El siglo XX
A principios del siglo XX las naciones-estado eran la
forma dominante de organización política y, junto con la economía de
mercado, caracterizaron las formas de la organización social. El estado se
transformó en un poder regulador y director, incluyendo el tema de las
migraciones. El estado determinaba si un trabajador inmigrante era
bienvenido o no y, para ello, se comenzaron a utilizar medios, como
pasaportes y visa, con el objeto de controlar las llegadas. Muchos estados
tenían sistemas políticos liberales y reconocían el derecho de emigrar a sus
ciudadanos, pero algunos países tenían una estructura totalitaria y no les
concedían este derecho. Miles de personas quedaron apresadas dentro de sus
propios países, sin poder moverse.
Los conflictos internacionales y las crisis económicas se
transformaron, hasta alcanzar mayores consecuencias que nunca anteriormente.
La rivalidad política y económica entre los gobiernos europeos acentuó sus
políticas de refuerzo de la idea de "unidad nacional", para lo cual se
lanzaron campañas destinadas a eliminar a las minorías.
Durante la primera mitad del siglo XX se fue
desarrollando una brecha creciente entre un pequeño número de países ricos,
técnicamente avanzado y poderosos, y el resto del mundo. Las "proporciones
demográficas" ya habían cambiado al finalizar el siglo XIX. Desde la segunda
mitad del XVIII la población "blanca" o europea caucásica había estado
creciendo más rápidamente que las otras. Pero esta situación ya estaba
cambiando al llegar el 1900: se estaba produciendo el descenso de la
natalidad que se profundizaría durante todo el siglo.
Las guerras y los conflictos políticos caracterizaron
básicamente este periodo histórico. La Primera Guerra Mundial, con la enorme
cantidad de hombres jóvenes muertos y la destrucción de partes grandes de
Bélgica y Francia, detuvo vida normal en Europa Occidental durante cuatro
años. La revolución rusa agitó Europa Oriental aproximadamente el mismo
tiempo.
El impulso para establecer estados con sólo una
nacionalidad dentro de sus fronteras, profundizando la idea de la
homogeneidad étnica, continuó con gran fuerza. Al mismo tiempo, el miedo de
ser "inundado" por personas que escapaban del comunismo o de los
nacionalismos hizo que muchos gobiernos cerraran cada vez más sus fronteras.
También lo hicieron los Estados Unidos. En los países ricos, sólo se
aceptaron a aquellos trabajadores inmigrantes con permisos de trabajo y a
algunos miles de refugiados. Los conflictos políticos en Europa causaron una
emigración involuntaria. Los refugiados dejaron su país y fueron a los
países vecinos o a los Estados Unidos. La Primera Guerra Mundial puso un
súbito final a la migración característica hasta entonces. La revolución
comunista abrió un periodo de migración forzada dentro del Unión Soviética.
Una buena parte de la mano de obra de los países del norte de Europa
Occidental estaba constituida por extranjeros. Entre 1846 y 1932 se estimaba
que más de 50 millones de europeos habían emigrado, dentro de Europa, pero
fundamentalmente hacia América, las colonias africanas y asiáticas.
Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial hubo un
período de descenso de las migraciones internacionales de trabajadores,
especialmente en torno a los años de la crisis y la depresión de los 30. Las
restricciones a la entrada se fueron ampliando y se generalizaron las
solicitudes de pasaportes y visados. Al mismo tiempo, el racismo y el
anticomunismo, que actuaban como fuerzas de expulsión de refugiados por
razones políticas, de judíos y de otras minorías, también se fue afianzando
en manifestaciones políticas de los países receptores, como Argentina y
Estados Unidos, con las consecuentes dificultades sociales.
La captación de inmigrantes a través de incentivos
económicos es el momento intermedio de un proceso que arranca con la
obtención coercitiva de mano de obra hasta la iniciación de los flujos
basada en la demanda internacional de trabajadores. Durante el siglo XIX y
la primera mitad del siglo XX la captación de mano de obra de las naciones
postcoloniales del continente americano requirieron el apoyo, pasivo o
activo, de los gobiernos de los países receptores. Los flujos autónomos o
espontáneos son fenómenos más recientes. Surgen del cambio que se produce en
los modelos de consumo de las sociedades periféricas, que comenzaron un
proceso de descolonización hasta los años 70, los cuales reflejan cada vez
más las pautas difundidas desde los centros desarrollados. Como el
cumplimiento de tales expectativas se volvieron cada vez más difíciles desde
estas regiones, los crecientes vínculos internacionales permitieron a grupos
locales buscar la solución al problema emigrando al extranjero. Según
Alejandro Portes y Josepf Böröcz, "De esta manera, la penetración externa
con sus formas sucesivas –desde la coerción física al incentivo económico y
la difusión cultural- ha sido la condición previa para el inicio de los
flujos internacionales de mano de obra bajo el capitalismo".
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Es un fenómeno de extensión de los mercados financieros,
comerciales y de los medios de comunicación, que se acelera desde la
revolución tecnológica de los años 70 (informática, automatización,
nuevos materiales) |
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La nueva economía internacional tiene su centro en los países
industrializados, de renta alta, integrados en la OCDE (organización
de cooperación y desarrollo económico) y liderados por el G8 (los ocho
países más poderosos del planeta). También tiene centros en ciudades
de algunos países considerados de renta media o en vías de desarrollo.
Por tal razón, algunos autores la caracterizan como "policéntrica" y
rechazan la clásica división entre el "norte" y el "sur". |
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Desde el punto de vista de las empresas, se caracteriza por la
concentración, la competitividad, la relocalización y el aumento
constante de la productividad. Este se logra por la reducción de
costes, mediante la innovación tecnológica y la depreciación del valor
del trabajo (que se sustenta en la flexibilización del mercado de
trabajo, con las migraciones laborales y la desregulación de la
legislación laboral. |
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Se sustenta en el sistema productivista, una espiral en la
que se incrementan ininterrumpidamente el consumo y la producción. El
motor es un sistema de valores en los que la posesión de mas y nuevos
bienes materiales reemplaza a otro tipo de valores. Este nuevo estilo
de vida se basa en una serie de bienes de gran poder simbólico, como
el automóvil privado, el consumo de carne, la electricidad y el agua
de forma ilimitadas y una gama de bienes basados en la revolución
petroquímica y la industria de armamento, posterior a la II Guerra
Mundial. |
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Con la aceleración del proceso de globalización económica
desde los años 70 y, en especial, desde el fin de la Guerra Fría a fines de
los 80, el mundo "se hizo más pequeño". Las anteriores denominaciones entre
"desarrollados" y "subdesarrollados" pronto resultaron incapaces de captar
la transformación de países catalogados como "del Sur" en naciones
industrializadas, mientras que otros, fundamentalmente en Africa, no
alcanzaban ni el umbral mínimo para ser clasificados como "en vías de
desarrollo". Como describe Eric Hobsbawm, "Después de la caída de la Unión
Soviética, la economía mundial se hizo verdaderamente global, más puramente
capitalista y orientada a los negocios; los inversores y empresarios
descubrieron que grandes zonas de ésta carecían de interés para ellos, a
menos que pudieran sobornar a los funcionarios y políticos para que
despilfarraran el dinero, extraído de los ciudadanos desafortunados, en la
compra de armamento o en proyectos de prestigio personal".6
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Tiene un fuerte impacto medioambiental.
Se han internacionalizado los problemas
medioambientales, pero las políticas nacionales siguen dictando las
estrategias de desarrollo sustentable.
Es heterogénea. El nuevo capitalismo no se
extiende de manera uniforme por el planeta, sino que se concentra en
bloques regionales: América del Norte, Unión Europea y Japón y países
del entorno. Estos importan mas del 80% del producto bruto mundial, de
la renta, de las inversiones y del comercio, pero representan solo un
quinto de la población mundial.
Es jerárquica. Este desequilibrio económico se
manifiesta también como un control jerarquizado del poder mundial, con
organismos como el consejo de seguridad de naciones unidas y la OTAN.
Es productora de desigualdad. Nunca en la
historia de la humanidad hubo tanta diferencia entre los países ricos y
los pobres. La globalización ha polarizado la riqueza y la pobreza. La
mitad del planeta es considerada pobre y, de ellos, la mitad son
extremadamente pobres.
Es ideológica. Fundamentalmente, se trata de un
estilo de vida que se extiende mediante los medios de comunicación y que
genera el efecto demostración, impulsando flujos migratorios de gran
escala (capitalismo cultural). |
Mientras aumentaban las desigualdades internacionales, la
globalización propició el movimiento de personas a través de las fronteras.
Los turistas fluyeron de los países ricos al llamado Tercer Mundo como nunca
anteriormente. Por poner ejemplos de fines de los 80, en los países
musulmanes, 16 millones de malasios recibieron 3 millones de turistas por
año; 7 millones de tunecinos acogieron a 2 millones; 3 millones de jordanos
a 2 millones.
Desde el fin de la Segunda Guerra mundial, las
migraciones de las antiguas colonias y el sistema de "trabajador invitado" o
Gastarbeiter fueron las dos formas más importantes de inmigración
laboral hacia Europa. Mientras que los habitantes de estos países tenían
contactos previos y gozaban de ciertas facilidades para instalarse en las ex
metrópolis, los Gastarbeiter se conseguían mediante un esfuerzo controlado
por 500 a 600 agencias alemanas, que operaban en el Mediterráneo para
reclutar trabajadores.7
En los años 70 los inmigrantes de las ex colonias
francesas del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez) ya formaban un cuarto de
todos los extranjeros de Francia; en 1975 se calculaba que el 5,5% de la
población argelina había emigrado. Un tercio de los inmigrantes en Estados
Unidos habían llegado de América Latina, fundamentalmente de México, América
Central y el Caribe. También se desplazaron desde el sudeste asiático, y de
otras regiones en menor medida, hasta los países petroleros de Oriente Medio
y Libia, que en 5 años pasaron de una población de 1,8 millones a una de 2,8
millones (entre 1975 y 1980). Entre la postguerra y el fin de siglo también
se ha producido un movimiento migratorio interno, desde el campo a la
ciudad, que anualmente supone la salida de entre
20 y 30 millones de personas hacia las ciudades de países periféricos. En
1990, seis de las veinte ciudades con más de 8.000.000 de habitantes se
encontraba en los países en desarrollo. Casi todos los desplazamientos son
para buscar de trabajo, pero la migración a la ciudad —e incluso a otros
países— acarrea la sustitución de un tipo de pobreza por otra y, en muchos
casos, es el inicio de una emigración que va más allá de las fronteras.
Al mismo tiempo, desde los años 70 en adelante, estos
flujos de trabajadores inmigrantes coincidieron con la huída masiva de
refugiados, mujeres y niños mayoritariamente, que escapaban de las
dictaduras, de las guerras, el hambre o la persecución étnica. Con la
excepción de Estados Unidos y, en menor intensidad, de Canadá y Australia,
que permitieron la inmigración masiva en las últimas décadas del siglo, el
resto de países ricos optó por políticas restrictivas o muy selectivas, a
pesar del teórico apoyo a las causas humanitarias.8