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Parte 2 / 2
Planes y programas de
acción social
Empresas socialmente responsables son aquellas que
fundamentan su actuación social en políticas, planes y programas
concretos, con compromisos tanto internos como externos que beneficien a
su empresa e impacten de manera positiva a las comunidades en las que
operan.
Buscando un modelo de lineamiento sobre planes de acción
social de empresas, es importante considerar y evaluar como punto de
partida los aspectos que definen la capacidad estratégica de una compañía
y sus prioridades. Esto es oportuno en función de marcar de manera global
la situación y las necesidades de la empresa. Como una etapa posterior se
determinan los planes y programas que se ajustan con mayor precisión a sus
objetivos.
Un plan de acción social contempla generalmente tres
opciones de programas, los mas utilizados en este tipo de requerimientos.
Estas son:
- Programas de acción social corporativos
- Programas de acción social en colaboración con los recursos humanos
de la empresa,
- Programas de acción social a través de productos y servicios de la
empresa.
A programas de acción social corporativos pertenecen, por
ejemplo:
- La donación de fondos para proyectos y organizaciones no
gubernamentales ya definidas
- La selección y tratamiento de una temática social a considerar que
identificará a la empresa
- Proyectos de reinserción laboral
- El apoyo sistemático en el área de los recursos humanos enfocados a
la capacidad de empleo
- La donación de equipos informáticos o mobiliario de segunda mano.
Los programas de acción social en colaboración con los
recursos humanos de la empresa abarcan principalmente:
- La participación conjunta del recurso humano de la empresa en
emprendimientos de proyectos
- El apoyo sistemático al voluntariado del plantel de la empresa
- Los emprendimientos sociales de fácil producción y costo.
Forman parte de los programas de acción social través de
los productos y servicios de la empresa, entre otros:
- Los programas de mercadeo con causa
- La donación de productos de la empresa, entre productos nuevos,
usados o excedentes
- La concesión de servicios o productos de cortesía, sin cargo.
Para que los planes y programas de acción social sean
realmente exitosos, antes que nada, una empresa debe definir un claro
interés propio en el programa de RSE para asegurar la dedicación al
programa y la sustentabilidad del mismo.
Las alianzas con comunidades u ONG’s son duraderas cuando
se forman relaciones institucionales y particulares por medio de esa misma
alianza. No vale la pena establecer una alianza sólo por hacerla. Las
comunidades deben participar desde el principio en la definición del
programa para que se logre con ‘éxito; las empresas no pueden presumir de
saber cuáles son las necesidades de una comunidad sin antes considerar las
necesidades dentro del contexto local y la cultura. Todos los proyectos
deben tener una estrategia de salida bien planificada. Los recursos
financieros son sólo una parte de la fórmula, pero el financiamiento
limitado que proporciona una empresa puede tener un efecto enorme, si los
programas están bien definidos y bien acompañados.
Reflexiones finales
La superación de la pobreza necesariamente pasa por la
generación de empleo productivo. El primer reto es generar empleo, pues la
situación más angustiante en muchas partes del América Latina es que ni
siquiera hay empleo, pero la meta debe ser que el empleo sea decente y
para todos.
Pero hay más: ante el panorama de pobreza, extrema
pobreza, exclusión social y subdesarrollo de América Latina todos los
actores sociales son responsables de intentar encontrar soluciones
viables. La magnitud de los problemas económicos y sociales que sufren los
países del subcontinente muestra la urgente necesidad de que las empresas
se sumen en un esfuerzo conjunto con sociedad civil y gobierno para
coadyuvar a la solución de los mismos. Frente a esa realidad nadie puede
estar en contra de que se requieren acciones adicionales tendentes a
producir bienestar social.
En América Latina más del 85% de las empresas son pequeñas
o medianas.
Parece evidente que no se puede pedir a cierto nivel de
pequeñas empresas y microempresas que cumplan con una función que no es
típicamente empresarial. También parece generalmente aceptado que no debe
esperarse que la empresa sustituya al estado, en actividades como
educación, seguridad y otras políticas públicas, aunque con la reducción
del tamaño del estado surge la expectativa que las empresas asuman algunas
de esas actividades. Las iniciativas en materia de RSE no sirven para
reemplazar la legislación social, y cualquier debate sobre responsabilidad
social tiene que incluir además un examen de las responsabilidades de los
demás actores sociales. Es preciso que el cometido correspondiente a cada
uno de los actores se entienda y se respete, al igual que los límites de
sus campos de actuación respectivos.
Por otro lado, también es obvio, que esas empresas, al
igual que las grandes o las multinacionales, tienen y tendrán la
responsabilidad ineludible de cumplir, satisfactoriamente, las normas
laborales y de esa manera estarán cumpliendo con su responsabilidad
social. Pero ser socialmente responsable no significa solamente cumplir
plenamente las obligaciones jurídicas, sino también ir más hacia el
capital humano, el entorno y las relaciones con los otros actores de la
sociedad. Es evidente que hoy no basta que las empresas cumplan su
finalidad económica. La gente esperan de ellas que tomen parte también en
otras áreas de la sociedad y aporten soluciones.
Aceptado esto, debe permitirse que las empresas,
libremente, definan el alcance y contenido de las iniciativas sociales
voluntarias que pueden desarrollar. En última instancia lo más importante
es el comportamiento de la empresa, así como la responsabilidad y el
realismo con el cual ésta opere, para asegurar que se mantendrá en el
mercado, generando producción, riqueza y trabajo decente.
La gestión social de las empresas no se debe medir
exclusivamente en términos de cuantas personas se beneficiaron, cuanto
dinero se invirtió, ni por cuanto tiempo. Se debe medir, más bien, por las
transformaciones sociales que propicia. Un ser humano cambiado: un
paciente curado, un niño que estudio, un joven o una joven transformado en
adulto que se respeta a si mismo, una vida humana enteramente cambiada y
con ella, una familia, una sociedad. A ello le debe apostar la empresa
privada con sus programas de acción social.
Debe considerarse la RSE como un elemento de valor e
inversión y no como una acción externa de beneficencia, una gestión
filantrópica o una donación aislada, cuyos beneficios son puntuales, como
algo más que un conjunto de prácticas puntuales, iniciativas ocasionales o
motivadas por el mercadeo, las relaciones públicas u otros beneficios
empresariales, aunque aporta a estos beneficios. Siendo la primera
responsabilidad de la empresa ser eficiente y rentable para ejercer su
función natural y contribuir al crecimiento del país, RSE debe ser vista
como un amplio set de políticas, prácticas y programas integrados en la
operación empresarial, que soportan el proceso de toma de decisiones
dentro de un marco de valores éticos.
La RSE no es algo estático; se trata de un concepto
dinámico y multidimensional que no deja de evolucionar para adaptarse a
los cambios de las circunstancias económicas, políticas, sociales y
medioambientales. Durante los últimos años, las empresas han venido
cambiando sus patrones de relación con la sociedad, y la filantropía
entendida como el regalo de dinero o de bienes está cediendo ante un
modelo en el que la empresa está consciente que hay necesidades, e indaga
cuáles son las más apremiantes para apoyar a un grupo organizado, de
manera de encontrar proyectos que puedan convertirse en modelos
autogestionables. La innovación es un elemento fundamental de cualquier
iniciativa moderna en esta materia. Es preciso apoyar la pluralidad de
estas respuestas innovadoras. Permite a las empresas responder a los
rápidos cambios del mercado, proporcionando verdaderos beneficios a sus
sociedades.
Finalmente, la responsabilidad social de la empresa que no
promueve el crecimiento y el desarrollo de la democracia es incompleta y
parcial. Si no hay democracia, es imposible que exista un compromiso
sólido y permanente con los derechos humanos, los derechos laborales, con
la protección del medioambiente, con la responsabilidad tributaria y
financiera, con la justicia social; y por lo tanto es imposible que exista
un ambiente que fomente la competitividad para todos.
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