La preparación de la Cumbre de Johannesburgo estuvo marcada
por obstáculos y tensiones. En la última reunión preparatoria en Bali se
consolidó un estancamiento total de la Agenda, y ello evidenció a
Johannesburgo como un mero tramite burocrático para finalizar el proceso y
realizar el ritual fotográfico presidencial. A pesar de una calurosa
"Declaración Política", el "Plan de Acción"17
aprobado en Johannesburgo
muestra poca voluntad política, y ningún avance con relación a la Cumbre de
1992.18
El lugar de negociaciones de la Cumbre de Johannesburgo, en
el barrio de Sandston, un edificio de vidrio, en medio del centro financiero
de Sudáfrica, y además centro financiero de todo el continente, tampoco
inspiraba en dirección al desarrollo sustentable.
Para acreditarse, los delegados debían llegar a Sandston en
taxi o buses especiales, pues no hay transporte público. Subir desde la
calle por la escalera del Citibank, ingresar a un "mall" y cruzar por un "food
garden", al final del cual estaban las carpas de acreditación de Naciones
Unidas. Para ingresar al edificio de negociaciones había que recorrer la
misma simbólica ruta. Esta atmósfera nada auspiciosa reflejaba crudamente
una tendencia a la privatización de la Cumbre.
El formato de negociación de vocerías únicas por bloque,
llamado el formato de Viena, elegido para esta ocasión, tampoco era una
ayuda. Obligó a fundir todas las contradicciones del G-77 en una sola voz, y
dio a Estados Unidos una vocería fuerte en el grupo JUSCAN con sus pares de
Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelandia; la Unión Europea fuera de ese
bloque pudo mantener una posición más progresista. América Latina no tuvo
ningún liderazgo en la sustancia de las negociaciones, sumida en las
contradicciones propias de los miembros del G77. Las excepciones fueron
Brasil en las propuestas sobre política energética y Venezuela, que en
virtud de su presidencia del G-77 ejerció una fuerte vocería en la mesa de
negociaciones. Estados Unidos, como es usual en las negociaciones sobre
desarrollo sustentable, ejerció un rol obstaculizador de cualquier
compromiso sustancial.
La batalla de Johannesburgo se centró en salvar la Agenda de
Río, la cual peligró durante todo el proceso de negociaciones, desde la
formulación de los principios mismos. Parte importante de las discusiones se
centraron en mantener dentro del Plan de Acción el "Principio Precautorio" y
el principio de "Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas"19 ya
consagrados en 1992.Quedando el primero vaciado de sus fundamentos
ético-políticos y reducido a promover la toma de decisiones con fundamento
científico, procedimientos de evaluación y gestión de riesgos.20
El segundo principio, que establece responsabilidades
diferenciadas para los países desarrollados y los en desarrollo, quedo
reducido esencialmente a cooperar y emprender acciones sobre producción y
consumo; reducción de la contaminación del aire y de la degradación
ambiental, especialmente por parte de los países desarrollados.21
El Plan de Acción emanado de Johannesburgo, focaliza
acciones en 6 áreas cruciales ya establecidas la Agenda 21: la erradicación
de la pobreza; la modificación de las modalidades insostenibles de
producción y consumo; la protección y gestión de la base de recursos
naturales del desarrollo económico y social; la salud y el desarrollo
sostenible; medios de ejecución y marco institucional para el desarrollo
sustentable". Otros 2 capítulos focalizan prioridades regionales: "el
desarrollo sostenible de los Estados insulares en desarrollo; desarrollo
sostenible para África y otras iniciativas regionales" donde se ofrecen 2
párrafos para cada región: América Latina y el Caribe, Asia y el Pacifico,
Este Asiático y Europa.
PLAN DE ACCIÓN - CUMBRE MUNDIAL
SOBRE DESARROLLO SOSTENIBLE
La novedad del Plan es un corto capítulo titulado "El
desarrollo sostenible en un mundo en vías de globalización"; el cual llegó a
Johannesburgo bajo completo desacuerdo – todo en negrita y entre
paréntesis-quedó reducido a una página. Sobrevivió, debido a la habilidad
con que el texto logra desconectar las llamadas "oportunidades" de la
globalización y sus impactos.: "la globalización ofrece nuevas oportunidades
para el comercio, las inversiones y el flujo de capitales y el avance
tecnológico para el crecimiento de la economía mundial, el desarrollo y
mejoramiento de los estándares de vida. Al mismo tiempo se mantienen los
serios desafíos que incluyen crisis financieras, inseguridad, pobreza,
exclusión e inequidad al interior y entre las sociedades".22
El capítulo se concentra en recomendar la puesta en práctica
de la declaración de Doha y el consenso de Monterrey, destacando el tema del
acceso a mercados para los productos de los países en desarrollo, y
mejorar su competitividad, a través de la diversificación de exportaciones,
el desarrollo de la capacidad empresarial de las comunidades, el transporte
y la infraestructura.
Las recomendaciones se orientan a intensificar la
integración de los países en desarrollo a la economía global a través del
mercado. El leit-motiv es el trade related -asistencia técnica
relativa al mercado, desarrollo de capacidades relativas al mercado23-
restringiendo la noción de desarrollo y la posibilidad de alcanzar la
sustentabilidad a la mercantilización e inserción global.
Dos excepciones a rescatar en este capítulo, es la
recomendación de medidas y regulaciones para promover la responsabilidad
empresarial y la recomendación de apoyar el trabajo de Organización
Internacional del Trabajo- OIT sobre las dimensiones sociales de la
globalización.