Antes de iniciar el análisis de las características de la
actividad minera es importante conocer la definición de minerales. El Dr.
José Otaño Nogue,l del Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa
(ISMMM) "Dr. Antonio Núñez Jiménez", dice textualmente: "Se llama
minerales útiles a las sustancias minerales naturales que para un
determinado nivel de la técnica pueden ser utilizados en la economía en su
forma natural o después de ser elaborados" (Otaño, 1984:6-7).
Llama poderosamente la atención la relación directa que se
establece en esta definición entre lo que se ha dado en llamar minerales y
la técnica. En este sentido es importante afirmar que un determinado nivel
de utilización de una técnica o tecnología minera es decisivo para
explicar las características de la minería desde su exploración hasta sus
impactos y utilización de los diferentes productos portadores de elementos
útiles.
La minería del níquel es a cielo abierto, es muy
productiva, se desarrolla en un ambiente de seguridad, lo cual acrecienta
las posibilidades para el mantenimiento de buenas condiciones higiénico -
sanitarias para el trabajador. La construcción de los caminos mineros es
de bajo costo y se produce en un tiempo razonablemente corto. Todo esto la
convierte en una actividad rentable, de rápida recuperación de la
inversión. Un aspecto importante lo constituye el hecho de que se pueden
introducir con más facilidad nuevas tecnologías de producción y además se
facilitan las labores de mantenimiento de los equipos.
Es particularmente más agresiva con relación a otros tipos
de explotación de yacimientos minerales subterráneos, se desarrolla en un
espacio mayor de terreno y puede producir afectaciones al manto freático
durante la actividad en una región más amplia. "Los yacimientos
metalíferos, en general, forman la mayor parte de los recursos no
renovables de valor elevado, ocupan poco volumen y sin embargo poseen las
características de producir en el medio ambiente residuos tóxicos [...]" (Espí,
2002:348). Estos residuos, sin embargo, si se gestionan adecuadamente, son
perfectamente controlables, a niveles aceptables, por parte e las empresas
mineras y de otras que frecuentemente son creadas para comercializarlos o
manejarlos de acuerdo a las exigencias sociales y las demandas del
mercado.
Los impactos sobre el medio ambiente varían de acuerdo al
tipo de mineral que se va a extraer. Independientemente de esto, hay un
elemento común, le es propia una profunda e inevitable actividad
destructiva sobre los recursos no renovables directos y los indirectos,
además, ocasiona impactos de importancia sobre recursos renovables
asociados a las zonas donde se ubican los complejos mineros.
Además, la minería provoca una presión al espacio, por
cuanto lo utiliza como proveedor de recursos minerales y en la mayoría de
los casos lo inhabilita temporalmente para otras actividades económicas y
sociales. A medida que se desarrollan las operaciones mineras, interfieren
en las demás posibilidades de aprovechamiento del espacio, en especial,
cuando la mina o las instalaciones de beneficio se encuentran próximas a
centros urbanos, esto condiciona la necesidad del ordenamiento territorial
como una posible alternativa de compensación por la pérdida de espacios
utilizables para otras actividades.
Sin embargo, esta es una situación que es totalmente
previsible si desde la etapa de elaboración del proyecto minero se tiene
en cuenta la dimensión ambiental y al cierre de mina, desde esta
perspectiva, se conoce los posibles usos que tendrán los terrenos
degradados por la minería. Para ello durante la explotación de la mina las
empresas tienen que dejar un porcentaje de las ganancias para la
rehabilitación, proceso en el cual los gobiernos nacionales desempeñan una
importante función al designar mecanismos dirigidos a garantizar que se
cumplan los compromisos post cierre de las instalaciones mineras, Estas,
si se tuvo en cuenta durante la etapa de concepción del proyecto, pueden
ser reconvertidas con fines sociales o productivos.
En últimas décadas del pasado siglo y en el inicio del
presente, las ideas ambientalistas se tornaron obligatorias en las agendas
de los administradores públicos y privados, en las propuestas y discursos
políticos e, inclusos, aparecieron organizaciones y grupos financieros
internacionales que tratan de frenar el desarrollo de la minería,
especialmente, en los países subdesarrollados, aquellos que como resultado
de un orden económico injusto no tienen acceso a los grandes capitales
necesarios para adquirir tecnologías más productivas. Se muestra como una
actividad irremediablemente depredadora del medio ambiente, sin embargo,
se considera que el problema no está en la minería como proceso, sino en
la forma en que se produce su explotación y en los sistemas socio
políticos donde se insertan los complejos. Un elemento de importancia lo
constituye la tecnología con las que se explotan las diferentes menas.
En el análisis de esta temática se asumen como validos los
criterios del Dr. José Mateo Rodríguez, al afirma: "Una primera respuesta
estaría dirigida a explicar las "anomalías", con las cuales la tecnología
degrada el medio natural, y en este sentido podrían definirse tres
posibilidades:
- Cuando la tecnología es ecológicamente ineficiente, conduce al
surgimiento de procesos degradantes de todo tipo: los energéticamente
deficientes, los generadores de residuos, los destructores de los
sistemas ambientales;
- Cuando se instalan dispositivos técnicos que no corresponden a la
estructura y funcionamiento de los sistemas ambientales; así ocurre con
sistemas técnicos gigantes – el llamado "gigantismo" -, con las
estructuras tecnológicas que tampoco se ajustan a las estructuras de los
eco o geosistemas, todo lo cual conduce a procesos de degradación
ambiental y productiva;
- Cuando el manejo de los sistemas técnicos es incorrecto o
desarticulado, dando lugar a procesos de degradación; por ejemplo, las
normas de introducción de energía y de substancias que no pueden ser
absorbidas por los sistemas naturales, o aquellos sistemas de
explotación que no permiten la regeneración de los recursos" (Mateo &
Suárez, 2000:729).
Estas tres posibilidades, referidas anteriormente,
contribuyen al desarrollo de un análisis de la actividad minera que
sugiere hacia dónde dirigir el análisis de los impactos que esta actividad
ocasiona sobre el medio ambiente.
En primer lugar, queda claro que es preciso tener en
cuenta los recursos energéticos que se emplean en los diferentes
procesos productivos, lo cual constituye una referencia obligada para
valorar la posibilidad de la existencia de la sustentabilidad sin importar
el tipo de recurso que se explote. No se pueden obviar en este análisis la
generación de residuos, especialmente, en una actividad que los
genera de alta agresividad. Esto sugiere que sin complicaciones técnicas
se conozcan los niveles de emanaciones que las diferentes empresas
producen.
Llama la atención en este enfoque la relación directa
entre los tres elementos mencionados y las tecnologías que se emplean en
los diferentes procesos tecnológicos de las industrias y plantas
beneficiadoras del sector. Es decir, que un análisis histórico del
problema nos llevaría a comprender cómo en cada etapa, tanto los recursos
energéticos como los residuales generados dependen del empleo de una de
tecnología específica. Además este enfoque serviría para conocer el marco
tecnológico y el contexto en que se produjeron las decisiones ambientales
y el por qué de cada una de ellas de acuerdo con un tipo de racionalidad
económica signada por las condicionantes anteriores.
En segundo lugar, las tecnologías que se emplean pueden
sugerir a los especialistas, en correspondencia con las características de
los sistemas ambientales, las estructuras tecnológicas que se deben
emplear en cada uno de los procesos productivos. Esto se puede lograr
únicamente a partir de una profunda caracterización de la zona donde se
desarrollan las actividades económicas. Es decir, los especialistas deben
conocer el modelo tecnológico adecuado para los diferentes sistemas
ambientales y esto se puede lograr únicamente si se conocen las
características de las tecnologías mineras, los ecosistemas y los
sociosistemas donde se aplicarán.
En tercer lugar, al valorar la última de las posibilidades
referidas por (Mateo, 2000); se puede llegar a la conclusión de que a
partir de un profundo conocimiento de la zona donde se desarrollan las
diferentes etapas de la minería es posible conocer cómo reintegrar los
residuales al medio o cómo poseer sumideros que sean capaces de
reciclarlos adecuadamente.
Esta es una posibilidad que se alcanzaría si en las
investigaciones de este tipo se integran equipos multidisciplinarios, en
los que participen especialistas capaces de generar conocimiento sobre
estas temáticas relacionadas con las ciencias de la tierra, las sociales,
las biológicas y las químicas por solo citar algunas que pueden aportar
herramientas para estos análisis sistémicos.
La minería provoca importantes cambios de tipo ambiental y
social, como cualquier actividad antrópica, que es preciso tener en
cuenta en el momento de diseñar políticas ambientales. En primer lugar,
provoca cambios drásticos en el paisaje de las zonas donde se
asientan los complejos y las comunidades mineras. Estos cambios están
asociados a la necesidad de la existencia de una infraestructura que
facilite la explotación de los yacimientos, que obliga a la construcción
de diferentes objetos administrativos, sociales y de otra índole que
ocupan espacios vitales que no pueden ser utilizados en otras actividades.
Esta situación, es muy compleja cuando los yacimientos
están ubicados en una zona costera que se ve directamente impactada por
toda la actividad socio productiva vinculada con la minería. Esto ocasiona
daños directos a los recursos renovables que poseen los territorios, como
consecuencia de la explotación de un recurso no renovable, del cual no
podrán disponer las futuras generaciones y en otros casos, como en la
pesca, el agotamiento del recurso tiene lugar prácticamente de forma
paralela, en un plazo muy breve, por la desaparición de las condiciones
naturales que facilitan su existencia.
Cuando los complejos mineros se ubican en zonas de
fragilidad ambiental, con ecosistemas ricos en biodiversidad como son los
casos de la minería artesanal en Perú, Bolivia, Brasil, Colombia,
Venezuela, Chile o la gran minería de Chile, Brasil o Cuba se pierden
importantes espacios que afectan la calidad de vida de los habitantes de
dichas regiones . Esto afecta la posibilidad de que las generaciones
actuales y las futuras puedan disfrutar de los valores tangibles e
intangibles de los paisajes degradados. Se pierde como entidad material y
como memoria histórica, sin que lleguen a formar parte del patrimonio que
la minería deje como alternativa de surgimiento de nuevas actividades
socioeconómicas a las presentes y futuras generaciones.
En segundo lugar, ha provocado importantes cambios
ambientales y ecológicos que afectan la diversidad de la flora y la
fauna autóctonas en las áreas directa e indirectamente impactadas. Es muy
importante este grupo de impactos porque en Iberoamérica la minería se
desarrolla en regiones de extraordinaria biodiversidad como es el caso de
la Amazona y cercana a importantes cuencas hidrográficas, y en otros casos
como consecuencia de los cambios se producen daños de consideración a la
sociodiversidad que constituyen barreras inmediatas para el logro de la
sustentabilidad.
En el caso de Moa las plantas beneficiadoras están
situadas en una zona posee un extraordinario potencial asociado a los
manglares rojos del litoral y a la barrera coralina situada al norte del
territorio y que es el asentamiento de miles de especies pertenecientes a
los ecosistemas de estos y refugio permanente de aves migratorias.
En tercer lugar, es necesario referirse a los cambios
que se producen en la economía del lugar como consecuencia inmediata
de la infraestructura vinculada directamente con la minería y la
existencia de sectores productivos que trabajan para garantizar insumos y
servicios para las empresas del sector. En este sentido, se puede hablar
de los aportes a la economía nacional referidos en el PIB, la creación de
empleos directos e indirectos de servicios para la industria que promueven
un desarrollo local.
Como consecuencia de estos cambios aparecen importantes
instituciones científicas y sociales comunitarias como son los centros de
investigación y las universidades que promueven el conocimiento científico
y se convierten en una fuente permanente para el crecimiento de la
economía. Este es precisamente el núcleo de la percepción de la
sustentabilidad que defendemos en la minería, cómo ella contribuye al
desarrollo de la comunidad, cuáles son sus aportes en la creación de una
infraestructura socio económica a partir de los recursos que genera.
Sin embargo, un fenómeno de relevancia para el logro de la
sustentabilidad lo constituye la homogeneización económica que ocasiona y
que se convierte en una amenaza para el logro de un desarrollo
sustentable. Este proceso produce un efecto negativo en la medida en que
toda la comunidad se pone en función de la minería a la vez que
desaparecen renglones económicos tradicionales que constituían el
fundamento de un tipo de diversidad cultural que, indudablemente, debe
constituir un nicho para el surgimiento de actividades alternativas ante
el agotamiento de los recursos minerales en los yacimientos actuales.
La experiencia internacional demuestra que esta es una
situación típica de los países en desarrollo, donde la ausencia de
sistemas integrados de formación de recursos humanos imposibilita crear
complejos industriales donde se desarrollen economías cerradas que sean
capaces de utilizar todos los residuales que producen las plantas
beneficiadoras y las metalúrgicas. Además, de ser prácticamente imposible
pensar en la diversificación económica sobre la base de la utilización de
otras fuentes socio productivas por la falta de capitales de todo tipo
para emprender proyectos integrales. Esto ha convertido, en el Sur, a las
zonas mineras en verdaderos cinturones de pobreza con profunda fragilidad
social y ecológica.
En este sentido se asume como válido el análisis que ha
realizado Carlos Delgado, por considerar que refleja en su totalidad la
realidad minera: "Formas ancestrales del hacer la vida humana desaparecen,
envueltas en un constante proceso de homogeneización y creación de
dependencias. La vida cotidiana se subvierte mediante la destrucción de
las formas de vida y la instrumentación de un modo único de realización de
la vida" (Delgado, 2004:11-12)
En la actualidad, un problema muy crítico que complica aún
más el panorama ambiental, en el caso de estas regiones, lo constituye la
homogeneización de un tipo de formación de recursos humanos dirigidos a
oficios y profesiones típicamente mineras que constituyen una barrera para
el surgimiento de actividades económicas alternativas que se conviertan en
la base de una imprescindible diversidad económica necesaria para que las
comunidades mineras lleguen a ser sustentables.
Esta problemática se hace aún más compleja con la llegada
de la revolución industrial del siglo XVIII, indudablemente el inicio de
una carrera desenfrenada de dominio del hombre sobre la naturaleza, que
será mayor en la misma medida que aumenta el conocimiento científico y las
sucesivas revoluciones industriales - que más tarde adquieren la
denominación de revolución científico-técnica resultante de la interacción
del binomio ciencia-tecnología -, que ponen en manos del hombre medios de
producción capaces de someter bajo el imperio de los intereses humanos a
la naturaleza en un espacio de tiempo increíblemente inferior.
La ciencia y la tecnología al servicio del hombre, en un
modelo histórico de sociedad dominante, han dotado a este de un poder que
parece indetenible, dentro de sociedades marcadas por un egoísmo sin par,
donde la obtención de ganancias, sin importar límites humanos o naturales,
se ha convertido en el imperio de la razón.
La revolución industrial, como afirmamos anteriormente,
pero, especialmente, la revolución científico - técnica han cambiado
radicalmente todos los paradigmas del mundo del hombre, en tres
direcciones fundamentales. Inicialmente el conocimiento humano,
la vida cotidiana como proceso material de vida, y la vida
cotidiana como proceso espiritual de vida. Para este análisis se
asumirán los presupuestos teóricos de Carlos J. Delgado de la Facultad de
Filosofía de la Universidad de la Habana y que servirán como referencia
metodológica para caracterizar la minería.
"El conocimiento humano generado desde la ciencia
[...] ha dejado de ser un saber estrechamente unido a las formas
comunitarias de vida, para erigirse en un nuevo [...] instrumento de
dominación de lo humano y lo natural por el hombre o [...] por algunos
hombres". (Delgado, 2004:10).
Es muy valiosa esta referencia de Carlos J. Delgado para
comprender cómo los grupos de poder, en los países centrales, los que
dominan el desarrollo científico tecnológico, a su vez controlan la
economía mundial y las formas de construir una cognición puesta al
servicio de las transnacionales que saquean a un mundo cada día más
dependiente de la ciencia y la tecnología.
Además sirve de punto de partida para entender
innumerables manifestaciones asociadas al desarrollo aparecidas con la
modernidad, donde además el desarrollo científico tecnológico ejerce una
influencia decisiva en los métodos y las formas de hacer ciencia. Un
desarrollo que solo está al alcance de los países más desarrollados
(Delgado, 2005:318-319).
Pero la visión tradicional de la ciencia, que había
generado la creencia de que todo se podía resolver con la aplicación de
los adelantos científicos y tecnológicos a comenzado ha quebrarse. Este
optimismo llegó a su máxima expresión en la consideración de que la
ciencia y la tecnología tenían un desarrollo autónomo con respecto al
control social y a la interferencia de los gobiernos (Osorio, 2005:3).
Este optimismo inmediatamente comienza a ser cuestionado,
situación directamente relacionada con una serie de desastres vinculados
con la ciencia y la tecnología que provocan la eclosión del movimiento
ambientalista en la década de los 60 del siglo XX. La ciencia pierde su
escudo de benefactor incondicional de la humanidad, con la certeza de que
se va haciendo cada día más notoria, la necesidad del control público en
ciencia y tecnología.
Entre los problemas que ocasiona el desarrollo científico
tecnológico, a pesar de que este no es ni remotamente la única causa del
mismo, se encuentra el problema ambiental.
"Como proceso material, la vida cotidiana ha sido
dotada por la ciencia, de nuevos instrumentos que potencian las
capacidades humanas, cambian la vida de las personas, a la vez que la
hacen dependiente del conocimiento y de los nuevos productos del saber
[...]" (Delgado, 2004:11-12).
Evidentemente estos nuevos instrumentos producen una
percepción totalmente diferente de la vida. Se trata no solamente de un
cambio en el modo de producir, en la manera en que el hombre extrae las
riquezas a la naturaleza, sino en el cambio de percepción que significa
una relación totalmente dominadora del hombre con relación a su entorno
natural.
Este proceso que día a día va destruyendo las "formas
ancestrales del hacer la vida" – a decir de Carlos J. Delgado – deja a las
comunidades más apegadas a estos saberes milenarios, muy vinculados a un
conocimiento empírico de la naturaleza, en desventaja ante el empuje
homogeneizador de la cultura occidental, que no reconoce otra cultura más
allá de los límites establecidos por sus ideólogos.
En América latina, por ejemplo, estos procesos han
desaparecido del continente a culturas aborígenes con saberes bien
arraigados en costumbres ancestrales, primero ante el conquistador español
y portugués y ahora ante los nuevos colonizadores económicos con sus
poderosos medios tecnológicos y su "única cultura", llevada por los medios
de información y comunicación e impuesta a través de los valores de una
monocultura que impone estilos de vida, espiritualidad y hasta un
intelecto que responden a intereses moldeados a través de una industria
cultural apoyada en los grandes medios de dominación tecnológica que
impone la modernidad.
Continuando con la lógica de análisis de los paradigmas
impuestos en la modernidad como consecuencia de la revolución científica –
técnica veamos la subversión del mundo del hombre como proceso
espiritual. En este caso "la vida cotidiana se subvierte mediante la
destrucción de las costumbres y la instrumentación de un modo ideológico
único de realización de la vida" (Delgado, 2004:11-12).
A todo ello sería necesario agregar que a partir de la
Segunda Guerra Mundial en el desarrollo científico tecnológico aparece,
como resultado del desarrollo de la ciencia, la técnica y la tecnología,
la tecnociencia, un proceso en el cual se imbrican dialécticamente
la ciencia y la tecnología de forma tal que no se puede hablar de avances
científicos sin progresos tecnológicos y viceversa.
Es evidente que esta situación constituye una agresión a
la diversidad cultural en todas sus manifestaciones, un fenómeno que es
apreciable en numerosas regiones mineras de América, especialmente en
países de la región andina donde la pequeña y gran minería ha destruido
prácticamente culturas milenarias que constituían un importante acervo
cultural de nuestra rica historia.
Llegamos a la conclusión que la realidad minera es
verdaderamente controversial por sus características y por los actores
involucrados en ella lo que provoca percepciones totalmente diferentes en
cada uno de estos. En este sentido continuaremos el análisis de las
características generales de la minería reflexionando sobre estas y la
ética del minero lo cual constituye, evidentemente, un punto de inflexión
en la búsqueda de la sustentabilidad.