El BID,
la CEPAL y el Desarrollo
Los orígenes del BID se remontan a
1957. Después de que en 1947 Chile juega un papel clave ante el Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas, y propone la formación de la
Comisión Económica para América Latina, después de un periodo de
convencimiento hacia Estados Unidos para el aporte de recursos más allá de
la militarización, se crean ciertos programas, entre los cuales, un Fondo
Interamericano de Desarrollo, antecedente mismo del BID.
Hay que recordar que el contexto internacional de este
proceso fue la postguerra y la guerra fría. Cuando el mundo se encontraba
dividido bipolarmente y las grandes potencias intentaban alianzas con las
naciones en "vías de desarrollo" por un lado, y por otro Estados Unidos
claramente intentaba contener la difusión del comunismo. En lo que se
refiere a los contextos nacionales, América Latina se había consolidado ya
con Estados nacionales y comenzaba en su camino hacia la imitación del
modelo de desarrollo de los países industrializados. Las elites nacionales
latinoamericanas claramente se habían apropiado de los términos modernos del
desarrollo y caminaban hacia un modelo de modernización que a partir de los
50’s, fue el modelo de sustitución de importaciones, la recomendación
cepalina para AL.
La instrumentación de las políticas de desarrollo en esta
época, claramente tenían de acompañamiento la ayuda militar y el
financiamiento antilevantamientos. El desarrollo fue la clara idea de imitar
a los países más avanzados, es decir, había que llegar a un alto índice de
industrialización, tecnologización y altos niveles de calidad de vida (léase
consumo). Las instituciones encargadas de llevar a cabo las políticas en el
ámbito regional retoman este paradigma y generando un "mito del desarrollo"
–que poco tiene que ver con la cosmovisión del desarrollo heredada de los
pueblos nativos en toda América Latina, con las experiencias locales de
pensamiento propio en los países del "tercer mundo" latinoamericano–
encabezan la agenda a llevar a cabo. Primero la CEPAL y a partir de finales
de los 50’s, para América Latina este proceso es encabezado por el
BID.
Después de la segunda guerra mundial, el compromiso de
los países industrializados con los países latinoamericanos, principalmente
desde Estados Unidos, se restringe exclusivamente a la seguridad. La firma
del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca7 (TIAR),
había contemplado mecanismos de defensa colectiva ante riesgos de guerra en
la región (se refería realmente al comunismo), y a pesar de algunos acuerdos
políticos y jurídicos, Estados Unidos no contemplaba aún la cooperación
económica y social con los países de América Latina, no obstante que los
gobiernos de la región lo habían planteado; no fue sino hasta después de la
revolución cubana que Estados Unidos vislumbró la necesidad de una agenda de
desarrollo para América Latina. En realidad lo que
buscaba con estas políticas —entre las que se encontró la Alianza para el
Progreso (Programa que se instrumentó desde la administración Kenedy con
alrededor de 30 mil millones de dólares para la región)— era neutralizar los
conflictos que pudieran destapar una revolución como la cubana.
En este sentido vale la pena recordar la explicación que
se dio al fenómeno de la pobreza desde algunos teóricos latinoamericanos.
Las teorías explicativas de las diferentes formas de producción y
reproducción social en las sociedades modernas, que tuvieron el objetivo de
identificar las claves para el desarrollo, específicamente las occidentales,
no satisficieron a los teóricos latinoamericanos en cuanto a la explicación
del proceso en América Latina. En 1947, en una reunión con el Comité
Económico y Social de las Naciones Unidas, la delegación chilena se
pronunció por la necesidad de que existiera una comisión económica y social
para la región. Así, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL)
fue aceptada —no sin algunos temores que fueron superados fácilmente por
parte de E.U. y Francia. La creación de la CEPAL
permitió la generación de pensamiento propio latinoamericano ante los
procesos de integración en la economía mundial y así, se planteó la
estrategia de sustitución de importaciones, encaminada hacia el
fortalecimiento de la industrialización en AL, como forma de inserción a los
nuevos proceso de la economía, no sólo como países exportadores de recursos
primarios8.
La corriente dependentista que nutrió a la
CEPAL dio una explicación y generó una corriente de pensamiento
latinoamericano que se constituyó en un parte aguas en la historia de la
economía y sociología latinoamericana. Ellos destacan la necesidad de
explicar el subdesarrollo en América Latina como una consecuencia de la
dependencia de los países desarrollados y este proceso como el principal
factor de atraso del capitalismo latinoamericano. Su argumentación consiste
de manera muy general, en que las economías periféricas se encuentran
subordinadas y dependen de las decisiones y vaivenes de un centro
desarrollado.
De los teóricos más destacados de esta corriente fueron
Raúl Prebish, Enzo Faletto, Fernando Enrique Cardoso, Manuel Medina
Echavarría y André Gunder Frank. Ellos hicieron un análisis crítico de las
formas de inserción de la región en la economía mundial desde el siglo XIX.
Por un lado sitúan a las economías de enclave, que se caracterizaron por
tener el control de los principales rubros de exportación en manos de
capital extranjero, y por otro, las economías de control nacional, que
tenían en manos del empresariado nacional el control de los principales
sectores de la exportación. Este señalamiento es determinante en la
explicación del subdesarrollo del tercer mundo, pues para los dependentistas
el excedente generado a partir de "el intercambio desigual" en la economía
de mercado es el que genera la riqueza en los países ricos y la pobreza en
los pobres. Señalan entonces la importancia de ubicar en el centro del
desarrollo a los países ricos y en la periferia a los países
subdesarrollados. Para la CEPAL, el pensamiento
desarrollista, fue y es el pensamiento central sobre la condición
estructural de la región.
En este proceso destacó también Ruy Mauro Marini
—sociólogo marxista— quien daría sustento desde la economía política a la
visión dependentista. Según él, América Latina es determinante para el
proceso de acumulación de capital a nivel mundial. La visión dependentista,
si bien ha sido una de las más sustentadas desde varios frentes, en su
momento nubló la visión hacia diversos factores que desde adentro de los
países contribuyen al "subdesarrollo", como son todos los procesos políticos
y de democratización interna. Una parte del análisis que será importante
tener presente al mismo tiempo que se revisan otras visiones del proceso es
la que se dio a través del sociólogo Manuel Medina Echavarría, que introduce
otros elementos y que incluye una visión de la realidad latinoamericana de
heterogeneidad estructural; es decir con rasgos de modernidad y un profundo
rasgo de tradicionalidad en sus estructuras sociales, económicas y
políticas. Medina Echavarría no cae en la visión del dualismo estructural de
algunas corrientes de la época y expresa claramente la coexistencia de ambas
características en las estructuras económicas, políticas y sociales
latinoamericanas.
Uno de los elementos principales que introdujo este
sociólogo para el análisis de la situación latinoamericana fue la hacienda,
unidad prioritaria en la economía tradicional, que adopta fácilmente
elementos de modernidad. Es importante señalar que esta unidad no sólo da
aportes para el análisis económico, sino político y sociológico de América
Latina. Así, esta visión asumió que si bien el capitalismo en la región es
la forma fundamental de producción y reproducción de las relaciones
económicas y sociales, éste se encuentra manifiesto en diferentes etapas en
la región. La existencia de diferentes etapas en la economía de una
estructura, implican movimiento a diferentes ritmos y velocidades, cuando no
en diferente sentido. En este sentido, el discurso de Raúl Prebish, —que
fundamentalmente apoyaba la sustitución de importaciones, pero no en
desmedro del apoyo al sector agropecuario, ni gravando a este último para
apoyar el crecimiento industrial, sin que la industria generara el empleo
que se esperaba— argumentaba que fue la sustitución de importaciones de
manera indiscriminada y no planeada la que provocó un colapso en las
relaciones sociales en el campo. Así, lejos de posturas que se le han
adjudicado, el siguiente párrafo de Prebish evidencia su postura crítica al
modelo de sustitución instrumentado:
Esta política de desarrollo interno hace
absolutamente necesario para los países en desarrollo emprender con
determinación una serie de transformaciones en sus estructuras y
actitudes, ahí donde esto aún no se ha hecho. Y esto también requiere
adherir a la disciplina de un plan de desarrollo, estimular el comercio
recíproco mediante grupos de integración regional y subregional, y
promover medidas interregionales para la expansión del comercio9.
Ya a mediados de la década de los 60, la estrategia de
sustitución de importaciones comenzaba a dar señales de fracaso. Había
generado inflación, no competitividad en la calidad de la producción y
disminución en la tasa de crecimiento. Las importaciones habían crecido y la
generación de recursos internos no daba para pagarlas, así, la deuda también
comenzó a crecer hasta que se hizo impagable. El camino debía apuntar hacia
otra estrategia y otros actores.
Hasta aquí, la CEPAL siguió
lidereando la definición de las políticas de la región, y estableció dos
pilares que hasta la fecha siguen siendo tales: 1) el proceso de integración
regional y 2) la liberalización de políticas comerciales y financieras10.
Notas
|