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Parte 1 / 2
Desarrollo local, regional e institucional
Con
E.F. Schumacher sostenemos que el desarrollo no comienza con las
mercancías, sino con la gente, su educación, organización, disciplina y
creatividad. Sin estos requisitos, todos los recursos permanecerán como un
potencial latente sin descubrir, como una lozanía sin explorar y fecundar.
Hoy nuestro hombre del campo y la ciudad debe ser cada vez
más eficaz, cada día más eficiente ya que le está permitido soñar y lograr
progresos espectaculares como ya lo ha demostrado sobradamente. Producir
no se limita a la ejecución correcta de tareas mecánicas, sino que es
también dar nacimiento a nuevas ideas. Esas ideas son el combustible
energético de las innovaciones.
Recordemos que existen países prósperos con una mínima
base de riqueza natural y hemos tenido, abundantes oportunidades de
observar la primacía de los factores inmateriales después de la guerra.
Todo país, no importa lo devastado que estuviera, pero que
haya tenido un alto grado de educación, organización y disciplina, produjo
un ‘milagro económico’. Con el fin de acrecentar su eficiencia y de ir más
lejos aun en la búsqueda de ideas, proponemos la vía de la creatividad. De
esta forma se hará producir al hombre en su totalidad, incluido su
espíritu.
Un error que comete mucha gente es suponer que la única
forma de hacer algo es la tradicional. Se trata de salir del capítulo
cultural en que muchos nos encontramos y tomar en serio las exigencias de
la creatividad, autonomía y alejamiento de estereotipos socioculturales.
Para ello se debe superar el miedo, la apatía, la pereza,
la conformidad y la rutina. Ahora bien, si hablamos de promover el
desarrollo, ¿qué es lo que tenemos in mente: mercancías o gente?
Si es la gente, ¿qué gente en particular? ¿Quiénes son?
¿Dónde están? ¿Por qué necesitan ayuda? Si no pueden seguir adelante sin
ayuda, ¿cuál es precisamente la ayuda que necesitan? ¿Cómo hemos de
comunicarnos con ellos? La preocupación por la gente genera incontables
preguntas como éstas.
Las mercancías, por otro lado, no sugieren tantas
preguntas. Las mercancías dejan incluso de ser algo identificable, y
reconvierten en PNB, importaciones, exportaciones, ahorro, inversión,
infraestructura, etc.
Basándose en estas abstracciones se pueden construir
impresionantes modelos y es raro que dejen espacio para la gente. Por
supuesto que la población puede aparecer en ellos, pero nada más que como
una mera cantidad a ser usada como divisor después de que el dividendo,
esto es, la cantidad de mercancías disponibles, ha sido determinado.
Para nosotros, el desarrollo significó el desarrollo de
las materias primas, de los recursos alimentarios y de los beneficios
comerciales. El Poder colonial estuvo y está, principalmente interesado,
en recursos y beneficios, no en el desarrollo de los nativos lo que
traduce el interés prioritario por las exportaciones y transferencias
desde la colonia y no en su mercado interno.
Como vemos, según sucede, es mucho más fácil tratar con
mercancías que con gente.
Para Schumacher hay tres abismos entre los que tienen, los
que saben y los que viven en la ciudad...con los que no tienen, no saben y
viven en el campo...(lo que provocó una absurda y costosísima separación
entre industria y agricultura).
El primer problema de la ayuda para el desarrollo es cómo
construir un puente sobre esos abismos. Se necesita un gran esfuerzo de
imaginación, de estudio y de compasión para hacerlo.
Los métodos de producción y consumo, los sistemas de ideas
y de valores que les van relativamente bien a la gente educada y rica de
la ciudad, difícilmente se adaptan a los campesinos pobres y
semianalfabetos. Ellos no pueden de buenas a primeras adquirir la
apariencia y los hábitos de la gente sofisticada de la ciudad.
Entonces, nos parece, que si la gente no se puede adaptar
a los métodos, los métodos deberán adaptarse a la gente. Este es el quid
de la cuestión.
Lo dicho explica y predice escenarios posibles de países
en desarrollo, en donde se pueden encontrar plantas industriales
emplazadas en áreas rurales o suburbios urbanos, en las que un equipo
moderno de primera categoría puede encontrarse parcialmente activo la
mayor parte del tiempo debido a falta de productividad, organización
financiera, suministro de materias primas, transporte adecuado, ausencia
de mercados y dificultades para el marketing.
Asimismo, casi todos los denominados países en desarrollo
tienen un sector moderno donde las pautas de vida y trabajo son similares
a las de los países desarrollados, pero también tienen un sector no
moderno que cuenta con la mayoría de la población total, donde las pautas
de vida y trabajo no sólo son profundamente insatisfactorias sino que
están en un proceso acelerado de decadencia.
Luce así necesario que, por lo menos una parte importante
del esfuerzo por el desarrollo se concentre directamente, en la creación
Vg..; de una estructura agro-industrial en las áreas rurales y en las
pequeñas y medianas poblaciones.
"El nuevo pensamiento que se requiere para la ayuda y el
desarrollo será diferente del viejo en que considerará seriamente a la
pobreza, a los nuevos pobres. No podrá seguir adelante de modo mecánico
repitiendo: "Lo que es bueno para los ricos debe ser bueno también para
los pobres".
En otras palabras, el cálculo económico que mide el éxito
en términos de producción o ingresos sin ninguna consideración del número
de puestos de trabajo es bastante inapropiado en las condiciones aquí
analizadas, porque implica un enfoque estático del problema del
desarrollo.
Un enfoque dinámico presta atención a las necesidades y
reacciones de la gente cuya primera necesidad es comenzar con un trabajo
que les brinde alguna recompensa, aunque sea pequeña. Porque sólo cuando
experimenten que su tiempo y su trabajo tienen valor pueden interesarse en
hacerlo más valioso todavía. Por lo tanto, seria preferible que todo el
mundo produjese algo a que sólo algunos produzcan una gran cantidad, (Vg.
soja).
Un hombre sin empleo es un hombre desesperado y se ve
prácticamente forzado a emigrar. Ésta es otra justificación para afirmar
que la existencia de oportunidades de trabajo es la necesidad primaria y
debiera ser el objetivo básico de la planificación económica. Sin ella, el
drenaje de gente hacia las grandes ciudades o al exterior no podrá ser
mitigado ni menos aún detenido.
Por todo eso, al desarrollo local, regional e
institucional le importa la gente desde un punto de vista muy práctico.
¿Por qué será importante la gente? Porque la gente es la primera y la
ultima fuente de toda posible riqueza. Si se la dejara marginada, si es
utilizada por expertos de estilo personalista y planificadores
arbitrarios, nada puede dar un fruto real y humano.
Los puestos de trabajo tienen que crearse en áreas donde
la gente viva ahora, no principalmente en áreas metropolitanas, que es
donde la gente tiende a emigrar. Esos puestos de trabajo deben ser, por
termino medio, suficientemente baratos, de modo que puedan crearse en
grandes cantidades sin que ello exija un nivel de formación de capital e
importaciones imposibles de obtener.
Los métodos de producción empleados deben ser
relativamente simples, de modo que las demandas de altas especializaciones
sean minimizadas, no sólo en el proceso mismo de producción sin también en
asuntos de organización, abastecimiento de materia prima, financiación,
colocación de producción, etc.
Equipos y procesos simples, comprensibles, accesibles para
el mantenimiento y reparación ‘in situ’ Un equipo y un proceso simples,
normalmente dependen mucho menos de una materia prima de gran pureza o de
especificaciones exactas y se adaptan mucho más fácilmente a las
fluctuaciones del mercado que los equipos altamente sofisticados. Los
trabajadores se pueden entrenar o reentrenar más fácilmente, la
supervisión, el control y la organización son más simples y existe una
vulnerabilidad mucho menor a las dificultades desconocidas.
La producción debe estar principalmente basada en materias
locales y en lo posible destinarse buena parte al uso o consumo local,
interlocal y regional. Estos requisitos sólo podrán satisfacerse si
logramos un verdadero enfoque y diseño para el desarrollo local, regional
e institucional.
Modelos de desarrollo, formas de producción y trabajo
asociado
El tiempo en que el desarrollo se orientaba por pautas de
un único modelo de crecimiento, característica especifica de economías
indiferentes a los recursos del entorno, ha dejado paso a la diversidad de
modalidades de desarrollo, una de cuyas condiciones más importantes es su
vinculación con la gente y el territorio.
En este punto debe advertirse que los diseñadores de
planeamientos estratégicos e industriales serán evaluados en la
funcionalización que se convierte sin duda, en el indicador del grado de
resolución integral alcanzado en el proceso de diseño y su aporte a una
mejor calidad ambiental y de vida, armonizando función, tecnología y
ambiente.
La mayor relevancia y protagonismo del espacio local se
asocia a las economías locales basadas en la diversidad y dinamismo de la
pequeña empresa y a la importancia y conservación de los recursos
estratégicos que lo posibilitan.
Esta recuperación tiene su origen, unas veces en la
descentralización productiva, en la nueva organización del proceso de
producción basado en la división del trabajo entre empresas y la
cooperación interempresarial; otras veces pero su origen, se encuentra en
iniciativas empresariales locales.
Unas y otras, en cualquier caso, responden a la necesidad
de diversificar la producción como aproximación a la variedad de los
mercados. Por ello se hallan estrechamente ligadas a ese marco local,
económico, social y cultural, hasta caracterizar la estructura productiva
de esas economías.
La articulación y redes de empresas, el mercado local del
trabajo, la innovación continua y la mayor y mejor cualificación del
trabajo confieren un renovado protagonismo a las iniciativas empresariales
de pequeña escala (Art.23 Ley 24.467).
Igualmente se ha revalorizado en este proceso el papel del
entorno como condición de los procesos económicos y de industrialización.
Ha introducido en el análisis del desarrollo, muchas veces exclusivamente
económico, el concepto espacial, entendido como la elevada interacción
existente entre actividad económica y sistema de valores locales.
Ello conduce, por tanto, al entendimiento de una
heterogeneidad de modelos locales de desarrollo, esto es, a la existencia
de una diversidad de opciones a seguir y a la especificidad económica,
cultural y social, como rasgos definitorios de esas modalidades de
crecimiento, y ello, frente a la uniformidad que supo caracterizar el
modelo de industrialización, desarrollo y crecimiento anterior.
El espacio local para el desarrollo, viene a ser el
conjunto de interdependencias de orden productivo y sociocultural
existentes en el ámbito local y microregional.
Sobre estas interdependencias se sustentan estrategias
diferenciadas de desarrollo, de técnicas y organizaciones productivas
diversificadas y de las diversas iniciativas autónomas de trabajo, como
nuevos procesos económicos basados en los recursos, inversiones,
iniciativas y creatividad local.
Todos ellos ponen de manifiesto la estrecha relación
existente entre economía, entorno y empresariado local y regional como
elementos estructurales de los sistemas productivos actuales de pequeña
escala y las formas de innovación a ello asociados, potenciado este factor
por una creciente concientización relativa al tema en cuestión.
Así, junto a la creciente imbricación productiva entre
empresas locales y regionales, se suma la cada vez mayor diversidad y
multiplicidad de actores económicos, la formación progresiva de un mercado
del trabajo, una mayor capacitación profesional y las formas de innovación
que ello supone; la emergencia de un mercado y, finalmente, la novedosa y
creciente intervención de las instituciones (Vg.: municipios) en la
economía local.
Aparecen todas ellas como otras tantas dimensiones
estructurales de los modelos locales y regionales de desarrollo en
formación y de su elevada incidencia en la organización productiva de
tecnología flexible y pequeñas unidades de producción, ahora recuperadas.
Es que un genuino enfoque regional o de distrito para el
desarrollo, requiere de una tecnología apropiada para que un puesto de
trabajo resulte productivo dentro del entorno local y en consecuencia se
adecue a un distrito formado por áreas rurales y pequeñas o medianas
poblaciones.
Desde esa perspectiva, la nueva organización del sistema
productivo torna relevante y otorga un renovado protagonismo a la pequeña
empresa. Ahora bien, la reestructuración productiva actual se basa en gran
medida en el retorno de la pequeña empresa, entendida aquí como red de
microempresas. Se trata de una diversificación interna que sigue a la
reorganización de las grandes unidades de producción, comercialización,
tecnología y de servicios.
Es un proceso que requiere también, tierras suficientes
como para constituir nuevos espacios productivos, dando lugar a una
infraestructura de descentralización del desarrollo vinculado a la
división del trabajo entre empresas.
Es, con frecuencia, la forma que reviste en estos momentos
de reestructuración la recomposición de los procesos productivos. La
estrecha interacción con el entramado de recursos humanos, naturales,
sociales, económicos, culturales e institucionales locales e interlocales
regionales, facilita que la producción se inserte en el ambiente económico
y social local.
Pierde peso así, la centralidad de la fábrica como espacio
privilegiado de producción, indiferente al entorno y da lugar a la
formación de tejidos productivos diversos y espacios empresarios
virtuales. Lleva consigo en consecuencia, un efecto dinamizador para los
espacios locales.
Las distintas fases del proceso de producción aparecen
ahora distribuidas entre distintas empresas, pequeñas y medianas, las que
se reservan la producción global y aquellas otras, - famiempresas,
empresas personales, miniempresas, talleres, etc.- que comparten fases de
ese mismo proceso, origen frecuente de los fenómenos de difusión
industrial y descentralización productiva.
El nuevo conjunto productivo, configurado por empresas de
distinta escala, pone de relieve una de las dimensiones de la
complementariedad necesaria al desarrollo en las economías industriales:
la pequeña industria descentralizada e interdependiente, las iniciativas
locales empresariales y la gran empresa establecen distintas modalidades
de producción, que no necesariamente habrán de ser contradictorias, sino
compatibles.
Esta prospectiva del desarrollo local evidencia la
diversidad y multiplicidad de los resortes de crecimiento asociados al
mayor dinamismo de la pequeña empresa en el momento actual.
También, puede ayudar a relativizar y centrar la
concepción de desarrollo local hasta ahora vigente y más aun, abrirnos el
horizonte dejándonos ver las posibilidades de desarrollos intermunicipales
y regionales.
Los cambios apuntados respecto a la organización
productiva y territorial de la gran empresa han abierto, así, nuevas
perspectivas al desarrollo local e interlocal. La descentralización
productiva y la dinamización del espacio local posibilitan la promoción
del desarrollo desde distintas escalas:
- Abre otras posibilidades a la gran empresa para contribuir al
desarrollo de los distintos espacios económicos.
- Confiere mayor protagonismo a las economías de pequeña escala,
diversificándolas más en el territorio.
- Facilita el acceso a la iniciativa empresarial a mucha gente y más
diversa.
- Devuelve el protagonismo al espacio local y revaloriza su potencial
de recursos humanos y naturales para la promoción del desarrollo.
- Aporta elementos para la reducción de las desigualdades naturales y
desequilibrios generados en los distintos espacios locales e
interlocales.
Hasta aquí, se han expuesto situaciones pertenecientes a
cambios estructurales, que encierran posibilidades reales de desarrollo
humano, desde la conjunción de decisiones económicas de distinta escala.
Estos procesos, sin embargo, no generan por sí mismos
desarrollo local o interlocal regional sino que hay que promoverlo
políticamente con lo que nos estamos refiriendo a la necesidad de la
intervención publica, preferentemente municipal e intermunicipal (obra
pública), también nos referimos a la reversión del circuito de la
coparticipación de Nación, Provincias Municipios a Municipios, Provincias
Nación cosa que, en justicia y eficiencia antiburocrática, nunca debió ser
de otro modo.
Ahora bien, es necesario acotar también que la promoción
de estos desarrollos locales debería complementarse con iniciativas
privadas, siendo válido acotar que para ambos actores o figuras (ámbito de
la función pública y privada) la base o raíz para llegar a semejante grado
de visión de progreso local/regional proviene de un proceso de educación
conceptual que necesariamente insume períodos de tiempo que van más allá
del corto plazo, educación que de modo imprescindible debe un sólido
basamento ético si se quiere garantizar un éxito sostenido en el futuro.
En consecuencia, esa complementariedad a la que se alude
requiere de una articulación entre los distintos ámbitos, entre los
distintos actores que promueven estrategias de desarrollo.
La movilización de recursos humanos y naturales en el
espacio local e interlocal y la multiplicación de resortes económicos,
financieros y tecnológicos, exigen que el desarrollo sea la conjunción y
coordinación entre economías de escala y economías de diversidad que
confluyen en territorios específicos. Desde tal punto de vista, la
complementariedad es una de las condiciones básicas para promover
desarrollo y crecimiento equitativo.-
La generación (fideicomiso de bienes municipales) y
reorientación de la gestión publica de los recursos locales juega en este
contexto, un papel más que importante para promover iniciativas de
desarrollo.
Sólo serán iniciativas de desarrollo desde una concepción
integrada, tanto si se promueven por la contribución de la pequeña
empresa, como por la de las economías de escala, de manera que al generar
riqueza consoliden un tejido empresarial local equitativo e iterativo.
Esta reorientación de la gestión pública reduce el
carácter asistencial de los recursos públicos (municipales) a favor de una
inversión activa y eficiente que promueve capacidades endógenas de y en
esos espacios, como diría SEN los derechos como capacidades.
La movilización de los resortes propios de los distintos
espacios presupone la conjunción de estrategias públicas y privadas,
independientemente de su escala o nivel.
Resultado de esta movilización es la comprensión de los
espacios de desarrollo como lugares en los que confluyen de forma
cambiante elementos de atracción, oportunidades económicas, redistribución
de recursos y cuantos elementos contribuyan a su generación y encuentros.
Se trata de una concepción abierta del desarrollo, que supera desde esta
perspectiva lo que de negativo tiene la concepción cerrada del desarrollo,
propia del modelo de crecimiento vinculado a las economías de
aglutinamiento basadas sólo en la gran empresa y el crecimiento también
concentrado, sin una justa distribución que se corresponda con un justo,
digno y equitativo desarrollo humano (art. 75 inc. 19 y cc. de la C.N.).
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