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Parte 1 / 4
Hacia una necesaria autoevaluación
crítica
Desafíos de la diplomacia ciudadana
En los últimos años se dado un desarrollo significativo de
los movimientos sociales y ciudadanos a nivel global. Luego del fin de la
Guerra Fría, el término sociedad civil y el debate acerca de su relevancia
en el contexto de los procesos de globalización y regionalización en curso
en el mundo ha crecido y ha adquirido una creciente importancia. Mas
recientemente, el reconocimiento gradual del rol de los actores no-estatales
en la dinámica del sistema internacional y, mas concreta y específicamente,
de los redes transnacionales de la sociedad civil y de los movimientos
sociales globales, ha llevado a una creciente atención hacia los problemas
que presenta el multilateralismo complejo1 y la governanza global y regional.2
Este proceso general del desarrollo de la sociedad civil
transnacional y de los movimientos sociales globales ha dado lugar también a
cristalizaciones y desarrollos particulares en el Gran Caribe, dónde, tanto
a nivel local y nacional, como a nivel regional, surgen y se desarrollan una
serie de redes y organizaciones sociales con creciente aspiración a influir
sobre los procesos regionales y a contribuir al impulso de un desarrollo
sostenible, participativo y equitativo en la región. Este proceso, sin
embargo, no se encuentra desvinculado de la dinámica de los desarrollos
locales y nacionales ni de la dinámica global en general. No obstante, con
frecuencia y por diversas razones, se ve opacado por ellas, en tanto las
demandas y aspiraciones locales y nacionales permiten aglutinar fuerzas en
torno a proyectos y temas específicos y a promover una mayor interacción,
así sea crítica, con interlocutores claramente identificados en los
gobiernos locales, estadales y nacionales, y la dinámica internacional de la
globalización ha posibilitado la articulación de objetivos y agendas
sectoriales y específicas en torno a políticas y bienes públicos globales y
a la crítica del accionar de los organismos y foros multilaterales que
configuran la actual governanza global.
En este último sentido, en los últimos años, las actividades
de las organizaciones sociales transnacionales han logrado una visibilidad
sin precedentes para aquéllas organizaciones que focalizan sus campañas y
sus prioridades sobre diversos aspectos sociales y políticos en la promoción
o defensa de bienes públicos globales (erradicación de la pobreza y
la desigualdad, defensa del medio ambiente, equidad de género y desarrollo,
defensa y promoción de los derechos humanos y de los derechos económicos,
sociales y culturales) y, por otro, una innegable aunque incipiente
influencia en la dinámica del sistema internacional, como lo ilustra la
suspensión del Acuerdo de Inversiones Mutuas (AMI) por la OECD, o el retiro
de algunos productos del mercado mundial por parte de corporaciones
transnacionales, bajo la presión de organizaciones y movimientos ciudadanos.
La heterogeneidad y diversidad de la incipiente sociedad
civil global se expresa tanto en su composición, dónde convergen organismos
no-gubernamentales (ONGs) del Norte y del Sur, movimientos sociales
transnacionales de viejo (sindicatos y partidos políticos) y nuevo cuño
(ecologistas, feministas, movimientos étnicos), asociaciones y
organizaciones solidarias, comunidades epistémicas, asociaciones
profesionales y think tanks, movimientos cooperativos, como en las
agendas temáticas, con la priorización de temas específicos y globales
(pobreza, desarrollo, derechos humanos, equidad de género, medio ambiente,
transparencia y corrupción, como los temas mas visibles en la actualidad), y
en las diferentes estrategias de incidencia que impulsan.
En el marco de este proceso, sin embargo, tres retos
particulares definen, en la coyuntura actual, algunos de los problemas y
obstáculos a los que se enfrenta el surgimiento y consolidación de una
sociedad civil regional en el Gran Caribe.
El primero de estos desafíos se asocia con los problemas de
representatividad y legitimidad de las redes y organizaciones sociales que
aspiran a ejercer alguna influencia sobre el proceso de integración
regional. El segundo se relaciona con las estrategias, agendas y el proceso
de consolidación interna que permitan impulsar sus respectivos objetivos en
el ámbito regional. Y el tercero, con los peligros que introduce para su
desarrollo y consolidación las secuelas de los eventos de Septiembre 11 y la
lucha contra el terrorismo global.
Notas
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