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ISSN 1913-6196

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 Economía solidaria en el sur de Brasil

Desarrollo Humano Sustentable

Ana Mercedes Sarria Icaza

Las experiencias económicas solidarias, sus límites y su contribución para el desarrollo local

El cuadro de organizaciones y los números globales muestran un crecimiento y diversificación de las prácticas cooperativas y asociativas, así como las nuevas dificultades a las cuales son confrontadas estas experiencias, considerando el contexto económico y social existente, claramente concentrador de renta y generador de desempleo y exclusión. Las nuevas experiencias se organizan justamente como opción para esta situación y por eso, en la casi totalidad de los casos, están integradas por trabajadores sin recursos y sin calificación, lo cual presenta numerosos desafíos para la viabilidad y el éxito económico de las mismas.

Cuadro: Experiencias de la economía solidaria por sector económico

Sector económico

Número de Experiencias

%

Agricultura

64

17%

Agroindustria

22

6%

Alimentación

45

12%

Artesanado

36

9%

Costura e confección

18

5%

Industria

61

16%

Prestación de servicios

48

12%

Reciclaje de residuos

39

10%

Otros

49

13%

TOTAL

382

100%

Cabe entonces hacerse algunas preguntas sobre la dinámica y los resultados concretos de las experiencias económicas solidarias: ¿Cuál es la problemática, dificultades y posibilidades que estas experiencias están enfrentando? ¿Cuales sus principales contribuciones para los trabajadores que en ellas se organizan y para las comunidades en las que ellas se desarrollan? ¿Cuáles los espacios de construcción más amplios, con vistas a trascender los límites particulares y crear las bases de una economía solidaria?

Fue con la intención de apuntar algunas pistas para responder estas respuestas, que realizamos visitas a 21 experiencias, buscando garantizar un cierto nivel de representatividad en términos de tipo de organización, espacio de actuación y tipo de producción. Analizando los resultados obtenidos, aparecen una serie de elementos que muestran cómo, a pesar de los límites y de las dificultades, las experiencias económicas solidarias son portadoras de nuevos procesos de inserción social y de desarrollo local y que hay una importante dinámica de expansión y articulación de las mismas.

  1. Los diversos grados de solidaridad, autogestión y democracia y la importancia del elemento normativo para orientar un cambio de racionalidad económica

Las experiencias visitadas tienen como elemento común el hecho de funcionar colectivamente y ser producto de la acción de los trabajadores, con lo cual rescatan las características que dieron origen al cooperativismo en el Estado: la búsqueda de opciones colectivas para problemas comunes. Ahora bien, la presencia de esta característica no significa necesariamente que la solidaridad, la democracia y la autogestión estén en el centro de su dinámica de estructuración y funcionamiento y un análisis en este sentido muestra los desafíos que las experiencias enfrentan para construir ese "modo de hacer economía que implica comportamientos sociales y personales nuevos"(Razeto, 1993: 40). Así, en la práctica, esas características no son siempre evidentes y dentro de las experiencias analizadas encontramos grandes diferencias, las cuales se explican por elementos, tanto de carácter estructural – las condiciones y el contexto en el que las experiencias surgen – como de naturaleza política o ideológica – la presencia de valores orientadores de las prácticas de los participantes.

Desde el punto de vista de la democracia y de la participación, las experiencias ligadas a la historia y a la práctica del cooperativismo tradicional son las que presentan mayores limitaciones y su propia lógica de funcionamiento no contribuye para desarrollar la participación de los asociados. Ya las experiencias más avanzadas son aquellas formadas fundamentalmente por trabajadores vinculados a luchas sociales que generalmente antecedieron a la formación del grupo como tal; este es el caso de las cooperativas ligadas a las luchas por la reforma agraria, a luchas urbanas o a luchas sindicales. Entre esos trabajadores, es claro un discurso más politizado, que visualiza la perspectiva de transformación social más amplia y propone formas democráticas y participativas de gestión y organización del trabajo, que se manifiestan en una mayor preocupación con métodos que construyan relaciones más horizontales y democráticas.

En términos generales, es importante destacar que, a pesar de la mayoría integrar de forma incipiente una perspectiva claramente solidaria, un elemento importante que aproxima las experiencias en el hecho de ellas ser organizadas por la acción de los propios trabajadores y no del capital. Aún y cuando los trabajadores no expliciten razones de naturaleza político-ideológica vinculadas al solidarismo, al crear puestos de trabajo sobre determinadas condiciones dadas, parecen depararse con condiciones para enfrentar los problemas a través de formas colectivas. Hay una mayor simbiosis entre lo individual y lo colectivo. No se trata apenas de una nueva forma de gestión, sino de algo más profundo, o sea, una nueva relación y concepción del propio trabajo. 1

  1. La importancia de la inserción social y la precariedad de los resultados económicos: de la supervivencia a la economía

Los resultados económicos de las experiencias analizadas, aún siendo marcadas por grandes dificultades, permiten percibir que ya pasaron de la fase de experimentación y tienden a una mayor permanencia y sustentación. Por otro lado, muestran que dichas experiencias son una opción legítima para enfrentar el desempleo y construir modelos de desarrollo más justos.

Ahora bien, exceptuando las cooperativas empresariales, estos resultados económicos, en la mayor parte de los casos, son precarios y repiten una serie de problemas clásicos en este tipo de experiencias, como falta de capital de giro y de créditos, dificultades de comercialización, pérdida de mercados, atrasos tecnológicos, falta de capacitación gerencial, etc. Esas dificultades están relacionadas tanto con factores externos –un contexto adverso y excluyente – como con factores internos - la necesidad de desarrollar su capacidad de incorporar elementos de la base técnica y procedimientos de la economía moderna. (Gaiger et al, 99:25).

Por otro lado, encontramos una tendencia aparentemente contradictoria, entre experiencias que, siendo exitosas, son poco solidarias y autogestionarias y, por otro lado, experiencias cuyos resultados son precarios pero en contrapartida desarrollan prácticas altamente democráticas y participativas. El problema es que es raro el caso en el que ambas dinámicas – la solidaria y la empresarial – están efectivamente articuladas. Es importante tener presente que, aún y con sus fragilidades, las experiencias producen efectos concretos y ventajas reales para sus trabajadores, si comparadas a una acción individual o a relaciones asalariadas. (Gaiger et al: 99). Este es el caso de la mayor parte de los grupos estudiados y, sintomáticamente, la relación de satisfacción y ganancias individuales aparece fortalecida en aquellos que cuentan con mayor participación, democracia y solidarismo. Esto indica que un desafío fundamental es desarrollar una perspectiva empresarial que no se vea en contradicción con la lógica solidaria, constituyendo esa nueva racionalidad económica de que nos habla Razeto (1997, 1999).

Otro elemento de fragilidad los constituye la poca articulación entre ellos, de forma a avanzar en la construcción de sistemas de producción, distribución y consumo. La mayoría se encuentra en un momento inicial, concentrado en resolver sus problemas de todos los días y con poca capacidad para articularse en espacios más amplios. Las experiencias vinculadas al MST son las que tienen un mayor grado de articulación y perspectivas estratégicas, aunque, paradójicamente, estas articulaciones están restrictas a sus propias organizaciones, faltando interrelación con las otras experiencias de la economía solidaria. En esas circunstancias, la integración horizontal y vertical de las experiencias pasa a ser crucial, para poder desarrollar mecanismos que den racionalidad a todo el circuito económico en que se insieren y permitan superar los límites hasta hoy enfrentados de forma desarticulada.

Un papel muy importante en relación con esta problemática puede ser jugado por políticas públicas que contribuyan para la superación de los problemas que más afligen a las experiencias. Hay algunos movimientos iniciales que apuntan en esta línea, principalmente articulados en torno a la capacitación y asesoría; puede ser destacado, en la región metropolitana de Porto Alegre, dos iniciativas importantes: un Foro de experiencias económicas solidarias y otro, de entidades de apoyo a la economía solidaria. En ambos casos comenzaron a ser trabajadas propuestas concretas a ser implementadas en las áreas de la comercialización, la legislación y la formación.

  1. Los nuevos espacios de actuación comunitarios y de desarrollo local

Las experiencias visitadas reflejan una de las características fundamentales de la economía solidaria: tienen un carácter claramente local. Se trata de grupos inmersos en su medio, principalmente en las comunidades a las que pertenecen, trabajando con los recursos locales disponibles. Este carácter territorial es claro, una vez que la mayor parte de ellos se originaron en respuesta a la exclusión, la cual es delimitada territorialmente. (Lisboa: 2001)

El sólo hecho de tener una posibilidad de participación en el grupo genera un nuevo espacio de ciudadanía para sus miembros, los cuales hacen un camino importante hacia la inclusión social.

Podemos destacar, en ese sentido, el número significativo de mujeres en los emprendimientos solidarios, o, otro elemento también importante, la posibilidad de mantener en actividad trabajadores que el mercado rechaza por considerar viejos.

Sin embargo, por las mismas limitaciones económicas ya mencionadas en el punto anterior, la mayoría reflejan procesos incipientes de participación en ámbito local y, en consecuencia, la perspectiva regional y nacional no aparece todavía en el horizonte de acción de la mayoría de estos grupos.

Aún así, hay algunos indicadores de construcción de procesos de afirmación de una lógica que va, progresivamente, construyendo una perspectiva de desarrollo desde lo local, tendiente a construir un vector de otro tipo de globalización, pautada por la solidaridad y no por la competitividad. La realización de Ferias estatales, iniciativa desarrollada por la COOESPERANÇA -cooperativa de comercialización de Santa María - y que viene generalizándose progresivamente, es un paso importante en esta dirección. Otro movimiento que puede ser destacado es la formación de Foros, como el de la Región Metropolitana de Porto Alegre, así como otras iniciativas en la esfera del consumo –la ampliación de una Central de Compras Colectivas- y de la moneda – con la creación de algunos grupos de trueque con sus monedas específicas.

La contribución de políticas públicas, tanto desde el Gobierno como desde las otras organizaciones de apoyo, para estimular este movimiento de articulación más amplio, está constituyéndose en un elemento central en la acción de estas instituciones. Pero estas políticas no pueden sustituir la necesaria consolidación de las experiencias, fortaleciéndose como actores efectivos de un modelo de desarrollo endógeno, al mismo tiempo integrado en una dimensión global. Vemos como esta perspectiva está cada vez más presente en la pauta de discusión y en los proyectos de la economía solidaria. Cabe destacar que, en los últimos meses, se intensificó el debate y ya iniciaron algunas experiencias alrededor de la de la construcción de monedas locales y redes de comercio solidario.

La solidaridad a la orden del día

"Ese nuevo sistema (...) deberá prestar atención
 a los equilibrios sociales y a los equilibrios síquicos,
 encarnando otro concepto de interés individual,
 de sentido de vida y, también,
 otra concepción de economía,
 como cultura y base material de la vida en sociedad."
(Coraggio, 2000, p. 113).

Podemos decir que la economía solidaria desafía la constitución de un movimiento cooperativo con un dinamismo propio, capaz de proponer opciones a los procesos de exclusión actuales, superando la subordinación a las políticas gubernamentales y a la lógica del capital que ha caracterizado el cooperativismo tradicional. Su surgimiento está determinado por un nuevo contexto y su desarrollo pasa por la construcción de una identidad en la que los valores de solidarismo y la voluntad de ser portador de un nuevo modelo de organización social se colocan como elementos significativos. En Rio Grande do Sul, los datos muestran que ese movimiento viene experimentando una vigorosa expansión en los últimos años, tanto por la configuración y consolidación de un conjunto de organizaciones que promueven y organizan las experiencias, como por la ampliación y diversificación de las mismas, cuyas prácticas, en la mayor parte de los casos, son orientadas por la búsqueda de una nueva forma de vida, transcendiendo la mera construcción de opciones para generación de trabajo y renta. Por otro lado, nuestra investigación mostró que en ese movimiento convergen diversos sectores y movimientos sociales, ligados a sectores populares urbanos, pequeños agricultores y trabajadores de la industria, siendo justamente esta pluralidad de prácticas uno de los puntos fuertes e innovadores de la economía solidaria.

No obstante, es posible identificar también una serie de límites, que desafían la economía solidaria para poder alcanzar parametros productivos y de legitimidad más elevados, límites que se manifiestan tanto en el todavía incipiente significado numérico, como en las dificultades económicas y de articulación actual de esas experiencias. Es necesario avanzar para poder colocar la economía solidaria en la agenda del desarrollo nacional, como una alternativa real y posible para el país.

Por otro lado, el análisis de las experiencias permite constatar las posibilidades concretas que ellas representan para la construcción de nuevas relaciones de trabajo para sus participantes. Así, el hecho de la mayor parte de las experiencias ser organizadas por la acción de los trabajadores y no del capital, determina condiciones colectivas para enfrentar los problemas, al mismo tiempo en que genera nuevos espacios de ciudadanía para sus miembros. Sin embargo, es evidente que prevalecen una serie de límites relativos a la autogestión, participación y cooperación, indicando cuánto estos procesos son complejos y requieren mudanzas que demandan tiempo y capacidad para entender las particularidades de los grupos concernidos.

Finalmente, como las experiencias surgen y se desarrollan en espacios locales de vida de las personas, esto les confiere un diferencial importante para la construcción de procesos de desarrollo local, pues están estrechamente ligadas a otros procesos y necesidades sociales de los propios participantes, como salud, educación, saneamiento y otras dinámicas que posibilitan la reproducción de la vida en todos sus sentidos, las cuales por su vez no están desvinculadas de las dinámicas nacionales e internacionales.

Así, a pesar de las limitaciones estructurales enfrentadas por los emprendimientos económicos solidarios, se percibe un proceso gradual de avances y realizaciones, al mismo tiempo ancladas en las propias experiencias y trascendiéndolas, pues los límites hasta ahora detectados no pueden ser superados en una dinámica auto-centrada en los emprendimientos. Se hace necesario avanzar en la construcción de un sistema, construyendo articulaciones entre los emprendimientos y en los diferentes espacios locales, regionales, nacionales y mundiales. Las perspectivas de consolidación de la economía solidaria, en este sentido, demandan un doble proceso: de las experiencias a las articulaciones, redes y políticas más amplias, y de éstas, al fortalecimiento y ampliación de las experiencias concretas.

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Notas

   

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