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Parte 2 / 4
Representatividad y legitimidad de
la diplomacia ciudadana
En este sentido, a la par de una creciente visibilidad e
incidencia de diversos sectores de la sociedad civil global en los foros y
ámbitos internacionales (rotulada en algunos casos como "diplomacia
ciudadana"3), surgen interrogantes y preguntas sobre su representatividad y
legitimidad, por contraste con los gobiernos democráticamente electos y sus
funcionarios y representantes a nivel internacional en el marco de un
mandato electoral de sus propias poblaciones. Con frecuencia, ni los
donantes que proveen fondos a las organizaciones, ni los propios miembros de
ellas o de sus juntas directivas desarrollan mecanismos de transparencia y
de rendición de cuentas adecuados que contribuyan a legitimarlas. No
obstante, es paradójico que otros actores no-estatales, como las
corporaciones transnacionales, mas allá de rendir cuentas a sus accionistas,
difícilmente son requeridas de las mismas modalidades de representatividad y
legitimidad, que las organizaciones de la sociedad civil, en particular en
el marco de los procesos de integración regional basados en acuerdos de
libre comercio.
En este contexto, y a los efectos del seguimiento del
desarrollo de la sociedad civil regional, es útil tener en cuenta la
distinción entre una representación entendida como un mandato o una
delegación de las bases para ser representadas ante la sociedad o los
poderes públicos, y una representación como resultante "de la sintonía del
foro (u organización en particular) con las aspiraciones de la sociedad y
con los problemas que les afectan" (Chiriboga, 2001, 88). Mientras que la
primera modalidad se vincula con el rol de partidos políticos y sindicatos y
su eventual expresión en la conformación eminentemente política, a través de
procesos electorales, de gobiernos, la segunda caracteriza a las ONGs y
organizaciones de la sociedad civil en general4, cuya legitimidad
es más de carácter moral que político, en torno a la defensa de valores y
bienes comunes. En este sentido, no siempre estas organizaciones son
"representativas" por haber sido electas por diferentes sectores de la
población para cumplir un mandato, sino que asumen un rol en la influencia
sobre los asuntos públicos en función de su compromiso voluntario con la
defensa y promoción de algún bien público, en términos de un compromiso
ético mas que político. No obstante, esta situación generalmente tiende a
desdibujar la frontera entre su actuación como actores sociales y su
desempeño eventual como actores políticos.
La representatividad de estas redes y movimientos regionales
se ve especialmente cuestionada en el marco de las nuevas complejidades de
la articulación entre diversos niveles y ámbitos de interacción del sistema
internacional. En este marco, la dificultad de articular demandas locales,
nacionales, regionales y globales se asocia, asimismo, con las dificultades
de desarrollar agendas consistentes con los intereses y prioridades de los
sectores afectados en cada uno de estos niveles, dificultad que se presenta
asimismo a las autoridades eventualmente electas. Adicionalmente, esta
dificultad afecta asimismo la capacidad de incidencia sobre organismos
internacionales, regionales, nacionales y locales.
No obstante, y pese a los propósitos básicamente altruistas
de los diversos sectores que configuran la sociedad civil regional y global,
las preguntas éticas sobre la representatividad y la legitimidad de las
organizaciones de la sociedad civil transnacional quedan en pie, mas que
nada en función de sus dinámicas internas: ¿representan efectivamente a los
ciudadanos o a los pobres u a otros sectores que dicen representar? ¿aplican
en su seno las mismas demandas de información, transparencia y rendición de
cuentas que exigen a los otros actores? ¿establecen efectivos mecanismos de
monitoreo de la participación democrática y equitativa en su seno?
¿monitorean y evalúan efectivamente la eficiencia y transparencia de los
fondos que recaudan? ¿generan mecanismos participatorios de debate
democrático en el seno de su membresía de los temas y agendas que establecen
y priorizan? ¿contribuyen a una mayor democratización y a la eliminación de
las desigualdades que caracterizan al sistema internacional en el actual
proceso de globalización? (Clark, 2001).
Estas interrogantes, válidas para la dinámica interna de las
organizaciones de la sociedad civil, sean ONGs o movimientos sociales, se
vinculan asimismo a sus particulares formas de articulación con el cambiante
y complejo mundo globalizado, tanto en términos de la definición de sus
objetivos, prioridades y agendas, como de las estrategias impulsadas para
dar cumplimiento a ellos, en el marco de un entorno internacional de alta
complejidad, diversidad y acelerado cambio.
La heterogeneidad del campo de la sociedad civil regional y
global choca con la realidad de un sistema internacional complejo, de
múltiples actores, ámbitos y niveles de interacción, particularmente en el
marco de los procesos de globalización y regionalización, que, frente a las
brechas y contradicciones internas de la sociedad
civil transnacional y sus diversas y eventualmente contradictorias
expresiones, abre interrogantes sobre su efectiva capacidad de desarrollar
una incidencia y una presencia sostenible en el mundo global y en el ámbito
regional. De hecho, muchos analistas se preguntan si la visibilidad e
incidencia de algunas organizaciones no-gubernamentales internacionales (ONGIs)
y de los movimientos sociales transnacionales actuales puede mantenerse como
una fuerza de peso en la dinámica internacional. La pregunta, desde luego,
no esta desvinculada de las interrogantes enunciadas mas arriba,
fundamentalmente en función de la propia consolidación, eventual
institucionalización, consistente representatividad y legitimidad y mayor
transparencia de las mismas organizaciones y redes que la configuran.
Es indudable que esta interrogante ha dado lugar en los
últimos años a una serie de cambios internos en las organizaciones y redes
emergentes de la sociedad civil global, con el desarrollo de mas profundos
mecanismos de democratización y rendición de cuentas internas, con
procedimientos de monitoreo de la gestión, la transparencia y la eficacia de
sus acciones e iniciativas, y con un mayor seguimiento de la opinión pública
de sus controles internos tanto para el manejo de fondos como el de
programas, campañas y estrategias diversas. Sin embargo, queda aún mucho por
hacer en este campo.
Notas
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