El inicio de la agenda
La agenda ambiental es el fruto de largas décadas de
demandas ciudadanas. . Esta Agenda evolucionó desde lo estrictamente
ambiental en la década de los 70, hacia la Agenda del Desarrollo Sustentable
en la década de los 90; enfrentando luego graves obstáculos para su
implementación a inicios del siglo 21.1 El proceso hacia Johannesburgo y los
resultados de dicha Cumbre ilustran claramente estas dificultades.
Los padres de la Conferencia sobre Medio Ambiente Humano2
desarrollada en Estocolmo en 1972, a partir de la cual se inauguró la
dimensión ambiental en la agenda política internacional fueron entre otros,
la expansión industrial, la contaminación de los ríos y la lluvia ácida en
los países industrializados. El principal fruto de este Estocolmo fue la
creación del PNUMA-Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente-, las
primeras convenciones ambientales tales como la convención de Cites3, y las
primeras instituciones ambientales nacionales.
Los procesos de persistente deterioro ambiental a nivel
nacional e internacional con posterioridad a Estocolmo, las demandas
ciudadanas animadas por el activismo ecologista4, las nuevas evidencias de la
investigación científica y la insuficiencia de las políticas gubernamentales
generaron a partir de los 80 la lenta consolidación de un nuevo consenso que
permitió vincular definitivamente las problemáticas del medio ambiente y la
del desarrollo. A nivel de la política oficial internacional este consenso
se reflejó en los acuerdos de la Cumbre de Medioambiente y Desarrollo,
-llamada la Cumbre de la Tierra- realizada en Río de Janeiro en 1992.
Hoy podemos decir que entre la Conferencia de Estocolmo y la
Cumbre de Río la dimensión ambiental incorporada en los escenarios sociales,
culturales y políticos abrió una posibilidad de re-orientar los estilos de
convivencia, de producción y consumo, interpelando profundamente la
ideología y las concepciones de desarrollo.
Pero durante los 90's, la implementación de la globalización
económica neoliberal, agravada por la persistencia de la deuda externa y la
reducción de la cooperación internacional, abortó cualquier posibilidad de
avanzar hacia el desarrollo sustentable.
Diez años después de Río, durante el proceso preparatorio
hacia la Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable, realizada en
Johannesburgo, la sociedad civil fue el muro de contención que evito el
total vaciamiento de los compromisos de Río.
De la agenda ambiental a la agenda de la sustentabilidad
Aunque Estocolmo marco el ingreso de la agenda ambiental en
la política pública del mundo industrializado en los 70, la persistencia de
los problemas ambientales asociados a los sistemas de producción y consumo;
el colapso de especies y ecosistemas por sobre-extracción de recursos
naturales; y particularmente la evidencia científica sobre problemas
ambientales globales- como la destrucción de la capa de ozono y los cambios
climáticos; generaron nuevos desafíos, que hicieron saltar la agenda
ambiental desde un enfoque sectorial hacia una dimensión estructural
vinculada a los paradigmas de desarrollo. Durante el camino hacia la Cumbre
de la Tierra en los 80, se avanzó profundamente en la redefinición de la
problemática ambiental como consecuencia de las opciones de desarrollo en
curso.
Los resultados del informe "Nuestro Futuro Común"5 encargado
por Naciones Unidas a la primera ministra noruega de la época –Gro Brundland-
, y publicado en 1987, expresan claramente el desafío de compatibilizar las
actividades humanas con la productividad y conservación de los ecosistemas,
si es que la especie humana desea sustentarse en el tiempo. El informe
Brundland, mostró las áreas de incompatibilidad crítica entre medioambiente
y desarrollo; y sus recomendaciones definieron la agenda de trabajo de los
gobiernos y del sistema de Naciones Unidas hacia la Cumbre de la Tierra.
La oficialización del concepto de desarrollo sustentable
realizada por el Informe Brundtland, es el gran fruto del proceso entre
Estocolmo y Río y marca la transición desde la agenda ambiental hacia la
agenda de la sustentabilidad.
Este marco conceptual, además de dar fundamento a las
convenciones destinadas a enfrentar los problemas ambientales globales -
clima, desertificación y biodiversidad -; dio origen al documento central de
la Cumbre de la Tierra: la Agenda 21. Esta representa en su contenido y
estructura una nueva opción de desarrollo, la del desarrollo sustentable,
que compatibiliza los objetivos sociales, ambientales y políticos de las
sociedades humanas para el siglo 21.
La Cumbre de la Tierra marco un hito histórico en el
análisis, reflexión y concertación de acuerdos programáticos y de
cooperación internacional. Reunió a 118 presidentes para la firma de la
Agenda 21, programa de acción global, acordado por consenso, para la
restauración y protección del ambiente, para garantizar la sustentabilidad
socioambiental en los procesos de desarrollo; y las Convenciones de Cambio
Climático; Desertificación; y Biodiversidad. Todos ellos firmados y
ratificados por los gobiernos latinoamericanos.
Además de constituir actores fundamentales para el logro de
los compromisos gubernamentales en Río, la sociedad civil genero un proceso
propio que culmino en el Foro Global. Allí, con participación de decenas de
miles de representantes de ONG, movimientos sociales, indígenas, religiosos,
trabajadores, jóvenes, campesinos, mujeres, elaboraron y firmaron 46
"tratados alternativos"6 mostrando en cada área programática de la Agenda de
Río mayores compromisos que los contenidos en los documentos oficiales.
Las promesas incumplidas
La evaluación sobre los avances en la implementación de los
compromisos de Río no es positiva. Los gobiernos no concretaron la voluntad
política, ni los recursos suficientes para cumplir con los compromisos
establecidos en los 40 capítulos de la Agenda 21 y tampoco lograron avances
significativos en las Convenciones de Cambio Climático y Biodiversidad. Las
acciones han sido insuficientes para revertir la perdida de especies y el
calentamiento del clima; y el proceso de implementación de la Convención
contra la Desertificación esta estancado.
Simultáneamente después de Río, se intensificaron las
tensiones entre los países industrializados que mantienen una agenda
ambiental excesivamente sectorializada y los países en desarrollo que no
logran solucionar la pobreza de parte importante de sus poblaciones.
Durante los 90, las políticas de desarrollo internacional y
el nuevo contexto geopolítico marcado por una intensificación de la
globalización comercial y financiera, en lugar de ayudar a revertir las
tendencias de degradación ambiental y social, las ha agravado en extremo.
Como consecuencia asistimos a peores niveles de inequidad social y graves
escenarios de insustentabilidad ambiental; lo que unido a la degradación de
las democracias representativas, hacen difícil los caminos para retomar el
rumbo hacia el desarrollo sustentable.
En el proceso de evaluación de los acuerdos de Río se ha
constatado claramente que la continuidad de la agenda económica impulsada
por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional después de 1992,
junto al incumplimiento de los compromisos de la cooperación internacional,
y los nuevos regímenes de comercio establecidos en el marco del Gatt y de la
Organización Mundial de Comercio, han intensificado la destrucción
ambiental, la inequidad social, problemas del desarrollo ya denunciados en
Río; y peor aun, han obstaculizado persistentemente la implementación de la
sustentabilidad.7
Las mismas cifras del Banco Mundial y del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo corroboran este fracaso. El Informe sobre
Desarrollo Mundial 2000/2001 del Banco Mundial8 señala que "de un total de
6.000 millones de habitantes, 2.800 millones-casi la mitad-viven con menos
de 2 dólares diarios, 1.200 millones-una quinta parte-con menos de un dólar
al día"
El mismo documento informa que "el ingreso promedio de
los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 economías más
pobres". Informes internacionales también argumentan que el hambre crónica
que actualmente afecta a 800 millones de personas no es un problema de falta
de producción agrícola o disponibilidad de alimentos. La actual producción
de alimentos alcanza para alimentar a 12.000 millones de personas, es decir
el doble de la población mundial. El problema del hambre es resultado de una
mala distribución y no de falta de alimento.9
Esta situación de inaceptable inequidad tiene su correlato
en la insustentabilidad ambiental que también afecta en forma desigual a las
comunidades pobres y a los países en desarrollo. Problemas como la
contaminación del aire, las enfermedades transmitidas por el agua, la
exposición a productos químicos tóxicos y la degradación de los recursos
naturales afecta mas gravemente a los países pobres. Se calcula que los
costos de la degradación ambiental para gran parte de los países en
desarrollo significa entre 4% y 8% de su producto interno bruto anual10, lo
que agregado a los problemas de la deuda externa, los condena a un espiral
de empobrecimiento casi irreversible.
Los compromisos de Río también incluyeron el financiamiento
para implementar los acuerdos alcanzados. El cálculo de la Comisión de
Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Desarrollo- UNCED, para implementar
la Agenda 21 en los países en desarrollo, fue de 600 billones de dólares
anuales entre 1993 y 2000. Para el logro de ese monto los países
industrializados se comprometieron en Río a aportar el 0,7% de su PIB vía
Ayuda de Cooperación al Desarrollo-ACD.
Pero lo que realmente ocurrió después de Río es que la
ACD se redujo desde 69 billones de dólares en 1992 a menos de 53 billones en
2000.11 Los únicos fondos nuevos fueron 5 billones de dólares asignados al
Fondo Mundial para el Medio Ambiente.12
Todos estos hechos revelan un claro incumplimiento de los
compromisos de Río.