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Parte 2 / 2
Debilidades y Amenazas: la Problemática de la
Microempresa Rural
Siendo
una realidad nueva en el contexto latinoamericano por lo que hace a su
reconocimiento dentro de la estructura económica de los países, la
microempresa rural experimenta el mismo tipo de problemas que padece la
microempresa urbana, surgidos de su marginamiento estructural, pero
agravados por todos los factores que discriminan en el continente a lo
rural frente a lo urbano. Ellos se refieren a cuatro conjuntos de áreas
críticas: la formación empresarial y laboral; las áreas financiera,
técnica y de mercado; el apoyo por parte de los organismos de desarrollo,
y el grado de organización gremial y sectorial .
Formación empresarial
Por las mismas condiciones en que se ha desarrollado su
vida familiar y comunitaria, así como por su experiencia laboral, el
empresario de la microempresa rural presenta fallas de gestión empresarial
en los dos conjuntos de componentes que la conforman, es decir, tanto por
falta de algunas destrezas o actitudes empresariales como por deficiencias
de gestión administrativa. Por mencionar algunas, hay debilidades en los
procesos de planeación y control en las áreas de mercadeo, personal,
contabilidad y finanzas; hay débil actitud planificadora hacia el futuro,
débil actitud de asumir riesgos en torno a la diversificación de productos
y mercados y de aprovechar oportunidades en estas áreas, y escasa
capacidad de persuasión e influjo en el entorno.
Todas estas fallas tienen su raíz en el ambiente familiar
tradicional y en deficiencias de educación básica de la población rural,
marcada aún en varios países por altas tasas de analfabetismo absoluto o
funcional y por altas tasas de deserción escolar, las cuales hacen que los
conocimientos básicos sean precarios en la mayoría de los productores
rurales y que, en general, estos padezcan de algún grado de incapacidad de
hacer uso de información escrita, lo que los obliga a limitarse a utilizar
la información oral que proviene de amigos, comerciantes o técnicos. Estas
carencias determinan un bajo nivel de negociación que deja al productor
microempresarial en desventaja frente a los mercados, a merced de
cualquiera de los agentes con que se relaciona, y estrechan
significativamente sus posibilidades como empresario.
La falta de formación empresarial se manifiesta en una
personalización del negocio en manos de su propietario, que tiene
repercusiones negativas sobre todo en la microempresa que tiene un mayor
grado de conexión con el mercado. El empresario no delega funciones porque
supuesta o realmente carece de mano de obra suficientemente calificada que
lo pueda sustituir en algunas de ellas. Así, sometido a largas jornadas de
trabajo que frecuentemente llegan a las doce horas, apenas tiene tiempo
para hacerse cargo de las ventas, la cobranza, la adquisición de materias
primas, la supervisión de la producción, etc., funciones críticas debido a
que los mercados modernos que pretende atender exigen una gestión por
demás eficiente.
La formación que brindan los programas existentes de apoyo
a la microempresa rural por lo general no consideran estos problemas, ya
que suele partir del supuesto de que el microempresario posee una
formación educativa básica y la disposición a aplicar conocimientos
administrativos convencionales. Cuando se ha tratado de introducir otros
contenidos de capacitación en función de los intereses expresados por los
microempresarios, como manejo del crédito, seguridad laboral o aspectos
institucionales, la ausencia de una conexión entre los aspectos técnicos
del cada día y los administrativos hacen los programas demasiado
académicos y poco interesantes para los usuarios.
Capacidad técnica
Puesto que la microempresa rural, según la hemos definido,
se caracteriza por introducir innovaciones tecnológicas que van más allá
de la producción agropecuaria tradicional, o se dedica a actividades por
fuera de dicha producción, lo técnico desempeña en ella un papel vital. El
problema de base radica entonces en que en el área rural no existe ni por
tradición, ni por la evolución endógena de los procesos esta capacidad,
sino que ella tiene que ser de alguna manera creada con insumos de fuera.
Las instituciones de formación profesional para el sector
rural por lo general carecen de programas específicos diseñados para
responder a las necesidades tecnológicas de la microempresa rural. Las
clasificaciones de sectores y oficios que guían a dichas entidades en el
diseño de sus programas de formación técnica siguen en muchos casos atadas
a una concepción tradicional que las hace concentrarse exclusivamente en
actividades de índole productiva primaria, con cursos de cultivos,
especies menores, maquinaria agrícola y, a lo más, administración
agropecuaria. No incluyen o lo hacen muy superficialmente, formación en
procesos de postcosecha como clasificación, empaque y comercialización, ni
tampoco actividades agroindustriales. Actividades extraprediales que no
tienen que ver con la producción agropecuaria quedan totalmente excluidas,
pues se supone que son actividades urbanas, que deben ser atendidas por
los programas orientados a estos sectores.
Por otra parte, buena parte de los servicios tecnológicos
de las entidades responsables, han sido diseñados para la pequeña y
mediana empresa, con escasos alcances para la microempresa. De ahí que los
cursos y demás eventos de capacitación técnica que por su nivel y
metodología estarían más cerca de la realidad de la microempresa, son en
realidad destinados a asalariados de las pequeñas y medianas empresas. Por
lo tanto, no existen mecanismos de capacitación técnica para la
microempresa rural, lo que hace muy difícil que ésta alcance un nivel
técnico aceptable.
Todo esto, expresado en términos institucionales,
significa que en general son escasas las instituciones que brindan apoyo
técnico adecuado a la microempresa rural, son escasas las instituciones
que realizan diseños técnicos o adaptaciones microempresariales de los
diseños existentes, y mucho menos que innoven de acuerdo a los
requerimientos de estas unidades.
La financiación de la microempresa rural
Ante la escasez de recursos propios de los habitantes de
las zonas rurales, es imposible el desarrollo de la microempresa sin
recursos suficientes de crédito en condiciones adecuadas al entorno en que
opera la microempresa rural. Con todo, es repetitiva la queja de que la
microempresa rural carece de fuentes de crédito realmente accesibles en
condiciones que hagan rentable la producción. Una serie de problemas
inhiben el acceso al crédito por parte del microempresario rural:
Tradicionalmente los productores rurales han financiado
sus actividades con recursos de los bancos rurales o agropecuarios que
existen en los distintos países latinoamericanos.
Dichos bancos trabajan con sistemas tradicionales de
crédito, garantizados preferentemente con hipotecas sobre la tierra de sus
usuarios campesinos. Como se explica en las líneas siguientes, estos
mecanismos resultan inadecuados como instrumentos de financiación de la
microempresa rural, dada su inadecuación a la naturaleza de esta,
diferente, como se ha explicado, de la explotación agropecuaria
convencional.
En primer lugar, la banca comercial demuestra escaso
interés por colocar crédito en este segmento empresarial, debido a la baja
rentabilidad de estas operaciones, la cual se debe principalmente a su
reducido tamaño, que hace que los costos administrativos unitarios sean
muy superiores a los de créditos de mayor cuantía para empresas de mayor
tamaño. Tampoco se interesan por intermediar líneas de fomento, como son
las líneas proporcionadas por el FIDA, debido a que los márgenes que
suelen conceder los bancos centrales en estos casos se asemejan a los
márgenes usuales en los mercados internacionales, generalmente inferiores
a los márgenes a que están acostumbradas las entidades financieras en la
mayoría de los países latinoamericanos. A esto se añade, según aducen los
banqueros, el mayor riesgo de cartera implícito en estos créditos, el cual
también los hace menos rentables.
En segundo lugar, se advierte un escaso, apenas incipiente
desarrollo de entidades financieras alternativas al sistema bancario, que
puedan ocupar el lugar que este no quiere tomar en la financiación de la
microempresa rural. En los programas de microempresas de varios países
operan cooperativas y ONGs financieras, pero su orientación es
preferentemente urbana y su cobertura rural es mínima. Además, por lo
general estas entidades carecen del respaldo patrimonial que exigen los
bancos centrales o bancos de segundo piso para permitirles intermediar
recursos cuantiosos, por lo que su operación de líneas de crédito de este
tipo es reducida.
Algunas de las carencias de las entidades financieras
alternativas se han tratado de solucionar mediante convenios. La ONG, por
ejemplo, estudia y aprueba los créditos y asume todas las
responsabilidades consiguientes, en tanto que el banco se encarga de
recibir los pagos en sus oficinas. Pero esta tarea es frecuentemente
realizada con disgusto por parte de las oficinas bancarias, debido al
trabajo que exige la multitud de pequeñas operaciones y a que el estrato
social de los prestatarios choca con el de sus clientes habituales.
En tercer lugar, en muchas zonas rurales de los países
latinoamericanos la estructura financiera es insuficiente. Puesto que las
entidades financieras, tanto los bancos convencionales como las
instituciones alternativas, buscan ubicarse en áreas donde la operación
sea rentable o al menos financieramente viable por el volumen y el monto
potencial de los créditos, se ubican preferentemente en zonas de
agricultura comercial capitalista moderna, o agricultura campesina de
tamaño mediano. Por este motivo las zonas rurales de minifundio y pequeña
producción suelen quedar desatendidas.
En cuarto lugar, los microempresarios rurales carecen de
garantías suficientes para avalar los créditos ante las entidades
financieras, una dificultad que constituye el argumento más generalizado
que estas esgrimen para excusarse de atender las solicitudes de aquellos y
de las entidades de apoyo al sector microempresarial. Puesto que en
algunos programas de crédito para este sector efectivamente se han dado
altas tasas de morosidad, las entidades financieras que superan las
barreras mencionadas anteriormente, tratan de protegerse del riesgo
insistiendo en las garantías.
Algunos programas han tratado de obviar el problema de la
falta de garantías suficientes creando fondos de garantías con recursos
estatales y de cooperación internacional, y exigiendo a los usuarios pagar
las cuotas que aquellos cobran para expedir los certificados de garantía.
Los fondos de garantías han mostrado efectivamente capacidad de resolver,
parcialmente, el problema, pero experimentan problemas como la falta de un
respaldo oficial suficientemente sólido que les permita resistir
coyunturas difíciles de morosidad. Además, el pago de los certificados de
garantía conlleva el encarecimiento del crédito, por no hablar de la
tramitología acostumbrada en estas instituciones, la cual aleja a los
intermediarios financieros.
Finalmente, los microempresarios se quejan de los altos
costos y la falta de oportunidad del crédito para la microempresa rural.
La revisión de la literatura disponible sobre el tema y los testimonios de
funcionarios y de algunos usuarios sugieren que el factor costo tiene
menor importancia que la oportunidad. Acerca de la importancia de la
oportunidad no cabe duda; efectivamente, es vital que el momento de
desembolso y los plazos de repago coincidan con los momentos críticos del
ciclo de producción agropecuaria, pues una siembra tardía determina el
fracaso del cultivo, lo mismo que una compra tardía de las cosechas
arruina los procesos de postcosecha, agroindustrialización y
comercialización. Además, los productores necesitan contar con un flujo
seguro de recursos para mantener su operación, de manera que las
interrupciones o demoras en los procesos de desembolso hacen que ellos
opten por no pagar, con tal de contar de recursos para las nuevas
operaciones.
Pero a pesar de la validez de estas afirmaciones, no se
puede negar la importancia de los costos financieros. Tasas de interés que
superan significativamente los niveles de inflación, como se han dado con
frecuencia en la última década en los países latinoamericanos, no pueden
ser sufragadas sin menoscabo de la unidad productiva, a no ser gracias a
aumentos excepcionales de productividad o a condiciones también
excepcionales de precios de sus productos, por encima de la media. Sin
embargo, la experiencia ha demostrado que ninguna de estas condiciones
suele
verificarse en el caso de la producción microempresarial
rural. Por eso es preciso aceptar que el factor costo financiero (tasa de
interés más costos colaterales) sigue siendo relevante para el éxito de la
microempresa rural.
Comercialización
Las principales dificultades que enfrenta la microempresa
rural en el área de comercialización se centran en la dificultad de
obtener insumos y materias primas en condiciones favorables de precio,
calidad y oportunidad de entrega, en la inexistencia de planes, técnicas y
herramientas de expansión comercial y en problemas de legalización,
normalización y control de calidad para participar en mercados modernos.
La mayor parte de las microempresas rurales enfrenta
situaciones monopólicas, ya sea en la adquisición de insumos o en la venta
de la producción. Y aun cuando exista la competencia, la pequeña escala de
la microempresa encarece los insumos y los servicios que debe contratar.
Los productores de mayor tamaño tienen una ventaja competitiva sobre la
microempresa en coyunturas críticas de escasez, pues pueden pagar precios
más altos y se quedan con las materias primas de mejor calidad; y en
épocas de abundancia pueden diversificar su producción y los mercados a
los que llegan. Por otra parte, con frecuencia utilizan técnicas modernas
para hacer un mejor manejo de los inventarios.
Estas estrategias no están al alcance de los empresarios
de la microempresa, quienes están obligados a mantenerse en pequeñas
escalas de producción y a aplicar estrategias de lealtad, reciprocidad y
buena voluntad que impiden el manejo empresarial del negocio. Como
resultado, los mercados de la microempresa rural son frecuentemente
locales y de exiguo crecimiento. No existen planes de expansión comercial
que obliguen al uso de información, al estudio de mercados más amplios o a
establecer nuevos contactos comerciales.
Aunque existiera la posibilidad de expandir los mercados,
a veces no se pueden aprovechar las oportunidades por falta de capital de
trabajo para financiar la compra de materias primas o la cartera, o por la
imposibilidad del empresario de delegar algunas de sus tareas. Cuando
estas se aprovechan y la microempresa trata de expandirse más allá de las
fronteras locales, surgen las exigencias de normalización, control de
calidad, conservación y diseño de empaques aceptables desde el punto de
vista de seguridad e higiene.
Organización
Característica típica de grupos de pequeños productores de
nivel socioeconómico relativamente bajo es la ausencia o debilidad de
organización, por falta de interés o por falta de posibilidades y
mecanismos eficaces para desarrollarla. En general, la microempresa rural
carece de una tradición asociativa que le permita hacer frente a problemas
comunes de producción y comercialización, carece de una estructura
corporativa que le permita mejorar y crecer a partir de relaciones con el
entorno, y carece de representación ante las entidades encargadas del
diseño de las políticas para el sector.
La organización al nivel más elemental de vecindad
geográfica entre productores que comparten una problemática común, no es
usual en el mundo microempresarial rural. Los ensayos exitosos que existen
han sido liderados por entidades externas que tienen capacidad de presión
por los servicios que prestan, como la asistencia técnica o el crédito.
Los intentos de establecer organizaciones gremiales a un
nivel más amplio se frustran en muchos casos ante la dificultad de
conseguir recursos para sostener la organización, y porque en general ésta
carece de servicios que ofrecer y de mecanismos de apoyo eficaz para los
usuarios, por lo que no logra su motivación real y el compromiso de ellos
con la entidad. Por el contrario, muchas organizaciones, presionadas por
la difícil situación económica terminan compitiendo por servicios con las
mismas entidades de apoyo, lo cual les resta credibilidad en el momento de
discutir las políticas públicas en las instancias gubernamentales.
En cuanto a la estructura corporativa, esta se entiende
como el conjunto de nexos permanentes que las microempresas logran
establecer con empresas de distintos tamaños para cooperación e
integración, ya sea en subcontratación de actividades, ya sea en el
suministro de insumos o en la atención conjunta de mercados.
Existen casos exitosos de modelos corporativos que han
sido beneficiosos para los empresarios de la microempresa, por ejemplo en
el suministro de frutas y verduras para supermercados modernos. En todos
ellos se verifican condiciones que tienen que ver, por una parte, con el
tipo de actividad y producto manejado, los cuales presentan condiciones
asequibles a la idiosincrasia y a las competencias de los
microempresarios, y por otra, con una concientización de estos sobre la
necesidad de adaptar su forma de trabajo a las exigencias de los mercados.
Pero esos casos, que aportan valiosas pistas para el diseño de programas
de desarrollo del sector, son todavía excepcionales en la mayoría de los
países latinoamericanos.
Políticas para el Desarrollo de la Microempresa Rural
Focalización, integralidad, atención al entorno,
orientación hacia el mercado, base tecnológica, impulso a proyectos
amplios y articulación con empresas medianas y grandes son lineamientos de
política que aseguran un grado satisfactorio de éxito en los programas de
apoyo.
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La focalización se interpreta en el sentido indicado
anteriormente, como una orientación consciente de los programas hacia la
población excluída, con el fin de evitar dicha exclusión. Implica la
diferenciación de los servicios, que no pueden ser uniformes, sino que
tienen que adaptarse a las condiciones de cada grupo, pues los más
deprimidos no soportan las condiciones que se pueden imponer a los más
pudientes, so pena de causar irremediablemente exclusión, así esta no
sea pretendida. Cuando se es cuidadoso en definir operativamente la
microempresa y en dirigir el apoyo a las unidades que cumplen con la
definición formulada, la focalización es un hecho.
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La integralidad se entiende en dos sentidos: por una
parte, como el esfuerzo por desarrollar simultáneamente las distintas
áreas empresariales, y por otra, como la combinación de acciones para
lograr este objetivo. Un desarrollo significativo y permanente de la
microempresa rural solo se logra si se fortalecen simultáneamente al
interior el área de gestión empresarial, el área técnica y el área
comercial, y se enfrentan al exterior las variables del entorno, ya que
la relación sistémica que existe entre ellas hace que el desempeño de
cada una de ellas repercuta en las demás, inhibiendo su desarrollo si es
negativo, o potenciándolo sinérgicamente si es positivo. Por otro lado,
la efectividad de cada tipo de acción de apoyo (capacitación técnica o
asesoría, por ejemplo) es de por sí limitada, por lo que un efecto
sensible solo se logra con la concurrencia de todas.

El Gráfico No. 1 muestra la acción covergente de todo el
conjunto de variables que constituyen la estrategia integral: el
proyecto parte de un enfoque de mercado, la microempresa se dota de una
a tecnología apropiada, se fortalece empresarialmente con un sólido
proceso de formación, se fortalece técnicamente a través de acciones de
capacitación y asistencia técnica, se fortalece al exterior mediante la
organización gremial y económica, y logra acceso a un financiamiento
adecuado.
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La microempresa no actúa aisladamente sino inserta y en
estrecha interrelación con el entorno, constituído por los conjuntos de
agentes económicos que operan en el mercado y de agentes institucionales
públicos y privados con quienes interactúa. Una articulación favorable
con los mercados y las instituciones permite que los grupos sociales con
desventajas queden incluídos en los efectos multiplicadores generados
por los sectores, zonas y grupos sociales más dinámicos de las áreas
rurales.
Además, sólo si se comprende el entorno en su actuar y
en sus relaciones con la microempresa, es posible encontrar la ubicación
justa de ella frente a las oportunidades y amenazas que aquél presenta,
identificar el tipo de relacionamiento adecuado con él y operar de
manera expedita y exitosa. De nada sirve un fortalecimiento interno que
no consulta las condiciones vigentes al exterior de la empresa, las
cuales pueden hacer inoperantes los mecanismos desarrollados desde
dentro de ella.
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La atención al entorno lleva como meta central a la
identificación del mercado para el bien o servicio que se quiere
producir. Son exitosos solo aquellos proyectos microempresariales que se
concentran en productos que cuentan con mercado amplio con espacio para
nuevos oferentes, y que de antemano conocen ese mercado con sus
condiciones de características del producto, volúmenes demandados,
términos de entrega y forma de pago. Muchos proyectos de artesanías y de
productos agropecuarios tradicionales fracasan porque no hay suficiente
demanda, porque se enfrentan a mercados saturados.
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El desarrollo de la microempresa rural requiere el
fortalecimiento de la misma con una base tecnológica que le permita
ofrecer bienes y servicios que satisfagan los requerimientos necesarios
para competir en el mercado moderno. Existe experiencia suficiente para
hacer los desarrollos de tecnología intermedia, asequibles a la
población rural sin elevados niveles educativos, pero que garantizan una
productividad suficiente y una calidad aceptable, de manera que la
producción asegure la demanda y sea rentable.
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Producir para el mercado moderno bienes agropecuarios y
agroindustriales sólo es posible si se logra reunir una oferta
suficientemente amplia para cumplir con los volúmenes que exige dicho
mercado, los cuales rebasan ampliamente los producidos por una o unas
cuantas microempresas. Por eso los proyectos microempresariales de
producción agropecuaria moderna y de producción agroindustrial exitosos
son proyectos de tipo asociativo en los que el proceso productivo se
realiza en pequeña escala a nivel individual por un grupo relativamente
numeroso (puede realizarse a nivel asociativo), en que la producción de
las unidades individuales se agrega para garantizar el volumen de oferta
que demanda el mercado. El número de productores y el volumen agregado
de producción están en función de las exigencias de la demanda.
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Establecer de antemano conexiones contractuales de
mercado con empresas demandantes de los productos de la microempresa es
condición casi infalible de éxito, si hay la capacidad de cumplir con
las exigencias de aquellas, porque permite planificar en detalle
ajustando la producción en volumen, calidad y tiempo a los
requerimientos, y asegura la salida de aquella en condiciones de precio
y forma de pago preestablecidos; esto da seguridad a la empresa y
permite adquirir oportunamente los insumos necesarios, organizar a los
productores y desarrollar las actividades productivas en forma expedita.
En el Cuadro No. 1, tercera columna, se identifican los principales
tipos de empresas con las que debería establecerse conexión para cada
producto o servicio
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