Las experiencias económicas solidarias, sus límites y su
contribución para el desarrollo local
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El cuadro de organizaciones y los números globales
muestran un crecimiento y diversificación de las prácticas
cooperativas y asociativas, así como las nuevas dificultades a las
cuales son confrontadas estas experiencias, considerando el contexto
económico y social existente, claramente concentrador de renta y
generador de desempleo y exclusión. Las nuevas experiencias se
organizan justamente como opción para esta situación y por eso, en
la casi totalidad de los casos, están integradas por trabajadores
sin recursos y sin calificación, lo cual presenta numerosos desafíos
para la viabilidad y el éxito económico de las mismas. |
Cuadro: Experiencias de la economía solidaria por sector
económico
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Sector económico
|
Número
de Experiencias |
% |
|
Agricultura
|
64 |
17% |
|
Agroindustria
|
22 |
6% |
|
Alimentación
|
45 |
12% |
|
Artesanado
|
36 |
9% |
|
Costura e confección
|
18 |
5% |
|
Industria
|
61 |
16% |
|
Prestación
de servicios
|
48 |
12% |
|
Reciclaje de residuos
|
39 |
10% |
|
Otros
|
49 |
13% |
|
TOTAL
|
382 |
100% |
Cabe entonces hacerse algunas preguntas sobre la dinámica
y los resultados concretos de las experiencias económicas solidarias:
¿Cuál es la problemática, dificultades y posibilidades que estas
experiencias están enfrentando? ¿Cuales sus principales contribuciones
para los trabajadores que en ellas se organizan y para las comunidades en
las que ellas se desarrollan? ¿Cuáles los espacios de construcción más
amplios, con vistas a trascender los límites particulares y crear las
bases de una economía solidaria?
Fue con la intención de apuntar algunas pistas para
responder estas respuestas, que realizamos visitas a 21 experiencias,
buscando garantizar un cierto nivel de representatividad en términos de
tipo de organización, espacio de actuación y tipo de producción.
Analizando los resultados obtenidos, aparecen una serie de elementos que
muestran cómo, a pesar de los límites y de las dificultades, las
experiencias económicas solidarias son portadoras de nuevos procesos de
inserción social y de desarrollo local y que hay una importante dinámica
de expansión y articulación de las mismas.
-
Los diversos grados de solidaridad, autogestión y
democracia y la importancia del elemento normativo para orientar un cambio
de racionalidad económica
Las experiencias visitadas tienen como elemento común el
hecho de funcionar colectivamente y ser producto de la acción de los
trabajadores, con lo cual rescatan las características que dieron origen
al cooperativismo en el Estado: la búsqueda de opciones colectivas para
problemas comunes. Ahora bien, la presencia de esta característica no
significa necesariamente que la solidaridad, la democracia y la
autogestión estén en el centro de su dinámica de estructuración y
funcionamiento y un análisis en este sentido muestra los desafíos que las
experiencias enfrentan para construir ese "modo de hacer economía que
implica comportamientos sociales y personales nuevos"(Razeto, 1993: 40).
Así, en la práctica, esas características no son siempre evidentes y
dentro de las experiencias analizadas encontramos grandes diferencias, las
cuales se explican por elementos, tanto de carácter estructural – las
condiciones y el contexto en el que las experiencias surgen – como de
naturaleza política o ideológica – la presencia de valores orientadores de
las prácticas de los participantes.
Desde el punto de vista de la democracia y de la
participación, las experiencias ligadas a la historia y a la práctica del
cooperativismo tradicional son las que presentan mayores limitaciones y su
propia lógica de funcionamiento no contribuye para desarrollar la
participación de los asociados. Ya las experiencias más avanzadas son
aquellas formadas fundamentalmente por trabajadores vinculados a luchas
sociales que generalmente antecedieron a la formación del grupo como tal;
este es el caso de las cooperativas ligadas a las luchas por la reforma
agraria, a luchas urbanas o a luchas sindicales. Entre esos trabajadores,
es claro un discurso más politizado, que visualiza la perspectiva de
transformación social más amplia y propone formas democráticas y
participativas de gestión y organización del trabajo, que se manifiestan
en una mayor preocupación con métodos que construyan relaciones más
horizontales y democráticas.
En términos generales, es importante destacar que, a pesar
de la mayoría integrar de forma incipiente una perspectiva claramente
solidaria, un elemento importante que aproxima las experiencias en el
hecho de ellas ser organizadas por la acción de los propios trabajadores y
no del capital. Aún y cuando los trabajadores no expliciten razones de
naturaleza político-ideológica vinculadas al solidarismo, al crear puestos
de trabajo sobre determinadas condiciones dadas, parecen depararse con
condiciones para enfrentar los problemas a través de formas colectivas.
Hay una mayor simbiosis entre lo individual y lo colectivo. No se trata
apenas de una nueva forma de gestión, sino de algo más profundo, o sea,
una nueva relación y concepción del propio trabajo.
1
-
La importancia de la inserción social y la precariedad
de los resultados económicos: de la supervivencia a la economía
Los resultados económicos de las experiencias analizadas,
aún siendo marcadas por grandes dificultades, permiten percibir que ya
pasaron de la fase de experimentación y tienden a una mayor permanencia y
sustentación. Por otro lado, muestran que dichas experiencias son una
opción legítima para enfrentar el desempleo y construir modelos de
desarrollo más justos.
Ahora bien, exceptuando las cooperativas empresariales,
estos resultados económicos, en la mayor parte de los casos, son precarios
y repiten una serie de problemas clásicos en este tipo de experiencias,
como falta de capital de giro y de créditos, dificultades de
comercialización, pérdida de mercados, atrasos tecnológicos, falta de
capacitación gerencial, etc. Esas dificultades están relacionadas tanto
con factores externos –un contexto adverso y excluyente – como con
factores internos - la necesidad de desarrollar su capacidad de incorporar
elementos de la base técnica y procedimientos de la economía moderna. (Gaiger
et al, 99:25).
Por otro lado, encontramos una tendencia aparentemente
contradictoria, entre experiencias que, siendo exitosas, son poco
solidarias y autogestionarias y, por otro lado, experiencias cuyos
resultados son precarios pero en contrapartida desarrollan prácticas
altamente democráticas y participativas. El problema es que es raro el
caso en el que ambas dinámicas – la solidaria y la empresarial – están
efectivamente articuladas. Es importante tener presente que, aún y con sus
fragilidades, las experiencias producen efectos concretos y ventajas
reales para sus trabajadores, si comparadas a una acción individual o a
relaciones asalariadas. (Gaiger et al: 99). Este es el caso de la mayor
parte de los grupos estudiados y, sintomáticamente, la relación de
satisfacción y ganancias individuales aparece fortalecida en aquellos que
cuentan con mayor participación, democracia y solidarismo. Esto indica que
un desafío fundamental es desarrollar una perspectiva empresarial que no
se vea en contradicción con la lógica solidaria, constituyendo esa nueva
racionalidad económica de que nos habla Razeto (1997, 1999).
Otro elemento de fragilidad los constituye la poca
articulación entre ellos, de forma a avanzar en la construcción de
sistemas de producción, distribución y consumo. La mayoría se encuentra en
un momento inicial, concentrado en resolver sus problemas de todos los
días y con poca capacidad para articularse en espacios más amplios. Las
experiencias vinculadas al MST son las que tienen un mayor grado de
articulación y perspectivas estratégicas, aunque, paradójicamente, estas
articulaciones están restrictas a sus propias organizaciones, faltando
interrelación con las otras experiencias de la economía solidaria. En esas
circunstancias, la integración horizontal y vertical de las experiencias
pasa a ser crucial, para poder desarrollar mecanismos que den racionalidad
a todo el circuito económico en que se insieren y permitan superar los
límites hasta hoy enfrentados de forma desarticulada.
Un papel muy importante en relación con esta problemática
puede ser jugado por políticas públicas que contribuyan para la superación
de los problemas que más afligen a las experiencias. Hay algunos
movimientos iniciales que apuntan en esta línea, principalmente
articulados en torno a la capacitación y asesoría; puede ser destacado, en
la región metropolitana de Porto Alegre, dos iniciativas importantes: un
Foro de experiencias económicas solidarias y otro, de entidades de apoyo a
la economía solidaria. En ambos casos comenzaron a ser trabajadas
propuestas concretas a ser implementadas en las áreas de la
comercialización, la legislación y la formación.
-
Los nuevos espacios de actuación comunitarios y de
desarrollo local
Las experiencias visitadas reflejan una de las
características fundamentales de la economía solidaria: tienen un carácter
claramente local. Se trata de grupos inmersos en su medio, principalmente
en las comunidades a las que pertenecen, trabajando con los recursos
locales disponibles. Este carácter territorial es claro, una vez que la
mayor parte de ellos se originaron en respuesta a la exclusión, la cual es
delimitada territorialmente. (Lisboa: 2001)
El sólo hecho de tener una posibilidad de participación en
el grupo genera un nuevo espacio de ciudadanía para sus miembros, los
cuales hacen un camino importante hacia la inclusión social.
Podemos destacar, en ese sentido, el número significativo
de mujeres en los emprendimientos solidarios, o, otro elemento también
importante, la posibilidad de mantener en actividad trabajadores que el
mercado rechaza por considerar viejos.
Sin embargo, por las mismas limitaciones económicas ya
mencionadas en el punto anterior, la mayoría reflejan procesos incipientes
de participación en ámbito local y, en consecuencia, la perspectiva
regional y nacional no aparece todavía en el horizonte de acción de la
mayoría de estos grupos.
Aún así, hay algunos indicadores de construcción de
procesos de afirmación de una lógica que va, progresivamente, construyendo
una perspectiva de desarrollo desde lo local, tendiente a construir un
vector de otro tipo de globalización, pautada por la solidaridad y no por
la competitividad. La realización de Ferias estatales, iniciativa
desarrollada por la COOESPERANÇA -cooperativa de comercialización de Santa
María - y que viene generalizándose progresivamente, es un paso importante
en esta dirección. Otro movimiento que puede ser destacado es la formación
de Foros, como el de la Región Metropolitana de Porto Alegre, así como
otras iniciativas en la esfera del consumo –la ampliación de una Central
de Compras Colectivas- y de la moneda – con la creación de algunos grupos
de trueque con sus monedas específicas.
La contribución de políticas públicas, tanto desde el
Gobierno como desde las otras organizaciones de apoyo, para estimular este
movimiento de articulación más amplio, está constituyéndose en un elemento
central en la acción de estas instituciones. Pero estas políticas no
pueden sustituir la necesaria consolidación de las experiencias,
fortaleciéndose como actores efectivos de un modelo de desarrollo
endógeno, al mismo tiempo integrado en una dimensión global. Vemos como
esta perspectiva está cada vez más presente en la pauta de discusión y en
los proyectos de la economía solidaria. Cabe destacar que, en los últimos
meses, se intensificó el debate y ya iniciaron algunas experiencias
alrededor de la de la construcción de monedas locales y redes de comercio
solidario.
La solidaridad a la orden del día
"Ese nuevo sistema (...) deberá prestar atención
a los
equilibrios sociales y a los equilibrios síquicos,
encarnando otro
concepto de interés individual,
de sentido de vida y, también,
otra
concepción de economía,
como cultura y base material de la vida en
sociedad."
(Coraggio, 2000, p. 113).
Podemos decir que la economía solidaria desafía la
constitución de un movimiento cooperativo con un dinamismo propio, capaz
de proponer opciones a los procesos de exclusión actuales, superando la
subordinación a las políticas gubernamentales y a la lógica del capital
que ha caracterizado el cooperativismo tradicional. Su surgimiento está
determinado por un nuevo contexto y su desarrollo pasa por la construcción
de una identidad en la que los valores de solidarismo y la voluntad de ser
portador de un nuevo modelo de organización social se colocan como
elementos significativos. En Rio Grande do Sul, los datos muestran que ese
movimiento viene experimentando una vigorosa expansión en los últimos
años, tanto por la configuración y consolidación de un conjunto de
organizaciones que promueven y organizan las experiencias, como por la
ampliación y diversificación de las mismas, cuyas prácticas, en la mayor
parte de los casos, son orientadas por la búsqueda de una nueva forma de
vida, transcendiendo la mera construcción de opciones para generación de
trabajo y renta. Por otro lado, nuestra investigación mostró que en ese
movimiento convergen diversos sectores y movimientos sociales, ligados a
sectores populares urbanos, pequeños agricultores y trabajadores de la
industria, siendo justamente esta pluralidad de prácticas uno de los
puntos fuertes e innovadores de la economía solidaria.
No obstante, es posible identificar también una serie de
límites, que desafían la economía solidaria para poder alcanzar parametros
productivos y de legitimidad más elevados, límites que se manifiestan
tanto en el todavía incipiente significado numérico, como en las
dificultades económicas y de articulación actual de esas experiencias. Es
necesario avanzar para poder colocar la economía solidaria en la agenda
del desarrollo nacional, como una alternativa real y posible para el país.
Por otro lado, el análisis de las experiencias permite
constatar las posibilidades concretas que ellas representan para la
construcción de nuevas relaciones de trabajo para sus participantes. Así,
el hecho de la mayor parte de las experiencias ser organizadas por la
acción de los trabajadores y no del capital, determina condiciones
colectivas para enfrentar los problemas, al mismo tiempo en que genera
nuevos espacios de ciudadanía para sus miembros. Sin embargo, es evidente
que prevalecen una serie de límites relativos a la autogestión,
participación y cooperación, indicando cuánto estos procesos son complejos
y requieren mudanzas que demandan tiempo y capacidad para entender las
particularidades de los grupos concernidos.
Finalmente, como las experiencias surgen y se desarrollan
en espacios locales de vida de las personas, esto les confiere un
diferencial importante para la construcción de procesos de desarrollo
local, pues están estrechamente ligadas a otros procesos y necesidades
sociales de los propios participantes, como salud, educación, saneamiento
y otras dinámicas que posibilitan la reproducción de la vida en todos sus
sentidos, las cuales por su vez no están desvinculadas de las dinámicas
nacionales e internacionales.
Así, a pesar de las limitaciones estructurales enfrentadas
por los emprendimientos económicos solidarios, se percibe un proceso
gradual de avances y realizaciones, al mismo tiempo ancladas en las
propias experiencias y trascendiéndolas, pues los límites hasta ahora
detectados no pueden ser superados en una dinámica auto-centrada en los
emprendimientos. Se hace necesario avanzar en la construcción de un
sistema, construyendo articulaciones entre los emprendimientos y en los
diferentes espacios locales, regionales, nacionales y mundiales. Las
perspectivas de consolidación de la economía solidaria, en este sentido,
demandan un doble proceso: de las experiencias a las articulaciones, redes
y políticas más amplias, y de éstas, al fortalecimiento y ampliación de
las experiencias concretas.
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