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 EL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO Y LAS POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA: UN MITO

Desarrollo Humano sustentable

Por Susana Cruickshank      

Parte 2 / 4    

 

  El papel del mito en las instituciones

Comenzaré retomando uno de los principales factores de la subjetividad que atraviesan las esferas política, económica, social y cultural: la crisis en la sociedad moderna latinoamericana de falta de legitimidad de las instituciones del Estado y de las instituciones internacionales ante los ciudadanos, particularmente en el proceso de globalización que enfrentamos. La credibilidad que éstas pueden generar en los gobernados parece cada vez menor, eso se hace evidente en el creciente número de movilizaciones y movimientos de resistencia frente a procesos cuyo origen se ubica en el ámbito internacional. Los factores que influyen en este proceso pueden ser muchos, —una de las intenciones en este artículo es poner algunos de esos factores en el debate — pero la realidad es que el orden establecido en los ámbitos nacionales e internacionales cada vez tiene más problemas para conservar su permanencia tal como es hasta ahora. El discurso desde la institucionalidad en los procesos de globalización es cada vez más obsoleto y menos creíble. Comenzando por las formas internas de participación, está puesta en duda toda decisión tomada desde ahí.

Max Weber en su estudio sobre mecanismos sociales caracterizó consistentemente las fuentes de la legitimidad de las instituciones, aquí rescataré sólo tres de éstas: la legitimidad por fe, la legitimidad fundada en la razón y la legitimidad a partir de la legalidad4. La primera corresponde a las instituciones de sociedades tradicionales, en las que regularmente la autoridad es nombrada por el representante del Dios o los Dioses, la autoridad es puesta ahí por la divinidad o ella representa la divinidad. La segunda forma de legitimación, la que se fundamenta en la razón, corresponde a las instituciones de la sociedad moderna, que se dice secularizada y apela a lógica racional occidental; y la tercera, que está presente siempre en las dos anteriores como parte de la normatividad dentro del Estado.

La primera de las formas de legitimidad a la que me refiero dio el reconocimiento al surgimiento del Estado —entre otras instituciones. Éste se constituyó a partir de un mito fundante5 en la sociedad y a partir de la necesidad subjetiva de los individuos de creer y dar sentido y orden al sin sentido y desorden del mundo, esta necesidad que se hizo evidente en la institución misma del Estado, sigue viva aún en las sociedades modernas.

Es un hecho que las instituciones siguen recurriendo a mitos para asegurar su legitimidad. Sin embargo es necesario saber diferenciar cuándo es un mito referido como una necesidad humana, o un mito como discurso mentiroso. Si estos mitos son capaces de arraigar en las emociones humanas y además son capaces de mantener ritos coherentes, y así lograr que los ciudadanos se vean reflejados en las instituciones, éstas últimas serán capaces de lograr su legitimidad ante los gobernados, el mito es un mito sano6. Si por el contrario su discurso sigue siendo incoherente, engañoso y los ritos son incapaces de crear trascendencia y reflejar a la población, las instituciones tendrán serios problemas de permanencia, su mito es exclusivamente referido como engaño y contribuye al desmembramiento del tejido social.

La legitimación basada en la legalidad es un hecho de indiscutible validez en la sociedad moderna, sin embargo, si bien también este tipo de legitimidad está basada en el pensamiento racional moderno, la legitimidad a partir de la razón tiene otro carácter, y no ha sido generada por parte de las instituciones en una sociedad en la que aquellas no son coherentes con las normas y el discurso que las rigen. Por otro lado, la fe en una sociedad justa, en la que nadie muera de hambre cada vez se ve más desgastada ante la falta de capacidad de los responsables de generar mejores condiciones de vida en las poblaciones. Si las instituciones políticas y económicas nacionales e internacionales no se preocupan por encontrar mecanismos que fortalezcan su discurso de desarrollo en la práctica y la participación de la sociedad en ésta, al mismo tiempo que busquen la coherencia con las formas de instrumentación de sus políticas, tenderán a desaparecer o generar cada vez más conflictos sociales que deriven en serias problemáticas en los países en desarrollo con impactos fuertes en el orden mundial. Toda institución que mantenga en su discurso la bandera del desarrollo, y que desee permanecer con cierto grado de legitimidad en la sociedad, deberá generar "ritos" o formas de acceder al desarrollo que generen credibilidad en las poblaciones, formas en las que la sociedad se vea reflejada, en las que la sociedad participe de manera activa desde concepciones propias y diversas, no a partir de un modelo único y hermético.

  El desarrollo

De el mito pasemos al desarrollo. Esto implica de entrada definir si la referencia en el análisis será al modelo de sociedad al que los teóricos sociales de siglos pasados han apelado, o al concepto utilitario que se generó después de la segunda guerra mundial con características más bien técnicas, operativas y políticas y por medio del cual se dividió al mundo en primer y tercer mundo. En este artículo será importante situarse a partir del periodo de la posguerra, pues a pesar de tener antecedentes en el siglo XIX en las Conferencias Panamericanas, el actor principal a estudio, —el Banco Interamericano de Desarrollo— tiene su origen a fines de la década de los 50’s.

Es importante también decir que retomar los problemas del desarrollo en América Latina, es de algún modo, asumir a la misma como unidad, sin duda reconociendo también que cada país tiene procesos internos, y que los factores para el análisis del desarrollo en la región deben ser expuestos desde los diferentes ámbitos que lo influyen. Estos diferentes factores vinculados de manera prioritaria al financiamiento externo dirigido al desarrollo en la región, su instrumentación y la calidad de sus resultados a lo largo de la historia moderna latinoamericana deben ser puestos bajo la lupa, ya que la historia que une a los países de la región además de la cultura es la que se da a partir de las formas de vinculación a la economía mundial bajo criterios impuestos desde las elites nacionales favorecidas por las elites de las Instituciones Financieras Internacionales; y al mismo tiempo, los bajos índices de calidad de vida que se han incrementado en las últimas décadas.

También es pertinente aclarar que el desarrollo como concepto general es entendido como un modelo de país, de calidad de vida y en este sentido no valdría la pena separar los términos desarrollo y desarrollo social; sin embargo, debido al manejo de las políticas gubernamentales y a la poca o nula eficiencia de las políticas económicas para generar bienestar, las políticas de desarrollo tienen un subapartado asumido en este espacio: políticas de desarrollo social.

  Notas


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