Relación entre salud y desarrollo sustentable
Los temas ambiente y salud frecuentemente se tratan por
separado, pero es obvio que son íntimamente relacionados. El estado del
ambiente afecta directamente a la salud humana por medio del aire, el agua,
el suelo, y la comida que consumimos. El "ambiente construido" – la
infraestructura creada por los humanos -- también repercute en la salud. De
hecho, es frecuentemente por medio del impacto en la salud que detectamos
los problemas ambientales. Es imposible concebir la construcción de un
futuro sustentable para la humanidad sin preocuparse de la salud pública.
A pesar de esta aseveración fácilmente aceptada tanto por
los gobiernos como por los movimientos sociales, es difícil ver un avance
significativo en la materia. Muchos comentaristas hablan de una "crisis"
mundial en salud pública, reflejado por el avance incontrolable del VIH/SIDA
y la continuación o reaparición en algunos países de enfermedades que ya
deben haber sido eliminadas, tal como la cólera y el dengue. Al mismo
tiempo, la lucha para alcanzar una acción mundial decisiva a favor del
desarrollo sustentable parece estar estancada, si observamos los resultados
poco alentadores de la reciente Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable en
Johannesburgo. Sin embargo, hay algunas esperanzas y pistas a seguir.
Pretendo en este artículo analizar las diferentes características de los
esfuerzos mundiales por promover el desarrollo sustentable y la salud
pública, y luego avanzar unas ideas de cómo hacer mas práctica y funcional
la tarea de vincular los dos temas.
Fue hace treinta años, en la Conferencia Mundial sobre el
Medio Humano en Estocolmo (1972), que se discutió por primera vez en la
comunidad internacional la relación entre el ambiente y el desarrollo,
sugiriendo que posiblemente habría que establecer límites al crecimiento
industrial para evitar la eliminación para siempre de los recursos
no-renovables. Esto causó alarma sobretodo en los países en vías al
desarrollo, donde todavía faltaba mucho para llegar a un nivel económico
donde las necesidades básicas podrían ser atendidas. Mas tarde, en los años
80, se creó el término "desarrollo sostenible" o "sustentable" precisamente
para indicar que sí era posible, mediante la tecnología y los cuidados
necesarios, avanzar con el desarrollo pero a la vez preservar el ambiente
para las generaciones futuras.1
En su momento, la idea del desarrollo sustentable fue
radical, pero rápidamente se entró en un debate entre ambientalistas y
desarrollistas que continua hoy en día. Por un lado, los ambientalistas
argumentan que el concepto implica un desarrollo "ecológicamente
sustentable" y para poder alcanzar dicho tipo de desarrollo habría que
frenar el crecimiento económico, acabar con el consumismo exagerado del
capitalismo, y reformar radicalmente la producción industrial. Los
desarrollistas, por su lado, enfatizaron la sustentabilidad de la
economía, que históricamente, al menos con el capitalismo, siempre ha
requerido el crecimiento. La gran preocupación del desarrollo sustentable,
para ellos, fue de cómo garantizar un crecimiento económico continuado, sin
acabar con los recursos naturales que permiten la acumulación de la riqueza.
Para complicar más el asunto, ha habido una divergencia entre países ricos y
pobres sobre el concepto, ya que la gran mayoría de la contaminación del
medio ambiente y la devastación de los recursos naturales se ha producido en
los países industrializados. En la conferencia de Estocolmo, tal como en las
dos conferencias sobre Ambiente y Desarrollo que han seguido – Río, 1992 y
Johannesburgo, 2002 – los países en vías de desarrollo han reclamado su
"derecho al desarrollo," argumentando que son los países desarrollados que
tienen la mayor responsabilidad de readecuar su sistema productivo.
De tal forma, todos entraron en el debate, y el concepto
"desarrollo sustentable" ha dejado de ser radical. Sin embargo, creo que
sigue siendo útil como recordatorio que hay que pensar en el tipo de
desarrollo que buscamos. Para fines de este artículo, quisiera aceptar el
consenso general de la comunidad internacional de que es positivo e
imprescindible preocuparnos a establecer un tipo de desarrollo que permite
la satisfacción de las necesidades básicas de los humanos, la justicia
social dentro de y entre los países, y la preservación del ambiente para las
generaciones futuras. Para lograr este tipo de desarrollo, es conveniente
distinguir entre el "desarrollo" y el "crecimiento," tal como nos recomienda
el economista ecologista Herman Daly. En la teoría de Daly, lo ideal sería
alcanzar un "estado fijo" de la economía donde no crece cuantitativamente
pero sí continúa desarrollándose para producir lo suficiente para atender
las necesidades básicas de los humanos, sin dañar la ecología.
Para los que trabajan en promoción de la salud pública, el
desarrollo sustentable no ha sido tradicionalmente una área de preocupación.
La tarea de los "salubristas" ha sido promover y proteger la salud humana y
la prevención de las enfermedades. El desarrollo económico y científico ha
sido visto tradicionalmente como un aliado a la obtención de la "salud para
todos," meta mundial expresada en la Conferencia Internacional sobre
Atención Primaria de Salud, realizada en 1978 en Alma Ata (Kazajstán). Se
dijo en esa conferencia, que "No es defendible ninguna distinción entre
desarrollo social y económico [...]" y se ratificó la definición amplia de
la salud usada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como "un
estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia
de enfermedad."
Sin embargo, la comprensión de los vínculos entre los
conceptos salud pública y desarrollo sustentable ha ido creciendo en los
últimos años. Es interesante notar que la persona responsable para la
comisión que dio definición al término desarrollo sustentable en 1987 fue la
doctora Gro Bruntland, la actual secretaria general de la Organización
Mundial de la Salud (OMS). La doctora Bruntland, quien obtuvo su maestría en
salud pública en la Universidad de Harvard, había servido como Ministra del
Ambiente en Noruega antes de ser Primera Ministra. Convencida de la
importancia del vínculo entre el medio ambiente y la salud pública, la
Doctora Bruntland ha conllevado a la OMS a trabajar a favor de acciones
conjuntas. En Europa, han habido reuniones significativas entre autoridades
de ambiente y salud, y varios países ya han comenzado a diseñar "planes
nacionales de ambiente y salud" (NEHAP). Dichos planes incluyen una serie de
actividades para mejor el ambiente y la salud a la vez, por ejemplo el
mejoramiento de sistemas de abastecimiento del agua potable y drenaje para
evitar la contaminación por agentes tóxicos o microbiológicos.
El Programa 21, redactado después de la Conferencia Mundial
de Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro (1992), incluyó varios temas
relacionados con la salud, y sigue siendo hasta hoy un marco importante para
la combinación de acciones sociales y ambientales. El primer principio del a
Declaración de Río de Janeiro sobre el Ambiente y Desarrollo afirmó que "Los
seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con
el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva
en armonía con la naturaleza." El Programa 21 reconoció la importancia de la
protección y promoción de la salud y subrayó cinco áreas concretas de
acción: la satisfacción de las necesidades de atención primaria de salud,
sobre todo en las zonas rurales, la lucha contra las enfermedades
transmisibles, la protección de los grupos vulnerables, la solución del
problema de salubridad urbana, y la reducción de riesgos para la salud
derivados de la contaminación y los peligros ambientales.
Lastimosamente, muy poco del Programa 21 ha sido
implementado, y en vista de esta falta de progreso la OMS trató de subrayar
más el tema de la salud en preparación para la Cumbre Mundial Sobre el
Desarrollo Sostenible de Johannesburgo. En 2001, la OMS con el gobierno de
Noruega organizó un encuentro llamado "Colocando a la Salud al Centro del
Desarrollo Sustentable" el cual fue una oportunidad importante para el
análisis de vínculos entre estos dos temas. También hubo un encuentro
preliminar en Sudáfrica en enero de 2002 sobre "Salud y Desarrollo
Sustentable."
En estos encuentros, se habló de los nexos
salud-ambiente-desarrollo sustentable, por ejemplo en la contaminación del
aire, que crea mayor riesgo de cáncer y contribuye a las enfermedades
respiratorias. La contaminación del aire dentro del hogar – provocada por el
uso de la leña u otros materiales en fuegos abiertos, y complicada por la
presencia frecuente del plomo en las paredes pintadas -- daña a la salud y a
la vez al medio ambiente.
Según la OMS (La Salud y el Ambiente en el Desarrollo
Sostenible, 2000) las malas condiciones ambientales son directamente
responsables de una cuarta parte de la morbilidad prevenible – por ejemplo,
las enfermedades diarreicas y las infecciones respiratorias – y se vinculan,
directa o indirectamente con el paludismo, la esquistosomiasis y otras
enfermedades transmitidas por vectores, y con muchas infecciones de la
infancia.
La pobreza, como determinante clave de la salud, es también
un factor limitante para el desarrollo sustentable, y por eso la
colaboración intersectorial es valorada mucho por los interesados en salud
pública. Existe un interés común en la eliminación de la malnutrición, que
afecta al 30% de la población mundial y se relaciona con el 50% de la
mortalidad infantil de 10 millones de niños cada año. La readecuación de los
sistemas agrarios para mejorar la seguridad alimenticia ayudaría tanto a la
preservación de la ecología y al estado nutritivo de la población. Además,
cualquier mejoría en los niveles de educación y la calidad de la vivienda
ayudaría tanto a la salud como al desarrollo equitativo y sustentable, ya
que una población sana y educada normalmente logra cuidar mejor su salud y
los recursos naturales.
El cambio climatológico, la reducción de la capa de ozono, y
la pérdida de la biodiversidad, son peligros ambientales que afectan a la
salud y limitan nuestro progreso hacia el desarrollo sustentable. Algunos de
los efectos son directos, como la mortalidad producida por los desastres
naturales más frecuentes, y otros son a más largo plazo, como la
vulnerabilidad incrementada por el traslado de vectores transmisores de
enfermedades a nuevas regiones geográficas.
La "globalización de los estilos de vida insalubres" – el
consumo del tabaco, de comidas poco nutritivas, y la falta de actividad
física – es un factor cada vez mayor en la mortalidad y morbilidad,
reflejado por los índices crecientes del cáncer, la diabetes, y las
enfermedades crónicas cardiovasculares y respiratorias. Estos patrones de
consumo son también dañinos para la ecología. Se estima que las enfermedades
no-transmisibles causan el 60% de las muertes en el ámbito mundial. (Yasmin
von Schirnding, "Health and Sustainable Development: Can We Rise to the
Challenge?" The Lancet, Vol. 360, Aug. 24, 2002.)
Las iniciativas de la OMS sirvieron para recalcar las metas
referentes a la salud del Programa 21 y promover algunas mas, por ejemplo la
incorporación de las metas de la Cumbre del Milenio (ONU, Nueva York, 2000),
en la cual se acordó entre otras cosas reducir a la mitad la pobreza, en
tres cuartas partes la mortalidad materna, y en dos terceras partes la
mortalidad de niños menores de 5 años, todo para el año 2015. Además se
propuso el reconocimiento de nuevos temas, tales como la relación
salud-pobreza, salud-globalización, y el estudio de los impactos sobre la
salud de las políticas y prácticas del desarrollo.
La OMS se armó más en sus argumentos, con la publicación en
2001 del informe de la Comisión sobre Macroeconomía y Salud, presidida por
el economista Jeffrey Sachs. El informe presentó clara evidencia de que la
inversión en salud es un elemento fundamental para el desarrollo
económico y la reducción de la pobreza. Además, según el informe (Macroeconomía
y Salud: Invertir en Salud en Pro del Desarrollo Económico), la cantidad
de inversión requerida es completamente a nuestro alcance, y podría salvar
un mínimo de 8 millones de vidas cada año. El informe fue claramente
dirigido a contrarrestar a los neo-liberales, quienes siempre insisten que
el mejoramiento de la salud, al igual que la preservación del medio
ambiente, es algo que sigue al desarrollo económico y no lo precede.
En realidad, la evidencia presentada demuestra que el tipo de desarrollo
perseguido sí cuenta, y que al no tomar en cuenta la salud se corre el
riesgo de tener un desarrollo que no es ni equitativo ni sustentable.
A pesar de estos esfuerzos, fue difícil lograr en la Cumbre
de Johannesburgo un verdadero avance, y según reportes de los representantes
de la sociedad civil, fue necesario montar una gran presión para apenas
mantener en pié al Programa 21. Lo más positivo de la Cumbre en materia de
salud pública, fuera de la repetición de metas ya acordadas en el Programa
21 y en la Cumbre del Milenio, fue el acuerdo para poner más énfasis sobre
agua y saneamiento, temas claves tanto para la salud pública como el
desarrollo sustentable. Se agregó una nueva meta internacional, la de
reducir a la mitad la cantidad de población mundial sin acceso a sistemas de
agua potable y saneamiento. (Actualmente, se estima que mil millones de
personas no tienen acceso al agua potable y que 2,4 mil millones no tienen
acceso a sistemas de saneamiento.) Otra meta nueva con relación a la salud
fue la de diseñar para el año 2020 un sistema nuevo para la producción y uso
de los químicos que no tenga tantos efectos negativos sobre la salud humana
y el ambiente.
Otro elemento positivo del a Cumbre fue la reafirmación de
la Declaración de Doha sobre el Acuerdo TRIPS y la Salud Pública, enunciada
después de la última reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC),
en la cual se acordó que el acuerdo TRIPS no debe restringir a los gobiernos
en sus esfuerzos para proteger a la salud pública y permitir el acceso a las
medicinas.
Notas
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