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Parte 1 / 2
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Nunca fue tan fuerte como el los últimos años la presión social,
cultural y económica para la modernización, la "puesta al día", la
"renovación" o incluso el "renacimiento" de las
universidades
europeas.
Las bases de la soberanía de un Estado ya
no son el nivel de vida, el producto interno bruto o la
capacidad exportadora. Ni siquiera su capacidad nuclear.
EL escenario
mundial ha cambiado y son un pequeño grupo de tecnologías estratégicas las
que aseguran la independencia real de las naciones.
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Algunos factores
Las Universidades en Europa en este milenio son diferentes; han
aparecido nuevos peligros, resultado sobre todo de la degradación de los
ecosistemas terrestres y marinos y del crecimiento de las desigualdades,
de las que el terrorismo no es más que un subproducto.
La situación de la investigación e innovación en Europa es
hipercrítica, porque la UE está a punto de bajarse de la locomotora
económica mundial. Las tasas de crecimiento económico globales son al
respecto bastante elocuentes: países emergentes, un 5 por ciento;
Estados Unidos, un 4 por ciento; Japón, un 3 por ciento; Unión Europea,
un 0 por ciento.
La investigación e innovación es el producto de la actividad del
hombre, y hallándose éste sumergido en una profunda crisis generalizada
que abarca todos los órdenes, social, político, económico, cultural,
educativo, científico, religioso, ético, moral, etc., dentro de una
globalización evolutiva generada por el desenvolvimiento de la especie
humana, no puede dejar de estar también en crisis.
Las bases de la soberanía de un Estado ya no son el nivel de vida,
el producto interior bruto o la capacidad exportadora. Ni siquiera su
capacidad nuclear. EL escenario mundial ha cambiado y son un pequeño
grupo de tecnologías estratégicas las que aseguran la independencia real
de las naciones. Pero la experiencia científica requerida para trabajar
en estos campos y el volumen de las inversiones necesarias impedirán a
muchos países permanecer en la carreta tecnológica.
La única área en el que Europa está a la cabeza es en materia de
publicaciones científicas, cifra que no obstante se relativiza cuando se
la compara al número de habitantes. Sea cual fuere el motivo, traduce el
hecho de que, aunque Europa siga siendo un vivero de excelencia para la
creación de los conocimientos científicos, tiene dificultades para
extraer de los mismos aplicaciones económicas y comerciales, como lo
revelan los datos sobre las patentes y las exportaciones de alta
tecnología.
Una de las flaquezas del sistema europeo de investigación e
innovación es la ineficiente colaboración en materia de investigación y
de transferencia de conocimientos entre los organismos públicos de
investigación, en especial las universidades, y la industria.
Invertir en ciencia, invertir en el futuro
Cincuenta años después de su nacimiento, la Unión Europea
cuenta con una nueva moneda, con nuevas fronteras, con una política
exterior, con una defensa común, próximamente con una nueva Constitución;
pero se debería tomar conciencia de que el sistema científico y
universitario se ha anquilosado.
La investigación e innovación es el producto de la
actividad del hombre, y hallándose éste sumergido en una profunda crisis
generalizada que abarca todos los órdenes, social, político, económico,
cultural, educativo, científico, religioso, ético, moral, etc., dentro de
una globalización evolutiva generada por el desenvolvimiento de la especie
humana, no puede dejar de estar también en crisis.
Los políticos y las sociedades no parecen que hayan
comprendido todavía que Europa no será en los próximos años una potencia
autónoma si no se dota a si mismo de programas científicos y de equipos,
civiles y militares, sobre los que Estados Unidos funda su propia potencia
hace muchos años. La mayor parte de los científicos, de todas las
disciplinas, lo constatan cada día, como los jóvenes investigadores,
formados no sin pocos inconvenientes en nuestras universidades, se van a
países como Estados Unidos, Japón, China e incluso a los países asiáticos.
Lo mismo ocurre con los industriales, por lo menos con aquellos que
pretenden conservar en Europa centros de toma de decisión y laboratorios
de investigación avanzada. En el 2005, por ejemplo, abandonaron Alemania
más de 10.000 profesionales académicos. Los hechos demuestran que los
países que ejercen el liderazgo social, político y económico actualmente
son aquellos que, hace algún tiempo, decidieron apoyar la innovación
procedente de la investigación científica en distintos campos. Los
dirigentes de estos países pudieron ver, e incluso comprender, que
invertir en la ciencia es invertir en el futuro.
La ciencia se constituyó, a lo largo de la historia en un
instrumento muy poderoso de conocimiento y transformación de la
naturaleza, potencialmente capaz de solucionar graves problemas
relacionados al hombre, aprovechamiento de recursos o mejoramiento de las
condiciones de vida humana en Europa. La búsqueda del conocimiento a
través de la racionalidad es rescatada como uno de los valores que
engrandece el espíritu humano. Puede decirse que el saber acumulado por la
humanidad desde el comienzo de las civilizaciones hasta aproximadamente el
Renacimiento, podía estar al alcance de una persona dotada
excepcionalmente, que perteneciese a una clase social que le facilitase el
acceso al mundo intelectual, y que se aplicase al estudio de los
conocimientos alcanzados hasta su época. Pero este saber se fue
incrementando vertiginosamente en el transcurso de los siglos siguientes,
sobre todo porque junto con el extraordinario avance de las ciencias
naturales durante los siglos XVII y XVIII, surgieron y adquirieron entidad
científica nuevas disciplinas, que se desarrollaron con rapidez. El hombre
se sintió desbordado ante esta proliferación de conocimientos,
imposibilitado de abarcarlos en su totalidad, y consideró que la posición
cognitiva más adecuada y prudente para abordar la realidad, era
fragmentarla en campos de saber, que se definieran como objetos de estudio
de las diferentes ciencias, para que las investigaciones se
especializaran.
La división de la realidad en compartimientos estancos y
la creciente especialización de los estudios, produjo durante los siglos
XIX y XX un nuevo incremento de los conocimientos acumulados por la
humanidad, llevando al hombre a un nivel de imposibilidad mayor para
abarcarlos. Al mismo tiempo, le hizo comprender que iba llegando a un
callejón sin salida, pues como consecuencia de la fragmentación y
especialización, cada vez sabía más de muy poco, y ese muy poco quedaba
cada vez más desconectado del resto de la realidad en la que estaba
inmerso, empobreciendo los resultados.
Antes los hombres podían dividirse, sencillamente,
en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y
más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías.
No es un sabio, porque ignora formalmente lo
que no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es
un "hombre de ciencia" y conoce muy bien su
porciúncula de universo. Habremos de decir que es un sabio-ignorante, cosa
sobremanera grave, pues significa
que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora,
no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión
especial es un sabio. Al
especializarlo, la civilización le ha hecho
hermético y satisfecho dentro de su limitación. En "La rebelión de las
masas", Ortega y Gasset anunciaba de esta
manera, hace más de medio siglo, lo que él llamo "la barbarie de la
especialización". Cincuenta y seis años después se retoma el mismo
problema, afinando la definición como "la barbarie al interior de la
ciencia". Esta barbarie, afirma, ha llevado a que los científicos sólo
tengan una visión de los problemas de sus respectivas disciplinas, que han
sido arbitrariamente recortadas en el tejido complejo de los fenómenos. Esos
científicos tienen una pobreza increíble para comprender los problemas globales. Y hoy, todos los problemas
importantes son problemas globales".
La carrera desenfrenada de las ciencias hacia la
fragmentación de los conocimientos y la
especialización, ha creado fronteras artificiales entre porciones de la
realidad global, provocando una nueva forma de
oscurantismo, en la que el investigador va camino a ignorar cada vez
más el saber existente, destinado al extremo humorístico, de saber todo de
nada.
La única manera de revertir esta paradójica situación
cognitiva, como lo ha expresado con propiedad el físico David Bohm en "La totalidad y el orden implicado", es pasando del
"fetichismo del fragmento" al estudio de la
"totalidad no dividida en movimiento fluyente", es decir, al estudio
de la realidad global en su dinámica propia, en constante cambio.
La nueva visión de la realidad se basa en la comprensión
de las relaciones y dependencias recíprocas y esenciales de todos los fenómenos: físicos,
biológicos, psicológicos, sociales y
culturales. Esta visión va más allá de los actuales
límites disciplinarios y conceptuales.
Cambios en las universidades
La Universidad a nivel mundial en general, y europea en
particular, está asistiendo a uno de los más significativos cambios de su
historia. Estamos pasando de una Universidad de la enseñanza a una
universidad del aprendizaje. Los cambios de la Universidad exigen no solo
reformar el mapa de titulaciones sino el actual sistema de enseñanza de
manera que las trayectorias del aprendizaje de cada titulación se
conviertan en instrumentos de competencia profesional y habilidades de
forma que el alumno desarrolle un pensamiento crítico e innovador. Para
ello deben desaparecer la burocracia y el control ejercidos por el poder
de las viejas disciplinas, sobre todo algunos, las áreas de conocimiento
patrimoniales y los anquilosados sistemas de gestión.
Comienzos de este milenio, 2000 investigadores franceses
presentaron su dimisión en protesta por la falta de respuesta por parte
del gobierno a su petición, en la que denunciaban recortes
presupuestarios, bloqueos de los fondos y reducción de puestos de trabajo
(550 puestos fijos para jóvenes investigadores fueron convertidos en
puestos de tiempo parcial). Esta protesta fue acompañada por la firma de
70.000 investigadores en una petición con el nombre "Salvemos a la
Investigación". Ante la falta de respuesta por parte del gobierno, la
protesta se acrecentó con oleadas de manifestaciones por toda Francia que
culmino con una reunión celebrada en el ayuntamiento de París, en la que
976 jefes de laboratorio y 100 responsables de equipo dejaron sus puestos
de gestión. Los investigadores manifestaron que las condiciones laborales
son poco atractivas, los salarios son bajos, la condiciones de los fondos
son insuficientes para nuevos equipos, falta de coordinación entre las
distintas organizaciones de investigación, relaciones insuficientes con la
industria y una sensación de que el gobierno ha situado las actividades de
investigación y desarrollo a la cola de la lista de prioridades en un
recorte presupuestario general. Además manifestaron las consecuencias que
tendrá para las generaciones investigadoras futuras (durante mucho tiempo
Francia ha permanecido a la cabeza de los países de la UE, con una
comunidad científica muy fuerte).
En el 2000, unos tres mil licenciados y doctores en
ciencias franceses emigraron sólo a Estados Unidos. Actualmente, el
salario medio de los jóvenes investigadores contratados tras realizar el
doctorado en Francia no llega a los € 2000 mensuales. El problema de los
bajos salarios se ve agravado por el sistema universitario, que produce
anualmente 11.000 nuevos investigadores en potencia, con una perspectiva
de trabajo limitada. Su trabajo académico poco tiene que ver con el
posible empleo que consigan fuera de los institutos estatales y estos
últimos están reduciendo las contrataciones. Todo esto ocurre a pesar de
que Francia destina anualmente el 2,2% y el Reino Unido 1,84 de su
producto interior bruto a investigación y desarrollo (I+D), ambos países
deben aumentar considerablemente su inversión en la investigación si se
pretende cumplir con los objetivos comunitarios de aumentar el gasto en
investigación hasta un 3 por ciento del PIB (Plan de Acción, 1998) para el
año 2010, incrementando la proporción de fondos privados desde el 55 por
ciento hasta dos tercios. Este Plan refuerza los vínculos entre la
investigación y la innovación, con una política en materia de
investigación centrada en mayor medida en el desarrollo de nuevos
conocimientos y sus aplicaciones, y en las condiciones–marco para la
investigación y la política en materia de innovación destinadas a
transformar el conocimiento en un valor económico y en un éxito comercial.
Los Estados miembros tienen que reformar y reforzar sus
sistemas públicos de investigación e innovación, facilitar la colaboración
entre el sector público y el sector privado, fomentar un entorno normativo
y el desarrollo de mercados financieros favorables, y suscitar una
educación, una formación y unas condiciones de carrera atractivas para
lograr este objetivo.
El plan de becas académicos de investigación en Inglaterra
el año pasado tuvo un presupuesto de 33,7 millones de euros. Actualmente
no es sencilla la trayectoria profesional de los estudiantes ingleses de
doctorado que desean progresar en la investigación universitaria, si se
pretende resolver este problema con los fondos que irán destinados a las
universidades. Es imprescindible que las universidades británicas atraigan
a los mejores estudiantes de doctorado si se quiere que la reputación
académica se mantenga y mejore.
Investigación y desarrollo
Los investigadores en España pidieron un "Pacto de Estado"
durante las elecciones del 2004, para estimular la ciencia. Este pacto
destaca el progreso económico durante los últimos 25 años, así como la
falta de inversiones en investigación y desarrollo (I+D) que lo
acompañaran. El pacto menciona seis áreas para la acción: compromiso por
el desarrollo de la ciencia, compromiso institucional, compromiso de
financiación, compromiso con los investigadores, compromiso con la
estructura y compromiso con la sociedad. Además señala que la prestación
de servicios, sobre todo en materia de ocio y turismo, una política
industrial económicamente competitiva y el aprovechamiento de los fondos
de cohesión han situado a España en la posición en la que se encuentra hoy
en día, sin embargo "el modelo sobre el cual se sustenta la economía
española empieza a dar señales de agotamiento". Los autores del pacto
perciben como amenazas la descentralización industrial, la influencia cada
vez mayor de las economías emergentes y una mayor dependencia científica y
tecnológica sobre otros países.
La falta de financiación significa que España muchas veces
no puede participar en proyectos internacionales, según el documento, y la
falta de transparencia respecto a la distribución de los fondos impide
calcular exactamente cuánto dinero hay disponible para la ciencia, dicen
sus autores. La confusión aumenta con la inclusión de los fondos para I+D
militar en el presupuesto. Esta falta de transparencia hace imposible
diseñar un plan para la financiación estable, señala el pacto.
La investigación en Europa es "hipercrítica", porque la UE
está a punto de bajarse de la locomotora económica mundial. Las tasas de
crecimiento económica globales son al respecto bastante elocuentes: países
emergentes, un 5 por ciento, Estados Unidos, un 4 por ciento, Japón un 3
por ciento, Unión Europea , un 0 por ciento. El objetivo del 3 por ciento
y el Plan de acción de seguimiento para una mayor inversión en
investigación ya han generado un efecto movilizador en los Estados
miembros, los cuales, en su inmensa mayoría, han establecido objetivos
que, si se cumplen, aumentarían la inversión en investigación dentro de la
UE hasta el 2,6 por ciento del PIB para el año 2010. No obstante, en vez
de aumentar, el esfuerzo en investigación de la UE prácticamente se ha
estancado. En la mayoría de los Estados miembros, los aumentos de la
inversión en investigación pública y privada y las características y
ambiciones de las iniciativas políticas distan de alcanzar sus objetivos
nacionales y, más aún, los objetivos de la UE. La inversión privada es
especialmente baja. Al mismo tiempo, los resultados europeos en materia de
innovación no han aumentado lo suficiente. Para superar esta situación se
hace preciso reestructurar, transformar y dinamizar el sistema europeo de
investigación y desarrollo (I +D) y aplicar en nuestro continente los tres
elementos que aseguran la ventaja competitiva en ciencia y tecnología, la
innovación, la inteligencia económica y la influencia.
Constatación de debilidad
Tabla 1: Principales indicadores, comparación entre EU,
USA y Japón.
|
Indicadores |
Unión Europea |
Estados Unidos |
Japón |
|
Intensidad de Investigación y Desarrollo (I&D) % PNB
1 |
1.97 |
2.59 |
3.12 |
|
Porción de I&D financiada por la industria 2 |
55.90 |
63.10 |
73.90 |
|
Cantidad de investigadores por 1000 personas con
trabajo |
5.50 |
9.00 |
9.70 |
|
Por ciento de artículos científicos publicados del
total mundial |
38.30 |
31.10 |
9.60 |
|
Número de científicos por millón de habitantes |
639 |
809 |
569 |
|
Por ciento mundial de las patentes registradas en la
Triada 3 |
31.50 |
34.30 |
26.90 |
|
Patentes en la Triada por millón de habitantes 3 |
30.50 |
53.10 |
92.60 |
|
Por ciento de los productos de alta tecnología dentro
del total de las exportaciones industriales 1 |
19.70 |
28.50 |
26.50 |
|
Porción de la exportación global de productos de alta
tecnología |
16.70 |
20.00 |
10.60 |
-
-
-
De todos los indicadores retomados en la Tabla 1,
los tres primeros son los que sirven con frecuencia de termómetro de la
salud de la investigación. La debilidad de la inversión con respecto
al PIB (de ahí el objetivo del "3%" inscrito en lo más alto de la
"estrategia de Lisboa"), de la implicación del sector industrial y la
insuficiencia del número de investigadores son los verdaderos talones de
Aquiles de la Unión frente a sus dos principales competidores.
Muchos de los problemas en la UE tienen su origen en una
organización científica arcaica, una pobre relación con el sector privado,
la rigidez burocrática y un estatus de funcionario para todo el personal,
lo cual significa que tienen un empleo para toda la vida. La UE tiene
algunos de los mejores científicos y universidades del mundo, pero tal
como se reflejó en el 2005 sobre la innovación, todavía se debe sacar a la
ciencia de los laboratorios y llevarla a las empresas y al balance del
ejercicio. Las empresas pueden y deben beneficiarse de la revisión
elemental de las necesidades de la ciencia.
La Universidades en Europa es una de las grandes fuentes
de creación y difusión de conocimientos y de competencia. Los fenómenos de
globalización, las reformas económicas y la evolución que ha venido
sucediendo en las sociedades y en las instituciones, hace que las
universidades se vean en la necesidad de adaptar e innovar sus procesos
para adecuarse a las nuevas y siempre cambiantes condiciones del contexto,
cumpliendo con sus renovadas misiones y convirtiéndose a su vez, en
organizaciones que aprenden de su propio desempeño. Además, la docencia y
la investigación son los primeros aspectos en ser emplazados por las
necesidades de una mayor apertura al mundo y por el deber de exponerse a
la competitividad internacional. En este milenio la universidad, más que
un fin en si misma, es una institución cuya misión, quehacer y resultados
deben estar al servicio del desarrollo armónico e integral del hombre y de
la sociedad, por lo que en primer término debe responder y rendir cuenta a
la comunidad nacional (sociedad) que la rodea y la sustenta. Actualmente
hay una creciente demanda social de información sobre la educación a fin
de saber qué ocurre en su interior. Son dos los retos a los que ha de
hacer frente la Universidad en este inicio del siglo XXI: la calidad y la
convergencia europea. Luego de la Universidad de masas, periodo en el cual
fue prioritario llevar a cabo políticas de inversión en infraestructura
básicas (aulas, laboratorios, espacios de trabajo para los
investigadores etc.); y el consiguiente incremento de las plantillas de
profesores y personal de administración y servicios, se ha dado paso,
desde fines del siglo XX, a una etapa donde el objetivo es la calidad.
Nunca fue tan evidente en Europa, como comienzos de este
milenio la presión social, cultural y económica para la modernización, la
"puesta al día", la "renovación" o incluso el "renacimiento" de las
universidades. Algunos e importantes campos de investigación emergentes
necesitan mayores inversiones y recursos que los que actualmente son
dedicados por los países europeo, ya sean solos o en el marco de la Unión.
Se trata de la informática y de las redes de los próximos decenios, el
genio genético, de biotecnologías, de nano tecnologías, de robótica
inteligente y de las ciencias cognitivas.
En Estados Unidos, estos campos de investigación,
paralelamente a otros campos más clásicos relacionados con la defensa, el
espacio o la energía, se benefician de créditos públicos muy importantes y
de un seguimiento que permite al sector privado obtener importantes
beneficios. Estos terrenos son aquellos que la National Science Foundation
americana en este milenio, en el informe "Ciencia Emergentes y
Convergentes" describe. El termino ciencia emergentes se comprende en sí
mismo, si bien hay que matizar que Estados Unidos lleva emergiendo desde
hace más de 15 años. El de ciencia convergente traduce un fenómeno nuevo:
las ciencias que se engendran las unas a las otras creando una riqueza
excepcional. Se trata de crear calculadoras y redes inteligentes que
constituyan los instrumentos de base, no únicamente de todas las
investigaciones, sino también de la guerra de la información que aspira,
en beneficio de la potencia dominante, a hacerse con los recursos
científicos, industriales y culturales del resto del mundo.
La salud, la biotecnología, la alimentación, la
agricultura, la sociedad de la información, las nanociencias, los
materiales, las tecnologías industriales, la energía, el medio ambiente,
el transporte, la investigación socioeconómica, el espacio y la seguridad,
son algunos de los temas retomados en el área de Cooperación del 7°
Programa Marco (UE 2007-2013).
La biotecnología será la fuente de todas las
investigaciones en materia de salud humana, de biología y de explotación –
conservación de los medios naturales. Las nano tecnologías, que cooperan
de forma muy estrecha con las biotecnologías, desembocan en la ingeniería,
es decir, en la modificación de las moléculas y muy pronto de los átomos,
abriendo a la práctica industrial el vasto campo de lo cuántico.
La robótica evolutiva, se encarga por su parte de realizar
entes artificiales que serán ayudantes o incluso precursores del hombre,
en todos los campos donde los medios físicos y las capacidades de reacción
intelectual humanas encuentran su límite, como por ejemplo lo relativo a
la explotación planetaria. Los Estados Unidos tienen un programa de
grandes equipamientos que abastecen los recursos de cálculo y
experimentación, como la puesta en red de los conocimientos, dentro de una
perspectiva de convergencia. Invierten en las tecnologías de la
información, así como en el desarrollo del conocimiento y del saber,
elementos que están en el núcleo de la potencia y de la independencia
modernas. Los industriales americanos, apoyados por el gobierno no dudan
en establecer alianzas y en comprar empresas, en el mundo entero, cuando
quieren adquirir una tecnología, completar su experiencia o neutralizar a
un competidor.
En fin, las ciencias del conocimiento y del aprendizaje,
estudian la forma de potenciar el cerebro humano asociado a redes,
especialmente en el plano de la invención individual y colectiva. En la
mayor parte de los casos, se trata de ciencias y tecnologías duales, es
decir, que se pueden utilizar tanto en el terreno civil como el militar.
Sin mencionar aquí todo lo que es objetivo de una importante difusión,
especialmente por Internet.
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