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Parte 4 / 4
Derechos humanos y seguridad regional en el entorno de
post-septiembre 11
En la región del Gran Caribe, los obstáculos, dificultades y
desafíos analizados en el proceso de desarrollo de una sociedad civil
regional incorporan, a partir del 11 de septiembre del 2001, una nueva
dimensión que, comienza a desplazar a un segundo plano las prioridades de
carácter comercial, económico y social de la agenda regional con la
reintroducción, a mas de una década de finalizada la Guerra Fría, de la
problemática de la seguridad internacional. En este sentido, los
acontecimientos de septiembre 11 y la posición asumida por EEUU frente al
terrorismo global, han reintroducido progresivamente los temas de seguridad
entre los temas prioritarios a nivel regional, esta vez con un énfasis que
va mas allá de las relaciones entre estados y que involucra
significativamente a la sociedad civil en tanto la identificación de las
nuevas amenazas a la seguridad internacional se ubica precisamente en el
ámbito de ésta y en las redes transnacionales.
En este contexto es de señalar que, tradicionalmente, tres
aspectos principales vinculados a temas de seguridad han concitado la
atención de la sociedad civil en la región y en las Américas.
En primer lugar, el hecho de que el énfasis inicial en
derechos humanos por parte de las organizaciones no-gubernamentales y de los
movimientos sociales, especialmente en el marco de la transición de
regímenes militares y autoritarios, vinculado a políticas de seguridad y
defensa, control civil y rol de las fuerzas armadas, tiende a convertirse en
un « non-issue » para la sociedad civil una vez que se avanza en los
procesos de consolidación democrática, relegando los temas de seguridad a un
segundo plano en la agenda de las organizaciones y redes sociales.
En segundo lugar, cuando el interés y la preocupación de la
sociedad civil en torno a los temas de seguridad persisten, esta
persistencia se refiere básicamente a la estabilidad democrática y a la
prevención eventual de la transformación de las fuerzas armadas en un actor
político.
En tercer lugar, una vez que concluye la etapa mas activa de
los movimientos vinculados a derechos humanos, se desarrolla en la sociedad
civil una tendencia a asumir pasivamente las decisiones del estado en
relación a la seguridad doméstica e internacional, y las políticas y la
legislación asociada a esta problemática. En este contexto, no se
desarrollan mecanismos específicos de la sociedad civil para controlar o
monitorear las agendas ejecutiva o legislativas en torno a temas de
seguridad y defensa, y existen sólo nexos tenues y débiles entre la sociedad
civil y actores políticos como los partidos políticos en relación a estos
temas (Serbin y Fontana, 2002).
Estas dificultades a nivel nacional se potencian en el
ámbito regional, en el marco de una debilidad y eventualmente de una
significativa ausencia, en la última década, de organizaciones, movimientos
y redes que, con contadas excepciones, desarrollen una agenda de seguridad
regional orientada por la paz, la democracia y los derechos humanos. En este
marco, las prioridades de la organizaciones de la sociedad civil en relación
a los temas de seguridad han tendido a focalizarse sobre temas de seguridad
doméstica y pública mas que en temas regionales, en tanto los últimos
tienden a percibirse como elementos externos a los intereses y
preocupaciones de la sociedad civil. A su vez, el incremento de la
criminalidad y de la violencia en las sociedades de la región tiende a
convertir a la seguridad pública en la principal prioridad.
En este marco, a las dificultades y obstáculos para el
desarrollo de las redes regionales ya analizados en las páginas precedentes,
se agrega la dificultad de replantear, con la rapidez y flexibilidad
necesaria, sus agendas para enfrentar las problemáticas que se vislumbran en
torno a las nuevas prioridades de seguridad regional por parte de los
gobiernos y de articularlas en torno a agendas y estrategias consistentes.
Es así que el nuevo énfasis en la guerra contra el
terrorismo global, como consecuencia de los acontecimientos del 11 de
septiembre, y el discurso predominante y las políticas promovidas por los
Estados Unidos luego de los ataques terroristas, ha generado reacciones
mixtas y ambiguas entre los diferentes actores sociales de la región. Luego
de las reacciones iniciales de shock y de horror frente a los hechos,
emerge, sin embargo, una creciente preocupación en relación a la
unilateralidad y a los alcances de las políticas de Estados Unidos, tanto a
nivel internacional como a nivel regional. En este último sentido, la mayor
preocupación surge en relación a que las políticas de los EEUU y, en
general, las acciones que se tomen para combatir el terrorismo puedan
resucitar nuevas versiones de la doctrina de seguridad nacional con un
impacto negativo sobre los derechos humanos y las libertades civiles (en
especial los derechos de libre expresión, asociación y tránsito) y con el
resurgimiento de medidas represivas que puedan eventualmente afectar las
bases de la democracia en la región.
En este contexto, las nuevas políticas de seguridad en la
lucha contra el terrorismo global probablemente creen las condiciones para
una reorientación gradual de las prioridades de las agendas de las redes y
movimientos regionales de la sociedad civil, en especial en relación con sus
agendas y estrategias. Los temas socio-económicos y políticos vinculados a
los efectos de los procesos de globalización y regionalización y a la
exclusión social y política que generan probablemente sean desplazados en
sus agendas por la necesidad de preservar y profundizar los derechos civiles
y políticos vis-a-vis una tendencia creciente por parte de algunos
gobiernos de la región y fuera de ella a conculcar algunos de ellos y a
priorizar los temas de seguridad por encima de los temas y demandas
económicas y sociales. Las nuevas amenazas a la seguridad asociadas con el
terrorismo global pondrán en suspenso y, eventualmente, pueden revertir los
logros regionales e internacionales en torno a las libertades civiles,
políticas y legales y a los derechos vinculados a la consolidación y
profundización de las democracias en la región. Asimismo, la governanza
global y regional van a estar crecientemente amenazadas por medidas de
seguridad cada vez mas extremas y por la intervención de los gobiernos,
particularmente por parte de los actores internacionales mas poderosos.
Consecuentemente, los nuevos desafíos y retos para las
organizaciones y redes de la sociedad civil regional estarán vinculados a
una adecuada articulación entre sus anteriores agendas y estrategias con los
temas y amenazas que emergen en el entorno internacional y regional y al
desarrollo de nuevas estrategias para promover una governanza regional
emergente que no derive en diferentes modalidades globalitarias.
Necesariamente, estos nuevos desafíos y retos exigen de una mayor capacidad
propositiva y de influencia a nivel regional y nacional, mayor desarrollo,
transparencia y consolidación institucional, mayor capacidad de movilización
de los recursos regionales y un efectivo compromiso con una integración
regional centrada en el desarrollo sostenible y equitativo, en la
profundización de la democracia regional y, eventualmente, en la
reactivación del Gran Caribe no sólo como una zona de cooperación sino
también una zona de paz democrática.
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