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ISSN 1913-6196

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 El modelo de mediación predominante en Norte América desde la óptica de un inmigrante

Prevención y resolución de conflictos

María Beatriz Hennessy

Parte 1 / 2

Este artículo se cimienta en un ensayo titulado An Inmigrant’s Perspective to the Problem Solving Approach to Mediation, el cual fue presentado como investigación final para la maestría en derecho con especialización en medios alternativos de resolución de conflictos.

La composición demográfica de la población canadiense así como las actitudes culturales de la misma están cambiando notablemente; de acuerdo con un estudio realizado en marzo del año pasado por el departamento de Estadista de Canadá, titulado Population Projections of Visible Minority groups, Canada, Province and Regions, 2001 to 2017, aproximadamente una de cada cinco personas en Canadá podría ser miembro de minorías visibles para el año 2017. Según las proyecciones del estudio, las minorías visibles representarán el veintidós por ciento de la población, lo cual significa que el contacto directo con personas de diferentes culturas está en incremento y subsecuentemente, es una parte inevitable de nuestra coexistencia.

Las personas que inmigran al Canadá no necesariamente comparten las percepciones del grueso de la población con respecto a la forma de resolver disputas. El enfoque individualista para la resolución de los conflictos que se encuentra arraigado en el pensamiento occidental no siempre es compartido por aquellos miembros de culturas con una mayor orientación colectivista. Por tanto, la comprensión del aspecto cultural en la resolución de los conflictos ha dejado de ser del dominio exclusivo de los profesionales que trabajan en el extranjero o de quienes trabajan primordialmente dentro de contextos interculturales. Si el campo de resolución de los conflictos ha de contribuir al mejoramiento de las relaciones multiculturales y constructivamente ha de responder a los conflictos con procesos que reflejen entendimiento y respeto por los valores implícitos de todos los miembros de la sociedad, es importante determinar si la teoría y la práctica de la resolución de conflictos responden a esta realidad.

Partiendo de la compresión del conflicto desde una perspectiva cultural, este articulo realiza una comparación del individualismo y colectivismo, a fin de ilustrar como estas dos dimensiones sociales influencian, en cierta forma, la valoración que el individuo hace del conflicto, su comportamiento y su respuesta al mismo. Lo cual resulta de gran relevancia dentro del campo de la mediación y de mayor utilidad dentro de un contexto multicultural para poder determinar sí el modelo predominante de mediación en Norte América responde a las necesidades universales del debido proceso, de garantías procesales y de justa resolución; y si a su vez respeta los valores de una sociedad multicultural.

Nexos entre cultura y conflicto

Este artículo parte del nexo que existe entre cultura y conflicto como punto angular para comprender las distintas interpretaciones que los diferentes grupos culturales hacen del conflicto. Cada cultura tiene unos patrones de comportamiento, un grupo de valores y una serie de normas para responder al conflicto. Estas dimensiones en combinación con factores contextuales y atributos personales influencian el entendimiento, las expectativas y la respuesta que cada individuo tiene con respecto al conflicto.

Los conflictos son eventos culturales que reflejan lo que los individuos en una sociedad valoran, la definición que ellos hacen de amigos y enemigos, y los procedimientos que los grupos o los individuos utilizan para conseguir sus objetivos. Si bien la cultura no causa el conflicto, ella afecta el comportamiento durante el conflicto y es siempre un factor en él, bien sea representando un papel central o influenciándole en forma sutil. La cultura influye en las acciones y actitudes de los individuos toda vez que les da pautas y parámetros de lo que se considera apropiado y aceptable; de lo que razonablemente se espera de ellos y de los demás en un evento específico incluyendo los conflictos, e indica cuales son las metas a alcanzar, así como las vías aceptables para su consecución. 1 En otras palabras, la cultura delimita la forma en que las personas enfrentan y resuelven los conflictos.

El poseer un conocimiento del contexto cultural dentro del cual un conflicto ocurre proporciona pautas acerca de sus raíces, su posible curso y su manejo, toda vez que la cultura está también presente dentro de las instituciones sociales, las organizaciones, las normas y las prácticas; por consiguiente, ella provee herramientas críticas bajo las cuales los grupos y los individuos operan y entienden su mundo social. En la interrelación de la cultura y el conflicto, se observan tanto diferencias como similitudes en las respuestas culturales al conflicto. Una similitud importante a través de las diferentes culturas es la multiplicidad de vías por las cuales el conflicto puede afrontarse. Cada cultura posee una gran variedad de comportamientos y respuestas hacia el conflicto como se puede predicar también de cada individuo, pero la distribución de estos estilos varía. Las normas de cada cultura refuerzan un estilo de conflicto sobre los otros. 2

A pesar de la importancia y utilidad que conlleva el conocimiento de los patrones generales de los diversos grupos sociales con respecto al comportamiento y manejo de los conflictos, ellos poseen limitaciones en cuanto a las diferencias de carácter individual que se presentan dentro de los distintos grupos culturales. Por esta razón, la cultura dentro de un contexto de conflicto debe ser entendida ampliamente, tomando en consideración un sinnúmero de variables tales como raza, sexo, posición socioeconómica, religión etc. Las variables culturales tienen influencia en las asunciones que los disputantes hacen acerca de las acciones de los otros que no comparten el mismo conocimiento acumulado y experiencia. Por lo demás, ellas inciden en la valoración que los individuos hacen de una experiencia en particular.3

Las asunciones culturales en torno al conflicto se manifiestan durante la comunicación entre las partes involucradas en una disputa.4 Si el intercambio ocurre entre individuos que no comparten la misma realidad o pensamiento, frecuentemente pueden ocurrir malas interpretaciones y comportamientos ofensivos, debido a que cada una de las partes interpreta los mensajes del otro de acuerdo con su propia realidad o pensamiento.5 Al tratar de darle sentido al encuentro, las partes hacen asunciones que reflejan el entendimiento cultural consciente o inconsciente del evento. Si el intercambio no concuerda con sus propios estándares culturales o estereotipos, las partes, por lo general, atribuyen las diferencias en comunicación y comportamientos a una intención malsana por parte del otro, en vez de atribuirlo a diferencias culturales, factores situacionales o condiciones externas.6 Para darle significado al evento, los disputantes interpretan y reinterpretan el comportamiento y los motivos de cada uno, de forma que sean compatibles con sus creencias, imágenes, expectativas, experiencias y teorías acerca del conflicto.7

Individualismo y colectivismo

Dado que el contexto cultural afecta cómo se define el conflicto; cuándo es requerida la intervención; que mecanismo de resolución de conflicto se considera apropiado; así como también influye en los patrones de negociación; en las preferencias y expectativas con respecto a los terceros interventores y en la determinación de lo que constituye una solución aceptable y justa, el entendimiento de los valores de los paradigmas individualistas y colectivistas resulta relevante para desarrollar una mejor comprensión de la relación que existe entre la cultura y el conflicto. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que ellos proveen tan solo generalizaciones con respecto a grupos culturales. Más aun, es importante considerar las limitaciones propias de estas dos dimensiones para categorizar y entender plenamente la diversidad dentro de los grupos culturales.

Estudiosos e investigadores han tratado de definir el individualismo y el colectivismo desde diferentes ángulos, no obstante, estos paradigmas se han visto quizás como la dimensión más importante para explicar la gama de diferencias existente entre los individuos.8 De acuerdo con un estudio cualitativo realizado por Hofstede en las subsidiarias de la IBM en más de 50 países se encontraron grandes tendencias individualistas en los Estados Unidos de América, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Sur África y en la mayor parte del norte y el oeste de Europa. En contraste, se identificaron tendencias colectivistas en diversas escalas en Grecia, Portugal, Yugoslavia, Latinoamérica, Asia y la mayor parte del África.9 Sin embargo una limitante de este estudio es que los resultados arrojados son a nivel de países y no a nivel de individuos. Además, ninguna sociedad puede ser clasificada totalmente como individualista o colectivista. Las culturas cambian a través del tiempo en la medida en que entran en contacto con otras culturas. Por otra parte, el grupo de valores de estas dos dimensiones existe en todas las culturas en varias combinaciones, como es el caso de Canadá y los Estados Unidos, donde diferentes comunidades étnicas despliegan tendencias individualistas y colectivistas. Más aun, dentro de un grupo étnico en particular, sus miembros son muy diversos, por ejemplo, en educación, posición socioeconómica, etc. Por consiguiente, los individuos difieren en la proporción de atributos individualistas y colectivistas que ellos representan por sí mismos. Por lo demás, los individuos pueden exhibir comportamientos colectivistas o individualistas dependiendo del contexto en que se hallen. Comportamientos colectivistas pueden ser manifiestos en las relaciones con los allegados pero no en el trato con los extraños.10 Con frecuencia, una persona puede ser individualista en el trabajo o en el campo profesional, pero puede disfrutar de una relación muy estrecha con familiares y amigos en el hogar. Por lo demás, los individuos pueden moverse hacia el colectivismo o el individualismo debido a circunstancias externas, como cambio de residencia, viajes, matrimonio, interdependencia financiera, etc.11

En términos generales, se han considerado individualistas, las culturas con énfasis en la "identidad individual sobre la identidad de grupo, de derechos individuales sobre los derechos del grupo, e intereses individuales sobre los intereses o relaciones de grupo".12 Mientras se califican como colectivistas las culturas que mantienen relaciones adscritas, parentesco filial, y preeminencia de los deseos y necesidades del grupo sobre los del individuo. En otras palabras las culturas individualistas se acentúan en la realización del "yo"; autonomía; iniciativa individual; derecho a la privacidad; hedonismo; independencia emocional; énfasis sobre una amistad específica; estabilidad financiera, y universalismo. Mientras que las culturas colectivistas enfatizan en la realización del "nosotros", identidad colectiva, armonía de grupo, énfasis sobre normas y deberes, dependencia emocional, colaboración, decisión de grupo, mantenimiento de relacionales comunales, y particularismo.13

Dentro del grupo de características, atributos y valores de estas dos dimensiones, vale la pena destacar las siguientes por su incidencia dentro del campo de la resolución de conflictos:

  1. La noción de allegados y extraños está conectada en gran medida a la identidad, la percepción del conflicto, las normas de conflicto, al tema de las relaciones en el conflicto y al manejo del conflicto. De acuerdo con Triandis, los allegados son el grupo de individuos "acerca de los cuales la persona está interesada por su bienestar, con quienes la persona está dispuesta a cooperar sin demandar nada en retorno y de quienes el separarse produce ansiedad".14 La membresía en el grupo puede estar basada también en amistad, partidos políticos, clases sociales, educación, raza, tribu, casta y lengua. Los "allegados están usualmente caracterizados por similitudes entre ellos y los individuos tienen un sentido de destino común con el resto de los miembros".15  Extraños son "grupos con los cuales hay algo por dividir, quizás, en términos desiguales o perjudiciales de alguna manera; grupos que están en desacuerdo con la valoración de los atributos, o grupos con los cuales se está en conflicto".16

En la medida que el criterio de afiliación es mayor, las culturas colectivistas tienen más propensión a utilizar estrategias competitivas cuando se enfrentan con extraños, mientras que las culturas individualistas hacen una menor distinción entre allegados y extraños. Cuando los colectivistas e individualistas están compitiendo por recursos con extraños, ambas culturas prefieren hacer uso de las normas de equidad, sin embargo, los colectivistas prefieren usar las normas de igualdad cuando los recursos van a ser distribuidos con allegados, en tanto que los individualistas tienden a imponer las normas de equidad en todas las relaciones. Los colectivistas tienden a concentrar su atención en los intereses colectivos y las relaciones armoniosas, por lo cual prefieren, en los conflictos de poca envergadura, usar las normas colectivas tanto con allegados como con extraños. En contraste, los individualistas dan preponderancia a la justicia y los derechos individuales. Mas aun, los individualistas colocan mayor énfasis en la responsabilidad personal por los problemas o errores cometidos, mientras los colectivistas se enfocan en el mantenimiento de la armonía y cohesión del grupo. Como resultado, ellos tratan de proteger a los allegados de responsabilidad por los problemas o errores cometidos. Desde el punto de vista colectivista, todos los allegados pueden llegar a estar necesariamente involucrados en hacer las reparaciones y en la rehabilitación del infractor.17

  1. Otra consideración importante es el concepto de imagen, el cual está asociado con nociones tales como reputación, respeto, competencia, honor y lealtad. La imagen es una noción vulnerable en cualquier situación social incierta, porque ella puede ser perdida, salvada, incrementada o protegida. La imagen por lo general es más importante dentro de las culturas colectivistas que dentro de las culturas individualistas, sin embargo, los miembros de una u otra cultura tienen y desean mantenerla, lo que cambia es el significado y como se manejan los asuntos relativos a ella en una cultura u otra. La filosofía confusionista ejerce gran influencia en las culturas del este asiático y hace énfasis en el salvar la imagen colectiva. Los individuos tienen status particulares y roles, los cuales deben ser respetados de acuerdo con las normas sociales. La expectativa cultural es que en los conflictos, los individuos deben colocar sus deseos personales dentro del dominio privado y no hacer despliegue de ellos públicamente, para así poder mantener la imagen y preservar la armonía del grupo. La pérdida de la imagen individual implica humillación en relación con el lugar que cada uno tiene en la sociedad. En las culturas individualistas, la pérdida de la imagen personal está asociada con la alineación, pérdida de estima personal, competencia y orgullo de una de las partes en el conflicto, por consiguiente, no debe ser un aspecto que le ataña a las otras partes involucradas en el asunto.18

La noción de la imagen está conectada muy cercanamente con los estilos de conflicto, identidad y asuntos concernientes a las relaciones en los conflictos. En general, durante un conflicto, los individualistas tienden a salvaguardar su propia imagen con comportamientos tales como la defensa de sus posiciones y la confrontación a la posición del otro. Los colectivistas, por otro lado, tienden a estar mas interesados bien en la imagen del otro o en la imagen mutua, lo cual se refleja a través de comportamientos tales como el compromiso, la acomodación, la demostración de solidaridad o la evasión al conflicto.19

  1. Las normas referentes a las expresiones emocionales difieren a través de las fronteras culturales. En muchas de las culturas individualistas, la expresión abierta de emociones en el conflicto es vista como muestra de honestidad y como una señal de participación, mientras que en muchas culturas colectivistas, el uso del control emocional y disciplina personal son vistos como la forma juiciosa de hacer frente al conflicto. Sin embargo, esta norma no significa que los colectivistas controlen siempre sus emociones frente a los otros. En muchas culturas colectivistas, las expresiones abiertas de las emociones son consideradas como parte integrante del mantenimiento de la salud del grupo social. Un ejemplo típico de ello lo presentan los oriundos de las islas Solomon quienes consideran la emoción como parte esencial de la resolución del conflicto. También, se ha encontrado que los estadounidenses de origen africano son más animados, contendientes e interpersonales en los conflictos; mientras que los estadounidenses de origen europeo son mas desapasionados, desprendidos y menos contendientes.20

  2. Ninguna cultura nacional está asociada con una noción específica acerca del tiempo, sin embargo parece ser que los individuos dentro de las culturas individualistas tienen preferencia por un enfoque mono-crónico del tiempo hacia el conflicto, mientras que los individuos dentro de las culturas colectivistas tienden hacia un enfoque poli-crónico del tiempo con respecto al conflicto. En este sentido los individuos con tendencias mono-crónicas acerca del tiempo prefieren lidiar con el conflicto a través de métodos inductivos o deductivos, los cuales reflejan un manejo linear del tiempo. Ellos tienden a hacer un énfasis mayor en horarios precisos, donde el tiempo debe ser llenado con actividades tendientes a la toma de decisiones con el fin de alcanzar los objetivos perseguidos en el conflicto dentro de un tiempo claramente establecido. Por lo demás ellos ponen a prueba la confianza basándose en un concepto mono-crónico de corto a mediano plazo. En contraste, las personas asociadas con un concepto poli-crónico tienen una idea más flexible con respecto al tiempo. Por ejemplo, tienen una mayor preocupación por la restauración de las relaciones que por el acometimiento de las cuestiones de fondo. Ellos tienden a trabajar sobre la esfera de las relaciones y los antecedentes contextuales que enmarcan el conflicto en cuestión. Por tanto las divisiones caprichosas de las agendas de trabajo, calendarios u horarios tienen poca significación si el aspecto relacional está fuera de sincronización. La confianza es cimentada a través del tiempo, lo cual demanda paciencia mutua y una reciprocidad longitudinal de grupo.21

  3. Los valores y atributos del individualismo y del colectivismo ayudan a clarificar en cierta forma las diferencias culturales con respecto a los estilos de conflicto, mas aun, ellos explican el porqué los individuos de las diferentes culturas responden en forma disímil a los conflictos.22 Ting-Toomey argumenta que los miembros de las culturas individualistas hacen énfasis en la consecución de las metas de carácter personal, la autonomía y la independencia, lo cual significa que para los individualistas es "posible separar los hechos materia del conflicto de la interacción personal".23 Idealmente, esto indica que ambos aspectos son discutidos por separado, principio este que está en concordancia con lo aconsejado por Fisher, Ury y Patton. 24 Por lo demás, Ting-Toomey25 sugiere que como resultado, los individualistas analizan el conflicto desde un punto de vista operativo y manejan el proceso con una perspectiva orientada a la solución. Por otro lado, las culturas colectivistas hacen énfasis en la armonía del grupo, compatibilidad y relaciones interdependientes, por ello, "el conflicto es visto típicamente como un fenómeno en el que se integra el asunto materia del conflicto y el problema de carácter personal".26 Esto implica que los colectivistas toman el conflicto en forma más personal y como resultado, son menos propensos a separar los asuntos en disputa de la interacción personal. Por consiguiente, los colectivistas combinan la dimensión afectiva con la operacional y manejan el proceso desde una perspectiva tendiente al restablecimiento de las relaciones.27 Lo anterior, ciertamente no implica que en las culturas individualistas los conflictos no puedan tomarse con carácter personal o que en las culturas colectivistas, no haya una orientación hacia las soluciones. Sin embargo, los anteriores señalamientos hasta cierto punto entrañan que debido a los diferentes marcos culturales, es de esperar que tanto los miembros de culturas individualistas como colectivistas perciban e interpreten los conflictos en forma diferente, es decir, una orientación diferente hacia el conflicto conlleva un manejo diferente del mismo.

  4. En general, dentro de un patrón individualista, el individuo es la unidad alrededor de la cual se crea la significación, por ello un daño potencial hacia el ego o a la agenda individual se considera mas serio que el detrimento de las relaciones. Como resultado, es mas frecuente el enfrentar directamente el conflicto o confrontar a la parte contraria. Viceversa dentro de un patrón colectivista cuando la relación es deteriorada seriamente, es esencial prestar mayor atención al grupo, por tanto, el individuo debe encauzar todos sus esfuerzos para la protección de la misma.28

  5. La tipificación del conflicto como público o privado, así como el grado de intervención que se considera apropiado por parte de los extraños, difiere también. El concepto de privacidad inmerso dentro de las culturas individualistas significa que otros no deben intervenir, mientras que dentro del contexto cultural colectivista, la definición de partes dentro del conflicto es más amplia, dado que puede abarcar la familia, los vecinos, o todo el grupo, o mas aun, puede llegar a incluir la intervención de una persona mayor y de prestigio, quien actúa como tercero y quien ofrece su sabiduría con el propósito de resolver los hechos materia del conflicto.29

  6. La valoración de las metas en un conflicto varía, también, dentro de las diferentes culturas. Desde el punto de vista colectivista, frecuentemente las metas en torno a las relaciones tienen preeminencia sobre las metas que atañen a los asuntos de fondo, toda vez que las relaciones están en peligro y la imagen mutua esta en riesgo; consecuentemente, para ellos no existe ventaja alguna en invertir el tiempo discutiendo asuntos de carácter sustantivo. Desde el punto de vista de las culturas individualistas las metas relativas a los asuntos de fondo tienen prerrogativa sobre las metas concernientes a las relaciones, porque, para ellos el tomar acciones encaminadas a resolver los asuntos de índole fundamental y clausurar los problemas les puede permitir manejar los asuntos concernientes a las relaciones.30 Por consiguiente, los individualistas y colectivistas "pueden dar una distinta puntuación a lo que constituye el aspecto sobresaliente del conflicto".31

  7. Los valores de las culturas individualistas y colectivistas difieren, por lo demás, en lo que para cada uno de ellos significa una interacción satisfactoria durante un conflicto. "Los individualistas fundamentan la satisfacción en el reconocimiento de las manifestaciones de carácter individual y del valor personal, así como en la credibilidad de los hechos."32 En cambio, para los colectivistas la satisfacción se encuentra estrechamente ligada con el reconocimiento y aserción de las relaciones, como también, con la lealtad y el apoyo por parte de los miembros del grupo.33

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