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 Felicidad y desarrollo

Desarrollo Humano Sustentable

Joan Oriol Prats

 

¿Por qué esta magnifica tecnología
científica, que ahorra trabajo y nos
hace la vida más fácil nos aporta
tan poca felicidad? La respuesta es esta,
simplemente: porque aún no hemos
aprendido a usarla con tino.

Albert Einstein

¿Genera felicidad el desarrollo? Parecería lógico pensar que cuanto más desarrollados estamos y más acceso tenemos a distintos tipos de bienes y servicios más satisfechos hemos de estar con nuestra vida. Paradójicamente, la realidad parece ser otra. De acuerdo a las encuestas disponibles, en los países ahora desarrollados no ha aumentado la felicidad en la última mitad de siglo.

Los estudios empíricos de Richard Easterlin muestran que las personas que afirman ser 'muy felices' se ha mantenido constante en el 30 %; mientras que las personas que 'no son muy felices' apenas ha disminuido. Esto se ha venido a conocer como la 'Paradoja de Easterlin', que señala que pese a que en los últimos cincuenta años se doblado la renta por habitante, felicidad de las personas no ha aumentado. ¿Por qué los aumentos de renta no generan mayor felicidad? ¿Por qué no hemos cambiado nada al respecto? ¿Qué políticas podrían ayudar a incrementar la felicidad del hombre?

Un sistema económico destinado a maximizar la renta de los individuos es difícilmente compatible con el aumento progresivo de la felicidad. En primer lugar, la gente se acostumbra a lo bueno, la renta tiene límites. Aunque resulte difícil de creer, existe un punto a partir del cual aunque aumenten nuestros niveles de consumo no aumentan proporcionalmente nuestra felicidad. John Helliwell utilizando la Encuesta Mundial de Valores muestra que el aumento de la renta media únicamente aumenta la felicidad media en aquellos países que están por debajo de los 15.000 dólares por habitante. Desde esta lógica, el crecimiento genera felicidad hasta un punto.

El fenómeno que limita en mayor medida la felicidad del conjunto de personas es la rivalidad inherente en el sistema de competencia. Un estudio de la Universidad de Harvard mostró que la gente prefería poseer 50$ y que los demás tuvieran la mitad a tener 100 dólares y que los demás tuvieran 200. La gente es más feliz siendo pobre si su posición relativa mejora. Como señala Paul Krugman, una persona con una renta media de 25.000 euros en una sociedad donde la media es de 50.000 puede sentirse socialmente tan desaventajada como una persona que posee una renta de 10.000 pero la media es de 20.000. Como muestra Richard Layard, en Alemania del Este la renta de las personas ha aumentado desde 1990 pero su nivel de felicidad se ha reducido. Algo similar sucede con muchas mujeres que, pese a entrar en el mercado laboral, no mejoran sus niveles de felicidad porque se encuentran discriminadas en su puesto de trabajo.

Parece que para que unas personas sean felices otras han de dejar de serlo. Se trata de un juego de suma cero donde lo que ganan unos lo pierden otros. En este sentido, la porción es más importante que el tamaño del pastel. Desde esta lógica, la desigualdad resulta tan persistente. Como ya reconoció Adolf Huxley hace mucho tiempo, el bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás.

Actualmente las diferencias entre los que más y menos tienen son más observables que nunca a nivel mundial. Estos últimos años de globalización en muchos lugares no han traído más felicidad. Parecería que la desigualdad es necesaria para que las personas sean felices. Además, la persistente desigualdad facilita las estrategias de aquellos que quieren mantener el statu quo.

Si aceptamos que (i) la renta a partir de un punto no genera más felicidad y que (ii) la desigualdad de renta genera infelicidad, entonces los aumentos de renta deberían estar especialmente gravados. Al igual que los efectos de la contaminación medioambiental generados por una empresa tienen que ser gravados por sus efectos negativos sobre las demás personas, el aumento de salario debería valorarse por el tipo de trabajo que genera y no únicamente por la renta. Reducir la rivalidad por el salario puede ser un camino. Ciertas exageraciones salariales no tienen sentido y las estrellas de cine, los astros del fútbol o determinados directivos de empresa no tienen sentido.

Otras medidas encaminadas a reducir el espíritu de rivalidad excesivo y las frustraciones derivadas de la comparación constante son las relativas a los efectos de los medios de comunicación. La constante aparición de superestrellas, modelos en los anuncios, y otras 'maravillas' puede tener efectos secundarios no previstos. El camino emprendido por Noruega y Suecia de prohibir la publicidad destinada a menores de 12 años puede dar resultados.

Pero más allá de las medidas de política, también es importante tener en cuenta el cambio en nosotros mismos. Aunque el salario acaba siendo el objetivo principal de nuestra lucha diaria, el altruismo no recíproco y la cooperación social son dimensiones importantes de la felicidad. Existen acciones - como dar propina, reciclar, tratar bien a los animales, votar en las diversas elecciones, reciclar la basura o coger a un autostopista que desconocemos - en las que los costes superan ampliamente los beneficios personales. Estas acciones parten de que la felicidad de uno mismo está en los demás y por lo tanto los beneficios para otros de nuestras acciones pueden superar los costes personales de las mismas.

Estas actitudes contrastan con el 'Yo - Primero' y 'No en mi Patio Trasero' que tantas veces caracterizan las acciones sociales. Y es que muchas veces el comportamiento de los grupos a los que pertenecemos no se corresponde con nuestras acciones y preferencias individuales. Los grupos que agregan nuestras preferencias (sean asociaciones de vecinos, partidos políticos, o asociaciones de profesionales) muchas veces reflejan las diferencias por encima de los intereses comunes, se exalta el qué hay de lo mío por encima de los intereses comunes.

El papel de los líderes políticos en este sentido es especialmente importante. Su tendencia a responder únicamente ante los sectores más extremos de la organización que los sustentan, a plantear posturas maximalistas para ganar poder de negociación, a poner su agenda personal por encima de la del grupo, y a no ser siempre claros en sus posiciones conducen a la conocida desafección política, pero también al distanciamiento estratégico de los intereses comunes.

Resulta curioso que Frei y Stutzer a través de una encuesta a 6000 personas en Suiza muestren que en aquellos cantones donde existen más consultas populares los niveles de felicidad son mayores. La ciudadanía activa y el sentido de comunidad se complementan mutuamente. A su vez, estimulan el diálogo entre ciudadanos y permiten que la ciudadanía se involucre sin tantos intermediarios, de una forma más republicana, como actores y espectadores del teatro político.

Hay que tener en cuenta que la rivalidad por la renta no se produce en otras esferas de la vida. El mismo estudio de Harvard citado anteriormente muestra que cuando las personas son preguntadas por si prefieren tener dos semanas de vacaciones y los demás la mitad, o cuatro semanas de vacaciones y las demás el doble, únicamente el 20 % de las personas prefiere la primera opción.

Como la rivalidad se produce por el salario (lo más desagradable, lo que se hace por 'dinero'), las personas dedican mayores esfuerzos a lograr un buen salario en vez de un mayor y mejor tiempo de ocio. Potenciar el espíritu del ocio y las esferas no competitivas de la vida puede ser también un avance en la solución.

Como se observa, las soluciones no están claras. Individuos y Estado han de emprender cambios: Cambios que lleven a un 'mundo más feliz' que de momento sólo podemos imaginar.

Para saber más

Página web de Richar Easterlin http://www-rcf.usc.edu/~easterl/

Página web de Richard Layard http://cep.lse.ac.uk/layard/

Encuesta Mundial de Valores http://www.worldvaluessurvey.org/

Eurobarómetro http://europa.eu.int/comm/public_opinion/cf/index_en.cfm

Notas

Fuente: Instituto de Gobernabilidad de Cataluña http://www.iigov.org/index.drt

   

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