No podemos quedarnos sin hacer nada, siendo parte del
modelo, y con nuestro silencio haciéndonos cómplices. Debemos ser capaces de
revisar nuestras economías y culturas, dar cuenta de los problemas y
procurar las alterativas para los cambios. Nuestra responsabilidad es
denunciar las injusticias, generar las propuestas para conseguir que los
trabajadores y sus familias se fortalezcan e inicien el camino para
conseguir lo que a todos corresponde.
En los viejos-nuevos tipos de sociedades latinoamericanas
que vivimos hoy, en que los gobiernos, cada vez más dejan se hacerse cargo
del desarrollo en todos sus campos (no sólo del fomento productivo, sino
también de las políticas sociales- educación y salud). En que las culturas
del consumo inútil y de la sobre valoración del estatus, en que es más
importante parecer que ser, en que la droga reina como vicio, la sexualidad
se comercia y la religiosidad se administra como sedante, es difícil
imaginar como puede darse un trabajo sustentable. La Globalización pone en
jaque cada día la creatividad, la sabiduría ancestral para sobrevivir en el
hoy y dar futuro a la familia. En este sentido, el individualismo, por el
cual se quiere imponer la noción de que cada uno producirá su propio futuro,
sin consideración a los demás ni al entorno, limita la generación de
alternativas asociativas enmarcadas en una economía diferente, que
privilegia valores como la comunidad, la solidaridad, etc.
La invasión cultural, consecuencia de la invasión comercial
hace más difícil la generación de autoempleo, dado que, los conocimientos
adquiridos en la familia o en la comunidad se vuelven inútiles ante nuevos
tipos de consumo, ante nuevas maneras de relacionarse, alimentarse y
divertirse, haciendo que las familias y especialmente los en edad de
trabajar se sientan discriminados y marginados del sistema.
Es por ello que las políticas gubernamentales en función del
fomento del "empleo" o "autoempleo" deben considerar no sólo aportes en
torno a incrementar los niveles de ingreso, sino que para superar pobreza,
para recuperar la autoestima de las personas, recomponer la comunidad y
rescatar y hacer sobrevivir los valores culturales de los cuales aún hoy
podemos aprender de sustentabilidad.
Por otra parte, se hacen necesarios marcos normativos que
acojan nuevas formas de organización de la producción, que en vez de
privilegiar el capital como forma de determinar la participación y la
distribución de utilidades, permitan mecanismos flexibles y simples que
privilegien el trabajo como eje de estructuración de estas pequeñas unidades
económicas.
Igualmente, se requieren sistemas de relación con la
burocracia estatal simplificadas, que comprendan las diferencias culturales
y las particulares necesidades de este sector. Trámites simples,
limitaciones sanitarias menores, rebajas y simplificaciones tributarias,
todas ellas medidas que tienden a facilitar la producción y reproducción de
experiencias de economía popular.
En este empeño estamos aún comenzando. Si bien hemos
acumulado experiencias y conocimientos de la realidad, entendemos que la
construcción de propuestas de fomento al autoempleo, aquel que definimos
como experiencias de desarrollo alternativo, requieren una revisión de los
ejes principales del modelo de desarrollo capitalista neoliberal instaurado
en América Latina.
Los agentes de desarrollo no gubernamentales tenemos la
responsabilidad de apoyar los procesos de superación de la pobreza, de lucha
contra la desigualdad en la distribución de la riqueza, de la generación de
una producción sustentable teniendo como mínimo norte el "Trabajo Digno". No
podemos seguir en aras de la sobrevivencia, participando en la
implementación de políticas sociales públicas que privilegian la
rentabilidad por sobre la humanidad, que privilegian los resultados
económicos por sobre los socio-culturales.
Para que el autoempleo sea un trabajo a lo menos digno y se
convierta en alguna etapa futura en trabajo sustentable, debe haber un
esfuerzo mancomunado de los gobiernos, de los organismos no gubernamentales
y sobre todo de los propios trabajadores organizados, para lo que debemos
adicionar a los desafíos ya expuestos el de fomentar la asociatividad y la
auto tutela, para la construcción de un mundo mejor.
Asociatividad que fortalezca la construcción de un actor
social en torno a una nueva forma de hacer economía. Que permita
representación política y económica de este sector de trabajadores.
Autotutela, entendida como mecanismos que permitan a los
trabajadores autoempleados, generar instancias de efectiva exigibilidad de
sus derechos, tanto frente al Estado, como a la "empresa", como la comunidad
política y social.
Finalmente, nos queda comprender que en la construcción de
este camino, no estamos solos. Junto a los millones de excluidos, no todos
concientes de las problemáticas en que viven, encontramos profesionales,
instituciones, ONGs, que trabajaron y siguen trabajando en la construcción
de alternativas para los trabajadores y para la construcción de una economía
no excluyente.