Intereses y tensiones post Johannesburgo
El proceso hacia Johannesburgo y los resultados de la Cumbre
de Desarrollo Sustentable, evidencian que la Agenda de la sustentabilidad ha
sido desmantelada como consecuencia de las reglas de la globalización de
estilo neoliberal. Este contexto político es inaceptable para parte
importante de la sociedad civil, para algunos gobiernos y para sectores no
despreciables de la institucionalidad internacional. El apoyo incondicional
al proyecto globalizador es hoy una posición minoritaria en la comunidad
internacional.
La implantación de las estrategias y reglas la globalización
no solo han destruido la agenda del desarrollo sustentable, sino también ha
invalidado la posibilidad de alcanzar los objetivos de las demás "cumbres
sociales" desarrolladas durante los 90, tales como la de Copenhague,
Beijing, Hábitat, etc., y adicionalmente ha empezado a amenazar los acuerdos
consagrados en Convenios y Convenciones internacionales en el área del
ambiente, los derechos humanos, los derechos laborales, los derechos
indígenas, de la mujer, los derechos a la alimentación, a la vivienda, al
desarrollo, etc. El caso de la confrontación entre la preeminencia de los
Acuerdos Ambientales Multilaterales y los regímenes de la OMC, ya expresados
en el texto de la reunión de Doha, pone en evidencia oficialmente la tensión
estructural entre las reglas consagradas en el Sistema de Naciones Unidas y
las reglas establecidas por el Sistema de Bretton Woods.
La confrontación entre los intereses del mercado y los de
los ciudadanos sin duda fueron los de mayor fuerza y visibilidad en el
escenario político de los 90. Si bien Seattle significó la primera masiva y
multisectorial confrontación a las regles y actores de la globalización,
esta confrontación se manifestó reiteradamente en los niveles, local,
regional y nacional, e internacionalmente en cada reunión vinculada al ALCA,
la OMC, el BM, el FMI y el G-7. Articulándose además a través del Foro
Social Mundial, la institucionalización de un espacio y un proceso de
confrontación más articulado a la globalización.34
Paralelamente a esta tensión estructural sobre las opciones
de desarrollo basadas o en la lógica de la vida o de los negocios,
existe en el marco de las relaciones y negociaciones internacionales
tensión entre los países del Norte y los del Sur. Este se expresa en la
confrontación tradicional entre la agenda de la protección ambiental y la
agenda de la superación de la pobreza. Dicha confrontación, históricamente
anterior a la era de las negociaciones para la sustentabilidad, subsiste
pues tras ella se esconde un obstáculo estructural de la agenda del
desarrollo sustentable: la dimensión redistributiva.
Esta dimensión ha sido expresada sólo parcialmente en
algunos principios tales como "responsabilidades comunes pero diferenciadas"
en torno a la resolución de los problemas ambientales, en las propuestas de
alivio y condonación de la deuda externa a los países altamente endeudados;
y también aunque muy sesgadamente en la demanda de "acceso a mercados" en la
agenda comercial. Pero estos enfoques no enfrentan profundamente el desafío
de la equidad y de la cooperación que se requiere asumir para retomar la
ruta del desarrollo sustentable.
Durante la preparación de Johannesburgo se hizo evidente la
tensión entre la agenda ambiental y la agenda de superación de la pobreza.
Los países del Sur expresaron su decisión de no colaborar para el avance de
la agenda ambiental, si el Norte no colaboraba en la agenda de la pobreza.
De hecho, el "tema" de la Cumbre de Johannesburgo fue la pobreza35 y ello es
claro en la estructura del Plan de Acción y en el énfasis del texto en los
aspectos vinculados a la subsistencia: alimentación , agua y sanidad. Pero
es preocupante que la única propuesta estructural para la superación de la
pobreza, y para avanzar hacia la equidad que se manifiesta en el Plan de
Acción de Johannesburgo, es la receta neoliberal del acceso a mercado, las
condiciones de apertura para la inversión extranjera, y la mayor integración
de los países en desarrollo al mercado global.
La excesiva fragmentación y sectorialización de la agenda
ambiental durante los 90, sin considerar la dimensión social de la misma y
sin un marco articulador hacia el desarrollo sustentable intensifico las
tensiones entre los países del Norte y del Sur, e impidió establecer
sinergias entre los requerimientos de la equidad y la ecología. La Comisión
de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas-CDS, tampoco logró la tarea de
integrar y avanzar hacia la articulación de las agendas sectoriales del
desarrollo sustentable. Este desafío abre un enorme interrogante sobre la
viabilidad de las propuestas de Río y Johannesburgo y de las demás cumbres
sociales, pues el escenario es de una grave dispersión y debilitamiento de
la agenda socio-ambiental internacional, lo que amerita una revisión urgente
del sistema de Naciones Unidas.
El desafío va mas allá de transformar el CDS, el PNUD o el
PNUMA en una Organización Internacional del Ambiente o en una Organización
para el Desarrollo Sustentable, como se destacó en el proceso hacia
Johannesburgo; sino enfrentar articuladamente los actuales desafíos de
equidad, protección ambiental y gobernabilidad democrática que permitan el
establecimiento de sociedades sustentables en este planeta. Para ello es
necesario regular, restringir y reubicar a los actores y estrategias del
mercado dentro de marcos jurídicos y económicos muy precisos que orienten la
competencia hacia círculos virtuosos para el desarrollo sustentable y
permitan retomar las estrategias de sinergia y cooperación.
La atmósfera de cooperación que hizo posible imaginar una
Agenda 21 para el desarrollo sustentable en Río, ciertamente ya se había
esfumado en el camino hacia Johannesburgo. Los países mayoritariamente ya
insertos en la óptica del mercado, negociaron desde una posición que les
permitiera mantener sus actuales ventajas competitivas. El caso de Estados
Unidos y su rol obstaculizador de la agenda del cambio climático y la
biodiversidad; o el de los países de la OPEP en relación a la transición
energética son claros al respecto.
El caso de países latinoamericanos como Chile, y sus
intentos de impedir recomendaciones que pudieran afectar áreas estratégicas
de su sector exportador tales como la minería o la pesca, también los
impulso a obstaculizar compromisos concretos en el área de los metales
pesados o los stocks marinos por ejemplo. Esta es una clara evidencia
de que la lógica de la competencia económica, en vistas a lograr o mantener
el crecimiento económico, es un obstáculo estructural para el desarrollo
sustentable.
Pero la fragmentación de la Agenda del Desarrollo
Sustentable y la eficiente articulación de la Agenda Globalizadora es uno de
los desafíos más críticos a enfrentar a nivel de las decisiones locales,
regionales o internacionales.
Concretar la equidad, la sustentabildad ambiental y la
gobernabilidad democrática requiere al menos 3 enfoques
estructurales:
Si bien estos planteamientos ni siquiera podrían ser
formulados en el marco de la agenda oficial por los niveles de subversión y
lejanía del orden económico dominante. Sin embargo ello no impide que
constituyan parte del imaginario y la matriz ético -política de un
movimiento ciudadano por la sustentabilidad.
Existen señales evidentes a nivel mundial de un
cuestionamiento masivo al tipo de reglas económicas y políticas impuestas
por el actual proyecto de globalización. Si no se revierten los contenidos y
las formas de negociación de este proceso globalizador, nos acercaremos cada
vez mas a contextos políticos de mayor desencuentro y tensión entre las
expectativas ciudadanas y las decisiones gubernamentales, y por lo que
dichas medidas deberán ser impuestas con estrategias cada vez menos
democráticas y más militarizadas.