Las migraciones actuales y la sustentabilidad ambiental
Gran parte de las migraciones modernas tienen una
relación bastante estrecha con la transición demográfica, ya se trate de la
urbanización o de las migraciones internacionales. Con la explosión
demográfica, los países del denominado Tercer Mundo se ven sometidos a una
presión demográfica más intensa que la que Europa conoció jamás. Por su
parte, los países industrializados, convertidos nuevamente en una zona de
baja presión demográfica, monopolizan la gran parte de la actividad
económica del planeta. Pero los países pobres no tienen ni la capacidad
económica, ni el potencial político militar que les permitiría imponer al
resto del mundo una emigración tan masiva como hicieron los europeos. El
potencial migratorio se ve contenido por la resistencia que le opone su
salida natural. Mientras tanto, el proceso de urbanización continúa.
9 En
América Latina, por ejemplo, más del 75% de la población es urbana.
La crisis de 1973 marcó el fin de un período de
reclutamiento de trabajadores de las ex colonias y de otros territorios con
menor nivel de industrialización incluso dentro del propio continente, por
parte de los países europeos y el inicio de una crisis económica, cuya
consecuencia fue la restricción en la entrada de extranjeros. En los años 80
los países del sur europeo, antes emisores de población, pasaron a
convertirse en receptores; tal fue el caso de España, Portugal e Italia. Un
rasgo distintivo del inicio de la década de los 90 es el de la aparición de
la problemática migratoria en el centro de las preocupaciones de la
comunidad internacional. Un tema que en los últimos cuarenta años fue
tratado coyunturalmente, en la medida en que iban surgiendo hechos
específicos, se instaló como punto prioritario en las agendas de discusión
de los gobiernos, y con gran repercusión en la opinión pública mundial. Una
cuestión normalmente reservada a las políticas internas de los Estados ha
pasado al nivel de las relaciones bilaterales, ubicándose finalmente en el
núcleo de los problemas globales de la humanidad. No pueden existir dudas de
que las migraciones internacionales son una cuestión importante, pero hay
que tener en cuenta que hoy los inmigrantes internacionales son
cuantitativamente sólo el doble que a comienzos de siglo, mientras que, en
el mismo lapso, la población mundial se ha cuadruplicado.
En parte, la explicación es que -aunque las migraciones
humanas son un fenómeno constante a lo largo de la historia europea- es
difícil encontrar un período de mayor concentración y crecimiento anual de
inmigración en la historia europea contemporánea como el que se se potencia
desde la caída del muro de Berlín. En los próximos años se espera una mayor
aceleración de los flujos de inmigrantes permanentes, transitorios y de
refugiados, vinculada con los desequilibrios políticos, demográficos y
económicos entre el Norte y el Sur, y en los países del Este. Los habitantes
extranjeros están jugando un papel importante en el crecimiento de la
población de muchos países europeos, tanto en el crecimiento vegetativo,
como a través del incremento y la diversidad de las nuevas corrientes
migratorias.
Dentro de las características actuales de las
migraciones, hay que señalar dos: la primera es que una cantidad creciente
de países - Europa Central y del Este, en Asia Oriental y del Sudeste- es
emisora y receptora de inmigrantes. Una investigación reciente de 98 países
seleccionados muestra que 24 de ellos tenían esta condición doble; 31 fueron
importantes países emisores y 43 fueron importantes países receptores. Es de
prever que, en los próximos años, habrá otros que se conviertan en
importantes países emisores y al mismo tiempo receptores, así como la
mayoría de los países que hoy son emisores tendrán en su suelo grandes
cantidades de trabajadores de origen extranjero.
La segunda característica es que gran parte de la
migración internacional sigue produciéndose en el interior de las regiones
en desarrollo, es decir en un sentido Sur-Sur. Del total mundial de más de
150 millones de personas en movimiento (incluidos los refugiados), entre 60
y 65 millones están en los países en desarrollo, incluyendo los Estados del
Golfo.
La distinción entre migración económica y migración
política resulta cada vez más borrosa. Los inmigrantes por la supervivencia
pertenecen en general a la economía agraria de subsistencia o al amorfo
sector informal urbano del país emisor. Para muchos de los inmigrantes por
la supervivencia el encontrar un empleo regular equivale por sí mismo a un
aumento de salario. En esa perspectiva, la busca de empleo -o más bien la
busca de seguridad económica básica- resulta ser un factor más poderoso en
la construcción de las presiones migratorias que las disparidades de salario
entre los países. Cuando abandonan el país de origen bajo compulsión, es
posible que no dispongan de permiso de residencia ni de trabajo y que a
menudo tengan empleos marginales o engrosen las filas de los empleos
irregulares en la economía sumergida del país receptor. El proceso opera
normalmente en la periferia del sector organizado, lo que hace difícil
llegar efectivamente a los inmigrantes a través de los mecanismos y las
medidas del mercado regular de trabajo. Limitados hasta ahora casi
exclusivamente a Africa, Asia y Latinoamérica y Caribe, los inmigrantes por
la supervivencia afluyen en este momento a los países industriales. Dadas
las restricciones a la inmigración en los países de destino y su falta de
medios, muchos de los potenciales inmigrantes por la supervivencia no llegan
a cruzar las fronteras, pero no obstante pueden verse forzados a
desplazarse, contribuyendo a la migración irregular o a los movimientos
desorganizados de población.10
La otra categoría de inmigrantes económicos, a los que se
podría llamar inmigrantes en busca de oportunidad o de movilidad, tienden a
ser más prudentes acerca de los beneficios y los costes de migración antes
de abandonar el país de origen. Para ellos, la mudanza es más una cuestión
de elección que de compulsión. En consecuencia, son más sensibles a las
señales del mercado de trabajo y a las diferencias entre los países tanto en
ingreso como en oportunidades económicas. En general, preferirían buscar
admisión y empleo en el país de destino a través de canales regulares. Los
inmigrantes en busca de oportunidad o de movilidad son en esencia los
inmigrantes laborales tradicionales.
La OCDE destaca una tendencia a la estabilización de los
flujos migratorios internacionales, pero advierte que ésta podría invertirse
si se degradaba la situación económica o política de las regiones próximas a
los países desarrollados, forzando a una salida mayor de emigrantes. En otro
sentido, también podría haber cambios si hubiera una recuperación rápida y
sostenida de la coyuntura económica en los países receptores, de forma tal
que demandaran trabajadores inmigrantes adicionales, y sobre todo si se
mantuviera las bajas tasas de natalidad actuales. Al margen de estas
hipótesis, el organismo internacional señala también que las medidas
institucionales de control de flujos adoptadas en estos últimos años no
podrían por sí solas contener el potencial migratorio en el nivel mundial.
La persistencia de la inmigración en condiciones irregulares y la
importancia de la inmigración por reunificación familiar son dos categorías
de flujos que habrían adquirido cierta autonomía y que no parecen ser
fácilmente controlables. Además, la regionalización y la globalización de
los flujos confieren al fenómeno migratorio una mayor dimensión de tipo
geopolítico. Todo ello demostraría que el control de estas corrientes,
aunque indispensable, no sería más que una respuesta parcial a la
inmigración.
La Conferencia Mundial de Población de la ONU (El
Cairo, 1994) enfatizó el derecho de las personas a permanecer dignamente
en su lugar de origen. Pero, en su Programa de Acción, también se dejó
claro que este derecho sólo se podría garantizar a través de la
prevención, por parte de los países receptores, de varias de las causas
fundamentales de los movimientos migratorios, particularmente de los
forzosos. Entre dichas acciones se han mencionado la de aliviar de la
pobreza; democratizar y gestionar eficientemente los gobiernos de los
países emisores; evitar el deterioro ecológico (párrafo 10.23) y
disuadir los conflictos internacionales e internos antes de que escalen
hacia planos bélicos mayores; garantizar los derechos de las minorías
étnicas, religiosas o lingüísticas (párrafo 10.3).
La Cumbre de El Cairo, en la cual participaron
activamente la mayoría de los gobiernos del planeta, supone un desafío
abierto a las políticas migratorias ultra-restrictivas de los países
centrales. Pero también puede pasar a la historia como un episodio más en el
que se expresaron declaraciones de buenos deseos que nadie jamás llevará a
cabo.
En todo el mundo el deseo de emigrar aumenta
continuamente, mientras que los medios para poder hacerlo legalmente se
restringen, especialmente en América del Norte y Europa. Como producto de la
globalización, las comunicaciones son mayores que nunca en la historia, pero
la movilidad real de las personas, a excepción de los turistas y los grupos
privilegiados de trabajadores (altamente cualificados relocalizados por las
empresas multinacionales, los organismos multilaterales, las ONGs y los
militares) está limitada por medidas de control de entrada, de circulación y
de pertenencia a los bloques regionales de la OCDE.
Por lo tanto, al comenzar este siglo nos encontramos con
una "gran prohibición" a escala mundial, que se ha ido gestando
conjuntamente a la formación de bloques regionales en los que se concentra
la mayor parte de la riqueza mundial, y otros bloques de menor importancia
económica, donde también se ha constituido un espacio en el que la
inmigración desvinculada de la inversión está abiertamente restringida. Esta
prohibición de migrar, como otras prohibiciones que se producen en contra de
la existencia de fuertes mercados de oferta y demanda dispuestos a
concretarse el ámbito internacional, es la causa primaria del tráfico de
personas. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en
1998 se traficaba anualmente con entre 700.000 y 2.000.000 mujeres y niños.
Algunas organizaciones no gubernamentales han calculado que este movimiento
clandestino afecta a cerca de 4 millones de inmigrantes irregulares cada
año, generando unas ganancias de 7 billones de dólares.
11
CONCLUSIONES
Lo cierto es que, en general, las personas siempre nos
hemos movido, nos movemos y nos moveremos. Indudablemente, no con las mismas
características que en la actualidad, ya que hoy contamos con una serie de
medios técnicos que nos permiten desplazarnos en poco tiempo a grandes
distancias e, incluso, llevarnos fuera de la órbita terrestre. En el siglo
XX las ideas de tiempo y espacio se han transformado tan radicalmente, que a
veces nos puede resultar difícil imaginar escenarios tan diferentes como el
de la emigración de europeos durante el siglo XIX, o –más remotas aun- las
Cruzadas a la Tierra Santa y la conquista de América. Pero siempre debemos
tener presente que la especie humana se ha difundido en la Tierra a partir
de escasos núcleos, distantes entre sí, y desde entonces nos hemos movido
por ese impulso de asegurar nuestra existencia y mejorar nuestro presente.
Dentro de nuestro entorno más cercano es muy probable que
tengamos ejemplos de movimientos migratorios; incluso es posible que alguno
de nosotros seamos extranjeros o, siendo de la misma nacionalidad, no
hayamos nacido en el lugar donde residimos actualmente. La historia de las
naciones europeas se ha caracterizado por sucesivas invasiones, guerras,
inmigraciones, emigraciones, desplazamientos de las ciudades al campo y
retorno del campo a las ciudades, despoblamiento y repoblamiento de vastas
extensiones. Grandes ciudades como Paris, Madrid, Nueva York, Buenos Aires,
San Pablo, Hong Kong, entre otras, son ejemplos de poblamiento con personas
que han nacido fuera de ellas: migrantes internos procedentes del campo o de
otras ciudades, inmigrantes de países limítrofes, inmigrantes ultramarinos,
refugiados...
Otra característica importante, que se repite a lo largo
del tiempo, es que las migraciones han sido y son un fenómeno más grupal que
individual. Aunque aparentemente sea un individuo el que se mueva y se pueda
percibir que se trata de un inmigrante aislado- es casi seguro que detrás de
esa persona hay un conjunto de intereses sociales, familiares dependientes y
parientes lejanos, relaciones sociales, que hacen posible la experiencia
migratoria, la apoyan, la sostienen, se nutren de ella, la comentan, la
aprovechan, la promueven entre otros, etc.
Para ser realistas, las propuestas sobre desarrollo
sustentable, particularmente las agendas locales, deberían considerar la
intensa movilidad espacial de las personas como un elemento estructural,
aprovechando las sinergias positivas que generan y previniendo el impacto
negativo que pudieran representar en cuanto a distribución de recursos.