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Parte 2 / 2
La cooperativa como opción empresarial en el turismo
rural
"Si el turismo en zonas rurales puede ser una buena
herramienta de desarrollo, si la cooperativa puede ser es una fórmula
empresarial adecuada para el desarrollo local, entonces desarrollar el
turismo rural a través de cooperativas podría ser lo aconsejable..."
¿Es un silogismo? Varias son las razones que apoyan la
idea de desarrollar proyectos turísticos basados en la cooperación.
En primer lugar existe una primacía de la persona, de ahí
la necesidad de que la población pueda expresar su opinión para definir un
proyecto común de cooperación. De este modo, la gestión del turismo rural
quedará en manos de los rurales y se garantizará la propiedad del producto
y su identidad. Es la mejor forma de asegurarse que el desarrollo rural
propiciado por el turismo responda a las expectativas de la población y no
a los intereses económicos de las agencias de turismo convencionales con
intereses legítimos pero no siempre acordes con los de la población
autóctona.
En segundo lugar, otra razón para defender un proyecto
turístico basado en la cooperación es que éste requiere de una oferta
complementaria de calidad y de un proceso formativo de la población sólo
posible desde una visión integradora y democrática del territorio. Así se
podrá hacer frente a las amenazas que hoy se ciñen sobre el medio rural a
raíz del desarrollo del turismo, a saber:
- Ante el declive de la actividad agraria se puede convertir el
turismo rural en el nuevo "monocultivo" con el riesgo que esto supone
para la viabilidad futura del medio rural.
- La reproducción del modelo de desarrollo turístico del litoral de la
mano de organizaciones empresariales poco sensibles a la realidad del
medio rural y a su cultura, con la consiguiente desnaturalización de su
identidad.
- El deterioro del medio ambiente debido a actividades con un fuerte
impacto ambiental elimina la posibilidad de valorizar los recursos
naturales y patrimoniales.
En tercer lugar, los mismos conceptos utilizados en otros
ámbitos de la economía de la empresa, pueden ser aplicados a las empresas
generadas en el medio rural. Tradicionalmente los empresarios del medio
rural han sido los empresarios agrarios, con características diferenciales
respecto de otros sectores que tendían a dificultar la planificación de la
gestión, debido a la importancia que, en este medio, cobran factores como
la meteorología, las alteraciones fisiológicas, y las decisiones políticas
nacionales y/o internacionales. Los años de experiencia y los
conocimientos que se han trasmitido de padres a hijos han ayudado al
mantenimiento de explotaciones, pero en la actualidad la necesidad de
afrontar nuevos objetivos obliga a la incorporación de profesionales
formados en las nuevas tecnologías, y en planificación y gestión de las
actividades que se pretenden desarrollar. El encaminar la actividad en la
dirección adecuada, va a depender en gran medida, de cómo se estructure la
organización de la empresa que se va a constituir. La elección que se
realice en ese sentido va a afectar a la toma de decisiones en la gestión,
y al tipo de proyecto empresarial y visión de futuro que para el mismo se
plantea, es decir, ¿queremos poner en marcha una actividad con
perspectivas de ser perdurable en el tiempo, que permita consolidar
puestos de trabajo estables, y contribuir al desarrollo del entorno rural
en el que se establece?
Para responder a dicha pregunta se debe tener presente que
es enormemente difícil que cada una de los pequeños propietarios o
emprendedores que realizan actividades de turismo rural en una comarca
gestione su empresa, realice la comunicación, promoción y comercialización
de forma individualizada. Si se tiene en cuenta que gran parte de las
experiencias de turismo rural en la actualidad se basan en el alquiler de
alojamientos rurales, es decir, que son actividades que en sí mismas no
tienen carácter empresarial, la organización y explotación de la actividad
de forma conjunta mediante la asociación de sus propietarios se hace, si
cabe, imprescindible para su supervivencia.
Las cooperativas pueden realizar actividades muy variadas,
lo cual permite diversificar el riesgo, y la rotación de actividades
temporales aumentar la rentabilidad alcanzada. Habría que plantearse la
diversificación no sólo como una cuestión económica donde confluyen
intereses privados tratados por soluciones exclusivamente de mercado, sino
más bien considerar las facetas de bienes sociales que proporciona el
medio rural. Dicha diversificación de las actividades no agrícolas del
agricultor que pasa a ser un "empresario rural" debe ser abordada desde un
punto de vista grupal o familiar puesto que para realizar actividades
variadas en el espacio y en el tiempo va a ser necesaria la coordinación y
el trabajo en equipo de un grupo de personas con un proyecto en común. En
las regiones con un modelo productivo deficiente en cuanto a estructura y
tamaño de la explotación, el uso de fórmulas asociativas como la
cooperativa puede resolver problemas de atomización empresarial que
dificultan la modernización de la agricultura y exigen actividades
alternativas. Es en este contexto donde el cooperativismo puede aportar su
experiencia y erguirse en una alternativa al modelo de desarrollo
tradicional.
En esta línea de actuación han venido surgiendo en los
últimos diez años, de forma espontánea, diferentes experiencias
cooperativas vinculadas al entorno rural en numerosas zonas del territorio
español. Estas experiencias desarrollan una serie de actividades que
persiguen no sólo la creación de auto empleo y el desarrollo de una
actividad económica que permita el mantenimiento de sus miembros, sino que
paralelamente, muestran su compromiso con el desarrollo de las zonas en
las que operan a través de la participación, promoción y realización de
una variedad de actividades de carácter local, social y cultural.
Muchas de estas cooperativas mantienen relaciones
informales entre sí y con los actores claves de las zonas donde realizan
sus actividades, y colaboran unos con otros de forma puntual en diferentes
proyectos de desarrollo. Sin embargo, y a pesar de su dinamismo, su
nacimiento y evolución como colectivo catalizador, en ocasiones, del
desarrollo local en una zona, se han producido de una forma espontánea,
sin coordinación, ni objetivos globales comunes a largo plazo, ni
estrategia de actuación común. En definitiva, carecen de un marco que las
encuadre dentro del medio rural, que identifique los beneficios no sólo
económicos sino también sociales, culturales y medioambientales de sus
actuaciones (FERNANDEZ, M. 2002).
Conclusiones
El turismo rural es un motor para el crecimiento de las
economías locales, contribuyendo a su diversificación por sí mismo y por
su potente efecto multiplicador.
Las cooperativas, al igual que han demostrado en otros
sectores, se están manifestando como una fórmula idónea para desarrollar
actividades turísticas en el entorno rural: por una parte permiten una
importante reducción de los riesgos económicos; y por otra, es la mejor
forma de asegurarse que el desarrollo rural propiciado por el turismo
responda a las expectativas de la población y no a otros intereses
económicos externos y menos sensibles a la protección de los recursos
naturales y culturales de cada zona o región.
La constitución de cooperativas de turismo rural en la
Comunidad Valenciana no ha supuesto sólo una vía de complementar las
rentas agrarias, sino que en muchos casos la incorporación de ciertos
socios a las cooperativas se produce con el fin de recuperar un patrimonio
rural familiar gracias a las subvenciones existentes, y/o para obtener una
pequeña renta extra a sus ingresos no agrarios; de la misma manera que
para los trabajadores agrarios supone un complemento a sus rentas que les
permite continuar con sus explotaciones. En cualquier caso se puede
considerar interesante el fomento de estas actividades como medida que
evite el despoblamiento de las zonas de interior y contribuya al
mantenimiento y mejora de la calidad de vida de las familias rurales.
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