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 Pobreza y responsabilidad social del empresario

Desarrollo Humano Sustentable

 Klaus Schaeffler

Parte 2 / 2

  Planes y programas de acción social

Empresas socialmente responsables son aquellas que fundamentan su actuación social en políticas, planes y programas concretos, con compromisos tanto internos como externos que beneficien a su empresa e impacten de manera positiva a las comunidades en las que operan.

Buscando un modelo de lineamiento sobre planes de acción social de empresas, es importante considerar y evaluar como punto de partida los aspectos que definen la capacidad estratégica de una compañía y sus prioridades. Esto es oportuno en función de marcar de manera global la situación y las necesidades de la empresa. Como una etapa posterior se determinan los planes y programas que se ajustan con mayor precisión a sus objetivos.

Un plan de acción social contempla generalmente tres opciones de programas, los mas utilizados en este tipo de requerimientos. Estas son:

  • Programas de acción social corporativos
  • Programas de acción social en colaboración con los recursos humanos de la empresa,
  • Programas de acción social a través de productos y servicios de la empresa.

A programas de acción social corporativos pertenecen, por ejemplo:

  • La donación de fondos para proyectos y organizaciones no gubernamentales ya definidas
  • La selección y tratamiento de una temática social a considerar que identificará a la empresa
  • Proyectos de reinserción laboral
  • El apoyo sistemático en el área de los recursos humanos enfocados a la capacidad de empleo
  • La donación de equipos informáticos o mobiliario de segunda mano.

Los programas de acción social en colaboración con los recursos humanos de la empresa abarcan principalmente:

  • La participación conjunta del recurso humano de la empresa en emprendimientos de proyectos
  • El apoyo sistemático al voluntariado del plantel de la empresa
  • Los emprendimientos sociales de fácil producción y costo.

Forman parte de los programas de acción social través de los productos y servicios de la empresa, entre otros:

  • Los programas de mercadeo con causa
  • La donación de productos de la empresa, entre productos nuevos, usados o excedentes
  • La concesión de servicios o productos de cortesía, sin cargo.

Para que los planes y programas de acción social sean realmente exitosos, antes que nada, una empresa debe definir un claro interés propio en el programa de RSE para asegurar la dedicación al programa y la sustentabilidad del mismo.

Las alianzas con comunidades u ONG’s son duraderas cuando se forman relaciones institucionales y particulares por medio de esa misma alianza. No vale la pena establecer una alianza sólo por hacerla. Las comunidades deben participar desde el principio en la definición del programa para que se logre con ‘éxito; las empresas no pueden presumir de saber cuáles son las necesidades de una comunidad sin antes considerar las necesidades dentro del contexto local y la cultura. Todos los proyectos deben tener una estrategia de salida bien planificada. Los recursos financieros son sólo una parte de la fórmula, pero el financiamiento limitado que proporciona una empresa puede tener un efecto enorme, si los programas están bien definidos y bien acompañados.

  Reflexiones finales

La superación de la pobreza necesariamente pasa por la generación de empleo productivo. El primer reto es generar empleo, pues la situación más angustiante en muchas partes del América Latina es que ni siquiera hay empleo, pero la meta debe ser que el empleo sea decente y para todos.

Pero hay más: ante el panorama de pobreza, extrema pobreza, exclusión social y subdesarrollo de América Latina todos los actores sociales son responsables de intentar encontrar soluciones viables. La magnitud de los problemas económicos y sociales que sufren los países del subcontinente muestra la urgente necesidad de que las empresas se sumen en un esfuerzo conjunto con sociedad civil y gobierno para coadyuvar a la solución de los mismos. Frente a esa realidad nadie puede estar en contra de que se requieren acciones adicionales tendentes a producir bienestar social.

En América Latina más del 85% de las empresas son pequeñas o medianas.

Parece evidente que no se puede pedir a cierto nivel de pequeñas empresas y microempresas que cumplan con una función que no es típicamente empresarial. También parece generalmente aceptado que no debe esperarse que la empresa sustituya al estado, en actividades como educación, seguridad y otras políticas públicas, aunque con la reducción del tamaño del estado surge la expectativa que las empresas asuman algunas de esas actividades. Las iniciativas en materia de RSE no sirven para reemplazar la legislación social, y cualquier debate sobre responsabilidad social tiene que incluir además un examen de las responsabilidades de los demás actores sociales. Es preciso que el cometido correspondiente a cada uno de los actores se entienda y se respete, al igual que los límites de sus campos de actuación respectivos.

Por otro lado, también es obvio, que esas empresas, al igual que las grandes o las multinacionales, tienen y tendrán la responsabilidad ineludible de cumplir, satisfactoriamente, las normas laborales y de esa manera estarán cumpliendo con su responsabilidad social. Pero ser socialmente responsable no significa solamente cumplir plenamente las obligaciones jurídicas, sino también ir más hacia el capital humano, el entorno y las relaciones con los otros actores de la sociedad. Es evidente que hoy no basta que las empresas cumplan su finalidad económica. La gente esperan de ellas que tomen parte también en otras áreas de la sociedad y aporten soluciones.

Aceptado esto, debe permitirse que las empresas, libremente, definan el alcance y contenido de las iniciativas sociales voluntarias que pueden desarrollar. En última instancia lo más importante es el comportamiento de la empresa, así como la responsabilidad y el realismo con el cual ésta opere, para asegurar que se mantendrá en el mercado, generando producción, riqueza y trabajo decente.

La gestión social de las empresas no se debe medir exclusivamente en términos de cuantas personas se beneficiaron, cuanto dinero se invirtió, ni por cuanto tiempo. Se debe medir, más bien, por las transformaciones sociales que propicia. Un ser humano cambiado: un paciente curado, un niño que estudio, un joven o una joven transformado en adulto que se respeta a si mismo, una vida humana enteramente cambiada y con ella, una familia, una sociedad. A ello le debe apostar la empresa privada con sus programas de acción social.

Debe considerarse la RSE como un elemento de valor e inversión y no como una acción externa de beneficencia, una gestión filantrópica o una donación aislada, cuyos beneficios son puntuales, como algo más que un conjunto de prácticas puntuales, iniciativas ocasionales o motivadas por el mercadeo, las relaciones públicas u otros beneficios empresariales, aunque aporta a estos beneficios. Siendo la primera responsabilidad de la empresa ser eficiente y rentable para ejercer su función natural y contribuir al crecimiento del país, RSE debe ser vista como un amplio set de políticas, prácticas y programas integrados en la operación empresarial, que soportan el proceso de toma de decisiones dentro de un marco de valores éticos.

La RSE no es algo estático; se trata de un concepto dinámico y multidimensional que no deja de evolucionar para adaptarse a los cambios de las circunstancias económicas, políticas, sociales y medioambientales. Durante los últimos años, las empresas han venido cambiando sus patrones de relación con la sociedad, y la filantropía entendida como el regalo de dinero o de bienes está cediendo ante un modelo en el que la empresa está consciente que hay necesidades, e indaga cuáles son las más apremiantes para apoyar a un grupo organizado, de manera de encontrar proyectos que puedan convertirse en modelos autogestionables. La innovación es un elemento fundamental de cualquier iniciativa moderna en esta materia. Es preciso apoyar la pluralidad de estas respuestas innovadoras. Permite a las empresas responder a los rápidos cambios del mercado, proporcionando verdaderos beneficios a sus sociedades.

Finalmente, la responsabilidad social de la empresa que no promueve el crecimiento y el desarrollo de la democracia es incompleta y parcial. Si no hay democracia, es imposible que exista un compromiso sólido y permanente con los derechos humanos, los derechos laborales, con la protección del medioambiente, con la responsabilidad tributaria y financiera, con la justicia social; y por lo tanto es imposible que exista un ambiente que fomente la competitividad para todos.

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