiencias económicas. En efecto, estas experiencias han generado
crecientes frustraciones tanto en los "beneficiarios", como en los
funcionarios que las implementan, debido a su limitadísimo impacto.