El papel del mito en las instituciones
Comenzaré retomando uno de los principales factores de la subjetividad
que atraviesan las esferas política, económica, social y cultural: la crisis
en la sociedad moderna latinoamericana de falta de legitimidad de las
instituciones del Estado y de las instituciones internacionales ante los
ciudadanos, particularmente en el proceso de globalización que enfrentamos.
La credibilidad que éstas pueden generar en los gobernados parece cada vez
menor, eso se hace evidente en el creciente número de movilizaciones y
movimientos de resistencia frente a procesos cuyo origen se ubica en el
ámbito internacional. Los factores que influyen en este proceso pueden ser
muchos, —una de las intenciones en este artículo es poner algunos de esos
factores en el debate — pero la realidad es que el orden establecido en los
ámbitos nacionales e internacionales cada vez tiene más problemas para
conservar su permanencia tal como es hasta ahora. El discurso desde la
institucionalidad en los procesos de globalización es cada vez más obsoleto
y menos creíble. Comenzando por las formas internas de participación, está
puesta en duda toda decisión tomada desde ahí.
Max Weber en su estudio sobre mecanismos sociales caracterizó
consistentemente las fuentes de la legitimidad de las instituciones, aquí
rescataré sólo tres de éstas: la legitimidad por fe, la legitimidad fundada
en la razón y la legitimidad a partir de la legalidad4.
La primera corresponde a las instituciones de sociedades tradicionales, en
las que regularmente la autoridad es nombrada por el representante del Dios
o los Dioses, la autoridad es puesta ahí por la divinidad o ella representa
la divinidad. La segunda forma de legitimación, la que se fundamenta en la
razón, corresponde a las instituciones de la sociedad moderna, que se dice
secularizada y apela a lógica racional occidental; y la tercera, que está
presente siempre en las dos anteriores como parte de la normatividad dentro
del Estado.
La primera de las formas de legitimidad a la que me refiero dio el
reconocimiento al surgimiento del Estado —entre otras instituciones. Éste se
constituyó a partir de un mito fundante5
en la sociedad y a partir de la necesidad subjetiva de los individuos de
creer y dar sentido y orden al sin sentido y desorden del mundo, esta
necesidad que se hizo evidente en la institución misma del Estado, sigue
viva aún en las sociedades modernas.
Es un hecho que las instituciones siguen recurriendo a mitos para
asegurar su legitimidad. Sin embargo es necesario saber diferenciar cuándo
es un mito referido como una necesidad humana, o un mito como discurso
mentiroso. Si estos mitos son capaces de arraigar en las emociones humanas y
además son capaces de mantener ritos coherentes, y así lograr que los
ciudadanos se vean reflejados en las instituciones, éstas últimas serán
capaces de lograr su legitimidad ante los gobernados, el mito es un mito
sano6. Si por el contrario su discurso
sigue siendo incoherente, engañoso y los ritos son incapaces de crear
trascendencia y reflejar a la población, las instituciones tendrán serios
problemas de permanencia, su mito es exclusivamente referido como engaño y
contribuye al desmembramiento del tejido social.
La legitimación basada en la legalidad es un hecho de indiscutible
validez en la sociedad moderna, sin embargo, si bien también este tipo de
legitimidad está basada en el pensamiento racional moderno, la legitimidad a
partir de la razón tiene otro carácter, y no ha sido generada por parte de
las instituciones en una sociedad en la que aquellas no son coherentes con
las normas y el discurso que las rigen. Por otro lado, la fe en una sociedad
justa, en la que nadie muera de hambre cada vez se ve más desgastada ante la
falta de capacidad de los responsables de generar mejores condiciones de
vida en las poblaciones. Si las instituciones políticas y económicas
nacionales e internacionales no se preocupan por encontrar mecanismos que
fortalezcan su discurso de desarrollo en la práctica y la participación de
la sociedad en ésta, al mismo tiempo que busquen la coherencia con las
formas de instrumentación de sus políticas, tenderán a desaparecer o generar
cada vez más conflictos sociales que deriven en serias problemáticas en los
países en desarrollo con impactos fuertes en el orden mundial. Toda
institución que mantenga en su discurso la bandera del desarrollo, y que
desee permanecer con cierto grado de legitimidad en la sociedad, deberá
generar "ritos" o formas de acceder al desarrollo que generen credibilidad
en las poblaciones, formas en las que la sociedad se vea reflejada, en las
que la sociedad participe de manera activa desde concepciones propias y
diversas, no a partir de un modelo único y hermético.
El desarrollo
De el mito pasemos al desarrollo. Esto implica de entrada definir si la
referencia en el análisis será al modelo de sociedad al que los teóricos
sociales de siglos pasados han apelado, o al concepto utilitario que se
generó después de la segunda guerra mundial con características más bien
técnicas, operativas y políticas y por medio del cual se dividió al mundo en
primer y tercer mundo. En este artículo será importante situarse a partir
del periodo de la posguerra, pues a pesar de tener antecedentes en el siglo
XIX en las Conferencias Panamericanas, el actor principal a estudio, —el
Banco Interamericano de Desarrollo— tiene su origen a fines de la década de
los 50’s.
Es importante también decir que retomar los problemas del desarrollo en
América Latina, es de algún modo, asumir a la misma como unidad, sin duda
reconociendo también que cada país tiene procesos internos, y que los
factores para el análisis del desarrollo en la región deben ser expuestos
desde los diferentes ámbitos que lo influyen. Estos diferentes factores
vinculados de manera prioritaria al financiamiento externo dirigido al
desarrollo en la región, su instrumentación y la calidad de sus resultados a
lo largo de la historia moderna latinoamericana deben ser puestos bajo la
lupa, ya que la historia que une a los países de la región además de la
cultura es la que se da a partir de las formas de vinculación a la economía
mundial bajo criterios impuestos desde las elites nacionales favorecidas por
las elites de las Instituciones Financieras Internacionales; y al mismo
tiempo, los bajos índices de calidad de vida que se han incrementado en las
últimas décadas.
También es pertinente aclarar que el desarrollo como concepto general es
entendido como un modelo de país, de calidad de vida y en este sentido no
valdría la pena separar los términos desarrollo y desarrollo social; sin
embargo, debido al manejo de las políticas gubernamentales y a la poca o
nula eficiencia de las políticas económicas para generar bienestar, las
políticas de desarrollo tienen un subapartado asumido en este espacio:
políticas de desarrollo social.