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Parte 1 / 2
Este trabajo es un
fragmento de un trabajo más extenso publicado por
el Programa de Apoya a la Microempresa Rural y El Caribe PROMER
Texto
completo
Introducción
Cincuenta
años de planes y políticas para el desarrollo rural han sido incapaces de
resolver el gran problema del campo latinoamericano: la pobreza, que sigue
agobiando a más del 50% de la población rural.
Sin embargo, los años noventa trajeron una luz de
esperanza al aparecer nuevas iniciativas de producción que prometen
aumentar el empleo y elevar los ingresos mejorando el nivel y calidad de
vida de los habitantes del campo. Una de las más prometedoras es la
microempresa rural, que a partir de tecnologías modernas al alcance de la
población rural, agrega valor a la producción tradicional y busca nuevos
bienes y servicios para el mercado.
¿Qué es la microempresa rural? ¿Qué tipos de microempresa
existen? ¿Cuál es el impacto que está llamada a producir en el agro
latinoamericano en términos de valor agregado, empleo e ingresos? ¿Cuáles
son los elementos básicos de una política para el desarrollo de estas
unidades, así como las principales acciones de apoyo que ellas requieren?
Esbozar respuestas a estas cuestiones a la luz de la
experiencia adquirida en los últimos diez años es el propósito de este
trabajo.
El concepto de microempresa rural
Si se ve la economía rural en esta forma, como parte de un
proceso más amplio al cual se articulan diversas actividades, es posible
identificar nuevas alternativas para los productores y la agricultura deja
de ser la única opción. Es posible identificar actividades extraprediales
de generación de empleo e ingresos en el sistema
agropecuario-agroindustrial, capaces de dinamizar el desarrollo rural.
Este es el lugar lógico donde su ubica la microempresa
rural. En su caracterización hay que destacar ante todo el carácter
empresarial que está explícito en la denominación misma. Se trata de
empresa en el pleno sentido de la palabra, es decir, 1) de una unidad
permanente de producción de bienes o servicios que busca la rentabilidad
en su operación, en el sentido mínimo de obtener un resultado económico
por encima de los costos de insumos, trabajo y maquinaria, y 2) de una
unidad dotada de un mínimo de tecnología moderna y organización
empresarial, que trabaja para el mercado con base en la competitividad que
aquellas le garantizan. El elemento "micro" califica este carácter
empresarial, restringiéndolo al ámbito de la actividad económica en
pequeña escala.
Pero el concepto de microempresa implica algo más
específico de naturaleza cualitativa, que consiste en una clara
diferenciación frente al concepto de unidad tradicional de economía
campesina, por una parte, y al de agricultura comercial capitalista
moderna, por la otra.
La diferencia con la unidad tradicional de economía
campesina radica fundamentalmente en las dimensiones subsectorial,
comercial y tecnológica: la unidad campesina se limita a la producción
primaria que lleva al mercado inmediato por canales tradicionales,
prescindiendo de cualquier proceso de transformación, y aplica tecnologías
tradicionales en cuanto a utilización de insumos y técnicas culturales. La
microempresa, por el contrario, produce para el mercado moderno con
sistemas modernos de producción, o adiciona a la producción actividades de
postcosecha en las áreas de transformación y comercialización, o realiza
actividades extraprediales de provisión de bienes o prestación de
servicios en el ámbito rural.
La diferencia con la empresa comercial moderna está dada
por aquellos rasgos que son esenciales a la microempresa en general: la
ausencia de división orgánica del trabajo y la existencia de una escasa
división técnica del trabajo, junto con una escala reducida de actividad.
La primera significa que en la microempresa no hay
separación de trabajo y capital como sí la hay en la empresa comercial
capitalista, sino que el empresario dueño de la empresa es a la vez
trabajador directo en al menos alguna de las etapas de la cadena
productiva: él mismo realiza con su familia las actividades materiales de
producción agropecuaria, de transformación y de comercialización, a lo más
ayudado por algunos trabajadores asalariados.
La segunda consiste en que las distintas actividades del
proceso productivo no son ejecutadas por diferentes personas en forma
especializada, sino que el empresario de la microempresa y sus pocos
trabajadores asalariados realizan cada uno, si no todas, sí al menos
varias de las actividades de los procesos de cultivo, transformación y
comercialización.
Desde el punto de vista puramente técnico referido a los
sistemas e instrumentos de producción, la microempresa rural se encuentra
en un punto intermedio entre la unidad campesina tradicional y la empresa
comercial moderna, en el sentido de que combina sistemas y herramientas
tradicionales con técnicas y equipos modernos.
Se podría entonces aventurar una aproximación a la
definición de microempresa rural diciendo que es aquella unidad permanente
de producción de bienes y servicios en el sector rural, capaz de generar
valor agregado, en la que el empresario y su familia participan
directamente en el proceso de producción, existe una escasa división
técnica del trabajo y se labora en pequeña escala para el mercado
introduciendo sistemas y equipos modernos de producción de tecnología
intermedia.
Tipos de microempresas
Desde una perspectiva más empírica, se pueden distinguir
cuatro tipos de microempresas rurales:
-
Producción agropecuaria tecnificada para el mercado
moderno.
Son explotaciones agropecuarias o grupos de
explotaciones agropecuarias que se articulan a través de relaciones
contractuales de coordinación horizontal o vertical con agentes
comerciales cumpliendo con las condiciones de calidad, homogeneidad,
cantidad y oportunidad de entrega del mercado. Se podría hablar aquí de
unidades agropecuarias en proceso de modernización, tecnificación y
vinculación contractual al mercado. Las distingue de la producción
primaria tradicional la vinculación al mercado moderno y, en función de
ella, la modernización tecnológica. Se ubican aquí los proyectos
tecnificados de producción de hortalizas, frutas y semejantes con
destino a mercados modernos específicos.
-
Comercialización
Son unidades empresariales surgidas de la integración de
unidades agropecuarias con el fin de adquirir insumos o de comercializar
sus productos llegando al mercado con la oportunidad, las cantidades y
los requisitos de calidad y homogeneidad exigidos por éste, condiciones
que les permiten agregar valor y retener parte del valor agregado a la
producción primaria. Se ubican aquí los proyectos asociativos de
comercialización que agregan ofertas importantes y que añaden a la
producción primaria el valor de las actividades de postcosecha como
selección, empaque y transporte, con miras a mercados modernos.
-
Agroindustria
Son unidades empresariales surgidas por lo general de la
integración de productores agropecuarios, con el fin de efectuar
procesos agroindustriales de transformación o procesamiento de la
producción primaria, con el objetivo de llevarla al mercado moderno con
un nuevo valor agregado y reteniendo parte de éste. Pertenecen a este
tipo los proyectos agroindustriales adelantados por organizaciones
campesinas, sean cooperativas o asociaciones de productores, o
simplemente uniones temporales.
-
Bienes o servicios no agropecuarios
Son unidades empresariales conformadas por integrantes
de la comunidad rural que no realizan actividades agropecuarias o no
dedican a ellas todo su tiempo disponible, las cuales se dedican a
realizar en la localidad actividades extraprediales de producción de
bienes y servicios diferentes a la actividad agropecuaria. Aquí se
ubican microempresas similares, por su actividad y organización, a las
microempresas urbanas, que se dedican al comercio, la manufactura
(madera, cuero, metal) y los servicios. Algunos de estos son específicos
del área rural, como son los servicios que giran en torno al turismo,
sea de tipo convencional, sea en las nuevas formas de turismo agrológico
y ecológico.
Retos y oportunidades de la microempresa rural
Sobre la microempresa rural se han planteado, aunque con
menor intensidad, los mismos interrogantes que era frecuente escuchar en
América Latina a propósito de la microempresa urbana en los años setenta y
comienzos de los ochenta: ¿Tiene posibilidad de competir? ¿Va a subsistir
en el futuro? Estas preguntas adquieren hoy una gravedad nueva en el
entorno globalizado en que se mueve la economía mundial, en el cual se
viene agudizando la competencia en todos los sectores productivos con base
en los más recientes avances tecnológicos. La respuesta hay que buscarla
tanto en el entorno como al interior de la microempresa misma.
El entorno globalizado y de creciente competencia se
presenta a primera vista como un conjunto de amenazas por el lado del
mercado y de la tecnología. Pero en él quedan suficientes nichos
favorables que permiten encontrar oportunidades para la producción
microempresarial.
Identificar esas oportunidades es equivalente a
identificar la existencia de mercados para la producción microempresarial
y de posibilidades de competir en estos mercados. Estas posibilidades son
específicas por producto y tienen su origen en último término en las áreas
tecnológica y comercial: las posibilidades de producir y colocar en el
mercado a precios competitivos bienes y servicios que éste demanda en
cantidades relativamente reducidas, con tecnologías intermedias y con mano
de obra no especializada, y, por consiguiente, con escaso capital.
La microempresa rural es capaz de convertir estos factores
del entorno en oportunidades gracias a lo que constituye su gran
fortaleza: su flexibilidad, que le permite cambiar fácilmente de un
producto a otro y de un sistema productivo a otro, gracias a que trabaja
en pequeña escala y con tecnologías intermedias que no implican grandes
inversiones ni instalaciones complejas de difícil readecuación en caso de
cambios necesarios.
Por lo que respecta al producto, la microempresa puede
competir en el mercado con bienes y servicios en cuya producción no sean
relevantes las economías de escala a base de equipos sofisticados de alto
costo y manejo delicado. No es posible, por ejemplo, competir en la trilla
de café que se hace rentablemente en grandes volúmenes con máquinas
costosas operadas por técnicos. Pero sí es posible competir en el secado
de café que, aunque dispendioso, se puede realizar rentablemente en
pequeñas cantidades utilizando la energía solar por trabajadores no
calificados.
En cuanto al mercado, la microempresa tiene un amplio
espacio, pues hay muchos segmentos/nichos que le son accesibles. Es claro
que cuanto más modernos sean los mercados que se logra atender con éxito,
tanto mayor será la rentabilidad, tanto más segura la sostenibilidad y
crecimiento. Pero no es necesario empeñarse en llegar a los supermercados.
Se puede atender en forma favorable a los mercados mayoristas de abastos,
así como a las tiendas y almacenes de las ciudades, pero también pueden
ser suficientes para garantizar el desarrollo los mercados locales
modernos, con tal de que sean crecientes o al menos estables.
Suele ser ventajoso llegar al consumidor final para evitar
intermediarios, pero aprendiéndolos a manejar, los mercados intermedios,
por ejemplo la industria de transformación, pueden ser suficientes para
asegurar la permanencia y crecimiento en el futuro. Lo importante es tener
claramente identificado el nicho o segmento de mercado al que se quiere
atender, y acertar en las estrategias y canales apropiados para llegar a
ellos.
Con relación a los volúmenes de producción, existen muchos
productos que se pueden elaborar en pequeñas cantidades con calidad,
logrando a la vez una rentabilidad aceptable. En los procesos de
transformación agroindustrial, las primeras fases suelen ofrecer esta
posibilidad, como se demostró en el caso de la yuca seca con destino a la
producción de alimentos concentrados. Eso sí, a medida que se avanza hacia
mercados más modernos, suele ser necesario garantizar una oferta
relativamente grande, la cual solo se logra agregando los modestos
volúmenes ofrecidos por los productores individuales.
Cuando se manejan volúmenes reducidos de producción, la
experiencia ha mostrado que es posible desarrollar tecnologías sencillas
tanto en cuanto a los procesos productivos como en cuanto a la maquinaria
y equipo empleados, que no obstante su simplicidad presentan
características modernas de eficiencia y calidad. En muchos casos es sólo
cuestión de manejar con cuidado técnicas elementales de manejo y
transformación, fácilmente asimilables por personas sin gran calificación.
Tal es el caso de muchas conservas, productos lácteos e insumos
productivos.
Estos criterios se cumplen en una gran variedad de bienes
y servicios que son objeto de la microempresa rural. A continuación se
presenta una clasificación de los más relevantes de ellos, clasificados de
acuerdo a la tipología propuesta al comienzo de este trabajo, pero
insertando la comercialización en los demás tipos de microempresa:
producción agropecuaria ligada al mercado moderno, transformación
agroindustrial, producción y servicios no agropecuarios.
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