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ISSN 1913-6196

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 El papel del cooperativismo en el desarrollo regional

Desarrollo Humano Sustentable

Roberto Fermín Bertossi

Parte 2 / 2

El enfoque local, regional o de distrito

Imagen tomada de Microempresa Américas del BIDRegionalismos globales

También, si hablamos de regionalismo en sentido más amplio, podemos extraer algunas ideas macro, una prospectiva global a desarrollar en lo local. En efecto, para la UE la integración europea es una promesa de estabilidad, prosperidad y poder, promesa mantenida desde hace mas de medio siglo y que se tiene la intención de extender a los países candidatos y emergentes para que sea la de todo un continente, por fin unificado.

La integración comunitaria responde en efecto al dilema de Europa; demasiado grande para formar un estado unificado y, demasiado pequeña para estar dividida.

El regionalismo es también una oportunidad para los países del Sur que se adentran decididamente en esta vía como el Mercosur.

La convergencia Norte-Sur de la que algo se sabe en Europa, no es el resultado automático de una zona de libre comercio. Precisa el complemento de políticas estructurales y una firme solidaridad financiera Norte-Sur.

Sería de temer que el mundo se organizase en grandes placas tectónicas comerciales dominadas cada vez más por grandes países industrializados. Sería también de temer que esas placas acabasen chocando unas con otras.

Finalmente, regionalismos sí, en plural, pero en un marco multilateral robusto basado en el derecho internacional y no en relaciones de fuerza.

Regionalismos locales

Una unidad política no es necesariamente el tamaño correcto para que el desarrollo económico beneficie a aquellos cuya necesidad es más grande.

En algunos casos puede ser demasiada pequeña, pero en la generalidad de los casos es hoy demasiada grande.

Tomemos por ejemplo el caso de China o de la India. La India es una unidad política muy grande y desde muchos puntos de vista no podemos menos que desear que esta unidad se mantenga. Pero, si la política de desarrollo se ocupa sólo o principalmente de =La-India-como-un-todo", la corriente natural de las cosas concentrará el desarrollo en algunas áreas metropolitanas, en el sector moderno.

Vastas áreas del país, que contienen el 80 % más de la población, se beneficiaran muy poco y ciertamente pueden sufrir. De aquí los dos males: el desempleo masivo y la migración masiva a las áreas metropolitanas.

El resultado de ‘este’ desarrollo es que una minoría privilegiada ha incrementado grandemente sus fortunas, mientras que aquellos que realmente necesitan ayuda quedan más desamparados que antes. Si el propósito del desarrollo es brindar ayuda a aquellos que más la necesitan, cada municipio, región, partido o distrito dentro del país, necesita su propio desarrollo.

Esto es lo que queremos decir por un enfoque local y regional.

Otro ejemplo puede tomarse de Italia, un país relativamente rico. El sur de Italia y Sicilia no se desarrollan como resultado del crecimiento económico en "Italia-como-un-todo". La Industria italiana esta concentrada principalmente en el norte del país y su rápido crecimiento no disminuye, sino que, por el contrario tiende a intensificar el problema del sur. La competencia desde el norte destruye la producción del sur y lo vacía de todos sus hombres talentosos y emprendedores.

Para contrarrestar estas tendencias es necesario hacer esfuerzos conscientes, porque si la población de una región de un país determinado es ignorada por un programa de desarrollo, esa región llega a estar en peores condiciones que al principio, siendo arrojada al desempleo masivo y forzada también a una masiva migración.

En estos asuntos, es cierto, no es bueno dar definiciones rápidas y contundentes. Mucho depende de la geografía y las circunstancias. Unos cuantos miles de personas, sin duda alguna seria demasiado poco -o no- como para constituir ‘distrito’ para el desarrollo económico, pero unos cuantos cientos de miles de personas, aún muy dispersas geográficamente, pueden muy bien merecer el ser tratadas como tal.

Suiza esta dividida en más de veinte ‘cantones’, cada uno de los cuales es como un distrito de desarrollo, con el resultado de que hay una población y una industria bastante bien distribuidas y no existe una tendencia a la formación de excesivas concentraciones.

Resumiendo, cada ‘distrito local o interlocal’ idealmente hablando, debería tener algún grado mínimo de cohesión e identidad interna y debería poseer por lo menos cierta población que sirva como centro del distrito, distrito que tiene necesidad de una estructura cultural, económica, tecnológica y ambientalmente adecuadas.

  • Desarrollo local

  • Consolidación de las nuevas formas empresariales

  • Iniciativas de ocupación, empleo y trabajo asociado

  • Economías de pequeña escala, sistemas de producción flexible y entorno de recursos en que se desarrolla la actividad, recuperan un papel relevante como consecuencia de la descentralización productiva, la mayor interdependencia entre las empresas y las nuevas formas de empleo y trabajo asociado.

Estas estrategias de desarrollo y proyectos empresariales que antes parecían utópicas hoy se presentan como economías viables. No se podría llegar, no obstante, a la conclusión de un mayor protagonismo ahora reservado al desarrollo local y a la pequeña empresa como resultado exclusivo y de carácter inevitable de la reestructuración de las economías desarrolladas.

Las posibilidades de desarrollo basado en otra escala no es el efecto sólo de la reforma de la gran empresa. o, -en algunos casos- de su fracaso como modelo perenne.

Tampoco la comunidad industrial es el aglutinamiento simple de pequeñas empresas descentralizadas, efecto de la reorganización del sistema productivo.

Requiere, asimismo, su construcción. Es decir, depende de especificas condiciones económicas y socioculturales, como la experiencia de los distritos industriales en otros modelos ha venido a poner de manifiesto.

Las condiciones necesarias para promover desarrollo local e interlocal y las iniciativas a ellas asociadas, así como para dinamizar las nuevas formas empresariales que posibilita la tecnología industrial de especialización flexible, están vinculadas al medio en que se desenvuelven.

Condición fundamental para la consolidación de estas nuevas formas de economía, es promover estructuras que refuercen los vínculos económicos entre las empresas y entre éstas y el ambiente local. Estas estructuras deben facilitar:

La adopción flexible de tecnologías de amplia aplicación

En efecto, la tecnología debe ser flexible toda vez que se trata de economías orientadas a mercados específicos que requieren de una adaptación continua.

Disponer de una tecnología intermedia –reitero- se adecuaría mucho más fácilmente al entorno relativamente simple en el cual ha de ser utilizada. El equipo sería bastante simple y por lo tanto comprensible, adecuado para el mantenimiento y la reparación ‘in situ’.

Un equipo simple normalmente depende mucho menos de una materia prima de gran pureza y de especificaciones exactas y se adapta mucho más fácilmente a las fluctuaciones del mercado que los equipos altamente sofisticados.

Los trabajadores se pueden entrenar y reentrenar más fácilmente, la supervisión, el control y la organización son más simples y existe una vulnerabilidad mucho menor a las dificultades desconocidas.

Se trata de producir bienes especializados mediante recursos generales, lo que reclama una reorganización permanente de la producción, una mayor cualificación del trabajo y una más amplia comprensión del proceso global. Este proceso es lo que hace que la innovación sea una característica asociada a estas economías, basando en esa innovación permanente, su competitividad.

Una relación más estratégica, situacional e iterativa con el mercado local

No obstante, la innovación no sería suficiente para promover por sí misma la viabilidad y competitividad de la pequeña empresa y el trabajo asociado o autónomo. Vendría determinado por su mayor adaptación al mercado local, capaz de generar una variedad de productos para mercados diversificados y de alterar permanentemente la producción de bienes. Este tipo de economía más flexible sería así resultado, de su mayor adaptación a las exigencias del mercado.

La conformación de instituciones municipales, entes comunales, sinergias con otras organizaciones intermedias –cooperativas, consorcios camineros, etc.- y la movilización de recursos (empezando por los ociosos) en el ámbito local, recurriendo a oportunas y adecuadas alianzas con anticipación y sorpresa.

La creación de instituciones y movilización de recursos en el ámbito local

Finalmente, la difusión de la especialización flexible dependerá de la creación de instituciones y movilización de recursos locales. Su finalidad es resolver los problemas económicos asociados al crecimiento por aplicación de esa tecnología.

Las instituciones comunitarias tienen como objetivo equilibrar la cooperación y la competencia necesarias entre empresas, capaz de sustentarla en la innovación.

Se trata de instituciones locales con origen muchas veces en iniciativas de desarrollo -públicas y descentralizadas- orientadas a la creación de un entorno de recursos estratégicos. Esos recursos son los que permiten una innovación en los procesos y en los productos, sustentada en la acertada combinación de cualificaciones y organización del trabajo.

Esta estrategia de construcción de un entorno económico nuevo se materializa en la consecución de los siguientes objetivos: 1) desarrollo de un mercado local; 2) promoción de tecnologías flexibles, trabajo cualificado y polivalente e innovación y creatividad empresarial; y, 3) una estructura institucional y una red de recursos locales y regionales.

Todo ello viene a ser el tipo de respuesta apropiado para promover desarrollo a partir de procesos tales como la descentralización productiva, la importancia de la pequeña empresa o formas empresariales que, como la economía informal, ponen mas de manifiesto los efectos de la desestructuración reciente que la imagen de opciones económicas viables.

En cualquier caso, el desarrollo no puede promoverse solo a partir de la nueva situación creada por la reorganización del proceso global del trabajo en las empresas de todas las escalas, tipos y clases. Las posibilidades de relanzar el crecimiento son fruto tanto de la oportunidad de este tipo de economías para el desarrollo, como de la construcción de un ambiente de valores comunitarios, de instituciones y recursos en el medio local, atesorando los valores de la vecindad, territorialidad e inmediatez que caracterizan a los medios locales y dada la dependencia de estas formas de empresa, particularmente microempresas o pequeñas empresas, de la existencia de una comunidad industrial.

En esa estrategia comunitaria local, una de las posibilidades que tiene esta economía, es la de contrarrestar las tendencias del liberalismo de mercado y asimismo resignificar la revalorización de la pequeña empresa y el acceso a la misma como salida a la crisis del trabajo. Se trata de una estrategia que es capaz de transformar la competencia en cooperación y la economía en sociedad logrando una fusión entre ciencia y economía, entre cultura solidaria y producción.

Perspectiva económica solidaria para el desarrollo local, regional e institucional

Oportunidades y condiciones constructivas

El sector de economía solidaria por su trayectoria es ya una referencia obligada para la construcción y vertebración de polos productivos, grupos empresariales y nuevas formas de trabajo independiente asociado. A su vez posee cierta capacidad de orientación de los impulsos de crecimiento y libertad económica, solidaria y democrática, en orden al desarrollo y al crecimiento del empleo a partir de una nueva cultura del trabajo que le es propia, como, por ejemplo, la de la cooperativa de trabajo y producción.

Este sector encuentra en la reestructuración económica y social actual, condiciones nuevas para su desarrollo en relación, entre otras, con dos dimensiones esenciales a la misma.

Por un lado, la vocación de la economía solidaria para articular un espacio de creación de fuentes de ocupación, trabajo y riqueza. Por otro, la orientación de la mejora a valorar y primar antes el trabajo que la consecución de beneficios económicos.

Efectivamente, así lo pone de manifiesto la mayor relevancia del espacio social y local para la producción, junto a la importancia de una organización productiva basada en la asociación y cooperación empresarial de pequeñas unidades empresariales, PYMES y cooperativas y, en la recuperación de la innovación y cualificación para el trabajo en el momento actual.

En efecto, el desarrollo económico y social va estrechamente asociado a las transformaciones del sistema industrial en relación con la organización productiva y las nuevas condiciones de trabajo asalariado o trabajo empresario cooperativo.

Transformaciones que han venido a definir las oportunidades y condiciones en que es posible hoy construir y potenciar al sector de la economía solidaria, relanzándola con un shock laboral productivo

Al carácter utópico y a veces voluntarista que iba vinculado la economía solidaria, sucede un sistema que puede hacer más viable la construcción de economías de carácter social.

Así lo pone de manifiesto la generalización de la pequeña empresa, las cooperativas, las iniciativas locales de ocupación y el más probable desarrollo de los distritos industriales locales e interlocales.

Procesos todos ellos que han venido a relativizar el carácter predominante de las economías de escala y la producción en serie como únicas formas de progreso posible. Asimismo, han hecho de la pequeña empresa, cooperativas y otras formas de trabajo asociado, una opción realista de economías viables, negando en los hechos, el carácter utópico que acompaño hasta ahora a la economía solidaria.

Pero al igual que el desarrollo local e intermunicipal basado en el pequeño taller, la pequeña empresa rural y urbana, las PYMES y las cooperativas, la economía solidaria depende para su consolidación como economía viable, de su construcción y de la existencia de recursos locales y regionales, esto es, de estructuras comunitarias locales e interlocales, como Vg.: los entes intercomunales, integración de cooperativas, organización y cooperación entre PYMES, etc..

Esta estrategia, junto con la inteligencia de nuevos mercados y la innovación permanente, son condiciones principales para la consolidación de modelos de desarrollos locales, en los que juega un papel significativo la economía solidaria. Ésta, si bien encuentra en estos recursos del sistema local mayores posibilidades de desarrollo, no surge de manera espontánea sino que es preciso promoverla.

De importancia para la construcción de la economía solidaria, desde la perspectiva del desarrollo local, es la consideración de diferentes procesos:

  • la recuperación de las relaciones –reitero- entre economía y sociedad, entre ciencia y economía y entre cultura solidaria y producción, que otras opciones de crecimiento vinieron a disociar, esto es, la restitución de los lazos que vinculan el desarrollo económico a específicas condiciones sociales locales y microregionales.

  • las formas de economía basadas en la pequeña empresa, al depender para su desarrollo de la comunidad local e interlocal, dan lugar a una mayor interrelación productiva entre actividad economía y sociedad.

  • el desarrollo de los vínculos económicos entre las empresas y sus relaciones con el medio local.

  • los recursos necesarios a estas formas de economía requieren de la creación de instituciones que faciliten la cooperación entre las empresas a la vez que fomenten y coordinen la innovación y asimilaciones tecnológicas posibles.

En este sentido, el suministro municipal e intermunicipal de infraestructura, de promoción de parques industriales y polos productivos, la cooperación asociativa entre empresas y la utilización conjunta de servicios, constituyen elementos de desarrollo de estas formas de economía, a la vez que promueven desarrollo local.

El comportamiento de los sistemas flexibles de producción y trabajo es portador así de dinámicas nuevas que estimulan tanto el desarrollo local como regional.

Una inversión de la relación tradicional entre el trabajador y los instrumentos de producción, en el sentido de recuperar cualificación frente a la especialización impuesta tradicionalmente por la producción en serie taylorista, prácticamente superada.

Esta economía basa en el trabajo cualificado su competitividad por su capacidad de adaptación a la innovación, devolviendo así al operario la iniciativa en relación con el trabajo, tanto con el proceso y los medios de producción, como con el producto y, también por su integración a la comunidad local y regional, al vincular la adquisición de cualificaciones para el trabajo en estas economías a la pertenencia a una especifica comunidad industrial.

Se trata del resurgimiento de una producción basada en un equipo flexible y polivalente de trabajadores cualificados, capaz de generar un nuevo modelo de relación con el puesto de trabajo.

A la vez, amplía la autonomía y el uso discrecional de los medios de producción por parte del trabajador, restituyéndole la capacidad creativa como elemento principal de su aportación racional, y ambientalmente sustentables, a la producción y al desarrollo local, regional e institucional consolidando fuertes "Entes regionales intermunicipales".

Espacio local y economías externas

Los diversos procesos industriales que se vienen observando no impiden conjeturar al menos, una posible quiebra del modelo territorialmente concentrado.

En efecto, siendo innecesarias las economías de escala a nivel de producción -esto es, de modelos concentrados de producción propios de economías de aglutinamiento- la descentralización de procesos productivos económicamente eficientes en cada área sería posible, sólo tras la evaluación de las ventajas de los costos relativos de los factores locales e interlocales utilizados por economías, fundamental -pero no exclusivamente- exógenas.

Entre esos costos relativos de los factores locales, son de destacar, los correspondientes a la revisión de infraestructuras, simplificación administrativa, tratamiento impositivo, los servicios territoriales de apoyo a los procesos productivos, etc.

También deben considerase las ventajas asociadas a ciertos factores no económicos, como pueden ser los aspectos ambientales y culturales.

El espacio local en este sentido, es competencia de empresas externas a ese mismo espacio que aprovechan las economías territoriales, locales y regionales, pero no siempre lo hacen con responsabilidad social.

Si bien este modo de industrialización daría pié más adelante a sinergias con los recursos locales, interlocales, regionales e institucionales, por ahora la hipótesis de trabajo es la utilización discrecional del espacio territorial como contenedor de procesos productivos controlados desde fuera de lo local.

Modelos de desarrollo y territorio

El desarrollo, generación y dinamismo de la micro y pequeña empresa fue y es expresión, sobre todo, de la descentralización productiva, segmentación del mercado del trabajo y diferenciación de los mercados de productos.

A pesar de ello, se ponen de manifiesto dos hechos significativos: 1) la diversidad de modelos de desarrollo local frente al modelo concentrado y uniforme; y, 2) la importancia de la dimensión territorial para el desarrollo local.

Economía informal e iniciativas locales

El fenómeno de la economía informal es el que pone de manifiesto la necesidad de seguir caminos diferentes y originales de desarrollo, frente a la importancia del fenómeno señalado de la micro y pequeña empresa.

Y esta necesidad surge por la transformación del trabajo tras la crisis estructural del empleo y las formas precarias que reviste hoy la ocupación asalariada.

En efecto, la crisis económica e industrial como la del modelo de crecimiento de los 90’, puede tener efectos de desindustrialización, de quiebra generalizada de la relación salarial y, por tanto, de desempleo estructural y aparición de formas flexibles y precarias de relación laboral, como fenómenos, todos ellos, asociados a la perdida de centralidad del empleo.

En ese contexto y al lado de sectores que pudieran comenzar a integrarse en procesos tecnológicamente desarrollados y altamente productivos, apareció en el ámbito local e intermunicipal el fenómeno nada homogéneo de la economía informal, fenómeno, muchas veces, asociados a los procesos de industrialización difusa.

Así, iniciativas locales, nuevas formas de autocreación de trabajo –microemprendimientos, microempresa, famiempresa, institucionalizadas por las leyes 24467 y 25300-, revitalización de formas tradicionales de economía no convencional –compras en común, huertas comunitarias, trueque, etc.-, como nuevas formas de producción y empleo -no siempre eficientes- desde la economía convencional, pero altamente rentables en el marco de la economía informal y del mercado secundario de trabajo, han venido a ser fórmulas alternativas desde el punto de vista socio-productivo.

Todas ellas, a la vez que tratan de superar concepciones rígidas del trabajo, son formas inéditas de construcción de la identidad social y comunitaria, capaces de producir y articular una nueva cultura del trabajo y de la empresarialidad, abriendo nuevas perspectivas al desarrollo local, regional e institucional.

Actividad económica, cultura social y sistema de valores locales

La posibilidad del fenómeno de desarrollo local, regional e institucional pone de manifiesto, ante todo, la estrecha relación existente, desde una perspectiva local entre ‘actividad económica, cultura social o sistema de valores’.

Esta dimensión es mucho más relevante para el desarrollo local -cuando no, elemento central del mismo-, que la oportunidad que significa la presencia en los espacios locales de factores de localización con relación a la rentabilidad económica.

Entre estos figuran los recursos locales, infraestructura, impuestos, simplificación administrativa, información, transporte, comunicaciones y servicios territoriales de apoyo a los procesos productivos que determinan finalmente la producción económicamente eficiente en cada área o lugar.

En efecto, para el desarrollo local es mucha más importante el conjunto de variables económicas, sociales y culturales que con el transcurso del tiempo son las que en definitiva condicionan la estructura productiva social local.

Pero también han de tenerse en cuenta las relaciones entre las empresas, los recursos humanos y las capacidades profesionales existentes en el ámbito local y regional, así como los comportamientos de los actores sociales frente al trabajo y a las alternativas de reconversión.

Todo ello posibilitaría en su conjunto estrategias económicas diversas y técnicas productivas y organizativas diferenciadas, las cuales son capaces de configurar modalidades de desarrollo específico en el ámbito local.

El tejido de interdependencias productivas, socioculturales e institucionales que se pueden establecer en el ámbito local se situaría en la base del sistema económico local y caracterizaría de manera definitiva una estructura productiva necesaria y funcional al espacio del desarrollo local, regional e institucional.

Ese enramado puede mostrarnos y demostrar en toda su complejidad la interrelación existente entre mercado, cultura, economía, ciencia y políticas sociales locales, como contexto de la micro-pequeña empresa y cooperativas de trabajo y producción, mostrarnos también una nueva cultura del trabajo, de la empresarialidad y de su necesaria construcción social.

El espacio del desarrollo local viene a ser ese estado de cosas en el que está emergiendo una cultura productiva y empresarial de nuevo cuño, que nos puede conducir a otros modos de trabajo y a otros modelos de empresas, como construcción social de un nuevo ambiente productivo y cultural, en relación con el trabajo, la ocupación y las nuevas iniciativas empresariales.

Este proceso haría posible, por ejemplo, el paso de una supuesta situación de empleo razonable con bajo índice de desocupación a una situación en la que predominaría el trabajo elegido; el cambio de estatuto de la persona hasta ahora empleada a la persona ocupada.

Si a nivel del conjunto de las sociedades desarrolladas se puede afirmar hace ya tiempo que el crecimiento es el resultado de un conjunto de factores sociales, más que de la acumulación de capital solamente, dependiendo este crecimiento hoy, más del conocimiento y la innovación -esto es, de la capacidad de cada sociedad para crear creatividad-, ello mismo se puede decir, con toda propiedad, de las condiciones de desarrollo del espacio local, regional e institucional, como tantas experiencias lo ponen –y lo pueden poner- de manifiesto.

Conclusiones preliminares

Con E.F Schumacher decimos que la preocupación central de cualquier política o programa de desarrollo debe ser la creación de oportunidades de trabajo para aquellos que, estando sin trabajo, son usuarios y consumidores en el nivel miserable que sea, sin contribuir nada al fondo de ‘bienes de consumo’ o de ‘capital’.

La producción de un obrero desocupado es nula, mientras que la producción de un obrero escasamente equipado puede ser una positiva contribución tanto para el capital como para los bienes de consumo.

La distinción entre los dos no es de ninguna manera tan definitiva como los economistas están inclinados a pensar o pronosticar, porque la misma definición de ‘capital’ depende decisivamente del nivel de tecnología empleado.

La ‘economía dual’ en los países en desarrollo va a permanecer en un futuro previsible ya que el sector moderno no estará en condiciones de absorber a la totalidad y esto resulta todo ‘una ventana de oportunidad’ para el desarrollo local, regional e institucional que puede revertir favorable y satisfactoriamente las condiciones más postergantes para un desarrollo integral, justo, digno y equitativo.

En efecto, si el sector tradicional no es objeto de esfuerzos de desarrollo especiales, continuará desintegrándose y esta desintegración continuará manifestándose en el desempleo masivo y una migración similar a áreas metropolitanas y así entonces, todo esto enrarecerá aún más la vida socioeconómica del sector moderno también.

Lo que los pobres migrantes precisan sin demora más que nada, son cosas simples: materiales de construcción, ropa, artículos para el hogar, útiles artesanales o agrícolas, huertas, flores, frutales, pequeñas granjas (Vg.: en tierras fiscales, espacios vacíos allende a caminos y rutas, etc.) y un mejor pago por sus productos. También necesitan un hábitat arreglado a la condición humana y facilidades para almacenar cereales, para realizar ferias francas regionales, etc. Con esa mirada, la mayoría de las poblaciones, Vg., agrícolas, mejorarían inmensamente si ellas mismas pudieran hacer las primeras fases del procesamiento de sus productos y todos estos, son campos ideales para la tecnología intermedia, afirma E.F. Schumacher.

Los pobres pueden y deben ser ayudados a ayudarse a sí mismos, pero sólo poniendo a su disposición una tecnológica que reconozca el marco y las limitaciones de la pobreza, esto es, una tecnología intermedia.

La aparente escasez de empresarios locales en muchos países en desarrollo es precisamente el resultado de una tecnológica sofisticada introducida en un medio ambiente simple, escasamente informado y capacitado.

Si continuamos pensando en el desarrollo en términos cuantitativos principalmente y en esas vastas abstracciones tales como inversiones, ahorro, etc., utilizamos unas herramientas inadecuadas -ya que aquellas que tienen su utilidad en el estudio de los países desarrollados-, los resultados no tendrán virtualmente ninguna relevancia en el problema del desarrollo como tal.

En cambio, la introducción de una tecnología intermedia, apropiada, no sucumbiría probablemente ante una escasez de capacidad empresarial, ni haría disminuir el reclutamiento de empresarios para el sector moderno. Por el contrario, ayudaría sin ninguna duda a incrementar la oferta de talento empresarial difundiendo entre la población entera la familiaridad con métodos de producción sistemáticos y técnicos.

A modo conclusivo y dejando a salvo las consideraciones territoriales, espaciales, culturales, de modelos o estrategias, la verdadera ayuda al desarrollo tanto en países pobres como en aquellos ricos y una ayuda fructífera, sólo puede considerársela tal si moviliza la fuerza laboral de las masas y eleva la productividad '‘sin ahorrar mano de obra" como las modernas bodegas cuyanas, embotelladoras o fabrica de lácteos, panificadoras, industrias plásticas, automotrices, en donde la robótica aniquiló y aniquila, progresivamente, puestos de trabajo sin ninguna alternativa de reconversión o reinserción laboral como lo denuncian los elevadísimos índices de desocupación e indigencia.

Como decíamos, la educación oportuna y la complementariedad pueden ayudar a lo primero e impedir lo segundo.

El desarrollo es algo mucho más amplio y mucho más profundo que la economía o la tecnología. Sus raíces se extienden más allá de la esfera económica, en la educación, la organización, la disciplina y, por encima de todo, en la independencia política-económica y en una conciencia nacional de confianza en las propias fuerzas. No puede ser producido por habilidosas operaciones de injerto practicadas por técnicos extranjeros o por una elite nativa que ha perdido todo contacto con la gente ordinaria.

El desarrollo solo puede llegar a tener éxito si se practica como ‘un movimiento de reconstrucción’, con énfasis principal en la utilización plena de la energía, el entusiasmo, la inteligencia y la capacidad de trabajo de cada uno.

El éxito no se puede obtener a través de alguna forma de magia producida por científicos, técnicos o planificadores económicos. Sólo puede producirse a través de un proceso de crecimiento que incluya la educación, la organización y una sobriedad compartida por toda la población.

Cualquier enfoque de desarrollo que olvide estos factores terminará en fracaso y obviamente, malogrará sus objetivos.

Las posibilidades y realizaciones que contienen genuinos desarrollos locales, regionales e institucionales, al privilegiar dichos factores, pueden permitir alcanzar y lograr los mejores objetivos y ser centrifugados y esparcidos por el mejor desarrollo humano posible.

Notas

Este trabajo sigue en sus lineamientos fundamentales a E.F. Schumacher: "Lo Pequeño es Hermoso" Ed. Orbis, 1983 y, Cuadernos de Desarrollo Local, IRMASA, Madrid, 1991.

Fuente

Fragmento del trabajo publicado en Red Bioetica http://www.bioetica.org

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