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 AUTOEMPLEO SUSTENTABLE: UN DERECHO HUMANO

Democracia y derechos humanos

   Carmen Espinoza Miranda   

Parte 2 / 3

    

  ¿Qué se esconde tras el autoempleo?

Existe una gran variedad de tipos de trabajo de autoempleo. Tras este enunciado encontramos una gran gama de historias, vidas, procesos y luchas. Algunas de ellas dramáticamente fracasadas. Otras felizmente exitosas. Muchas de permanente lucha frente a los desafíos de la sobrevivencia económica, cultural, social, etc.

Sin embargo, más allá del necesario reconocimiento al esfuerzo de millares en la búsqueda de alternativas de vida y de subsistencia, El autoempleo no se ve presente, en el resultado de la suma y resta, como una alternativa eficaz en la construcción de una sociedad con oportunidades. Si bien ha generado espacios de sobrevivencia y alternativas a la excusión absoluta, no es, por si mismo, una alternativa suficiente.

Esto, por cuanto tras el concepto de autoempleo se esconden realidades muy disímiles. En efecto, encontramos en ella, interesantes alternativas de personas y familias que buscan alternativas independientes de colocar el trabajo. Dentro de esta lógica, surgen experiencias de empleo asociativo y talleres laborales que, en el marco de relaciones económicas diversas y diferenciables de las imperantes, logran determinados espacios de desarrollo. Acá podremos identificar experiencias de economía solidaria, que incluso han permitido el desarrollo y crecimiento de espacios locales. Sin embargo, la única forma en que estas logras desarrollarse es generando espacios locales alternativos al modelo económico imperante, donde las lógicas económicas de intercambio y acumulación se presentan en forma solidaria. Son, en el fondo, pequeños nichos de economía no capitalista.

Sin embargo, el autoempleo engloba realidades muy diversas, como el trabajo a domicilio fuertemente precarizado. En este sentido se rescatan experiencias de trabajadores que laboran para una industria determinada, que son trabajadores de esta, pero que la precarización de sus puestos de trabajo los ha llevado a trabajar en su propio domicilio, sin contrato de trabajo y en condiciones de higiene y seguridad infrahumanas. Estas experiencias son más bien el fruto de la exacerbación del modelo neoliberal, que legitima las utilidades y la reducción de costos y riesgos de producción, aunque pasen por formas de trabajo inhumanas, con apariencia de "microempresas". Así, el Patrón ahorra en infraestructura productiva, ya que esta es implementada en la casa del "trabajador autoempleado"; ahorra en seguridad social, ya que el auto empleado no puede exigir cotizaciones a su "cliente", ahorra en negociaciones colectivas, pues este no forma sindicatos; etc. Finalmente, genera "encadenamientos productivos", que le permiten competir en mejor forma frente a los mercados globales.

Nos hemos querido detener un breve instante en estos ejemplos, pues sus contradicciones nos marcan la necesidad de generar propuestas y alternativas para este sector, pero revisando las necesarias limitantes, para que estas no terminen abriendo nuevos frentes de explotación y precarización del empleo.

  El Estado como agente de fomento

Hoy, pese a las críticas surgidas durante los años 80 y que nos acompañaron por más de dos décadas, el Estado ha de tener un rol relevante en el tema del trabajo. En efecto, entendiendo que el trabajo (o como dirían los economistas más técnicos, la remuneración de factores), es la principal forma de distribución de la riqueza, el Estado no puede desentenderse de él. Quizás sea Argentina quien nos recuerda con más fuerza esta realidad. El "granero del mundo", país rico en producción alimenticia, ve hoy morir a sus niños por desnutrición. Y no ha sido la sequía, ni la violencia de permanentes inundaciones, ni guerras civiles intestinas. Ha sido el capitalismo, en su nueva fase globalizada y neoliberal, la que ha llevado a la miseria este pueblo. Miseria que hoy cobra nuevas víctimas.

De esta forma, en Chile y otros países latinoamericanos, nos vemos obligados a aprender de este vecino país. Aprender que los pueblos no pueden responsablemente entregar su soberanía a las lógicas de la globalización y sus agentes (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, G.8., etc.), a las lógicas de la acumulación transnacional de las riquezas. Los pueblos han de mantener es sus manos el poder de alimentar a sus hijos. Si, por el contrario, aceptamos las lógicas de pérdida de soberanía económica y cultural, se estará entregando a los intereses de los capitales el destino de los ciudadanos.

En esta misma lógica, pensar el autoempleo como alternativa de empleo digno o de empleo sustentable, nos vuelve la mirada al rol del Estado. En efecto, el poder político de las naciones ha sido servil a un modelo que tiende a agudizar las contradicciones, generando cada vez más excluidos. El Estado, todos los Estados, gastan enormes cantidades de recursos en beneficio directo del capital. Franquicias tributarias, subsidios directos, protecciones arancelarias, estudios e información, tratados internacionales, reformas laborales y tributarias (en beneficio del empresario y en desmedro del trabajador), campañas de publicidad, privatización de servicios públicos, etc., se orientan preferentemente a proteger estos intereses. Es cosa de ver el comportamiento de los políticos de las diversas naciones en las negociaciones internacionales. Cada uno defiende a los "ricos" de su país y no a los pobres de su país.

Es así como el Estado "cumple" su rol de fomento productivo. De fomento a las economías nacionales. Sin embargo, es precisamente este actuar de los Estados, el que fomenta la precariedad en los puestos de trabajo, limitantes de diversa índole para el desarrollo de experiencias económicas no-capitalistas, y que reclama déficit presupuestario para fomentar un desarrollo equitativo y justo.

Se nos reclamará que estamos omitiendo "importantes esfuerzos" de los Estados en el fomento de la Microempresa. Que el Estado ha capacitado y fomentado mediante asesorías y algunos subsidios a un importante conjunto de experiencias económicas a pequeña escala. Sin embargo, hemos constatado que el impacto de estas medidas es menor y ni siquiera paliativo de las dificultades que deben enfrentar estas experiencias económicas. En efecto, estas experiencias han generado crecientes frustraciones tanto en los "beneficiarios", como en los funcionarios que las implementan, debido a su limitadísimo impacto.


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