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El movimiento ecologista y las políticas educativas
ambientales de los estados u organismos internacionales, han reconocido de
manera creciente la importancia del periodismo para divulgar sus acciones
y convocar a un mayor número de personas a la protección del medio
ambiente.
Tradicionalmente esta temática se ha tratado desde el
periodismo científico, rama que surgió como "fruto del desarrollo
científico- tecnológico y el cúmulo de conocimientos que exige la labor de
difundir las ciencias" (Extremera San Martín, 1994: 12).
La complejidad de los procesos de educación e información
ambiental han exigido cada vez más, la especialización de los que se
encargan de la divulgación ambiental, de ahí que se considere al
Periodismo Ambiental una nueva rama del periodismo científico.
Encontramos varias propuestas conceptuales que entienden
por Periodismo Ambiental "aquél que se ocupa de la información de
actualidad que contextualice, analice los procesos y enumere los efectos
de aquellas intervenciones relacionadas con la naturaleza y el medio
ambiente y en especial de aquellos aspectos que
tienen que ver con su degradación"
(Fernández, 1995).
El periodista uruguayo Víctor L. Bacchetta
1,
lo define como"el tratamiento a través de los medios de
comunicación de los temas relacionados con el medio ambiente. Es
considerado como uno los géneros más amplios y complejos del periodismo.
Debe ser investigativo, científico, educativo, objetivo, sin confundirlo
con la militancia ecologista."(Bacchetta,
2003). Al replantearse la crisis ambiental como un problema global,
con raíces en el modelo desarrollista del capitalismo, la temática ha
adquirido una nueva connotación dentro de los medios de comunicación. Esta
concepción implica un reto para los que se dedican a la comunicación
ambiental, pues deben sensibilizar a segmentos mucho más amplios de la
población, "dado que los medios de comunicación son el único instrumento
que pueden educar a la escala necesaria y en el tiempo disponible"
(Montaño, 2000).
Una de las críticas más comunes que recibe el periodismo
ambiental está relacionada con la tendencia a "acusar", a detectar el
problema, pero no la propuesta de solución. Se considera que en ocasiones
las noticias resultan muy abstractas y aburridas, distantes de la gente
que las recepciona. Los temas son complejos, y no siempre se contrastan
suficientes fuentes o estas no son todo lo confiable que el público
espera.
No se le da el debido seguimiento noticioso a los
problemas ambientales. Estos clasifican como titulares de las
publicaciones cuando tienen la connotación de escándalo, emergencia, o
accidente que implica consecuencias muy graves. Por ejemplo, un derrame de
petróleo o de productos químicos tóxicos, pueden ser cubiertos por los
medios con uno o dos reportajes de primera plana, sin brindar luego nuevas
informaciones como parte del seguimiento noticioso.
Aunque existen diversas aristas para abordar de manera
amena los problemas del medioambiente y el desarrollo sostenible, por lo
general se reiteran una y otra vez, los mismos asuntos, los enfoques y el
tratamiento noticioso.
Los directores y editores no aprecian, en ocasiones, los
valores noticias de algunos de estos temas. La mayoría de los medios de
comunicación dependen de la publicidad que obtienen de los políticos y
hombres de negocios. En más de una de las historias ambientales
publicadas, se critica las políticas de gobierno o las actividades
contaminantes de los sectores comerciales e industriales. En otras, son
los propios anunciantes quienes se niegan a publicitarse junto a una
noticia de este tipo.
De modo general entre las dificultades más frecuentes para
tratar correctamente esta vasta materia se destacan, el criterio simplista
a la hora de abordar los problemas del medioambiente y la exacerbación de
sus aspectos emocionales. Otro de los inconvenientes, se relaciona con el
tono taxativo (exclusivo, específico) del discurso medioambiental, el cual
generalmente no expone la diversidad de posiciones y limita la concreción
de soluciones equilibradas. Asimismo, se tiende a desvincular los aspectos
ecológicos de los económicos y sociales, lo que además de generar un halo
negativo propende desconocer los avances en el tema.
Otra propuesta aparece en el libro La Investigación y
Redacción de Reportajes sobre Temas Ambientales, sugerida por el
estadounidense Jim Wolf 2 (1999):
- Escriba historias originales.
- Cultive y mantenga buenas fuentes. Algunas fuentes de la información
son: boletines de prensa, libros y revistas, organizaciones no
gubernamentales, los gobiernos, las universidades y el más importante
ahora: Internet.
- Prepararse con antelación para una entrevista.
- Traduzca la jerga de los ecologistas.
- Haga que la historia vibre y sea relevante con citas directas,
descripciones de la tierra y la gente, fotos y mapas.
- Tenga precaución con las estadísticas.
- Sea cuidadoso al reportar sobre la ciencia.
- Busque el equilibrio. Hay miles de personas con distintas opiniones
sobre el medio ambiente.
- No olvide las historias de seguimiento.
Los periodistas ambientales necesitan para construir
adecuadamente la noticia, recibir una preparación que incluya no solo las
cuestiones técnicas de la profesión, sino también las relacionadas con los
temas ambientales. La tendencia actual no es adelantarse a los
acontecimientos a través del llamado "periodismo preventivo". Esto se debe
muchas veces a la poca familiarización que posee el comunicador con la
temática.
Más allá de las recetas, la práctica demuestra que la
preocupación por el tratamiento comunicativo del tema ambiental, gana
periodistas especializados, tanto de la prensa impresa (revistas
especializadas y la cobertura periodística en los diarios), de la radio,
de la televisión y de Internet. Cada medio con sus potencialidades y
frenos ofrece una mirada más cercana a los desequilibrios del planeta.
Notas
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