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Parte 2 / 2
El enfoque de género en los productos comunicativos
Una destacada colega dominicana, María Isabel Soldevila,
ha exaltado la importancia de producir comunicación equitativa con estas
palabras: "un periodismo que incluya a la sociedad completa será más
democrático. Y no es que las mujeres tengamos una visión diametralmente
opuesta del mundo y de la cotidianidad, Es que desde nuestros ojos las
cosas pueden verse de manera distinta y eso es noticia, el ingrediente
esencial del quehacer periodístico".
Sin embargo muchos, y aun muchas, colegas tienen
reticencias para asumirse promoviendo una comunicación enfocada a la
equidad intergenérica. María Isabel, quien es también directora del
Departamento de Comunicación de una universidad dominicana prestigiosa,
tiene una explicación conceptual para el porqué: "lo que nos hace rehuir
el tratar temas de las mujeres es el temor de parcializarnos. Es eso
justamente lo que hacemos cuando no los tratamos, porque entonces la
realidad que pintamos en nuestras noticias es una realidad a medias".
En ese marco de referencia la radiodifusión tiene el
máximo de ventajas para inducir cambios de apreciación y de contenidos en
función de lo inclusivo y democrático. La radio no se expone a las
imágenes sexistas de mucha de la publicidad que corre por la internet o
por la TV. Con locutores y locutoras sensibilizados al respecto del no uso
de lenguajes sexistas, es más viable que en otros medios evitar omisiones
discriminatorias.
La posibilidad que ofrecen las "cortinas radiales", esos
comentarios breves que posibilitan el cambio de un espacio a otro, pueden
ser muchas veces empleados, además de para colocar el mensaje comercial,
recordarnos cuántos habitantes tiene el Planeta, o las amenazas implícitas
en el agotamiento de los caudales acuíferos, para significar la barbaridad
de que en esta época pervivan la violencia de género y los feminicidios; y
de que los spots o dramatizaciones radiales de tanto agrado para las
audiencias habituales de la radio, asuman el tema de la equidad de hombres
y de mujeres.
Equidad e igualdad
Tal vez es el momento de fijar las diferencias entre
equidad e igualdad, puesto que de eso hablamos. La igualdad es una
cuestión de derechos y la aspiración suprema de los movimientos feministas
y de mujeres en primer lugar, pero también de los pensamientos más
avanzados y justicieros de nuestro tiempo: unas y otros debemos ser
iguales, disfrutar de las mismas oportunidades en el empleo, en el acceso
a la educación, en la política, en la sociedad y en el hogar, y obviamente
ante las leyes. Es un asunto de derechos y, en primer lugar de derechos
humanos.
El término equidad alude a una cuestión de justicia: es
justo que se reconozcan los protagonismos de ambos géneros, que se trabaje
por deconstruir los estereotipos que han minimizado a la parte femenina de
la humanidad; y que las que ocupamos más de la mitad del espacio entre las
gentes vivamos libre de violencias, no seamos objeto de comercio, tráfico
y explotación sexual, y tengamos acceso equitativo a una vida sana y
larga, a la adquisición de conocimientos, y a las posibilidades de
habitación y alimentarias requeridas para un desarrollo humano pleno y un
disfrute en equidad de las garantías que la democracia garantiza.
Margarita Cordero, la periodista que mayor responsabilidad
ha alcanzado en los medios de difusión dominicanos, contextualiza el
asunto en su esencia y ha convocado a "rescatar la información como un
derecho, como un derecho político, democrático y, en consecuencia,
interpretar la ocultación de la realidad de un sector poblacionalmente
mayoritario como somos las mujeres en algunos países, como una denegación
de justicia y de un derecho democrático".
Y hace la aclaración más equilibrada y abarcadora para
evitar que se hable de equidad de géneros pensando sólo en mujeres: "para
mí ya no solamente el problema es de género. Es saber negociar el problema
de género dentro de un contexto de prioridades políticas que afectan a
todos los grupos subordinados. Desde esa perspectiva quizás nos faltó a
las mujeres de las décadas anteriores, y me incluyo en ese plural, - dijo
ella, quien ha sido una feminista bien connotada -, inteligencia de la
alianza que sin embargo ha sido tan productiva a los hombres de cualquier
ideología, de cualquier clase social, para mantener determinados
privilegios que derivan ideológica y socialmente de su condición
masculina".
La palabra valoriza o minimiza
En los talleres que frecuentemente me toca desarrollar con
estudiantado universitario de comunicación, con colegas de medios o con
ONGs interesadas, suelo afrontar de muchas maneras la resistencia que
algunos y algunas demuestran al uso inclusivo en el lenguaje, eso de decir
"ellas y ellos", "las niñas y los niños" etcétera: "es cacofónico", "toma
más tiempo", "los públicos no están acostumbrados…", son argumentos que se
esgrimen y no les faltan razón.
Sin embargo aunque a veces se convierte en laborioso el
análisis, es muy convincente refrendar las palabras con la sentencia de
que lo que no se nombra no existe.
Es mucho más viable facilitar la comprensión si al aserto
se añade el recordatorio de que cuando los franceses emitieron la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, no mencionaron a
las mujeres porque ellas no eran ciudadanas, habida cuenta de que no
poseían propiedades, y por lo tanto tampoco figuraban como sujetas de
derecho.
Cuando a Olimpia de Gouges se le ocurrió encabezar a
aquellas prefeministas que emitieron la Declaración de Derechos de la
Mujer y de la Ciudadana, Robespierre la hizo guillotinar junto con dos de
sus colaboradoras. (Como se sabe el propio Robespierre dejaría después el
cuello bajo la afilada cuchilla). Pero el punto viene a cuenta por eso:
porque lo que no se nombra no existe. Y a la contraria: no tienen nombres
las cosas que no existen todavía.
Hará unos tres años en República Dominicana fue elevada al
rango de generala una mujer oficial de la Policía, de muchos méritos.
Tanto la prensa como su propia jefatura se resistieron al uso de la
palabra y la seguían llamando la general. Hubo que insistir mucho – y aún
hay que hacerlo, aunque después de esto otras 4 mujeres han alcanzado ese
grado – para que se comprendiera que si no había generalas no era posible
que existiera el femenino de esa palabra. (Ja-ja-ja: me estoy divirtiendo
al escribir esa frase porque mi corrector ortográfico me la está
subrayando en rojo: por la misma razón: no está registrada en el
diccionario computarizado).
El asunto cobró tal cariz, que el jefe medio cavernícola
de la generala Daisy Liriano le mandó una comunicación para advertirle que
si seguía firmando los documentos como "generala" la iba a amonestar
formalmente. Militar al fin, la alta oficial tuvo que suspender el
nominativo para los intercambios con aquel jefe.
Por fortuna esa realidad ha cambiado bastante y el último
8 de marzo cuando ella, entre otras prominentes mujeres, recibió una
condecoración la mayoría de los reportes de prensa la identificaban ya
como la Generala . Fue una batalla ganada desde la comunicación a favor de
la equidad de géneros.
Octavio Paz, el ilustre Premio Nobel mexicano, tiene un
ensayo titulado Nuestra Lengua donde, entre otras muchas verdades
hermosamente referidas acerca del poder de la palabra, el biógrafo de Sor
Juana Inés subraya que "la lengua es un signo, el signo mayor de nuestra
condición humana. La lengua es nuestra morada". Entonces, si las palabras
ignoran a las humanas, si no las mencionan, si por omisión las
desvalorizan, resultaría que la mitad de la humanidad se vería expatriada
de esa morada suprema que nos permite pensar el mundo, porque el mundo se
piensa en palabras.
Una adivinanza ante la que algunas veces he colocado a mi
alumnado, es una que hace muchísimos años publicó FemPress, desde Chile.
Decía más o menos así:
Torres tenía un hermano
El hermano de Torres murió
El hombre que murió nunca tuvo un hermano
Sólo por excepción algunos desbrozan el acertijo y llegan
a descubrir que Torres era una mujer. ¿Por qué resulta tan "extraño" el
enfoque? Porque los apellidos valorizan, son la simbología de la posesión
de herencia y de sucesión. Por eso también el apellido del padre va
primero, y ni hablar de las mujeres que en algunos países pierden el suyo
cuando se casan. En el idioma que utilizamos no está supuesto que las
mujeres sean mencionadas por su propio apellido. Y es obvio que, por
ahora, no "suena" lo mismo decir Torres que decir Josefina o María.
Las palabras nombran al mundo, rigen los imaginarios
individuales y sociales, son la envoltura del pensamiento y otorgan a las
situaciones sus significados más específicos. El empleo de un lenguaje
carente de intencionalidad, da como resultado que la equidad de géneros
está ausente por omisión. Lo mismo pasa con otros segmentos poblacionales
ignorados por la palabra.
En el lenguaje radiofónico la intencionalidad puede dar
sentido a un proceso que haga de la lengua un catalizador de la equidad de
géneros. Si el lenguaje no asume ese propósito explícita y
responsablemente la "marca" de lo excluyente seguirá arropándolo todo.
Jeanine Anderson, una socióloga estudiosa de los procesos
que dieron lugar a las construcciones sociohistórico y culturales
generadoras de las brechas de género se ha encargado de advertir que "Si
esto no se resuelve ahora las voces que se escucharán en la aldea global
serán masculinas en exclusividad"
Hacer comunicación con perspectiva de género equivale a
poner el mundo al derecho. Cuando el poder de la palabra se potencia con
el alcance de la radiodifusión y de otros medios masivos, los resultados
impactan conciencias. Cualquier persona puede mirar atrás y recordar un
programa, una voz, un protagonista, una noticia que quedó en su vida para
siempre. La palabra radiofónica tiene la capacidad de captar, dicho con
las palabras del mexicano Armando Meza, ese momento en que la historia aún
no se enfría y la expresión viva está a punto de ser documento.
La radio, en pocas palabras, se escucha mientras se
estudia, mientras se lava o se cocina o se martilla o se empata una
conexión eléctrica, mientras se conduce un vehículo, mientras se ama. La
radio concentra casi todos los poderes de la comunicación y, utilizada a
conciencia puede ser un poderoso instrumento para construir un mundo de
todas y de todos.
Al parecer esto figura entre los propósitos de Whoopi
Goldberg
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