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Parte 1 / 2
Whoopi Goldberg acaba de anunciar que hará un programa
radial para "despertar a las personas, hablar con las gentes y que éstas
le hablen" y juntar la suya a un grupos de voces que no le han perdido el
gusto a la radio, que la valorizan y que saben cuánto alcance tiene este
medio tan vapuleado.
La profunda, carismática y sabihonda Whoopi impregnará
seguramente sesgos nuevos a ese ejercicio y a ese programa radial: "Wake
Up with Woopi", a sabiendas de las muchas veces que ha vinculado su
talento a campañas a favor de la niñez, las personas sin hogar, la lucha
contra el SIDA y la defensa de los derechos humanos en sus múltiples
dimensiones, con especial foco en la lucha contra la violencia y la
situación de la mujer.
Por su propia experiencia de vida, la colosal Whoopi ha
enfilado una parte de sus trajines a provocar reflexiones sobre el uso de
sustancias químicas y su nocividad.
Lo grato y singular de esta noticia es que la celebérrima
"monja diferente", seleccione en la vida real a la radio como vector de su
creatividad y de nuevos proyectos en un espacio que ocupará la primera
parte de la mañana desde el amanecer: de las 5 a.m. a las 9.
Porque resulta que los ratings de la radio han descendido
en casi todo el mundo por el poco tiempo que otras alternativas
comunicativas le dejan de margen a las audiencias, particularmente a las
urbanas.
Ciertos segmentos de públicos están sumergidos en las
fascinaciones por las novedades de la Internet; la TV de programas auto
construidos; o los blogs que aspiran a facilitar un periodismo más
participativo y plural, si bien los volúmenes de su presencia empiezan a
asustar.
Existe también el fetiche de que la radio es un medio al
que sólo le siguen siendo fieles los y las viejas, y los y las campesinas,
lo cual entraña un fetichismo elitista y discriminador, aparte de una
información distorsionada. Oro pronóstico es el de que la radiodifusión
desaparecerá arrastrada por los embates de la modernidad y los
deslumbramientos de las Tecnologías de Información y Comunicación.
Para quienes hemos vivido unos cuantos lustros inmersos o
inmersas en espacios comunicativos, tales afirmaciones provocan sonrisas
porque lo mismo se dijo cuando la televisión pretendidamente liquidaría a
la radio; o cuando la Internet anticipaba la desaparición de la TV, la
prensa plana de los libros; y así sucesivamente.
Provocan sonrisas los pronósticos de Bill Gates de que en
5 años el 50% de toda la información se recibirá por Internet. ¿Y la
brecha digital? ¿Quiénes en nuestros mundos de carencias pueden tener
soporte electrónico y alcanzar en un lustro accesibilidad a las
tecnologías cuando no es previsible que para el 2015 se alcance ni
siquiera una parte importante de las metas del milenio? En la no muy
lejana Cumbre de la Sociedad de la Información en Túnez, en noviembre
pasado, un pensamiento tan primer mundista y empresarial como ése provocó
distanciamientos prácticamente insalvables y dio al traste con la
posibilidad de una Declaración que pudo haber sido más realista en sus
compromisos para reducir la infopobreza.
Pese a todo eso, sin embargo, más del 75 % de la población
humana seguirá teniendo en la radio su punto de conexión con el mundo y
con lo que en éste ocurre.
La ansiedad y necesidad de las personas por ese mensaje
que le alcanza o al cual alcanza con un click al aparato o una conexión al
cíber espacio da cuenta de cuánta curiosidad le queda a la gente por
satisfacer, si bien las preferencias se diversifican y los medios
sobreviven unos y otros. Transitan claro está por necesarias y periódicas
actualizaciones, cambian, la gratuidad de las audiencias los arropa, y
todos siguen articulándose aún en esta etapa en que la comunicación se ha
convertido en mercancía, y la concentración de capitales ha impuesto la
ley de la oferta y la demanda, en detrimento no pocas veces, de la ética y
de la primigenia función de servicio público que dio vida a la
Comunicación Social, con mayúsculas.
En defensa de la radiodiofusión
En ese contexto la radio, que alcanza a públicos ignorados
o preteridos, conserva su sitial de honor si bien está urgida de ser
repensada y perfeccionada en su profesionalismo, sobre todo; y en la
importancia que se le concede en las universidades a esa especialización.
Propósitos como el de la Goldberb se integran a la
vocación por el radialismo que en América Latina estimulan la Asociación
Latinoamericana de Emisoras Radiales desde Ecuador; Radialistas
Apasionados y Apasionadas, desde Perú; la Asociación Mundial de
Asociaciones Radiales Comunitarias (AMARC); Red RECORRA desde Colombia; la
Red de Emisoras Radiales IMER de México; y más vinculadas a intenciones de
promover equidad de géneros: Radio Feminista Internacional desde Costa
Rica, las versiones radiales de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC)
desde México que ha irradiado a 80 emisoras conducidas por mujeres en el
vasto país; Radio Tierra en el Chile más recóndito, sin olvidar los
programas "comerciales" de Red Ada de Bolivia que ha trabajado
intensamente por espacios con publicidad que costeen el mensaje dirigido a
promover una comunicación inclusiva. Los citados son sólo algunos de los
empeños que caminan nuestras campiñas y ciudades, remontan cuestas o
atraviesan cañadas, para alcanzar ejemplos altamente encomiables en las
emisoras educativas y las radios universitarias.
Quienes miramos hacia las gentes económicamente más
desfavorecidas sentimos regocijo al reconocer en las emisiones radiales un
vector de las noticias, los saberes y las emociones, para habitantes en el
sur profundo de República Dominicana, los parajes ecuatorianos de
Sucumbíos o Tunguragua, o las zonas limítrofes con el silencio en la
Sierra Maestra cubana.
Pensar en la radio y en todo lo que ella lleva o puede
llevar a esas y esos que viven con más limpieza de aire y de alma pero con
más limitaciones para la comunicación, presupone enfocar las
potencialidades de este medio para insertarse en los propósitos de
desarrollo, de construcción de ciudadanías o de fortalecimiento de la
democracia mediante este amigo o amiga cercana que toca con la punta
sonora de sus recursos auditivos al corazón, que estimula su imaginación,
que le hace percibir colores y fragancias por el poder único de la
palabra, y que puede insuflar ideas nuevas en los y las radioescuchas.
En quechua o en aymara, en francés o en español, en creole
o en maya quiché, las palabras tienen significados y tienen poder.
Construyen u omiten equidades, calientan los cuerpos para el baile o la
música, favorecen o se marginan de los procesos democráticos, con su
capacidad intrínseca para generar dinámicas de cambio, anticipar procesos,
y/o acompañar aspiraciones legítimas de los pueblos, como lo hizo Radio La
Luna de Ecuador el pasado año en las demostraciones que llevaron al exilio
a Lucio Gutiérrez, o como lo consumaron las emisoras latinas de Estados
Unidos en las masivas manifestaciones de los inmigrantes el último 1ro. de
mayo, no obstante la contra propaganda de poderosas televisoras y otros
medios.
Porque lo que escuchaban las gentes involucradas era la
radio: no la TV ni el Internet, ni la prensa plana que no podía seguir el
curso de la inmediatez reclamada por los acontecimientos, ni la gente
tenia a mano el soporte electrónico requerido.
Desde hace algún tiempo profesionales de la comunicación
que trabajamos con perspectiva de género, mujeres y hombres, como es el
caso de la Red Dominicana de Periodistas, hemos estado proporcionando
prioridad a las sensibilizaciones de grupos de profesionales y de
estudiantado, encauzadas a que se comprenda el enorme poderío que deriva
de una – o muchas – emisoras radiales que utilizan un lenguaje no sexista,
ofrecen una comunicación incluyente de los protagonismos de hombres y
mujeres por igual, fomentan el comentario intencionado en el sentido de
que las voces femeninas también sean tomadas en cuenta y estimuladas.
En el fárrago de políticas que no siempre satisfacen a la
mayoría de las poblaciones, las emisoras radiales tanto o más que la TV o
la prensa escrita, enjuician cuando hay que enjuiciar, valoran cuando hay
que valorar, y contribuyen cada hora, con cada uno de sus espacios de
noticias, comentarios, o reflexiones, a la construcción de ciudadanías que
auspicien desarrollo humano para todos y todas.
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