Fragmento del Capítulo VII "La ética del
género humano",
del libro publicado por la UNESCO, "Los siete saberes necesarios a la
educación del futuro"
del renombrado sociólogo y filósofo francés Edgar Morin.
Este libro constituye un clásico en las bases de la educación
para una
formación ética en valores humanistas.
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1. El bucle individuo « sociedad: enseñar la
democracia
Individuo
y Sociedad existen mutuamente. La democracia permite la relación rica y
compleja individuo « sociedad donde los individuos y la sociedad pueden
entre sí ayudarse, desarrollarse, regularse y controlarse.
La democracia se funda sobre el control del aparato del
poder por los controlados y así reduce la esclavitud (que determina un
poder que no sufre la autorregulación de aquellos que somete); en este
sentido la democracia es, más que un régimen político, la regeneración
continua de un bucle complejo y retroactivo: los ciudadanos producen la
democracia que produce los ciudadanos.
A diferencia de las sociedades democráticas, que funcionan
gracias a las libertades individuales y a la responsabilidad de los
individuos, las sociedades autoritarias o totalitarias colonizan los
individuos que no son más que súbditos; en la democracia el individuo es
ciudadano, persona jurídica y responsable que, por un lado, expresa sus
deseos e intereses y, por el otro, es responsable y solidario con su
ciudad.
1.1 Democracia y complejidad
La democracia no se puede definir de manera simple. La
soberanía del pueblo ciudadano comprende al mismo tiempo la autolimitación
de esta soberanía por la obediencia a las leyes y el traspaso de soberanía
a los elegidos. La democracia comprende al mismo tiempo la autolimitación
del poder estatal por la separación de los poderes, la garantía de los
derechos individuales y la protección de la vida privada.
Evidentemente, la democracia necesita del consenso de la
mayoría de los ciudadanos y del respeto de las reglas democráticas.
Necesita que un gran número de ciudadanos crea en la democracia. Pero, al
igual que consenso, la democracia necesita diversidades y antagonismos.
La experiencia del totalitarismo ha relevado un carácter
fundamental de la democracia: su vínculo vital con la diversidad.
La democracia supone y alimenta la diversidad de los
intereses así como la diversidad de las ideas. El respeto de la diversidad
significa que la democracia no se puede identificar con la dictadura de la
mayoría sobre las minorías; ella debe incluir el derecho de las minorías y
contestatarios a la existencia y a la expresión, y debe permitir la
expresión de las ideas heréticas y marginadas. Así, como hay que proteger
la diversidad de las especies para salvar la biósfera, hay que proteger la
de las ideas y opiniones y también la diversidad de las fuentes de
información y de los medios de información (prensa y demás medios de
comunicación), para salvar la vida democrática.
La democracia necesita tanto conflictos de ideas como de
opiniones que le den vitalidad y productividad. Pero la vitalidad y la
productividad de los conflictos sólo se puede expandir en la obediencia a
la norma democrática que regula los antagonismos reemplazando las batallas
físicas por las batallas de ideas, y determina por la vía de los debates y
las elecciones un vencedor provisional de las ideas en conflicto, el cual,
a cambio, tiene la responsabilidad de dar cuenta de la realización de sus
ideas.
Exigiendo a la vez, consenso, diversidad y conflicto, la
democracia es un sistema complejo de organización y de civilización
políticas que alimenta y se alimenta de la autonomía de espíritu de los
individuos, de su libertad de opinión y de expresión, de su civismo que
alimenta y se alimenta del ideal, Libertad « Igualdad « Fraternidad, el
cual comporta un conflicto creador entre estos tres términos inseparables.
La democracia constituye por consiguiente un sistema
político complejo en cuanto que vive de pluralidades, competencias y
antagonismos permaneciendo como una comunidad.
Así, la democracia constituye la unión de la unión y de la
desunión; tolera y se alimenta endémicamente, a veces explosivamente, de
conflictos que le dan vitalidad. Ella vive de pluralidad hasta en la cima
del Estado (división de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial) y
debe conservar esta pluralidad para conservarse ella misma.
El desarrollo de las complejidades políticas, económicas y
sociales nutre los desarrollos de la individualidad y ésta se afirma en
sus derechos (humano y del ciudadano); adquiere libertades existenciales
(elección autónoma del cónyuge, de la residencia, de los placeres…).
1.2 La dialógica democrática
Todas las características importantes de la democracia
tienen un carácter dialógico que une de manera complementaria términos
antagónicos: consenso/conflicto, libertad « igualdad « fraternidad,
comunidad nacional/antagonismos sociales e ideológicos. En resumen, la
democracia depende de las condiciones que dependen de su ejercicio
(espíritu cívico, aceptación de la regla del juego democrático).
Las democracias son frágiles, viven de conflictos, pero
éstos las pueden sumergir. La democracia aún no está generalizada en todo
el planeta que incluye dictaduras y residuos del totalitarismo del siglo
XX o gérmenes de nuevos totalitarismos. Ella seguirá amenazada en el siglo
XXI; Además, las democracias existentes no es que no se hayan logrado sino
que están incompletas o inacabadas.
La democratización de las sociedades occidentales ha sido
un proceso largo que se ha continuado irregularmente en ciertos campos
como el acceso de las mujeres a la igualdad con los hombres en la pareja,
el trabajo, el acceso a las carreras públicas. El socialismo occidental no
ha podido democratizar la organización económico-social de nuestras
sociedades. Las empresas siguen siendo sistemas autoritarios jerárquicos,
democratizados muy parcialmente en su base por consejos o sindicatos. Es
cierto que la democratización tiene límites en organizaciones cuya
eficacia esta basada en la obediencia, como en el ejército. Pero nos
podemos cuestionar si, como lo hacen ver ciertas empresas, no se puede
lograr otra eficacia apelando a la iniciativa y responsabilidad de
individuos o grupos. De todas formas, nuestras democracias comportan
carencias y lagunas. Por ejemplo, los ciudadanos implicados no son
consultados sobre las alternativas en materia, por ejemplo, de transporte
(TGV -tren de gran velocidad-, aviones cargueros, autopistas, etc.).
No existen solamente las incapacidades democráticas. Hay
procesos de regresión democrática que tienden a marginar a los ciudadanos
de las grandes decisiones políticas (bajo el pretexto de que éstas son muy
« complicadas » y deben ser tomadas por «expertos tecnócratas»); a
atrofiar sus habilidades, a amenazar la diversidad, a degradar el civismo.
Estos procesos de regresión están ligados al crecimiento
de la complejidad de los problemas y al modo mutilador de tratarlos. La
política se fragmenta en diversos campos y la posibilidad de concebirlos
juntos disminuye o desaparece.
Del mismo modo, hay despolitización de la política que se
auto-disuelve en la administración, la técnica (el expertismo), la
economía, el pensamiento cuantificador (sondeos, estadísticas). La
política en trizas pierde la comprensión de la vida, de los sufrimientos,
de los desamparos, de las soledades, de las necesidades no cuantificables.
Todo esto contribuye a una gigantesca regresión democrática : los
ciudadanos desposeídos de los problemas fundamentales de la ciudad.
1.3 El futuro de la democracia
Las democracias del siglo XXI estarán cada vez más
enfrentadas a un problema gigantesco que nació con el desarrollo de la
enorme máquina donde ciencia, técnica y burocracia están íntimamente
asociadas. Esta enorme máquina no produce sólo conocimiento y elucidación,
también produce ignorancia y ceguera. Los desarrollos disciplinarios de
las ciencias no han aportado solamente las ventajas de la división del
trabajo ; también han aportado los inconvenientes de la
superespecialización, la separación y la parcelación del saber. Este
último se ha vuelto cada vez más esotérico (accesible sólo para
especialistas) y anónimo (concentrado en bancos de datos y utilizado por
instancias anónimas, empezando por el Estado). Igualmente, el conocimiento
técnico se reserva a los expertos cuya habilidad en un campo cerrado se
acompaña de una incompetencia cuando este campo es parasitado por
influencias externas o modificado por un evento nuevo. En tales
condiciones el ciudadano pierde el derecho al conocimiento; tiene el
derecho de adquirir un saber especializado haciendo estudios ad hoc, pero
está desprovisto como ciudadano de cualquier punto de vista global y
pertinente. El arma atómica, por ejemplo, ha desposeído por completo al
ciudadano de la posibilidad de pensarla y de controlarla; su utilización
depende generalmente de la decisión personal y única de un jefe de Estado
sin consultar ninguna instancia democrática regular. Entre más técnica se
vuelve la política, más retrocede la competencia democrática.
El problema no se plantea solamente por la crisis o la
guerra. Es un problema de la vida cotidiana : el desarrollo de la
tecnoburocracia instala el reino de los expertos en todos los campos que
hasta ahora dependen de discusiones y decisiones políticas y suplanta a
los ciudadanos en los campos abiertos a las manipulaciones biológicas de
la paternidad, de la maternidad, del nacimiento, de la muerte. Estos
problemas no han entrado en la conciencia política ni en el debate
democrático del siglo XX, a excepción de algunos casos.
En el fondo, la fosa que se agranda entre una tecnociencia
esotérica, hiper especializada y los ciudadanos crea una dualidad entre
los conocientes-cuyo conocimiento es parcelado, incapaz de contextualizar
y globalizar- y los ignorantes, es decir el conjunto de los ciudadanos.
Así se crea una nueva fractura de la sociedad entre una "nueva clase " y
los ciudadanos. El mismo proceso está en marcha en el acceso a las nuevas
tecnologías de comunicación entre los países ricos y los países pobres.
Los ciudadanos son rechazados de los asuntos políticos
cada vez más acaparados por los « expertos » y la dominación de la « nueva
clase » impide, en realidad, la democratización del conocimiento.
De esta manera, la reducción de lo político a lo técnico y
a lo económico, la reducción de lo económico al crecimiento, la pérdida de
los referentes y de los horizontes, todo ello produce debilitamiento del
civismo, escape y refugio en la vida privada, alteración entre apatía y
revoluciones violentas; así, a pesar de que se mantengan las instituciones
democráticas, la vida democrática se debilita.
En estas condiciones, se plantea a las sociedades
conocidas como democráticas la necesidad de regenerar la democracia,
mientras que, en una gran parte del mundo, se plantea el problema de
generar democracia y que las necesidades planetarias nos piden engendrar a
su nivel una nueva posibilidad democrática.
La regeneración democrática supone la regeneración del
civismo, la regeneración del civismo supone la regeneración de la
solidaridad y de la responsabilidad, es decir el desarrollo de la antropo-ética.
2. El bucle individuo « especie : enseñar la
ciudadanía terrestre
El vínculo ético del individuo con la especie humana ha
sido afirmado desde las más antiguas civilizaciones. Fue el autor latino
Terence quien, en el siglo II antes de la era cristiana, hacía decir a uno
de los personajes del Bourreau de soi-même : « homo sum nihil a me alienum
puto » (« soy humano, nada de lo que es humano me es extraño »).
Esta antropo-ética ha sido cubierta, oscurecida,
minimizada por las éticas diversas y cerradas pero no ha dejado de
conservarse en las grandes religiones universalistas ni de resurgir en las
éticas universalistas, en el humanismo, en los derechos humanos, en el
imperativo kantiano.
Ya decía Kant que la finitud geográfica de nuestra tierra
impone a sus habitantes un principio de hospitalidad universal,
reconociendo al otro el derecho de no ser tratado como enemigo. A partir
del siglo XX, la comunidad de destino terrestre nos impone de manera vital
la solidaridad.
3. La humanidad como destino planetario
La comunidad de destino planetaria permite asumir y
cumplir esta parte de la antropo-ética que concierne a la relación entre
el individuo singular y la especie humana como un todo.
Esta debe trabajar para que la especie humana, sin dejar
de ser la instancia biológico-reproductora del humano, se desarrolle y dé,
al fin, con la participación de los individuos y de las sociedades,
concretamente nacimiento a la Humanidad como conciencia común y
solidaridad planetaria del género humano.
La Humanidad dejó de ser una noción meramente biológica
debiendo ser plenamente reconocida con su inclusión indisociable en la
biosfera; la Humanidad dejó de ser una noción sin raíces; ella se enraizó
en una "Patria", la Tierra, y la Tierra es una Patria en peligro. La
Humanidad dejó de ser una noción abstracta : es una realidad vital ya que
desde ahora está amenazada de muerte por primera vez. La Humanidad ha
dejado de ser una noción solamente ideal, se ha vuelto una comunidad de
destino y sólo la conciencia de esta comunidad la puede conducir a una
comunidad de vida; la Humanidad, de ahora en adelante, es una noción ética
: ella es lo que debe ser realizado por todos y en cada uno.
Mientras que la especie humana continúa su aventura bajo
la amenaza de la autodestrucción, el imperativo es: salvar a la Humanidad
realizándola.
En realidad, la dominación, la opresión, las barbaries
humanas permanecen en el planeta y se agravan. Es un problema antropo-histórico
fundamental para el cual no hay solución a priori, pero sobre el cual hay
mejoras posibles, y el cual únicamente podría tratar el proceso
multidimensional que nos civilizaría a cada uno de nosotros, a nuestras
sociedades, a la Tierra.
Como tales y conjuntamente, una política del hombre, una
política de civilización, una reforma de pensamiento, la antropo-ética, el
verdadero humanismo, la conciencia de Tierra-Patria reducirían la
ignominia en el mundo.
Aún por más tiempo (cf. capitulo III) la expansión y la
libre expresión de los individuos constituyen nuestro propósito ético y
político para el planeta; ello supone a la vez el desarrollo de la
relación individuo « sociedad en el sentido democrático, y el desarrollo
de la relación individuo « especie en el sentido de la realización de la
Humanidad; es decir que los individuos permanecen integrados en el
desarrollo mutuo de los términos de la triada individuo « sociedad «
especie. No tenemos las llaves que abran las puertas de un futuro mejor.
No conocemos un camino trazado. "El camino se hace al andar" (Antonio
Machado). Pero podemos emprender nuestras finalidades: la continuación de
la hominización en humanización, vía asenso a la ciudadanía terrestre.
Para una comunidad planetaria organizada: ¿no sería esa la misión de una
verdadera Organización de las Naciones Unidas?
A propósito de una bibliografía
Este texto de proposición y de reflexión no incluye
bibliografía. Por una parte, el tema de los 7 saberes nos remite a una
bibliografía considerable la cual no sería posible inscribir en las
dimensiones de esta publicación. Por otra parte, yo no podría imponer una
bibliografía selectiva. Es facultativo, para cualquier lector interesado
formarse su propia opinión con la realización de lecturas. Además, cada
país dispone de obras provenientes de su propia cultura y no se trata aquí
de excluirlas, intentando hacer una selección.