|
Parte 1 / 2

"Pachamama ha supuesto para
nosotros no sólo una manera diferente de ver Perú, sino una forma distinta
de ver la vida. Disfrutamos mucho de las bellezas naturales y
arqueológicas del país, pero sobre todo resultó muy interesante descubrir
la solidaridad que existe entre la gente y su hospitalidad con el viajero.
La atención recibida fue excepcional, así como la calidad de las
excursiones y los tours turísticos."
Juan Antonio Robles Toro y Sonia
Cardo
Turistas de España
Opinión de la cooperativa de turismo peruana
Pachamama
El turismo en zonas rurales como herramienta de
desarrollo local
Tras la firma del Tratado de Roma de 1958 y la aparición
en 1962 de la Política Agrícola Común los objetivos perseguidos han tenido
un sesgo proteccionista y productivista. Se buscaba incrementar la
producción agrícola, elevar el nivel de renta de los agricultores, la
estabilización de los precios agrícolas, asegurar el aprovisionamiento a
unos precios aceptables para los consumidores. Hoy en día nos encontramos
en plena crisis del modelo productivista de la agricultura. Vivimos una
transición que empezó con la modernización de la agricultura hacia un
futuro difícilmente previsible, con potencialidades diversas, para las
cuales los esquemas habituales de referencia ya no son de gran utilidad.
En determinadas zonas del territorio español se llevan
realizando, desde hace años, dentro del ámbito turístico, actividades
complementarias a la propia actividad productiva agraria, básicamente
centradas en el alojamiento turístico, y la elaboración de productos
artesanales, pero aumentan día a día el número de jóvenes del medio rural
que emprenden actividades nuevas relacionadas con el turismo en espacios
naturales y rurales, tales como el agroturismo1, el establecimiento de
nuevas rutas de senderismo, actividades de aventura, viajes en globo,
paseos a caballo, y un largo etcétera, cuya enumeración se escapa al
objetivo principal de este trabajo.
Parte de estas nuevas actividades se engloban dentro de lo
que se conoce como Turismo Rural, que definiremos como cualquier actividad
turística o de esparcimiento que se desarrolle en el medio rural y áreas
naturales, compatibles con el desarrollo sostenible. Turismo Rural, en
síntesis, se define de este modo por el ámbito en que los turistas o
visitantes desarrollan sus actividades, más que por el contenido de las
tareas que realizan. Así, la base de este tipo de turismo es el medio
rural en un sentido amplio, el que posee un interesante patrimonio
natural, histórico-cultural y arquitectónico que despierta el interés de
las personas que habitualmente viven en el medio urbano y que están
dispuestas a invertir parte de su tiempo libre y recursos en reencontrarse
en muchos casos con sus orígenes, o simplemente explorar formas o lugares
para disfrutar de nuevas experiencias recreativas más auténticas y
singulares.
Según la Secretaría de Turismo, en los últimos años, el
turismo basado en la naturaleza ha experimentado una subida de un 20%
frente al débil incremento del turismo convencional con una tasa de un 4%
(Secretaría General de Turismo, 2000). Las fórmulas de turismo alternativo
al de sol y playa, especialmente el rural, permiten, por tanto, el acceso
a un mercado donde la competitividad está vinculada a la calidad de las
vivencias que el turista obtiene y por las que está dispuesto, en muchos
casos, a pagar altos precios.
En un primer momento, el turismo rural se identificó con
el tipo de alojamiento que se ofertaba. Posteriormente, el hecho de
desplazarse al medio rural con la finalidad de disfrutar del paisaje y el
entorno, aunque fuera de forma pasiva, se convirtió, junto al alojamiento,
en referente y principal motivación del turismo rural.
El binomio turismo rural - alojamiento sirvió para
recuperar la arquitectura rural, casas de labranza tradicionales, masías,
hórreos, molinos rehabilitados, etc. además de los utensilios
tradicionales en torno a los cuáles se proyectaron museos etnográficos
locales, etc., incorporándose a la oferta turística del destino.
En un momento dado, el turismo rural evoluciona en función
de las exigencias de los consumidores que adoptan un papel activo, es
decir, participan de las actividades que les ofrece el destino que
visitan, e incluso demandan otras nuevas. De esta manera, tanto las
características propias al entorno, (el alojamiento o los recursos
naturales y rurales), como las actividades recreacionales y deportivas que
se proponen, imprimen al lugar un atractivo único y ayudan a configurarlo
como oferta turística rural (VIÑALS, M.J. 1999).
El turismo así contemplado supone un importante
complemento de las rentas en el medio rural, e incluso en algunas zonas se
convierte en la actividad principal sustentadora de la economía local.
Entre sus importantes efectos positivos cabe destacar:
- Repercusiones económicas. La actividad turística en el entorno rural
provoca la diversificación de la economía, rompiendo con la práctica
exclusividad de la actividad agraria, y generando rentas
complementarias. El turismo se traslada además de forma significativa al
resto de los sectores económicos: facilita la permanencia de las
actividades y explotaciones agropecuarias, permite la comercialización
in situ de la producción ganadera y agraria, y colabora de forma notable
a la preservación de la artesanía autóctona.
- Repercusiones medioambientales. Las más significativas son las que
tienen que ver con la sensibilización por la protección y conservación
del medio ambiente, así como la recuperación del patrimonio natural y
arquitectónico rural.
- Repercusiones sociales. Las principales consecuencias para la
población local son la mejora de su nivel de vida, la disminución del
éxodo rural y la creación de nuevos puestos de trabajo.
Es importante destacar que no todo son efectos positivos,
también provoca efectos negativos. Éstos vienen provocados por la falta de
ordenación del territorio, y de planificación y control de las actividades
turísticas, que a largo plazo pueden desembocar en el abandono de las
actividades tradicionales, la degradación y deterioro de los espacios
naturales, el incremento de los índices de contaminación, y pérdida de
autenticidad de la cultura autóctona.
Todo ello generaría a su vez la desaparición de aquellos
atractivos que en su momento provocaron la elección de estos entornos
rurales como destino turístico, dificultando el desarrollo económico
futuro de las comarcas afectadas.
Una de las vías para evitar los efectos negativos es la
apuesta por un desarrollo sostenible, el cual no puede ser concebido sin
la previa ordenación del territorio por parte de la Administración; así
como la planificación de las actividades y productos a comercializar, por
parte de las empresas privadas y sus asociaciones.
Se debe tener presente que en todo este proceso, el
turismo rural cumple un papel más importante que el puramente económico,
ya que supone una fuente de revitalización social en el medio rural, de
ahí la necesidad de asociarse no sólo por razones de viabilidad económica
sino más bien como cauce para la construcción de una "imagen de marca" del
territorio que tenga en cuenta a las personas que lo habitan. Esa "imagen
de marca" debe ser construida con la participación directa de los agentes
conocedores del territorio. Los habitantes del medio rural deben jugar un
papel decisivo de mediación entre su medio y el visitante. El medio rural
no es solo un paisaje, no puede interpretarse adecuadamente sin la
intervención de la persona rural que lo habita. Las personas moldean su
espacio vital a la vez que éste les confiere su identidad. En este
sentido, el turismo rural no puede limitarse únicamente a ofrecer
alojamiento. Debe basarse en la autenticidad de la relación entre el
visitante y los que viven en el territorio y un acercamiento a la realidad
de sus pobladores. En palabras de Carmen Lorés Domingo: "habrá que buscar
seguramente un sabio equilibrio entre el apoyo institucional, la
iniciativa privada de fuera de las zonas y de los propios habitantes".
|