Introducción
Los movimientos migratorios son claramente un proceso
humano que nos ha llevado a colonizar la Tierra, conquistar al resto de las
especies animales y establecer nuestra presencia en casi todos los rincones
del planeta. Las migraciones son producto de una tendencia natural e
histórica de las personas a desplazarnos siempre con un mismo objetivo:
mejorar nuestra situación de partida. Eso no significa que todo el mundo
tenga la misma motivación; por el contrario, en ocasiones la meta puede ser
la búsqueda más elemental de la supervivencia y en otras, la satisfacción de
anhelos culturales o de aventura.
Esta estrategia de supervivencia no es sólo patrimonio de
nuestra especie, sino de la mayoría de los animales. Después de una primera
época claramente nómade, caracterizada por la búsqueda del sustento mediante
la depredación, el asentamiento fue posible a raíz de la domesticación de
algunas especies vegetales y animales y con ella dio comienzo la revolución
neolítica. A partir de allí coexistieron para siempre el juego, la
escapatoria o la oportunidad de "quedarse" con el "irse", como una capacidad
humana de cambiar para adaptarse, para sobrevivir, para ampliar horizontes y
para muchos otros motivos imaginables.
En la historia de la población mundial, las personas
siempre han aprovechado los recursos disponibles para crecer numéricamente
y, además, para mejorar sus niveles de vida. Mientras que en el comienzo, el
"techo" del crecimiento demográfico lo fijaba la capacidad de subsistencia,
en las sociedades modernas éste se tiende a definir por la capacidad de
disfrutar de un nivel de vida deseado o convencional. Sin embargo, la matriz
del comportamiento es básicamente la misma a través de las eras históricas.
La Revolución Neolítica
La Neolítica fue la primera de las grandes revoluciones
económicas. En Oriente Medio, el cultivo y la domesticación incipientes se
desarrollaron después de 10.000 A.C. A. Se distingue entre dos fases: la
Protoneolítica, del 9.000 a.C. al 7.000 a.C., y la Neolítica, entre el 7.000
a.C. y el 5.000 a.C. Es en la primera de estas dos donde aparecen los
indicios del paso de la recolección de alimentos a su producción. Al llegar
la segunda, la agricultura y la ganadería ya estaban asentadas como para
abastecer el nivel básico requerido por las comunidades que trabajaban la
tierra y vivían en poblados.
El proceso de poblamiento del planeta tiene una historia
apasionante, en la que las migraciones implicaron también la lenta difusión
de las experiencias del Neolítico a otras regiones del planeta. Desde el
área nuclear de Oriente Medio, la revolución se extendió hacia lo que hoy
conocemos como Europa. Entre 4.500 A.C. y 2.000 A.C. se desarrolló una
economía agrícola en los actuales Balcanes, Italia, Francia, España,
Hungría, Suiza, Alemania, Holanda, Dinamarca, las Islas Británicas y
Escandinavia. Para el 1.500 A.C. el único reducto europeo de la economía
basado exclusivamente en la caza era la zona de tundras y bosques que se
extendía desde las costas noruegas a través del norte de Eurasia.1
Los imperios y la expansión europea (siglos XV-XVII)
El crecimiento de los imperios coloniales de España y
Portugal, durante los siglos XV a XVII, constituyó un hito histórico
importantísimo a la hora de la conformación del poblamiento americano.
Mediante el proceso de conquista y colonización, el continente americano fue
"descubierto" por los peninsulares. Las poblaciones nativas de amerindios
-entre las que había civilizaciones como los incas, mayas y aztecas- fueron
reducidas, sometidas, diezmadas por trabajos forzados y enfermedades
desconocidas y, en algunos casos, expulsadas y/o aniquiladas. Los europeos
se mezclaron con los nativos, constituyendo diversas clases de criollos. La
mano de obra indígena, allí donde era insuficiente, fue reemplazada por la
mano de obra de esclavos, capturados en Africa y vendidos en el mercado
internacional (más adelante, veremos el fenómeno del esclavismo). Estos
seres humanos se incorporaron a un proceso de poblamiento, con la
característica de estar concentrados especialmente en aquellas zonas donde
existía agricultura de plantación.
En el siglo XVII y XVIII, la navegación marítima se fue
ampliando con navíos de banderas holandesas y británicas, llegando hasta
zonas remotas de Lejano Oriente. A pesar de la ampliación de los horizontes
geográficos, durante todos estos siglos la vida de Occidente estuvo regida
por crisis recurrentes de mortalidad (sobre todo infantil), debidas a
epidemias y hambrunas, y tasas elevadas de natalidad. Este comportamiento se
conoce como "régimen demográfico antiguo".
La Revolución Industrial
Tenemos que esperar hasta el siglo XVIII para encontrar
la siguiente era de gran aceleración de la productividad y de la producción
mundial, la Revolución Industrial, que llevó aparejados grandes cambios en
la población del planeta.
En todos los sitios donde penetraban los nuevos
mecanismos de la industrialización -con sus fábricas urbanas de textiles y
bienes de consumo, capitalistas, obreros, energía mecánica sustentada por el
carbón, el ferrocarril y los canales fluviales como medio de transporte
central- la sociedad en su conjunto se modificaba. La revolución agrícola
previa había impulsado a buena parte de la población rural hacia las
ciudades, convirtiendo a los campesinos en potenciales obreros fabriles. Es
probable que en 1700 la proporción de la población mundial que se dedicaba a
la agricultura fuese superior al 80%. En 1950 era alrededor del 60% y siguió
disminuyendo rápidamente.
Uno de los más importantes cambios es el enorme aumento
del total de la población en las regiones industrializadas, un crecimiento
que ha sido considerado como "revolución demográfica". En 1750 el total de
población mundial era de 650 a 850 millones, y un siglo más tarde ya llegaba
a 1.100-1.300 millones.
|
Año |
Millones de
personas |
|
1750 |
650-850 |
|
1850 |
1.100-1.300 |
|
1900 |
1.600 |
|
1950 |
2.500 |
|
1975 |
4.000 |
|
1999 |
6.000 |