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 EL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO Y LAS POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA: UN MITO

Desarrollo Humano sustentable

Por Susana Cruickshank      

Parte 3 / 4

   

  El BID, la CEPAL y el Desarrollo

Los orígenes del BID se remontan a 1957. Después de que en 1947 Chile juega un papel clave ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, y propone la formación de la Comisión Económica para América Latina, después de un periodo de convencimiento hacia Estados Unidos para el aporte de recursos más allá de la militarización, se crean ciertos programas, entre los cuales, un Fondo Interamericano de Desarrollo, antecedente mismo del BID.

Hay que recordar que el contexto internacional de este proceso fue la postguerra y la guerra fría. Cuando el mundo se encontraba dividido bipolarmente y las grandes potencias intentaban alianzas con las naciones en "vías de desarrollo" por un lado, y por otro Estados Unidos claramente intentaba contener la difusión del comunismo. En lo que se refiere a los contextos nacionales, América Latina se había consolidado ya con Estados nacionales y comenzaba en su camino hacia la imitación del modelo de desarrollo de los países industrializados. Las elites nacionales latinoamericanas claramente se habían apropiado de los términos modernos del desarrollo y caminaban hacia un modelo de modernización que a partir de los 50’s, fue el modelo de sustitución de importaciones, la recomendación cepalina para AL.

La instrumentación de las políticas de desarrollo en esta época, claramente tenían de acompañamiento la ayuda militar y el financiamiento antilevantamientos. El desarrollo fue la clara idea de imitar a los países más avanzados, es decir, había que llegar a un alto índice de industrialización, tecnologización y altos niveles de calidad de vida (léase consumo). Las instituciones encargadas de llevar a cabo las políticas en el ámbito regional retoman este paradigma y generando un "mito del desarrollo" –que poco tiene que ver con la cosmovisión del desarrollo heredada de los pueblos nativos en toda América Latina, con las experiencias locales de pensamiento propio en los países del "tercer mundo" latinoamericano– encabezan la agenda a llevar a cabo. Primero la CEPAL y a partir de finales de los 50’s, para América Latina este proceso es encabezado por el BID.

Después de la segunda guerra mundial, el compromiso de los países industrializados con los países latinoamericanos, principalmente desde Estados Unidos, se restringe exclusivamente a la seguridad. La firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca7 (TIAR), había contemplado mecanismos de defensa colectiva ante riesgos de guerra en la región (se refería realmente al comunismo), y a pesar de algunos acuerdos políticos y jurídicos, Estados Unidos no contemplaba aún la cooperación económica y social con los países de América Latina, no obstante que los gobiernos de la región lo habían planteado; no fue sino hasta después de la revolución cubana que Estados Unidos vislumbró la necesidad de una agenda de desarrollo para América Latina. En realidad lo que buscaba con estas políticas —entre las que se encontró la Alianza para el Progreso (Programa que se instrumentó desde la administración Kenedy con alrededor de 30 mil millones de dólares para la región)— era neutralizar los conflictos que pudieran destapar una revolución como la cubana.

En este sentido vale la pena recordar la explicación que se dio al fenómeno de la pobreza desde algunos teóricos latinoamericanos. Las teorías explicativas de las diferentes formas de producción y reproducción social en las sociedades modernas, que tuvieron el objetivo de identificar las claves para el desarrollo, específicamente las occidentales, no satisficieron a los teóricos latinoamericanos en cuanto a la explicación del proceso en América Latina. En 1947, en una reunión con el Comité Económico y Social de las Naciones Unidas, la delegación chilena se pronunció por la necesidad de que existiera una comisión económica y social para la región. Así, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) fue aceptada —no sin algunos temores que fueron superados fácilmente por parte de E.U. y Francia. La creación de la CEPAL permitió la generación de pensamiento propio latinoamericano ante los procesos de integración en la economía mundial y así, se planteó la estrategia de sustitución de importaciones, encaminada hacia el fortalecimiento de la industrialización en AL, como forma de inserción a los nuevos proceso de la economía, no sólo como países exportadores de recursos primarios8.

La corriente dependentista que nutrió a la CEPAL dio una explicación y generó una corriente de pensamiento latinoamericano que se constituyó en un parte aguas en la historia de la economía y sociología latinoamericana. Ellos destacan la necesidad de explicar el subdesarrollo en América Latina como una consecuencia de la dependencia de los países desarrollados y este proceso como el principal factor de atraso del capitalismo latinoamericano. Su argumentación consiste de manera muy general, en que las economías periféricas se encuentran subordinadas y dependen de las decisiones y vaivenes de un centro desarrollado.

De los teóricos más destacados de esta corriente fueron Raúl Prebish, Enzo Faletto, Fernando Enrique Cardoso, Manuel Medina Echavarría y André Gunder Frank. Ellos hicieron un análisis crítico de las formas de inserción de la región en la economía mundial desde el siglo XIX. Por un lado sitúan a las economías de enclave, que se caracterizaron por tener el control de los principales rubros de exportación en manos de capital extranjero, y por otro, las economías de control nacional, que tenían en manos del empresariado nacional el control de los principales sectores de la exportación. Este señalamiento es determinante en la explicación del subdesarrollo del tercer mundo, pues para los dependentistas el excedente generado a partir de "el intercambio desigual" en la economía de mercado es el que genera la riqueza en los países ricos y la pobreza en los pobres. Señalan entonces la importancia de ubicar en el centro del desarrollo a los países ricos y en la periferia a los países subdesarrollados. Para la CEPAL, el pensamiento desarrollista, fue y es el pensamiento central sobre la condición estructural de la región.

En este proceso destacó también Ruy Mauro Marini —sociólogo marxista— quien daría sustento desde la economía política a la visión dependentista. Según él, América Latina es determinante para el proceso de acumulación de capital a nivel mundial. La visión dependentista, si bien ha sido una de las más sustentadas desde varios frentes, en su momento nubló la visión hacia diversos factores que desde adentro de los países contribuyen al "subdesarrollo", como son todos los procesos políticos y de democratización interna. Una parte del análisis que será importante tener presente al mismo tiempo que se revisan otras visiones del proceso es la que se dio a través del sociólogo Manuel Medina Echavarría, que introduce otros elementos y que incluye una visión de la realidad latinoamericana de heterogeneidad estructural; es decir con rasgos de modernidad y un profundo rasgo de tradicionalidad en sus estructuras sociales, económicas y políticas. Medina Echavarría no cae en la visión del dualismo estructural de algunas corrientes de la época y expresa claramente la coexistencia de ambas características en las estructuras económicas, políticas y sociales latinoamericanas.

Uno de los elementos principales que introdujo este sociólogo para el análisis de la situación latinoamericana fue la hacienda, unidad prioritaria en la economía tradicional, que adopta fácilmente elementos de modernidad. Es importante señalar que esta unidad no sólo da aportes para el análisis económico, sino político y sociológico de América Latina. Así, esta visión asumió que si bien el capitalismo en la región es la forma fundamental de producción y reproducción de las relaciones económicas y sociales, éste se encuentra manifiesto en diferentes etapas en la región. La existencia de diferentes etapas en la economía de una estructura, implican movimiento a diferentes ritmos y velocidades, cuando no en diferente sentido. En este sentido, el discurso de Raúl Prebish, —que fundamentalmente apoyaba la sustitución de importaciones, pero no en desmedro del apoyo al sector agropecuario, ni gravando a este último para apoyar el crecimiento industrial, sin que la industria generara el empleo que se esperaba— argumentaba que fue la sustitución de importaciones de manera indiscriminada y no planeada la que provocó un colapso en las relaciones sociales en el campo. Así, lejos de posturas que se le han adjudicado, el siguiente párrafo de Prebish evidencia su postura crítica al modelo de sustitución instrumentado:

Esta política de desarrollo interno hace absolutamente necesario para los países en desarrollo emprender con determinación una serie de transformaciones en sus estructuras y actitudes, ahí donde esto aún no se ha hecho. Y esto también requiere adherir a la disciplina de un plan de desarrollo, estimular el comercio recíproco mediante grupos de integración regional y subregional, y promover medidas interregionales para la expansión del comercio9.

Ya a mediados de la década de los 60, la estrategia de sustitución de importaciones comenzaba a dar señales de fracaso. Había generado inflación, no competitividad en la calidad de la producción y disminución en la tasa de crecimiento. Las importaciones habían crecido y la generación de recursos internos no daba para pagarlas, así, la deuda también comenzó a crecer hasta que se hizo impagable. El camino debía apuntar hacia otra estrategia y otros actores.

Hasta aquí, la CEPAL siguió lidereando la definición de las políticas de la región, y estableció dos pilares que hasta la fecha siguen siendo tales: 1) el proceso de integración regional y 2) la liberalización de políticas comerciales y financieras10.

  Notas


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