La salud como derecho humano
También se logró en Johannesburgo, gracias a la presión de
la sociedad civil, recordar que la salud es un derecho humano, en el
artículo 47 que se refiere al mejoramiento de los sistemas de salud y el
apoyo a los esfuerzos de educación, prevención y promoción. En vista de que
la OMS ya había sido obligada a reformular la estrategia "Salud para Todos"
en 1995 por falta de compromiso de los estados miembros, y que en 2002 haya
tenido que aceptar un papel cada vez mayor del comercio y el sector privado,
la inclusión de estas dos palabritas es importante.
En nuestro continente americano, también hemos tenido
discusiones y resoluciones importantes al nivel regional vinculando a la
salud pública con el desarrollo sustentable. En 1995, los ministros
responsables de las áreas de salud, ambiente, y desarrollo en los países de
América se juntaron por primera vez (en Washington) para discutir el
seguimiento al Programa 21 y la Cumbre de las Américas (Miami, 1994). La
"Carta Panamericana Sobre Salud y Ambiente en el Desarrollo Humano
Sostenible," firmada en ese evento, promueve la protección y promoción de la
salud, elementos pilares de la práctica de salud pública, y defiende el
principio de la participación comunitaria. La Carta reconoce que el
crecimiento económico es "necesario pero por sí solo insuficiente" para la
salud comunitaria, y recuerda que la prevención de los problemas de
salud y el deterioro del ambiente "generalmente es más humano y más eficaz
en función del costo que corregir y tratar los daños ya infligidos." En
marzo del 2002, los ministros de ambiente y salud se reunieron nuevamente en
Canadá. Hubo poco nuevo en ese encuentro, que se limitó a repetir los
acuerdos del Programa 21 y los de la Cumbre de las Américas, pero al menos
se redactó un Plan Regional que contiene 8 áreas de acción conjunta.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), que celebra
este año 2002 su centenario, ha tenido durante muchos años una preocupación
por la "salud ambiental" -- el mejoramiento de sistemas de agua y
saneamiento, el tratamiento de desechos sólidos, la limpieza en el hogar y
en los lugares públicos. Estas actividades han sido implementadas con
relativo éxito durante el siglo pasado como parte integral del mandato de la
OPS, pero hoy en día se reconoce que hay un vínculo estrecho con el
desarrollo sustentable. Lo mismo sucede con el caso de las plaguicidas,
cuyos elementos tóxicos contaminan el ambiente y dañan a la salud humana. La
OPS ha lanzado algunos programas de control de plaguicidas y educación sobre
sus efectos negativos.
La gran interrogante se presenta, entonces: ¿Si los vínculos
entre salud pública y desarrollo sustentable son ya conocidos y aceptados,
por qué no hemos visto mayor acción por parte de los gobiernos? Creo que la
respuesta se da en el dogma de la supremacía de los mercados y el capital
privado, la llamada teoría neo-liberal. En los mismos 10 años que han
seguido a la Cumbre de Río de Janeiro, hemos visto el desarrollo acelerado
del régimen de comercio internacional y la promoción de los intereses de las
empresas transnacionales. Es de notar que en el Plan de Implementación de la
Cumbre de Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, hay más de 200 referencias
a la Organización Mundial del Comercio (OMC), con la clara intención de
mantener la supremacía de este régimen, el único en la estructura
multilateral que contiene claras sanciones para los países que no cumplen.
La OPS, en su reciente publicación "La Salud Pública en las
Américas" (2002), ofrece una crítica severa al modelo neo-liberal,
refiriéndose al "totalitarismo inherente a la ideología del mercado" y al
retroceso creado por las reformas y ajustes estructurales de los últimos 15
años, los cuales han debilitado y desmoralizado al sector público. Se
necesitaría teóricamente un "estado fuerte" para intervenir en la salud
pública, en conjunto con las autoridades locales y las organizaciones
no-gubernamentales, pero sin embargo los estados han perdido capacidad y se
ha privilegiado el sector privado. Lejos de crear un desarrollo sustentable,
este tipo de globalización ha agudizado la inequidad y la inestabilidad.
Como solución, la OPS propone la defensa y promoción de unas
11 "funciones esenciales de la salud pública," como un conjunto mínimo de
responsabilidades estatales, sin importar el tipo del sistema de salud. Me
parece loable como iniciativa, pero a la vez es un reflejo del campo de
acción limitado, por no decir arrinconado, del régimen multilateral de la
salud, en comparación con lo del comercio. Lo mismo ha sucedido con el
régimen para la construcción del desarrollo sustentable, que ha sido
sometido a las reglas del comercio y los intereses del gran capital.
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