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 Crisis y desafío de la investigación e innovación europea

Desarrollo Humano Sustentable

Marcos Sommer

Parte 2 / 2

Los retos

Europa ignora todavía los retos que se esconden detrás de estos campos emergentes o no está dispuesta a hacer sacrificios para ponerse al día con su retraso. Es más, y quizás todavía más grave, da la impresión de que, manteniéndose fieles a una desfasada concepción histórica de la Alianza Atlántica, los europeos no se atreven a afirmar la necesidad de asegurar por ellos mismos el dominio de la tecnologías de soberanía que garantizan el desarrollo económico, el progreso social y el mantenimiento de la diversidad cultural. Al mismo tiempo no se han creado programas de investigación científica y de desarrollo tecnológico que constituyen la clave de la soberanía, la cual modela el mundo y puede cambiar radicalmente su porvenir.

Los incontestables logros obtenidos por las políticas tradicionales industriales y científicas todavía son un motivo de ilusión para todos ellos. Nos podemos felicitar justamente por el Airbus, por el "train à grande vitesse" (TGV), por nuestras competencias en materia de ciencia de la vida y de investigación médica, así como por nuestros grandes equipamientos como el Conseil Europeen pour la Recherche Nucleaire (CERN) o los observatorios astronómicos. Pero todo esto ciega a la opinión pública, que no percibió que la guerra se está librando en la actualidad en otros terrenos, en los cuales nuestros competidores han decidido tener un dominio absoluto, lo que por definición excluya la cooperación dentro de un marco de igualdad.

Las bases de la soberanía de un Estado ya no son el nivel de vida, el producto interior bruto o la capacidad exportadora. Ni siquiera su capacidad nuclear. EL escenario mundial ha cambiado y son un pequeño grupo de tecnologías estratégicas las que aseguran la independencia real de las naciones. Pero la experiencia científica requerida para trabajar en estos campos y el volumen de las inversiones necesarias impedirán a muchos países permanecer en la carreta tecnológica. Para poder existir en un mercado ultra competitivo, que se ha convertido en mundial o global, un Estado debe poseer y desarrollar una excelencia tecnológica permanente en algunos campos cruciales y asegurarse sus suministros. Es más, el desarrollo de estos sectores de vanguardia alimenta una potente corriente de creación de empleos de muy alto valor añadido y general a al mismo tiempo un aumento de la productividad. El conocimiento en el siglo XXI proporcionara el poder estratégico, el país que es el líder de la revolución de la información, será el más poderoso de todos.

Después de dos siglos de aislamiento detrás de fronteras nacionales, la integración europea produjo un primer cambio con la adopción de los programas de movilidad como Erasmo, Sócrates y Leonardo. Estos programas pretendían fomentar la movilidad a gran escala para ampliar la formación general en contacto con culturas de otros países europeos, y de esta manera fomentar la formación de una ciudadanía europea, no obstante la escasa compatibilidad entre sistemas en casi todos los aspectos (curricular, asignaturas, exámenes, calendarios, titulaciones, tipos de instituciones, finanzas, etc.), la integración se consiguió en parte. Esta etapa de movilidad sin cambio de estructuras permitió avances importantes en cuanto al aprendizaje de como trabajar juntos, así como la emergencia de centenares de redes entre universidades y universitarios y la creación de instrumentos como los European Transfer Credit System (ECTS), los The National Recognition Information Centre (NARIC), etc. Al aumentar el numero de intercambios organizados dentro de consorcios universitarios también permitió darse cuenta que para que la movilidad y la cooperación resultan más fáciles era imprescindible crear una mayor compatibilidad entre sistemas.

El objetivo final es crear un mercado laboral europeo abierto y competitivo para los investigadores, reforzando la diversificación de las competencias y el abanico de carreras a escala trasnacional.

La toma de conciencia de que la enseñanza superior está en una etapa difícil, o en una "crisis" se ha profundizado al mismo tiempo que se identificaron los principales retos que se plantean. Por esto se están desarrollando en la actualidad dos corrientes reformadoras que intentan fomentar las principales reformas que se necesitan para superar estas dificultades: el proceso intergubernamental de Bolonia (1999), ya bastante conocido y difundido, que ahora involucra a casi todos los países de Europa, y la estrategia de Lisboa de la UE. El proceso de Bolonia tiene como objetivo la creación de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) coherente, compatible y atractivo antes de 2010. Es el resultado de la iniciativa combinada de universidades y gobiernos, conforme a los principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad y está orientado hacia la consecución, entre otros, de dos grandes objetivos estratégicos: el incremento del empleo en la UE y en la conversión del EEES en polo de atracción para estudiantes y profesores de otras partes del mundo. Para conseguir el objetivo calidad se debe utilizar los procesos de evaluación/acreditación, entendidos como una herramienta para detectar las fortalezas y debilidades lo que nos permitirá la elaboración de planes de mejora con los cuales, poco a poco y de manera continua se va dando los pasos necesarios hacia la calidad.

El concepto de calida en la educación superior no debe verse como un concepto estático, atado a sus tradiciones que no ha cambiado durante el paso de los años, por el contrario debe asumir el rol que le corresponde,  en esencia: la satisfacción de las crecientes necesidades sociales a través de la producción de conocimientos, de cultura, y ello está en constante movimiento. De hecho el concepto de calidad debe medirse a través del grado de cumplimiento de la institución de educación superior de su misión, o sea, de resguardar, trasmitir y desarrollar la cultura universal. Sin embargo, muchos sistemas de evaluación miden un sin número de indicadores que no reflejan el cumplimiento de dicha misión. Precisamente el objetivo de este modesto trabajo es el lograr un sistema dinámico de auto evaluación que constantemente le proporcione información a la institución de educación superior para que pueda tomar las decisiones oportunas y pertinentes que la hagan dirigirse hacia la calidad.

Los seis principales factores que subyacen a la reforma de los sistemas educativos impulsados por el proceso de Bolonia son:

  1. Un marco de referencias de titulación.
  2. Generalización de los 3 niveles de grado, licenciado, maestría y doctorado.
  3. Sistema compatible de créditos.
  4. Promover una mayor movilidad entre los estudiantes y profesionales.
  5. Aseguramiento de calidad a escala europea, para el desarrollo de criterios y meteorologías comparables.
  6. Eliminación de obstáculos a la movilidad.

Bolonia es un compromiso político intergubernamental y no un tratado, ni una iniciativa de la Unión Europea de reformar las estructuras de los sistemas de enseñanza superior de manera convergente. Son diferentes razones que llevaron a los diferentes países a seguir esa dirección. Hasta ese momento había una eficiencia insatisfactoria del sistema de educación superior, relacionado con la excesiva duración de los estudios, las altas tasas de deserción de estudiantes y la poca flexibilidad para que un estudiante cambie de estudios a mitad de camino. Debemos ser conscientes que si Europa no invierte masivamente, en la nanotecnologías, las biotecnologías, las tecnologías de la información y de las ciencias cognitiva; el dominio de estos procesos para su crecimiento, su independencia será cuestionada y su soberanía quedará comprometida. El interés de los europeos debe orientarse en el mantenimiento de una base industrial europea fuerte y competitiva a través, del desarrollo de la investigación científica, de la evaluación y la preservación de los conocimientos, que son los únicos que pueden garantizar la independencia tecnológica, base de una real independencia.

La Unión Europea con la Estrategia de Lisboa (2000) fijó un nuevo objetivo estratégico; hacer la economía y la sociedad basados sobre el conocimiento más avanzada del mundo. Con este componente educativo de la "Educación & Formación 2010", se estaría en camino hacia una Europa educativa con sistemas diversos. En la política del programa se pretende alcanzar:

  • que los sistemas y la instituciones educativas europeas se vean como referencias de calidad y pertinencia en el mundo
  • que los sistemas tengan un nivel de compatibilidad suficiente para que los Europeos puedan aprovechar su diversidad en vez de encontrarse limitados o penalizados por ella.
  • que Europa consiga ser el destino preferido de los estudiantes, académicos y investigadores de los demás regiones del mundo

Estos retos conciernen en manera especial universidades y sistemas de enseñanza superior. Documentos comunitarios posteriores a Lisboa subrayan:

  • el grave déficit de financiamiento de las universidades europeas en comparación a su homólogos de EE.UU.
  • la menor preparación de las universidades europeas a la competición mundial, con insuficiente autonomía, recursos, experiencia de empresario y de marketing.
  • los efectos negativos de la fragmentación de los sistemas y de la poca eficacia de varios sistemas nacionales.
  • y la necesidad de invertir mucho más (3 por ciento en vez del actual 1,9 por ciento del PIB) en la investigación/desarrollo, para fomentar el crecimiento económico y reducir la fuga de cerebros.

Tanto el movimiento de Bolonia como Lisboa tiene su identidad propia, pero se completan y se refuerzan mutualmente. El aseguramiento de calidad (estudiantes aprenden lo que necesitan, no él donde se enseña un catalogo enciclopédico de conocimientos abstractos; y que lleva a los estudiantes al éxito) y acreditación (reforma curricular) se reconocieron como piedras claves del Espacio Europeo de Enseñanza Superior tanto en Berlín (2003) como en Bergen (2005).

Los retos que subyacen tanto Bolonia y Lisboa no son totalmente nuevos al desafió, lo nuevo es que se convirtieron en retos comunes europeos, que solamente se pueden lograr si se coordinan las políticas y si se refuerzan los sistemas Universitarios entre países europeos. Por fin se admitió el papel fundamental de las Universidades en el futuro de Europa y la investigación.

La European Network for Quality Assurance in Higher Eduaction se constituyó como red en el año 2000 para promover la cooperación europea en el ámbito del seguimiento de la calidad. En el 2003 en Berlín se hace hincapié que la autonomía universitaria lleva unida la responsabilidad de la garantía de la calidad de la institución y de una real rendición de cuentas. En el 2004 se transformó en la European Association for Quality Assurance in Higher Eduaction. En el 2005 se acordó que los sistemas nacionales de garantía de la calidad deberían incluir:

  • la distribución de responsabilidades de todos los implicados
  • la evaluación de programas o instituciones que incluyan la valoración interna
  • la revisión externa
  • la participación de los estudiantes y la publicación de los resultados
  • un sistema de acreditación/certificación o los procedimientos comparables
  • participación internacional y cooperación en redes

Además se insiste en la necesidad de la cooperación entre European Association for Quality Assurance in Higher Eduaction (ENQA), European University Association (EUA), European Association of Instituttions in Higher Eduaction (EURASHE) y The Nacional Unions of Students in Europe (ESIB) para desarrollar procedimientos, pautas y estandares en materia de aseguramiento de la calidad, estudiando un sistema de revisión por pares para asegurar la calidad y/o acreditar a las agencias.

En Bergen (2005) se valora la incorporación de los estudiantes en los procesos de cooperación internacional. Se garantiza la calidad de las agencias y se valora positivamente la creación de un registro de agencias de garantía de la calidad, resultado de la cooperación internacional (ENQA, EUA, EURASHE y ESIB). La calidad plantea la evaluación y acreditación como un proceso por medio del cual un programa o institución educativa brinda información sobre sus operaciones y logros a un organismo externo que evalúa y juzga - de manera independiente – dicha información, para poder hacer una declaración pública sobre el valor o la calidad del programa o de la institución.

Un primer motivo que explica el auge actual de la evaluación es el cambio registrado en los mecanismos de administración y control de los sistemas educativos, que ha marchado paralelo a las propias transformaciones experimentales por el sistema educacional en las últimas décadas. Los resultados de los procesos de evaluación pueden ser empleados con fines internos de aprendizaje institucional y mejoramiento de calidad. Un segundo fenómeno relacionado con el anterior se refiere a la creciente demanda social de información sobre la educación a fin de saber que ocurre en su interior, en muchos casos su imagen resulta ampliamente insatisfactoria, siendo numerosas las voces que reclaman una mayor transparencia. En la mediad que los procesos voluntarios son llevados adelante con responsabilidad y libertad, la reflexión sobre la propia actividad permite conocer diferencias con otras experiencias, valorarlas a unos y otros en su justo peso, e incluso optar más allá de las determinaciones de la costumbre impuesta.

La consolidación de la UE pasa necesariamente por su transformación en uno de los tres o cuatro polos mundiales que liderarán el mundo del futuro. Tal liderazgo deberá construirse sobre los principios consustanciales del ser europeo, entre los que se encuentran: el pensamiento, la cultura, el humanismo, la ciencia y los conocimientos, la democracia, la libertad individual, la igualdad, la solidaridad y el espíritu comunitario. Junto a ellos y en igualdad de importancia deben situarse temas quizás menos solemnes pero igual de nobles y necesarios. Son los que se refieren a la economía, la empresa, la tecnología, el trabajo y la competitividad, sin los cuales cualquier otro desarrollo es ficticio.

Para alcanzar una competitividad mundial sostenible, la UE se ve abocada a convertirse en una economía del conocimiento dinámica., en la cual se debe incrementar la inversión en conocimiento, tanto para generarlo como para hacer uso de él. La brecha con los competidores principales, como EE.UU. y Japón, sigue ahondándose. Igualmente, la competencia de Asia (China, India) y Brasil, cada vez más intensa, no viene sino a confirmar la necesidad de que Europa actúe sin perder un instante y realice urgentes reformas de gran calado. Por añadidura, la envergadura de la competencia es tal que ningún Estado miembro puede salir airoso de manera aislada. Deben aprovecharse plenamente las sinergias transnacionales ya que se trata de la única manera de reforzar los resultados en materia de investigación e innovación y transformarlos concretamente en un mayor crecimiento y un aumento del empleo en la UE.

La UE a demostrado al mundo como la cooperación entre los países tiene éxito, como lo demuestra la industria aerospacial y de satélites, o los de la física de altas energías. Este es el espíritu que debe presidir en los grandes desafíos de este milenio, la puesta al día de las energías de fusión, la reconquista en el terreno de las supercalculadoras y la puesta a punto del ordenador cuántico, la perseverancia en el inventario del genoma y de los protones, compresión de la conservación de la biodiversidad, el atlas del cerebro humano etc.

Además, la investigación y la innovación han demostrado que son necearías para aumentar la sostenibilidad de la economía de la UE con soluciones beneficiosas para todas las partes y que suscitan el crecimiento económico, el desarrollo social y la protección medioambiental.

El séptimo Programa Marco de la UE (2007-2013) confirma la prioridad que se concede al conocimiento (Universidades) y a la innovación para el crecimiento, brindando un marco general para el desarrollo de sinergias a todos los niveles. Fundamentándose en los logros pasados, todas las acciones, nuevas y mejoradas, deberán realizarse con vigor y determinación para que los esfuerzos de la UE en materia de investigación y de innovación posean una intensidad y una eficacia descollantes.

Referencias

  • Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Madrid, Ed. Revista de Occidente, 1930.
    Bohm, David. La totalidad y el orden implicado. Barcelona, Ed. Kairós, 1988
  • Reforma económica: Informe sobre el funcionamiento de los mercados comunitarios de productos y capitales, COM (2002) 743 de 23.12.2002 («Informe de Cardiff»).
  • El mercado interior: diez años sin fronteras, SEC(2002) 1417 de 7.1.2002.
  • London Economics study for the European Commission/European Round Table on Financial Services/ CEPR Study for the European Commission, noviembre de 2002
  • Optar por el crecimiento: conocimiento, innovación y empleo en una sociedad cohesiva. Informe al Consejo Europeo, de 21 de marzo de 2003, sobre la estrategia de Lisboa de renovación económica, social y medioambiental. COM (2003) — 49 pp. ISBN 92-894-4798-2
  • Los indicadores estructurales figuran en el sitio web de Eurostat, (16) SEC(2003) 25 de 14.1.2003. (http://europa.eu.int/comm/eurostat/).
  • Séptimo Programa Marco (2007-2013). http://www.ucm.es/info/ucmp/cont/news/data/00003798.xml

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