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 COMPARTIR LA TIERRA O NEGOCIAR EL PLANETA:
LA BATALLA DE JOHANNESBURGO

Desarrollo Humano sustentable

Por Sara Larraín   

  Parte 5 / 5   

  Intereses y tensiones post Johannesburgo

El proceso hacia Johannesburgo y los resultados de la Cumbre de Desarrollo Sustentable, evidencian que la Agenda de la sustentabilidad ha sido desmantelada como consecuencia de las reglas de la globalización de estilo neoliberal. Este contexto político es inaceptable para parte importante de la sociedad civil, para algunos gobiernos y para sectores no despreciables de la institucionalidad internacional. El apoyo incondicional al proyecto globalizador es hoy una posición minoritaria en la comunidad internacional.

La implantación de las estrategias y reglas la globalización no solo han destruido la agenda del desarrollo sustentable, sino también ha invalidado la posibilidad de alcanzar los objetivos de las demás "cumbres sociales" desarrolladas durante los 90, tales como la de Copenhague, Beijing, Hábitat, etc., y adicionalmente ha empezado a amenazar los acuerdos consagrados en Convenios y Convenciones internacionales en el área del ambiente, los derechos humanos, los derechos laborales, los derechos indígenas, de la mujer, los derechos a la alimentación, a la vivienda, al desarrollo, etc. El caso de la confrontación entre la preeminencia de los Acuerdos Ambientales Multilaterales y los regímenes de la OMC, ya expresados en el texto de la reunión de Doha, pone en evidencia oficialmente la tensión estructural entre las reglas consagradas en el Sistema de Naciones Unidas y las reglas establecidas por el Sistema de Bretton Woods.

La confrontación entre los intereses del mercado y los de los ciudadanos sin duda fueron los de mayor fuerza y visibilidad en el escenario político de los 90. Si bien Seattle significó la primera masiva y multisectorial confrontación a las regles y actores de la globalización, esta confrontación se manifestó reiteradamente en los niveles, local, regional y nacional, e internacionalmente en cada reunión vinculada al ALCA, la OMC, el BM, el FMI y el G-7. Articulándose además a través del Foro Social Mundial, la institucionalización de un espacio y un proceso de confrontación más articulado a la globalización.34

Paralelamente a esta tensión estructural sobre las opciones de desarrollo basadas o en la lógica de la vida o de los negocios, existe en el marco de las relaciones y negociaciones internacionales tensión entre los países del Norte y los del Sur. Este se expresa en la confrontación tradicional entre la agenda de la protección ambiental y la agenda de la superación de la pobreza. Dicha confrontación, históricamente anterior a la era de las negociaciones para la sustentabilidad, subsiste pues tras ella se esconde un obstáculo estructural de la agenda del desarrollo sustentable: la dimensión redistributiva.

Esta dimensión ha sido expresada sólo parcialmente en algunos principios tales como "responsabilidades comunes pero diferenciadas" en torno a la resolución de los problemas ambientales, en las propuestas de alivio y condonación de la deuda externa a los países altamente endeudados; y también aunque muy sesgadamente en la demanda de "acceso a mercados" en la agenda comercial. Pero estos enfoques no enfrentan profundamente el desafío de la equidad y de la cooperación que se requiere asumir para retomar la ruta del desarrollo sustentable.

Durante la preparación de Johannesburgo se hizo evidente la tensión entre la agenda ambiental y la agenda de superación de la pobreza. Los países del Sur expresaron su decisión de no colaborar para el avance de la agenda ambiental, si el Norte no colaboraba en la agenda de la pobreza. De hecho, el "tema" de la Cumbre de Johannesburgo fue la pobreza35 y ello es claro en la estructura del Plan de Acción y en el énfasis del texto en los aspectos vinculados a la subsistencia: alimentación , agua y sanidad. Pero es preocupante que la única propuesta estructural para la superación de la pobreza, y para avanzar hacia la equidad que se manifiesta en el Plan de Acción de Johannesburgo, es la receta neoliberal del acceso a mercado, las condiciones de apertura para la inversión extranjera, y la mayor integración de los países en desarrollo al mercado global.

La excesiva fragmentación y sectorialización de la agenda ambiental durante los 90, sin considerar la dimensión social de la misma y sin un marco articulador hacia el desarrollo sustentable intensifico las tensiones entre los países del Norte y del Sur, e impidió establecer sinergias entre los requerimientos de la equidad y la ecología. La Comisión de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas-CDS, tampoco logró la tarea de integrar y avanzar hacia la articulación de las agendas sectoriales del desarrollo sustentable. Este desafío abre un enorme interrogante sobre la viabilidad de las propuestas de Río y Johannesburgo y de las demás cumbres sociales, pues el escenario es de una grave dispersión y debilitamiento de la agenda socio-ambiental internacional, lo que amerita una revisión urgente del sistema de Naciones Unidas.

El desafío va mas allá de transformar el CDS, el PNUD o el PNUMA en una Organización Internacional del Ambiente o en una Organización para el Desarrollo Sustentable, como se destacó en el proceso hacia Johannesburgo; sino enfrentar articuladamente los actuales desafíos de equidad, protección ambiental y gobernabilidad democrática que permitan el establecimiento de sociedades sustentables en este planeta. Para ello es necesario regular, restringir y reubicar a los actores y estrategias del mercado dentro de marcos jurídicos y económicos muy precisos que orienten la competencia hacia círculos virtuosos para el desarrollo sustentable y permitan retomar las estrategias de sinergia y cooperación.

La atmósfera de cooperación que hizo posible imaginar una Agenda 21 para el desarrollo sustentable en Río, ciertamente ya se había esfumado en el camino hacia Johannesburgo. Los países mayoritariamente ya insertos en la óptica del mercado, negociaron desde una posición que les permitiera mantener sus actuales ventajas competitivas. El caso de Estados Unidos y su rol obstaculizador de la agenda del cambio climático y la biodiversidad; o el de los países de la OPEP en relación a la transición energética son claros al respecto.

El caso de países latinoamericanos como Chile, y sus intentos de impedir recomendaciones que pudieran afectar áreas estratégicas de su sector exportador tales como la minería o la pesca, también los impulso a obstaculizar compromisos concretos en el área de los metales pesados o los stocks marinos por ejemplo. Esta es una clara evidencia de que la lógica de la competencia económica, en vistas a lograr o mantener el crecimiento económico, es un obstáculo estructural para el desarrollo sustentable.

Pero la fragmentación de la Agenda del Desarrollo Sustentable y la eficiente articulación de la Agenda Globalizadora es uno de los desafíos más críticos a enfrentar a nivel de las decisiones locales, regionales o internacionales.

  ¿A qué futuro podemos aspirar?

Hoy día, las sociedades a nivel mundial enfrentan dos tendencias de estructuración política, social y económica: la consolidación hegemónica de la actual globalización económica neoliberal, o un cambio en el rumbo hacia diversas modalidades económicas, políticas y sociales enfocadas hacia la sustentabilidad. Ambas tendencias también implican el desarrollo y consolidación de diferentes modelos económicos y culturales.

Responder a las interrogantes sobre el futuro al cual podemos aspirar, requiere enfrentar una evidencia fundamental: si bien los países más pobres están ubicados en la categoría de "países en desarrollo", los niveles de "progreso" y consumo alcanzados por los "países desarrollados" son inalcanzables e insostenibles para el futuro de la humanidad.

Concretar la equidad, la sustentabildad ambiental y la gobernabilidad democrática requiere al menos 3 enfoques estructurales:

  1. el cuestionamiento del estilo de desarrollo de los países industrializados, como un modelo posible de ser universalizado en un planeta de recursos limitados;

  2. el desacoplamiento de la Agenda de la Sustentabilidad de la agenda del crecimiento económico, priorizando la subsistencia de las comunidades humanas y la productividad de los ecosistemas por sobre los imperativos del crecimiento de la economía; y

  3. el establecimiento de un enfoque re-distributivo de convergencia, que enfoque simultáneamente los desafíos de erradicación de la pobreza junto a los de erradicación de la riqueza.

Si bien estos planteamientos ni siquiera podrían ser formulados en el marco de la agenda oficial por los niveles de subversión y lejanía del orden económico dominante. Sin embargo ello no impide que constituyan parte del imaginario y la matriz ético -política de un movimiento ciudadano por la sustentabilidad.

Existen señales evidentes a nivel mundial de un cuestionamiento masivo al tipo de reglas económicas y políticas impuestas por el actual proyecto de globalización. Si no se revierten los contenidos y las formas de negociación de este proceso globalizador, nos acercaremos cada vez mas a contextos políticos de mayor desencuentro y tensión entre las expectativas ciudadanas y las decisiones gubernamentales, y por lo que dichas medidas deberán ser impuestas con estrategias cada vez menos democráticas y más militarizadas.

Actualmente se manifiesta una crisis de gobernabilidad de la globalización, y existe espacio para la articulación de políticas de sustentabilidad, tanto en la agenda internacional, como también un potencial de articulación de las múltiples experiencias de base, en dirección a una agenda ciudadana para la sustentabilidad. Sin embargo a pesar del crecimiento y consolidación del movimiento antiglobalización a nivel planetario, aún no se ha consolidado una agenda de clara iniciativa política que supere el enfoque meramente reactivo frente a la agenda globalizadora y a sus principales conductores.

La ciudadanía debe enfrentar la tarea de fortalecer sus estrategias en base a sus propias fortalezas, y concentrar su acción en los territorios donde les es posible desarrollar las alianzas y las experiencias para un "otro mundo posible". Las lecciones de Río y Johannesburgo es que la sustentabilidad no será implementada bajo la conducción de los gobiernos – por muy progresistas que estos parezcan36- o de la comunidad empresarial mundial. Si creemos que un mundo sustentable es posible este ciertamente deberá ser concretado desde las comunidades, los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales, académicas, empresariales o gremiales a través de acciones concretas y de alianzas políticas de largo plazo.

El futuro de la Agenda de Sustentabilidad depende entonces del liderazgo de la sociedad civil planetaria y de que este sector pueda influir y establecer políticas públicas en esa dirección, a nivel del desarrollo local, o a través de sistemas democráticos participativos. Es la tarea que enfrentamos hacia Johannesburgo y que seguimos enfrentando más claramente aun después de Johannesburgo.

  Notas

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