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Emigrantes latinoamericanos sacan más provecho al
dinero enviado a sus familias
Por lo menos una vez al mes, Lidia Rivera va al centro de
San Salvador para procurar las remesas que le envía su marido, Florentín
Chicas, desde Manassas, Virginia, un suburbio de la región metropolitana
de Washington. Los giros, de unos US$800 mensuales, ayudan a pagar
diversos gastos: alimentación, ropa, medicinas, cuentas de electricidad y
teléfono, y el colegio de dos de sus cinco hijos. Algo parecido sucede en
millones de hogares en América Latina y el Caribe, una región que recibe
anualmente más de US$38.000 millones enviados por sus emigrados. Pero el
caso de esta modesta familia salvadoreña es distinto, ya que está a la
vanguardia de un fenómeno que podría cambiar radicalmente esta región,
donde persiste un abismo económico entre ricos y pobres. La razón es que
Florentín y Lidia le están sacando mayor provecho a sus remesas, que en
lugar de llegar a un supermercado, una gasolinera o una farmacia, van
directamente a la compañía financiera que les aprobó un crédito
hipotecario para comprar su casa.
Florentín, un albañil retacón y fornido que trabaja todos
los días de la semana, envía dinero desde una bodega latina que funge como
subagente de empresas remesadoras. De allí el giro va a la Financiera
Calpiá, institución líder en microcrédito en El Salvador. Lidia concurre a
una de las sucursales, donde en una ventanilla cobra la remesa y en otra
paga su crédito. El remanente puede ir a la cuenta de ahorros, si es que
Lidia no tiene que utilizar el dinero para comprar mercadería para su
pequeña tienda de abarrotes.
A diferencia de la inmensa mayoría de las personas que
envían y reciben remesas en América Latina y el Caribe, esta familia
salvadoreña ha utilizado el flujo de capital que representan esos envíos
de dinero para vincularse con una institución financiera, una relación que
le ha abierto las puertas a oportunidades que, en muchos países de la
región, sólo existen para personas acomodadas. Como explica Donald Terry,
gerente del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco
Interamericano de Desarrollo, las remesas que envía Florentín van de una
empresa no financiera a una institución financiera, de dinero en efectivo
a una cuenta. Así, las transacciones se van registrando en un historial
que le permite a un banco o a una cooperativa de ahorro y crédito calcular
la solvencia familiar y su capacidad para tomar crédito.
Tendencia regional
Un proceso similar se está dando en Ecuador, donde el
Banco Solidario ofrece microcrédito y préstamos para vivienda a personas
que envían y reciben remesas. Laura Villagómez, una joven que emigró hace
seis años a España, ha podido comprarles una casa a sus padres en Quito
utilizando un crédito que pagó con sus remesas. Su hermano Raúl, que
emigró más recientemente, también ha comprado con crédito una casa como la
de sus padres.
En un futuro no muy lejano, estos ejemplos podrían
multiplicarse en muchos países latinoamericanos. Dos de las principales
redes de instituciones microfinancieras, ACCION International y Women’s
World Banking, planean involucrar a sus afiliadas en proyectos piloto para
probar los servicios de remesas. La firma alemana Internationale Micro
Investitionen Aktiengesellschaft (IMI), principal accionista en Calpiá,
espera introducir estos servicios en otras instituciones microfinancieras
en Ecuador, Haití y Nicaragua.
El caso de la familia salvadoreña ilustra el origen de
este creciente interés de las instituciones microfinancieras y las
cooperativas de ahorro y crédito en participar en un mercado dominado por
grandes empresas de transferencias de dinero como la Western Union o
Moneygram.
Lidia Rivera ya tenía experiencia con Calpiá, donde había
tomado microcrédito para su negocio. Cuando el dueño de la casa que
alquilaban le dijo que quería vender la propiedad, Lidia no tenía
suficientes ahorros para adquirirla. Necesitaba un préstamo. Fue a Calpiá
para averiguar si le darían un crédito hipotecario. Llevó los documentos
de la propiedad y un agente de crédito fue a evaluar el inmueble y el
negocio familiar. "Yo les dije que no era sólo eso, porque yo voy a pagar
con lo que mi esposo me manda", señala Lidia. "Así fue como pudimos
comprar esta casa".
Calpiá ingresó hace relativamente poco tiempo al mercado
de las remesas. En el año 2001 ganó una competencia del FOMIN para
promover innovaciones en microfinanzas. La compañía financiera, que está
en proceso de transformarse en el Banco ProCredit, propuso tres
experiencias piloto: la puesta en práctica de un sistema de costeo de sus
operaciones, el lanzamiento de préstamos a largo plazo para vivienda e
inversiones agrícolas, y la introducción de servicios de remesas.
Mejor servicio a los clientes
Según el presidente de Calpiá, Gabriel Schor, la idea de
recibir allí las remesas podría atribuirse a sus propios clientes, que
empezaron a reclamar ese servicio. Algunos se quejaban de que tenían que
ir a un lugar de la ciudad a buscar el dinero enviado por sus
familiares y luego debían ir a Calpiá a hacer sus trámites restantes. ¿Por
qué no podían hacerlo todo en un mismo lugar? La financiera averiguó que
de sus 60.000 clientes, unos 20.000 reciben remesas. Paso seguido, Calpiá
negoció con la Western Union para sumarse a su red de subagentes. Por otra parte, la financiera adquirió la
plataforma tecnológica necesaria para participar en la recepción y
distribución de giros internacionales. El experimento ha rendido frutos:
en poco tiempo, unos 10.000 clientes reciben sus remesas en las 20
agencias de Calpiá.
Si bien el negocio de las remesas no arroja grandes
ganancias para la financiera, sí le crea más oportunidades para atraer
clientes adicionales y ofrecerles nuevos servicios a otros más antiguos,
que repentinamente han adquirido un perfil distinto. "A una persona que
antes le prestábamos 250 dólares ahora le podemos prestar 500 dólares
porque sabemos que recibe remesas periódicamente", señala Schor.
Una vez que un cliente recibe su remesa, un representante
de Calpiá le puede proponer otros servicios, como cuentas de ahorro,
depósitos a plazo, ahorro programado, préstamos para la micro y pequeña
empresa o crédito de vivienda. Silke María Müffelman, gerente de la
financiera, señala que ya saben cuántas personas que reciben remesas
quieren servicios de ahorro o crédito para sus negocios o para vivienda.
"Nosotros ya estamos ofreciendo esos servicios. El reto para el futuro es
perfeccionarlos", agrega Müffelman. Una posibilidad es ofrecerles a esos
clientes tarjetas de cajero automático para que puedan acceder a su dinero
sin tener que concurrir a una sucursal en horario bancario.
Más allá de estos alentadores ejemplos, persisten grandes
obstáculos: entre los latinoamericanos que trabajan en los Estados Unidos,
casi un 80% recurre a empresas no financieras para enviar sus remesas. El
dinero llega a destino de manera rápida y segura, pero no agrega nada al
historial financiero de los inmigrantes y sus familias. Incluso en muchos
casos en que los giros llegan a bancos comerciales, éstos no suelen
considerar al típico receptor de remesas como un cliente tan deseable como
una gran empresa o una persona acaudalada.
Las remesas, no obstante, aún tienen un inmenso impacto
económico en esta región, donde el año pasado superaron a la suma de la
inversión extranjera directa más la cooperación externa. Además, estos
flujos cumplen un papel social fundamental al cubrir las necesidades
básicas y elevar la calidad de vida de millones de familias en la región.
Democracia financiera
Para Terry, las remesas también podrían provocar una
"democracia financiera" en América Latina y el Caribe, en donde las
personas de bajos ingresos tendrían acceso a todo tipo de servicios
financieros y podrían aprovecharlos para acumular activos económicos.
Según estimaciones del FOMIN, apenas uno de cada 10 adultos en esta región
es cliente de bancos. En los Estados Unidos, la relación es nueve de cada
10.
Terry se apresura a aclarar que sabe perfectamente que
este dinero es de quienes envían las remesas y sus familias. Ni el FOMIN
ni el BID buscan dirigir el destino de esos recursos "Nadie conoce mejor
sus necesidades que los propios inmigrantes", afirma. "De lo que se trata
es de ofrecerles más opciones y oportunidades".
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Principios básicos de las remesas |
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Los siguientes principios básicos, redactados en
marzo de 2004 por el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) en
consulta con 25 organizaciones involucradas con las remesas,
reflejan las mejores prácticas y una visión a futuro para orientar
los tres grupos más importantes de actores que apoyan la transmisión
y el buen uso de las remesas.
Principios básicos para remesadoras
Mejorar la transparencia
Las instituciones remesadoras deberán hacer una
declaración completa y transparente sobre su información acerca
de los costos y condiciones de transferencia, incluyendo todas
las comisiones y cargos, cambios aplicados y tiempo de
ejecución.
Promover competencia
Las instituciones remesadoras deberán competir
sobre la base de acuerdos contractuales y precios justos
equitativos y no discriminatorios, y se limitará el uso de
contratos de exclusividad y la aplicación abusiva de precios o
márgenes en los cambios de moneda.
Aplicar tecnología adecuada
Las instituciones remesadoras aplicarán
tecnologías eficientes y productos innovadores para abaratar
costos y mejorar la rapidez y seguridad de las transacciones,
contribuyendo a reducir el blanqueo de dinero y cualquier tipo
de actividad ilegal.
Buscar asociaciones y alianzas
Las instituciones remesadoras deberán buscar
asociaciones y alianzas, incluyendo enlaces con compañías
remesadoras e instituciones financieras, para multiplicar su
potencial y promover servicios de "moneda al contado a cuenta"y
otras fórmulas de intermediación financiera.
Ampliar los servicios oferta financieros
Las instituciones financieras deberían
profundizar los mercados financieros mediante la de servicios
globales e integrados para los clientes de remesas, tales como
cuentas corrientes, de ahorro, de crédito y productos
hipotecarios, entre otros
Principios públicos básicos sobre remesas para los
organismos
No perjudicar
Los organismos públicos deberán favorecer a los
mercados de remesas y evitar gravarlos con impuestos, regularlos
en exceso o actuar en contra del flujo de las remesas.
Mejorar información
Los organismos públicos deberán mejorar los
sistemas de recolección y difusión de información sobre mercados
de remesas, y ayudar a desarrollar normas internacionales para
su evaluación.
Estimular la intermediación financiera
Los organismos públicos deberían apoyar el flujo
de las remesas hacia instituciones financieras mejorando los
marcos normativos y financieros del sector
Promover competencia y precios justos
Las instituciones remesadoras deberán competir
sobre la base de acuerdos contractuales y precios justos
equitativos y no discriminatorios, y se limitará el uso de
contratos de exclusividad y la aplicación abusiva de precios o
márgenes en los cambios de moneda
Principios públicos básicos sobre remesas para los
organismos
No perjudicar
Los organismos públicos deberán favorecer a los
mercados de remesas y evitar gravarlos con impuestos, regularlos
en exceso o actuar en contra del flujo de las remesas.
Mejorar información
Los organismos públicos deberán mejorar los
sistemas de recolección y difusión de información sobre mercados
de remesas, y ayudar a desarrollar normas internacionales para
su evaluación.
Estimular la intermediación financiera
Los organismos públicos deberían apoyar el flujo
de las remesas hacia instituciones financieras mejorando los
marcos normativos y financieros del sector.
Promover
Los organismos públicos deberán promover una
toma de conciencia sobre los beneficios conocimientos asociados
con el ahorro y otros productos financieros e información sobre
los derechos del financieros consumidor relacionados con las
remesas.
Principios básicos sobre remesas para la sociedad
civil
Multiplicar el impacto sobre el desarrollo
Las organizaciones de la sociedad civil y del
sector privado deberían identificar de forma sobre el desarrollo
sistemática los obstáculos que limitan el impacto multiplicador
de las remesas sobre el desarrollo y asociarse con todos los
actores relevantes en este sector para identificar y eliminar
dichos obstáculos.
Apoyar la inclusión social y financiera
Las organizaciones de la sociedad civil y del
sector privado deberán apoyar la inclusión social y financiera
de las familias transnacionales en sus comunidades, mejorar su
capacitación e impulsar oportunidades de desarrollo productivo a
nivel local.
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Notas
Fuente:
Microempresas Américas 2004 BID
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