La integración en América Latina
La transformación del Estado nacional frente al proceso
de globalización1, así como el análisis de los alcances y responsabilidades
de éste frente al desarrollo2 se torna complejo en cuanto a los factores que
interactúan entre el ámbito nacional y el internacional, así como a los
factores que intervienen desde la esfera política, económica y cultural. El
desarrollo ha sido el argumento en los procesos de integración económica y
comercial después de la postguerra. Ambos: el desarrollo y la integración
han sido un punto prioritario en la agenda de las organizaciones económicas
y financieras internacionales de la década de los 40’s.
Los procesos de integración y desarrollo son tan
complejos como lo es la sociedad y sus mecanismos de cambio constante, en
ese sentido, la crítica al modelo de integración y desarrollo impuesto,
también debe ser generada desde diferentes esferas, al lado necesariamente
de una propuesta que emane desde diferentes frentes. La ausencia de procesos
participativos que generen formas propias de pensamiento y de políticas de
desarrollo real en los pueblos es una de las principales críticas que será
sustentada en el transcurso del documento.
El proceso de integración Latinoamericano va en marcha a
pesar de no haber sido concretado aún; sin embargo la integración real no
parece ser el proyecto desde las organizaciones internacionales y por lo
tanto desde los gobiernos nacionales. Para ejemplo, el Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN) que entró en
vigor en 1994 con la integración comercial de México, Estados Unidos y
Canadá que fue uno de los primeros grandes pasos hacia la integración
americana, bajo la hegemonía estadounidense. No obstante haberse vendido
como el acuerdo que llevaría a México al primer mundo, este acuerdo no ha
mejorado las condiciones de vida de millones de personas. Pero aún así, el
modelo sigue y para el milenio que comienza se intenta concretar lo que se
ha denominado el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA),
con varias sesiones de negociación entre ministros y jefes de gobierno desde
1997 y algunos pasos intermedios de acuerdos comerciales regionales como el
Plan Puebla Panamá.
La esfera política en el marco de a integración es uno de
los frentes a analizar. Si bien los regímenes democráticos en América Latina
han sido la puerta de entrada para el neoliberalismo o liberalismo económico3
instalado en la región desde hace dos décadas, la democracia representativa
no ha sido precisamente el reflejo de la voluntad de los pueblos y por el
contrario, han sido los pueblos los que han perdido en este juego y el gran
capital transnacional el que ha ganado, al lado de las elites políticas y
económicas nacionales. No debemos culpar sin embargo a la democracia, pero
sí a las elites que la manejan y sobre todo, a un modelo político económico
que no permite la existencia de la otredad.
El voto libre y transparente ha sido uno de los logros
más importantes del siglo pasado en los países latinoamericanos. Muchas
luchas sociales estuvieron por detrás. La democracia formal ha tenido
grandes avances, sin embargo esto no ha sido traducido a la mejoría del
nivel de vida de los pueblos.
Así las cosas, los pasos a la integración en América
Latina han sido más la apertura al capital financiero e industrial
estadounidense, europeo y japonés, así como el fortalecimiento de los
enclaves de la región más que una integración económica, financiera y
comercial encaminada a fortalecer a los países de la región. Es importante
situar a tres actores muy importantes para el impulso de las políticas del
ajuste estructural necesitado por el capital privado: El Banco Mundial, el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo.
En la mesa de los acusados está el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), y su papel político y económico,
el grado de legitimidad de las políticas que impulsa, siendo una de las
principales instituciones que encabezan el proceso de integración en la
región y el que lleva en su nombre el objetivo del desarrollo.
Particularmente, el impulso de sus políticas de desarrollo social como
elemento básico para generar un ambiente propicio a la inversión extranjera
directa, pero con una incapacidad de generación de desarrollo real para los
pueblos de la región.
Notas
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