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 MIGRACIONES Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Población

Por Graciela Malgesini      

Parte 3 / 5 

  

  El siglo XX

A principios del siglo XX las naciones-estado eran la forma dominante de organización política y, junto con la economía de mercado, caracterizaron las formas de la organización social. El estado se transformó en un poder regulador y director, incluyendo el tema de las migraciones. El estado determinaba si un trabajador inmigrante era bienvenido o no y, para ello, se comenzaron a utilizar medios, como pasaportes y visa, con el objeto de controlar las llegadas. Muchos estados tenían sistemas políticos liberales y reconocían el derecho de emigrar a sus ciudadanos, pero algunos países tenían una estructura totalitaria y no les concedían este derecho. Miles de personas quedaron apresadas dentro de sus propios países, sin poder moverse.

Los conflictos internacionales y las crisis económicas se transformaron, hasta alcanzar mayores consecuencias que nunca anteriormente. La rivalidad política y económica entre los gobiernos europeos acentuó sus políticas de refuerzo de la idea de "unidad nacional", para lo cual se lanzaron campañas destinadas a eliminar a las minorías.

Durante la primera mitad del siglo XX se fue desarrollando una brecha creciente entre un pequeño número de países ricos, técnicamente avanzado y poderosos, y el resto del mundo. Las "proporciones demográficas" ya habían cambiado al finalizar el siglo XIX. Desde la segunda mitad del XVIII la población "blanca" o europea caucásica había estado creciendo más rápidamente que las otras. Pero esta situación ya estaba cambiando al llegar el 1900: se estaba produciendo el descenso de la natalidad que se profundizaría durante todo el siglo.

Las guerras y los conflictos políticos caracterizaron básicamente este periodo histórico. La Primera Guerra Mundial, con la enorme cantidad de hombres jóvenes muertos y la destrucción de partes grandes de Bélgica y Francia, detuvo vida normal en Europa Occidental durante cuatro años. La revolución rusa agitó Europa Oriental aproximadamente el mismo tiempo.

El impulso para establecer estados con sólo una nacionalidad dentro de sus fronteras, profundizando la idea de la homogeneidad étnica, continuó con gran fuerza. Al mismo tiempo, el miedo de ser "inundado" por personas que escapaban del comunismo o de los nacionalismos hizo que muchos gobiernos cerraran cada vez más sus fronteras. También lo hicieron los Estados Unidos. En los países ricos, sólo se aceptaron a aquellos trabajadores inmigrantes con permisos de trabajo y a algunos miles de refugiados. Los conflictos políticos en Europa causaron una emigración involuntaria. Los refugiados dejaron su país y fueron a los países vecinos o a los Estados Unidos. La Primera Guerra Mundial puso un súbito final a la migración característica hasta entonces. La revolución comunista abrió un periodo de migración forzada dentro del Unión Soviética. Una buena parte de la mano de obra de los países del norte de Europa Occidental estaba constituida por extranjeros. Entre 1846 y 1932 se estimaba que más de 50 millones de europeos habían emigrado, dentro de Europa, pero fundamentalmente hacia América, las colonias africanas y asiáticas.

Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial hubo un período de descenso de las migraciones internacionales de trabajadores, especialmente en torno a los años de la crisis y la depresión de los 30. Las restricciones a la entrada se fueron ampliando y se generalizaron las solicitudes de pasaportes y visados. Al mismo tiempo, el racismo y el anticomunismo, que actuaban como fuerzas de expulsión de refugiados por razones políticas, de judíos y de otras minorías, también se fue afianzando en manifestaciones políticas de los países receptores, como Argentina y Estados Unidos, con las consecuentes dificultades sociales.

La captación de inmigrantes a través de incentivos económicos es el momento intermedio de un proceso que arranca con la obtención coercitiva de mano de obra hasta la iniciación de los flujos basada en la demanda internacional de trabajadores. Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX la captación de mano de obra de las naciones postcoloniales del continente americano requirieron el apoyo, pasivo o activo, de los gobiernos de los países receptores. Los flujos autónomos o espontáneos son fenómenos más recientes. Surgen del cambio que se produce en los modelos de consumo de las sociedades periféricas, que comenzaron un proceso de descolonización hasta los años 70, los cuales reflejan cada vez más las pautas difundidas desde los centros desarrollados. Como el cumplimiento de tales expectativas se volvieron cada vez más difíciles desde estas regiones, los crecientes vínculos internacionales permitieron a grupos locales buscar la solución al problema emigrando al extranjero. Según Alejandro Portes y Josepf Böröcz, "De esta manera, la penetración externa con sus formas sucesivas –desde la coerción física al incentivo económico y la difusión cultural- ha sido la condición previa para el inicio de los flujos internacionales de mano de obra bajo el capitalismo". 5

viñeta Es un fenómeno de extensión de los mercados financieros, comerciales y de los medios de comunicación, que se acelera desde la revolución tecnológica de los años 70 (informática, automatización, nuevos materiales)

viñeta La nueva economía internacional tiene su centro en los países industrializados, de renta alta, integrados en la OCDE (organización de cooperación y desarrollo económico) y liderados por el G8 (los ocho países más poderosos del planeta). También tiene centros en ciudades de algunos países considerados de renta media o en vías de desarrollo. Por tal razón, algunos autores la caracterizan como "policéntrica" y rechazan la clásica división entre el "norte" y el "sur".

viñeta Desde el punto de vista de las empresas, se caracteriza por la concentración, la competitividad, la relocalización y el aumento constante de la productividad. Este se logra por la reducción de costes, mediante la innovación tecnológica y la depreciación del valor del trabajo (que se sustenta en la flexibilización del mercado de trabajo, con las migraciones laborales y la desregulación de la legislación laboral.

viñeta Se sustenta en el sistema productivista, una espiral en la que se incrementan ininterrumpidamente el consumo y la producción. El motor es un sistema de valores en los que la posesión de mas y nuevos bienes materiales reemplaza a otro tipo de valores. Este nuevo estilo de vida se basa en una serie de bienes de gran poder simbólico, como el automóvil privado, el consumo de carne, la electricidad y el agua de forma ilimitadas y una gama de bienes basados en la revolución petroquímica y la industria de armamento, posterior a la II Guerra Mundial.

Con la aceleración del proceso de globalización económica desde los años 70 y, en especial, desde el fin de la Guerra Fría a fines de los 80, el mundo "se hizo más pequeño". Las anteriores denominaciones entre "desarrollados" y "subdesarrollados" pronto resultaron incapaces de captar la transformación de países catalogados como "del Sur" en naciones industrializadas, mientras que otros, fundamentalmente en Africa, no alcanzaban ni el umbral mínimo para ser clasificados como "en vías de desarrollo". Como describe Eric Hobsbawm, "Después de la caída de la Unión Soviética, la economía mundial se hizo verdaderamente global, más puramente capitalista y orientada a los negocios; los inversores y empresarios descubrieron que grandes zonas de ésta carecían de interés para ellos, a menos que pudieran sobornar a los funcionarios y políticos para que despilfarraran el dinero, extraído de los ciudadanos desafortunados, en la compra de armamento o en proyectos de prestigio personal".6

Tiene un fuerte impacto medioambiental. Se han internacionalizado los problemas medioambientales, pero las políticas nacionales siguen dictando las estrategias de desarrollo sustentable.

Es heterogénea. El nuevo capitalismo no se extiende de manera uniforme por el planeta, sino que se concentra en bloques regionales: América del Norte, Unión Europea y Japón y países del entorno. Estos importan mas del 80% del producto bruto mundial, de la renta, de las inversiones y del comercio, pero representan solo un quinto de la población mundial.

Es jerárquica. Este desequilibrio económico se manifiesta también como un control jerarquizado del poder mundial, con organismos como el consejo de seguridad de naciones unidas y la OTAN.

Es productora de desigualdad. Nunca en la historia de la humanidad hubo tanta diferencia entre los países ricos y los pobres. La globalización ha polarizado la riqueza y la pobreza. La mitad del planeta es considerada pobre y, de ellos, la mitad son extremadamente pobres.

Es ideológica. Fundamentalmente, se trata de un estilo de vida que se extiende mediante los medios de comunicación y que genera el efecto demostración, impulsando flujos migratorios de gran escala (capitalismo cultural).

Mientras aumentaban las desigualdades internacionales, la globalización propició el movimiento de personas a través de las fronteras. Los turistas fluyeron de los países ricos al llamado Tercer Mundo como nunca anteriormente. Por poner ejemplos de fines de los 80, en los países musulmanes, 16 millones de malasios recibieron 3 millones de turistas por año; 7 millones de tunecinos acogieron a 2 millones; 3 millones de jordanos a 2 millones.

Desde el fin de la Segunda Guerra mundial, las migraciones de las antiguas colonias y el sistema de "trabajador invitado" o Gastarbeiter fueron las dos formas más importantes de inmigración laboral hacia Europa. Mientras que los habitantes de estos países tenían contactos previos y gozaban de ciertas facilidades para instalarse en las ex metrópolis, los Gastarbeiter se conseguían mediante un esfuerzo controlado por 500 a 600 agencias alemanas, que operaban en el Mediterráneo para reclutar trabajadores.7  En los años 70 los inmigrantes de las ex colonias francesas del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez) ya formaban un cuarto de todos los extranjeros de Francia; en 1975 se calculaba que el 5,5% de la población argelina había emigrado. Un tercio de los inmigrantes en Estados Unidos habían llegado de América Latina, fundamentalmente de México, América Central y el Caribe. También se desplazaron desde el sudeste asiático, y de otras regiones en menor medida, hasta los países petroleros de Oriente Medio y Libia, que en 5 años pasaron de una población de 1,8 millones a una de 2,8 millones (entre 1975 y 1980). Entre la postguerra y el fin de siglo también se ha producido un movimiento migratorio interno, desde el campo a la ciudad, que anualmente supone la salida de entre 20 y 30 millones de personas hacia las ciudades de países periféricos. En 1990, seis de las veinte ciudades con más de 8.000.000 de habitantes se encontraba en los países en desarrollo. Casi todos los desplazamientos son para buscar de trabajo, pero la migración a la ciudad —e incluso a otros países— acarrea la sustitución de un tipo de pobreza por otra y, en muchos casos, es el inicio de una emigración que va más allá de las fronteras.

Al mismo tiempo, desde los años 70 en adelante, estos flujos de trabajadores inmigrantes coincidieron con la huída masiva de refugiados, mujeres y niños mayoritariamente, que escapaban de las dictaduras, de las guerras, el hambre o la persecución étnica. Con la excepción de Estados Unidos y, en menor intensidad, de Canadá y Australia, que permitieron la inmigración masiva en las últimas décadas del siglo, el resto de países ricos optó por políticas restrictivas o muy selectivas, a pesar del teórico apoyo a las causas humanitarias.8

  Notas


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