La perspectiva de género en el desarrollo sostenible
La equidad de género es un requisito sine-qua-non para el
logro del desarrollo sostenible por que no se puede negar que las mujeres,
constituyendo la mitad de la humanidad, tienen un acceso mucho más limitado
a los recursos sea naturales, económicos o culturales que los hombres, y que
este desequilibrio tiene efectos sociales negativos.
La perspectiva de género permite estudiar y comprender las
asimetrías que existen entre hombres y mujeres. La función y situación
social de hombres y mujeres es muy diferente, ya que mientras los hombres,
en la gran mayoría de las culturas, gozan de un estatus privilegiado que les
permite obtener mejores salarios, más oportunidades de educación y empleo,
la mujer se encuentra subordinada en un orden androcéntrico que la limita en
todas las esferas de la actividad humana.
El hecho de que la mayor parte de la propiedad privada esté
en manos de los hombres tiene consecuencias sociales de largo alcance y
profundas repercusiones en la estructura misma de las sociedades y que,
entre otros, resulta en la feminización de la pobreza. La falta de derechos
iguales al acceso y propiedad de la tierra y a la herencia tienen como
consecuencia el empobrecimiento y la inseguridad en las familias.
Además, como el proceso de globalización ha ahondado las
diferencias de riqueza, éste, a su vez ha ido en detrimento de la situación
de las mujeres. Si en 1980 la proporción era de 1 persona rica por 20
pobres, a afines de los noventa esa proporción había aumentado de 1 por 60,
recayendo la pobreza en mayor medida entre las mujeres que llegan a casi 70%
de las mil trescientas millones de personas que viven en la pobreza en el
mundo. De las cincuenta mil personas que mueren diariamente por malas
condiciones de sanitarias, vivienda, aguas contaminadas, una mayoría son
mujeres y niñas. De los novecientos millones de analfabetos del mundo, las
dos terceras partes son mujeres. La mayoría de desnutridos y hambrientos son
mujeres y niñas. (PNUD, 1996) Entonces este gran desbalance entre los
géneros va contra el principio de equilibrio.
La perspectiva de género, además, permite distinguir los
diferentes aportes de mujeres y hombres a la sociedad. Por ejemplo, la
contribución económica de las mujeres hasta hace poco era invisibilizada en
las estadísticas que no hacían una desagregación por sexos.
Las mujeres cumplen una función crucial en la sociedad, no
sólo en el aspecto reproductivo, --que a pesar de su importancia ha sido
desvalorizado y que, en la gran mayoría de los países, carece de
reconocimiento económico -- sino que también su participación en la
economía, la educación de sus hijo/as y la reproducción cultural es la que
permite la continuidad de las sociedades.
Género y Medio Ambiente
Las relaciones medio ambiente y género hay que analizarlas
en el contexto de la evolución y de la ecología de los sexos, que nos
permite comprender por qué "los comportamientos de los hombres y las mujeres
han evolucionado de forma diferente". (B. Low, 2000) De ello han derivado
complejas construcciones sociales que, hasta ahora, han resultado
desventajosas para la mujer pero que no son naturales ni necesarias.
La división sexual del trabajo determina ciertos roles para
los géneros que varían mucho en las diferentes culturas y, a su vez, un uso
y conocimiento diferenciado de los recursos entre los sexos. En el área
rural del Tercer Mundo, donde existe una mayor dependencia de los recursos
naturales, el tiempo dedicado a las labores productivas y reproductivas
depende de los recursos naturales disponibles. En los ecosistemas pobres,
con suelos de baja fertilidad o áridos, la carga de trabajo de las mujeres
es mucho mayor porque éstas están encargadas, frecuentemente de recoger la
leña, proveer el agua y además participan en la siembra, el deshierbe y la
cosecha. Mientras que los hombres realizan las tareas que requieren mayor
fuerza física, como el arar la tierra, los trabajos de construcción o el
recojo y almacenamiento de la cosecha.
Las mujeres en la mayoría de las culturas están encargadas
de la alimentación y del cuidado de la salud y, por tanto, tienen un mayor
conocimiento de las plantas medicinales y alimenticias silvestres. Mientras
que los hombres conocen mejor los suelos, las especies comerciales, los
animales para la caza y los materiales de construcción.
En consecuencia para analizar la situación y estatus de
mujeres y hombres en los diferentes ambientes del planeta resulta de gran
importancia considerar el acceso a los recursos, el grado de desarrollo de
la economía, la tecnología disponible y el orden jurídico que permite o no
mejores y mayores oportunidades para las mujeres.
En las sociedades industriales, por ejemplo, donde los
hombres tienen en su manos las actividades productivas, se prioriza la
ganancia por sobre la conservación del ambiente. Y las mujeres participan en
condiciones muy desiguales y desventajosas en el mercado laboral,
frecuentemente en los servicios, como obreras en la manufactura o en la
maquila. La menor posibilidad de acceso que tienen a la educación les impide
conseguir trabajos bien remunerados. Todavía muy pocas mujeres ocupan
puestos gerenciales y directivos de las empresas o en la administración
pública.
Además en las sociedades altamente industrializadas, donde
las mujeres tienen de uno a dos hijos o ninguno, y cuentan con mayor acceso
a tecnologías para disminuir el trabajo doméstico, así como otras
facilidades como guarderías y leyes que las favorecen, no necesitan invertir
mucho tiempo en el trabajo reproductivo, por lo que pueden más fácilmente
incorporarse al mercado laboral y, por lo tanto, las asimetrías de género
tienden a disminuir, a pesar de que todavía no se ha logrado su plena
participación en todas las esferas públicas y políticas en igualdad de
condiciones.
Mientras que en los países en desarrollo la situación de las
mujeres resulta mucho más desventajosa debido a que tienen que invertir
demasiado tiempo en el trabajo reproductivo, frecuentemente de varios
hijo/as. Además se ha incrementado el número de mujeres que son cabeza de
familia y que se ven enfrentadas a las duras condiciones de tener que
mantener a sus hijo/as sin ningún apoyo.
Por otra parte, las enfermedades de origen ambiental afectan
de forma diferente a las mujeres y los hombres. Si bien la mujer en general
es más resistente a las enfermedades, muchos productos químicos afectan su
ciclo reproductivo. La creciente contaminación de las aguas con compuestos
químicos tóxicos y la contaminación del aire que es mayor en los centros
industriales y en las barriadas donde habitan los pobres tiene mayor impacto
negativo en la salud de las niñas y niños y en las mujeres en edad fértil.
La vida en ambientes hacinados e insalubres de las
periferias urbanas donde frecuentemente se encuentran las industrias que
emiten gases y descargas líquidas contaminantes va en detrimento de toda la
familia, pero particularmente de los que pasan más tiempo en ese medio, que
son los niños y las mujeres. Asimismo, la falta de agua potable,
alcantarillado, servicios de recojo de basura y de fuentes energía
significan una carga mayor al trabajo de la mujer que tiene que ocupar gran
parte de su tiempo en proveer estos servicios.
Los agrotóxicos afectan en mayor medida a las mujeres
lactantes y embarazadas, así como al crecimiento de los niños. Por ejemplo,
lo/as niño/as de las zonas altamente contaminadas han mostrado una mayor
incidencia de tumores cancerígenos y los neonatos malformaciones congénitas.
La proliferación de enfermedades repercute mucho más
negativamente en la situación de la mujer porque ella es la primaria
prestadora de salud en la familia y no sólo tiene que dedicar más tiempo al
cuidado de los enfermos, sino que sobrelleva la mayor carga emocional del
estrés que conllevan estas situaciones.
Las mujeres, asimismo son más vulnerables en caso de
desastres naturales, sequías y cambios climáticos porque los hombres tienden
a migrar más rápidamente dejando a las mujeres, los niños y lo/as anciano/as
en sus comunidades, y las mujeres son las que se ven obligadas a sobrellevar
la parte del león del mantenimiento de la familia, en condiciones adversas.
Estos ejemplos sirven para mostrar que la situación de la
mujer desde el punto de vista social y ambiental es mucho más desventajosa,
y que es tarea del desarrollo sostenible cambiar esta situación.