|
Parte 2 / 2
El enfoque local, regional o de distrito
Regionalismos
globales
También, si hablamos de regionalismo en sentido más
amplio, podemos extraer algunas ideas macro, una prospectiva global a
desarrollar en lo local. En efecto, para la UE la integración europea es
una promesa de estabilidad, prosperidad y poder, promesa mantenida desde
hace mas de medio siglo y que se tiene la intención de extender a los
países candidatos y emergentes para que sea la de todo un continente, por
fin unificado.
La integración comunitaria responde en efecto al dilema de
Europa; demasiado grande para formar un estado unificado y, demasiado
pequeña para estar dividida.
El regionalismo es también una oportunidad para los países
del Sur que se adentran decididamente en esta vía como el Mercosur.
La convergencia Norte-Sur de la que algo se sabe en
Europa, no es el resultado automático de una zona de libre comercio.
Precisa el complemento de políticas estructurales y una firme solidaridad
financiera Norte-Sur.
Sería de temer que el mundo se organizase en grandes
placas tectónicas comerciales dominadas cada vez más por grandes países
industrializados. Sería también de temer que esas placas acabasen chocando
unas con otras.
Finalmente, regionalismos sí, en plural, pero en un marco
multilateral robusto basado en el derecho internacional y no en relaciones
de fuerza.
Regionalismos locales
Una unidad política no es necesariamente el tamaño
correcto para que el desarrollo económico beneficie a aquellos cuya
necesidad es más grande.
En algunos casos puede ser demasiada pequeña, pero en la
generalidad de los casos es hoy demasiada grande.
Tomemos por ejemplo el caso de China o de la India. La
India es una unidad política muy grande y desde muchos puntos de vista no
podemos menos que desear que esta unidad se mantenga. Pero, si la política
de desarrollo se ocupa sólo o principalmente de =La-India-como-un-todo",
la corriente natural de las cosas concentrará el desarrollo en algunas
áreas metropolitanas, en el sector moderno.
Vastas áreas del país, que contienen el 80 % más de la
población, se beneficiaran muy poco y ciertamente pueden sufrir. De aquí
los dos males: el desempleo masivo y la migración masiva a las áreas
metropolitanas.
El resultado de ‘este’ desarrollo es que una minoría
privilegiada ha incrementado grandemente sus fortunas, mientras que
aquellos que realmente necesitan ayuda quedan más desamparados que antes.
Si el propósito del desarrollo es brindar ayuda a aquellos que más la
necesitan, cada municipio, región, partido o distrito dentro del país,
necesita su propio desarrollo.
Esto es lo que queremos decir por un enfoque local y
regional.
Otro ejemplo puede tomarse de Italia, un país
relativamente rico. El sur de Italia y Sicilia no se desarrollan como
resultado del crecimiento económico en "Italia-como-un-todo". La Industria
italiana esta concentrada principalmente en el norte del país y su rápido
crecimiento no disminuye, sino que, por el contrario tiende a intensificar
el problema del sur. La competencia desde el norte destruye la producción
del sur y lo vacía de todos sus hombres talentosos y emprendedores.
Para contrarrestar estas tendencias es necesario hacer
esfuerzos conscientes, porque si la población de una región de un país
determinado es ignorada por un programa de desarrollo, esa región llega a
estar en peores condiciones que al principio, siendo arrojada al desempleo
masivo y forzada también a una masiva migración.
En estos asuntos, es cierto, no es bueno dar definiciones
rápidas y contundentes. Mucho depende de la geografía y las
circunstancias. Unos cuantos miles de personas, sin duda alguna seria
demasiado poco -o no- como para constituir ‘distrito’ para el desarrollo
económico, pero unos cuantos cientos de miles de personas, aún muy
dispersas geográficamente, pueden muy bien merecer el ser tratadas como
tal.
Suiza esta dividida en más de veinte ‘cantones’, cada uno
de los cuales es como un distrito de desarrollo, con el resultado de que
hay una población y una industria bastante bien distribuidas y no existe
una tendencia a la formación de excesivas concentraciones.
Resumiendo, cada ‘distrito local o interlocal’ idealmente
hablando, debería tener algún grado mínimo de cohesión e identidad interna
y debería poseer por lo menos cierta población que sirva como centro del
distrito, distrito que tiene necesidad de una estructura cultural,
económica, tecnológica y ambientalmente adecuadas.
- Consolidación de las nuevas formas empresariales
- Iniciativas de ocupación, empleo y trabajo asociado
- Economías de pequeña escala, sistemas de producción flexible y
entorno de recursos en que se desarrolla la actividad, recuperan un
papel relevante como consecuencia de la descentralización productiva, la
mayor interdependencia entre las empresas y las nuevas formas de empleo
y trabajo asociado.
Estas estrategias de desarrollo y proyectos empresariales
que antes parecían utópicas hoy se presentan como economías viables. No se
podría llegar, no obstante, a la conclusión de un mayor protagonismo ahora
reservado al desarrollo local y a la pequeña empresa como resultado
exclusivo y de carácter inevitable de la reestructuración de las economías
desarrolladas.
Las posibilidades de desarrollo basado en otra escala no
es el efecto sólo de la reforma de la gran empresa. o, -en algunos casos-
de su fracaso como modelo perenne.
Tampoco la comunidad industrial es el aglutinamiento
simple de pequeñas empresas descentralizadas, efecto de la reorganización
del sistema productivo.
Requiere, asimismo, su construcción. Es decir, depende de
especificas condiciones económicas y socioculturales, como la experiencia
de los distritos industriales en otros modelos ha venido a poner de
manifiesto.
Las condiciones necesarias para promover desarrollo local
e interlocal y las iniciativas a ellas asociadas, así como para dinamizar
las nuevas formas empresariales que posibilita la tecnología industrial de
especialización flexible, están vinculadas al medio en que se
desenvuelven.
Condición fundamental para la consolidación de estas
nuevas formas de economía, es promover estructuras que refuercen los
vínculos económicos entre las empresas y entre éstas y el ambiente local.
Estas estructuras deben facilitar:
La adopción flexible de tecnologías de amplia aplicación
En efecto, la tecnología debe ser flexible toda vez que se
trata de economías orientadas a mercados específicos que requieren de una
adaptación continua.
Disponer de una tecnología intermedia –reitero- se
adecuaría mucho más fácilmente al entorno relativamente simple en el cual
ha de ser utilizada. El equipo sería bastante simple y por lo tanto
comprensible, adecuado para el mantenimiento y la reparación ‘in situ’.
Un equipo simple normalmente depende mucho menos de una
materia prima de gran pureza y de especificaciones exactas y se adapta
mucho más fácilmente a las fluctuaciones del mercado que los equipos
altamente sofisticados.
Los trabajadores se pueden entrenar y reentrenar más
fácilmente, la supervisión, el control y la organización son más simples y
existe una vulnerabilidad mucho menor a las dificultades desconocidas.
Se trata de producir bienes especializados mediante
recursos generales, lo que reclama una reorganización permanente de la
producción, una mayor cualificación del trabajo y una más amplia
comprensión del proceso global. Este proceso es lo que hace que la
innovación sea una característica asociada a estas economías, basando en
esa innovación permanente, su competitividad.
Una relación más estratégica, situacional e iterativa
con el mercado local
No obstante, la innovación no sería suficiente para
promover por sí misma la viabilidad y competitividad de la pequeña empresa
y el trabajo asociado o autónomo. Vendría determinado por su mayor
adaptación al mercado local, capaz de generar una variedad de productos
para mercados diversificados y de alterar permanentemente la producción de
bienes. Este tipo de economía más flexible sería así resultado, de su
mayor adaptación a las exigencias del mercado.
La conformación de instituciones municipales, entes
comunales, sinergias con otras organizaciones intermedias –cooperativas,
consorcios camineros, etc.- y la movilización de recursos (empezando por
los ociosos) en el ámbito local, recurriendo a oportunas y adecuadas
alianzas con anticipación y sorpresa.
La creación de instituciones y movilización de recursos
en el ámbito local
Finalmente, la difusión de la especialización flexible
dependerá de la creación de instituciones y movilización de recursos
locales. Su finalidad es resolver los problemas económicos asociados al
crecimiento por aplicación de esa tecnología.
Las instituciones comunitarias tienen como objetivo
equilibrar la cooperación y la competencia necesarias entre empresas,
capaz de sustentarla en la innovación.
Se trata de instituciones locales con origen muchas veces
en iniciativas de desarrollo -públicas y descentralizadas- orientadas a la
creación de un entorno de recursos estratégicos. Esos recursos son los que
permiten una innovación en los procesos y en los productos, sustentada en
la acertada combinación de cualificaciones y organización del trabajo.
Esta estrategia de construcción de un entorno económico
nuevo se materializa en la consecución de los siguientes objetivos: 1)
desarrollo de un mercado local; 2) promoción de tecnologías flexibles,
trabajo cualificado y polivalente e innovación y creatividad empresarial;
y, 3) una estructura institucional y una red de recursos locales y
regionales.
Todo ello viene a ser el tipo de respuesta apropiado para
promover desarrollo a partir de procesos tales como la descentralización
productiva, la importancia de la pequeña empresa o formas empresariales
que, como la economía informal, ponen mas de manifiesto los efectos de la
desestructuración reciente que la imagen de opciones económicas viables.
En cualquier caso, el desarrollo no puede promoverse solo
a partir de la nueva situación creada por la reorganización del proceso
global del trabajo en las empresas de todas las escalas, tipos y clases.
Las posibilidades de relanzar el crecimiento son fruto tanto de la
oportunidad de este tipo de economías para el desarrollo, como de la
construcción de un ambiente de valores comunitarios, de instituciones y
recursos en el medio local, atesorando los valores de la vecindad,
territorialidad e inmediatez que caracterizan a los medios locales y dada
la dependencia de estas formas de empresa, particularmente microempresas o
pequeñas empresas, de la existencia de una comunidad industrial.
En esa estrategia comunitaria local, una de las
posibilidades que tiene esta economía, es la de contrarrestar las
tendencias del liberalismo de mercado y asimismo resignificar la
revalorización de la pequeña empresa y el acceso a la misma como salida a
la crisis del trabajo. Se trata de una estrategia que es capaz de
transformar la competencia en cooperación y la economía en sociedad
logrando una fusión entre ciencia y economía, entre cultura solidaria y
producción.
Perspectiva económica solidaria para el desarrollo local,
regional e institucional
Oportunidades y condiciones constructivas
El sector de economía solidaria por su trayectoria es ya
una referencia obligada para la construcción y vertebración de polos
productivos, grupos empresariales y nuevas formas de trabajo independiente
asociado. A su vez posee cierta capacidad de orientación de los impulsos
de crecimiento y libertad económica, solidaria y democrática, en orden al
desarrollo y al crecimiento del empleo a partir de una nueva cultura del
trabajo que le es propia, como, por ejemplo, la de la cooperativa de
trabajo y producción.
Este sector encuentra en la reestructuración económica y
social actual, condiciones nuevas para su desarrollo en relación, entre
otras, con dos dimensiones esenciales a la misma.
Por un lado, la vocación de la economía solidaria para
articular un espacio de creación de fuentes de ocupación, trabajo y
riqueza. Por otro, la orientación de la mejora a valorar y primar antes el
trabajo que la consecución de beneficios económicos.
Efectivamente, así lo pone de manifiesto la mayor
relevancia del espacio social y local para la producción, junto a la
importancia de una organización productiva basada en la asociación y
cooperación empresarial de pequeñas unidades empresariales, PYMES y
cooperativas y, en la recuperación de la innovación y cualificación para
el trabajo en el momento actual.
En efecto, el desarrollo económico y social va
estrechamente asociado a las transformaciones del sistema industrial en
relación con la organización productiva y las nuevas condiciones de
trabajo asalariado o trabajo empresario cooperativo.
Transformaciones que han venido a definir las
oportunidades y condiciones en que es posible hoy construir y potenciar al
sector de la economía solidaria, relanzándola con un shock laboral
productivo
Al carácter utópico y a veces voluntarista que iba
vinculado la economía solidaria, sucede un sistema que puede hacer más
viable la construcción de economías de carácter social.
Así lo pone de manifiesto la generalización de la pequeña
empresa, las cooperativas, las iniciativas locales de ocupación y el más
probable desarrollo de los distritos industriales locales e interlocales.
Procesos todos ellos que han venido a relativizar el
carácter predominante de las economías de escala y la producción en serie
como únicas formas de progreso posible. Asimismo, han hecho de la pequeña
empresa, cooperativas y otras formas de trabajo asociado, una opción
realista de economías viables, negando en los hechos, el carácter utópico
que acompaño hasta ahora a la economía solidaria.
Pero al igual que el desarrollo local e intermunicipal
basado en el pequeño taller, la pequeña empresa rural y urbana, las PYMES
y las cooperativas, la economía solidaria depende para su consolidación
como economía viable, de su construcción y de la existencia de recursos
locales y regionales, esto es, de estructuras comunitarias locales e
interlocales, como Vg.: los entes intercomunales, integración de
cooperativas, organización y cooperación entre PYMES, etc..
Esta estrategia, junto con la inteligencia de nuevos
mercados y la innovación permanente, son condiciones principales para la
consolidación de modelos de desarrollos locales, en los que juega un papel
significativo la economía solidaria. Ésta, si bien encuentra en estos
recursos del sistema local mayores posibilidades de desarrollo, no surge
de manera espontánea sino que es preciso promoverla.
De importancia para la construcción de la economía
solidaria, desde la perspectiva del desarrollo local, es la consideración
de diferentes procesos:
- la recuperación de las relaciones –reitero- entre economía y
sociedad, entre ciencia y economía y entre cultura solidaria y
producción, que otras opciones de crecimiento vinieron a disociar, esto
es, la restitución de los lazos que vinculan el desarrollo económico a
específicas condiciones sociales locales y microregionales.
- las formas de economía basadas en la pequeña empresa, al depender
para su desarrollo de la comunidad local e interlocal, dan lugar a una
mayor interrelación productiva entre actividad economía y sociedad.
- el desarrollo de los vínculos económicos entre las empresas y sus
relaciones con el medio local.
- los recursos necesarios a estas formas de economía requieren de la
creación de instituciones que faciliten la cooperación entre las
empresas a la vez que fomenten y coordinen la innovación y asimilaciones
tecnológicas posibles.
En este sentido, el suministro municipal e intermunicipal
de infraestructura, de promoción de parques industriales y polos
productivos, la cooperación asociativa entre empresas y la utilización
conjunta de servicios, constituyen elementos de desarrollo de estas formas
de economía, a la vez que promueven desarrollo local.
El comportamiento de los sistemas flexibles de producción
y trabajo es portador así de dinámicas nuevas que estimulan tanto el
desarrollo local como regional.
Una inversión de la relación tradicional entre el
trabajador y los instrumentos de producción, en el sentido de recuperar
cualificación frente a la especialización impuesta tradicionalmente por la
producción en serie taylorista, prácticamente superada.
Esta economía basa en el trabajo cualificado su
competitividad por su capacidad de adaptación a la innovación, devolviendo
así al operario la iniciativa en relación con el trabajo, tanto con el
proceso y los medios de producción, como con el producto y, también por su
integración a la comunidad local y regional, al vincular la adquisición de
cualificaciones para el trabajo en estas economías a la pertenencia a una
especifica comunidad industrial.
Se trata del resurgimiento de una producción basada en un
equipo flexible y polivalente de trabajadores cualificados, capaz de
generar un nuevo modelo de relación con el puesto de trabajo.
A la vez, amplía la autonomía y el uso discrecional de los
medios de producción por parte del trabajador, restituyéndole la capacidad
creativa como elemento principal de su aportación racional, y
ambientalmente sustentables, a la producción y al desarrollo local,
regional e institucional consolidando fuertes "Entes regionales
intermunicipales".
Espacio local y economías externas
Los diversos procesos industriales que se vienen
observando no impiden conjeturar al menos, una posible quiebra del modelo
territorialmente concentrado.
En efecto, siendo innecesarias las economías de escala a
nivel de producción -esto es, de modelos concentrados de producción
propios de economías de aglutinamiento- la descentralización de procesos
productivos económicamente eficientes en cada área sería posible, sólo
tras la evaluación de las ventajas de los costos relativos de los factores
locales e interlocales utilizados por economías, fundamental -pero no
exclusivamente- exógenas.
Entre esos costos relativos de los factores locales, son
de destacar, los correspondientes a la revisión de infraestructuras,
simplificación administrativa, tratamiento impositivo, los servicios
territoriales de apoyo a los procesos productivos, etc.
También deben considerase las ventajas asociadas a ciertos
factores no económicos, como pueden ser los aspectos ambientales y
culturales.
El espacio local en este sentido, es competencia de
empresas externas a ese mismo espacio que aprovechan las economías
territoriales, locales y regionales, pero no siempre lo hacen con
responsabilidad social.
Si bien este modo de industrialización daría pié más
adelante a sinergias con los recursos locales, interlocales, regionales e
institucionales, por ahora la hipótesis de trabajo es la utilización
discrecional del espacio territorial como contenedor de procesos
productivos controlados desde fuera de lo local.
Modelos de desarrollo y territorio
El desarrollo, generación y dinamismo de la micro y
pequeña empresa fue y es expresión, sobre todo, de la descentralización
productiva, segmentación del mercado del trabajo y diferenciación de los
mercados de productos.
A pesar de ello, se ponen de manifiesto dos hechos
significativos: 1) la diversidad de modelos de desarrollo local frente al
modelo concentrado y uniforme; y, 2) la importancia de la dimensión
territorial para el desarrollo local.
Economía informal e iniciativas locales
El fenómeno de la economía informal es el que pone de
manifiesto la necesidad de seguir caminos diferentes y originales de
desarrollo, frente a la importancia del fenómeno señalado de la micro y
pequeña empresa.
Y esta necesidad surge por la transformación del trabajo
tras la crisis estructural del empleo y las formas precarias que reviste
hoy la ocupación asalariada.
En efecto, la crisis económica e industrial como la del
modelo de crecimiento de los 90’, puede tener efectos de
desindustrialización, de quiebra generalizada de la relación salarial y,
por tanto, de desempleo estructural y aparición de formas flexibles y
precarias de relación laboral, como fenómenos, todos ellos, asociados a la
perdida de centralidad del empleo.
En ese contexto y al lado de sectores que pudieran
comenzar a integrarse en procesos tecnológicamente desarrollados y
altamente productivos, apareció en el ámbito local e intermunicipal el
fenómeno nada homogéneo de la economía informal, fenómeno, muchas veces,
asociados a los procesos de industrialización difusa.
Así, iniciativas locales, nuevas formas de autocreación de
trabajo –microemprendimientos, microempresa, famiempresa,
institucionalizadas por las leyes 24467 y 25300-, revitalización de formas
tradicionales de economía no convencional –compras en común, huertas
comunitarias, trueque, etc.-, como nuevas formas de producción y empleo
-no siempre eficientes- desde la economía convencional, pero altamente
rentables en el marco de la economía informal y del mercado secundario de
trabajo, han venido a ser fórmulas alternativas desde el punto de vista
socio-productivo.
Todas ellas, a la vez que tratan de superar concepciones
rígidas del trabajo, son formas inéditas de construcción de la identidad
social y comunitaria, capaces de producir y articular una nueva cultura
del trabajo y de la empresarialidad, abriendo nuevas perspectivas al
desarrollo local, regional e institucional.
Actividad económica, cultura social y sistema de valores
locales
La posibilidad del fenómeno de desarrollo local, regional
e institucional pone de manifiesto, ante todo, la estrecha relación
existente, desde una perspectiva local entre ‘actividad económica, cultura
social o sistema de valores’.
Esta dimensión es mucho más relevante para el desarrollo
local -cuando no, elemento central del mismo-, que la oportunidad que
significa la presencia en los espacios locales de factores de localización
con relación a la rentabilidad económica.
Entre estos figuran los recursos locales, infraestructura,
impuestos, simplificación administrativa, información, transporte,
comunicaciones y servicios territoriales de apoyo a los procesos
productivos que determinan finalmente la producción económicamente
eficiente en cada área o lugar.
En efecto, para el desarrollo local es mucha más
importante el conjunto de variables económicas, sociales y culturales que
con el transcurso del tiempo son las que en definitiva condicionan la
estructura productiva social local.
Pero también han de tenerse en cuenta las relaciones entre
las empresas, los recursos humanos y las capacidades profesionales
existentes en el ámbito local y regional, así como los comportamientos de
los actores sociales frente al trabajo y a las alternativas de
reconversión.
Todo ello posibilitaría en su conjunto estrategias
económicas diversas y técnicas productivas y organizativas diferenciadas,
las cuales son capaces de configurar modalidades de desarrollo específico
en el ámbito local.
El tejido de interdependencias productivas,
socioculturales e institucionales que se pueden establecer en el ámbito
local se situaría en la base del sistema económico local y caracterizaría
de manera definitiva una estructura productiva necesaria y funcional al
espacio del desarrollo local, regional e institucional.
Ese enramado puede mostrarnos y demostrar en toda su
complejidad la interrelación existente entre mercado, cultura, economía,
ciencia y políticas sociales locales, como contexto de la micro-pequeña
empresa y cooperativas de trabajo y producción, mostrarnos también una
nueva cultura del trabajo, de la empresarialidad y de su necesaria
construcción social.
El espacio del desarrollo local viene a ser ese estado de
cosas en el que está emergiendo una cultura productiva y empresarial de
nuevo cuño, que nos puede conducir a otros modos de trabajo y a otros
modelos de empresas, como construcción social de un nuevo ambiente
productivo y cultural, en relación con el trabajo, la ocupación y las
nuevas iniciativas empresariales.
Este proceso haría posible, por ejemplo, el paso de una
supuesta situación de empleo razonable con bajo índice de desocupación a
una situación en la que predominaría el trabajo elegido; el cambio de
estatuto de la persona hasta ahora empleada a la persona ocupada.
Si a nivel del conjunto de las sociedades desarrolladas se
puede afirmar hace ya tiempo que el crecimiento es el resultado de un
conjunto de factores sociales, más que de la acumulación de capital
solamente, dependiendo este crecimiento hoy, más del conocimiento y la
innovación -esto es, de la capacidad de cada sociedad para crear
creatividad-, ello mismo se puede decir, con toda propiedad, de las
condiciones de desarrollo del espacio local, regional e institucional,
como tantas experiencias lo ponen –y lo pueden poner- de manifiesto.
Conclusiones preliminares
Con E.F Schumacher decimos que la preocupación central de
cualquier política o programa de desarrollo debe ser la creación de
oportunidades de trabajo para aquellos que, estando sin trabajo, son
usuarios y consumidores en el nivel miserable que sea, sin contribuir nada
al fondo de ‘bienes de consumo’ o de ‘capital’.
La producción de un obrero desocupado es nula, mientras
que la producción de un obrero escasamente equipado puede ser una positiva
contribución tanto para el capital como para los bienes de consumo.
La distinción entre los dos no es de ninguna manera tan
definitiva como los economistas están inclinados a pensar o pronosticar,
porque la misma definición de ‘capital’ depende decisivamente del nivel de
tecnología empleado.
La ‘economía dual’ en los países en desarrollo va a
permanecer en un futuro previsible ya que el sector moderno no estará en
condiciones de absorber a la totalidad y esto resulta todo ‘una ventana de
oportunidad’ para el desarrollo local, regional e institucional que puede
revertir favorable y satisfactoriamente las condiciones más postergantes
para un desarrollo integral, justo, digno y equitativo.
En efecto, si el sector tradicional no es objeto de
esfuerzos de desarrollo especiales, continuará desintegrándose y esta
desintegración continuará manifestándose en el desempleo masivo y una
migración similar a áreas metropolitanas y así entonces, todo esto
enrarecerá aún más la vida socioeconómica del sector moderno también.
Lo que los pobres migrantes precisan sin demora más que
nada, son cosas simples: materiales de construcción, ropa, artículos para
el hogar, útiles artesanales o agrícolas, huertas, flores, frutales,
pequeñas granjas (Vg.: en tierras fiscales, espacios vacíos allende a
caminos y rutas, etc.) y un mejor pago por sus productos. También
necesitan un hábitat arreglado a la condición humana y facilidades para
almacenar cereales, para realizar ferias francas regionales, etc. Con esa
mirada, la mayoría de las poblaciones, Vg., agrícolas, mejorarían
inmensamente si ellas mismas pudieran hacer las primeras fases del
procesamiento de sus productos y todos estos, son campos ideales para la
tecnología intermedia, afirma E.F. Schumacher.
Los pobres pueden y deben ser ayudados a ayudarse a sí
mismos, pero sólo poniendo a su disposición una tecnológica que reconozca
el marco y las limitaciones de la pobreza, esto es, una tecnología
intermedia.
La aparente escasez de empresarios locales en muchos
países en desarrollo es precisamente el resultado de una tecnológica
sofisticada introducida en un medio ambiente simple, escasamente informado
y capacitado.
Si continuamos pensando en el desarrollo en términos
cuantitativos principalmente y en esas vastas abstracciones tales como
inversiones, ahorro, etc., utilizamos unas herramientas inadecuadas -ya
que aquellas que tienen su utilidad en el estudio de los países
desarrollados-, los resultados no tendrán virtualmente ninguna relevancia
en el problema del desarrollo como tal.
En cambio, la introducción de una tecnología intermedia,
apropiada, no sucumbiría probablemente ante una escasez de capacidad
empresarial, ni haría disminuir el reclutamiento de empresarios para el
sector moderno. Por el contrario, ayudaría sin ninguna duda a incrementar
la oferta de talento empresarial difundiendo entre la población entera la
familiaridad con métodos de producción sistemáticos y técnicos.
A modo conclusivo y dejando a salvo las consideraciones
territoriales, espaciales, culturales, de modelos o estrategias, la
verdadera ayuda al desarrollo tanto en países pobres como en aquellos
ricos y una ayuda fructífera, sólo puede considerársela tal si moviliza la
fuerza laboral de las masas y eleva la productividad '‘sin ahorrar mano de
obra" como las modernas bodegas cuyanas, embotelladoras o fabrica de
lácteos, panificadoras, industrias plásticas, automotrices, en donde la
robótica aniquiló y aniquila, progresivamente, puestos de trabajo sin
ninguna alternativa de reconversión o reinserción laboral como lo
denuncian los elevadísimos índices de desocupación e indigencia.
Como decíamos, la educación oportuna y la
complementariedad pueden ayudar a lo primero e impedir lo segundo.
El desarrollo es algo mucho más amplio y mucho más
profundo que la economía o la tecnología. Sus raíces se extienden más allá
de la esfera económica, en la educación, la organización, la disciplina y,
por encima de todo, en la independencia política-económica y en una
conciencia nacional de confianza en las propias fuerzas. No puede ser
producido por habilidosas operaciones de injerto practicadas por técnicos
extranjeros o por una elite nativa que ha perdido todo contacto con la
gente ordinaria.
El desarrollo solo puede llegar a tener éxito si se
practica como ‘un movimiento de reconstrucción’, con énfasis principal en
la utilización plena de la energía, el entusiasmo, la inteligencia y la
capacidad de trabajo de cada uno.
El éxito no se puede obtener a través de alguna forma de
magia producida por científicos, técnicos o planificadores económicos.
Sólo puede producirse a través de un proceso de crecimiento que incluya la
educación, la organización y una sobriedad compartida por toda la
población.
Cualquier enfoque de desarrollo que olvide estos factores
terminará en fracaso y obviamente, malogrará sus objetivos.
Las posibilidades y realizaciones que contienen genuinos
desarrollos locales, regionales e institucionales, al privilegiar dichos
factores, pueden permitir alcanzar y lograr los mejores objetivos y ser
centrifugados y esparcidos por el mejor desarrollo humano posible.
Notas
Este trabajo sigue en sus lineamientos fundamentales a E.F.
Schumacher: "Lo Pequeño es Hermoso" Ed. Orbis, 1983 y, Cuadernos de
Desarrollo Local, IRMASA, Madrid, 1991.
Fuente
Fragmento del trabajo publicado en Red Bioetica
http://www.bioetica.org
|