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La
escuela actúa como dispositivo de reproducción cultural de la conducta
ciudadana. Junto con los conocimientos transmite un sistema de lealtades,
la competencia, la creatividad, la solidaridad o su ausencia, el
autoritarismo y las jerarquías como forma natural de las relaciones
sociales. Difunde todo un "currículum oculto" que, en la práctica, y desde
una concepción patriarcal, funciona como uno de los más importantes
disciplinadores que posee un Estado. Pero la escuela puede ser también el
ámbito propicio para expandir y ejercitar la antidiscriminación.
Tradicionalmente entendemos por discriminación a la
imposibilidad del pleno ejercicio de los derechos y garantías de ciertos
sectores sociales de la población en razón del sexo, raza, creencias
religiosas o políticas, nacionalidad, situación social, elección sexual,
edad y discapacidades.
En el imaginario social cuando nos referimos a la
discriminación se nos aparecen en primera instancia grupos muy
referenciados como los judíos y los negros (actualmente debemos agregar
las mujeres, fruto del esfuerzo del movimiento feminista mundial y
nacional) porque todos los otros grupos y sectores discriminados no lo
están a nivel consciente y este es uno de los mecanismos más profundos que
opera para la existencia de la discriminación: La invisibilidad, la
"naturalización ‘de las conductas discriminatorias. En la sociedad
Argentina tras un discurso de "igualdad" existe, por ejemplo, un enorme
vocabulario despectivo que estigmatiza a los grupos "diferentes", los
"feos, malos o sucios"
La cuestión muy visible es que la discriminación nunca se
ejerce sobre los sectores poderosos de una sociedad. Estos han logrado
siempre, a través de múltiples mecanismos económicos, sociales y
culturales imponer sus intereses y su propia visión del mundo como la
hegemónica y traducirlos como interés general de una sociedad.
La discriminación se ha ejercido siempre sobre todo
aquello que se aparta, aquello que es diferente de lo hegemónico ya sea en
lo social, en lo político o cultural.
- Lo "diferente" por razones de nacionalidad, religión, raza, elección
sexual, edad etc.
- Lo "diferente" en razón de su condición social o económica: los
excluidos: los pobres.
- Lo "diferente" en función del sexo: las mujeres.
¿Diferente de qué?
Las sociedades modernas se basan en el paradigma instalado
por la burguesía con la Revolución Francesa que sostuvo la igualdad de
todos los hombres ante la ley, para disputarle a la aristocracia el
supuesto de que el origen de la desigualdad era divino. Pero sabemos que
hay unos más iguales que otros, entonces ¿quienes son los iguales? Los
iguales son los que pueden asimilarse al modelo de lo "humano" impuesto
por la burguesía. Esta concepción, de carácter androcéntrico, relegó a
mujeres, pobres, extranjeros, de diferentes etnias, de religiones no
dominantes y discapacitados entre otros grupos, a ejercer una "ciudadanía
de segunda". Por ello es necesaria la construcción de un nuevo concepto de
ciudadanía, de un nuevo contrato social. (Esta es la base de una
democracia participativa, forma de organización social a la que
aspiramos.)
Este modelo fue el varón blanco, instruido, pudiente,
heterosexual, cristiano y sin discapacidad visible. La naciente democracia
moderna excluyó así a las mujeres, los pobres, los analfabetos y los
extranjeros entre otros. El sólo ejemplo de lo que implicó la lucha en
todo el mundo por la igualdad de los derechos políticos, por ejemplo el
sufragio femenino, así lo demuestra.
La existencia de un "paradigma" al que deben asimilarse
todos los "otros", implica que aquellos que no tienen esos atributos son
los diferentes, los inferiores, porque la existencia de un modelo
hegemónico implica la imposición de las jerarquías basadas en la
dominación y la desigualdad inherente a la hegemonía.
Toda discriminación está basada en lo que se denomina el
prejuicio, que como su nombre lo indica, son conceptos previos al
razonamiento. Algunos que vienen casi desde el origen de las sociedades
humanas como el ejercido contra las mujeres, otros también muy antiguos
como el basado en las diferencias de opinión ya sea religiosa o político (
los judíos) y otros de la era industrial: la xenofobia, el racismo, y el
muy alarmante rebrote actual de éstos fenómenos. Estos últimos tienen
clarísimas causas en el desempleo y el empobrecimiento sucedido como
consecuencia de las políticas de ajuste estructural en todo el mundo y que
convierten a los discriminados en claros chivos expiatorios del malestar
social.
Malestar social que tiene orígenes económicos y sociales
muy claros. La ruptura de los modelos más inclusivos y abarcadores que se
sucedieron después de la Segunda Guerra Mundial, que ampliaron la
titularidad de los derechos sociales básicos de los seres humanos que a su
vez ampliaron las bases sociales que legitimaron los nuevos modelos de
democracia. Fueron modelos de solidaridad creciente que se tradujeron en
grandes proyectos colectivos. (En esta etapa se elabora la Declaración de
los DDHH de Naciones Unidas).
A partir de la fenomenal crisis del capitalismo de los
‘70, se implementan los modelos hegemónicos neoliberales que se apoyan en
la construcción social de un individualismo creciente, que tiende a la
desintegración social porque se basa en la exclusión de enormes sectores
sociales.
El deterioro de las condiciones de vida de estas
crecientes masas excluidas refuerza los mecanismos de discriminación, al
quebrarse las bases solidarias de las conductas humanas.
El ajuste estructural ha ahondado brutalmente la brecha
entre ricos y pobres y estos son hoy día los más discriminados de la
sociedad. De 9 a 10 millones de argentinos viven en situación de pobreza
(datos de 2001), de los cuales el 70% son mujeres. Con esto queremos
resaltar que en el interior de cada grupo social existen aún quienes son
más discriminados que otros.
Los modelos neoliberales al no generar el consenso
necesario para su legitimación generan forzosamente formas autoritarias de
relaciones sociales y políticas, lo que redunda en formas mas violentas y
crecientes de discriminación.
Según estudios realizados por la UNESCO, la discriminación
racial tiene su origen en ideas científicamente erróneas que se
desarrollan en la ignorancia. En 1949, un grupo de expertos de la UNESCO
reunidos en París convino en que el término "raza" designa a "un grupo o
población caracterizado por algunas concentraciones relativas en cuanto a
la frecuencia y a la distribución de partículas hereditarias (genes) o
caracteres físicos que, en el transcurso del tiempo, aparecen, varían e
incluso desaparecen con frecuencia bajo la influencia de factores
geográficos o culturales que favorecen el aislamiento.
La Reunión de Expertos que aprobó en París la "Declaración
sobre la Raza y los Prejuicios Raciales", dijo en su declaración final lo
siguiente": Los problemas humanos derivados de las relaciones llamadas
raciales, son de origen social y no biológico. En particular, constituye
un problema fundamental el racismo, es decir, creencias y actos
antisociales basados en la falacia de que las relaciones discriminatorias
entre grupos pueden justificarse por motivos biológicos."En el mundo de
hoy, los prejuicios raciales y la discriminación proceden de fenómenos
histórico-sociales". Esto se refiere concretamente a fenómenos históricos
tales como la Conquista del Nuevo Mundo, la colonización de Africa y Asia,
y el incremento del antisemitismo en Europa Occidental.
Según Kiper, una de las definiciones más aceptadas de la
discriminación racial es la que la Asamblea General de las Naciones Unidas
aprobó en el Artículo 1º de la Convención Internacional sobre la
eliminación de todas las formas de Discriminación Racial: "En la presente
Convención, la expresión discriminación racial denotará toda distinción,
exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color,
linaje u origen nacional o étnico, que tenga por objeto o por resultado
anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de
igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las
esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera
de la vida pública."
El racismo sostiene que todas las diferencias entre el
grupo no dominante y el grupo dominante se consideran ejemplos de
inferioridad de parte de los miembros del grupo no dominante y que las
diferencias entre los grupos se explican todas por la biología y la
herencia y son inmutables.
En América Latina es evidente la persistencia del racismo
estructural o institucional que sistemáticamente excluye y margina a
pueblos indígenas de su derecho a las tierras, libre determinación,
desarrollo socio-económico, político y cultural, igualmente a los afro
descendientes, migrantes, especialmente mujeres, niñas y niños, a quienes
se les niega el ejercicio de los Derechos Humanos y de los beneficios del
desarrollo: educación, empleo, salud, prestaciones sociales etc. Esta
discriminación se efectúa a través de políticas públicas y leyes
discriminatorias restrictivas de la migración. Debe ratificarse el derecho
del inmigrante a la integración legal, incluyendo el acceso a la
residencia permanente y a la ciudadanía.
Discurso violento
La Xenofobia, actualmente en América Latina, se refiere
principalmente al rechazo y al abuso de los y las migrantes laborales, que
además de su condición de extranjeros, detentan, además, su raza, su etnía,
y su clase social. De esta manera, la xenofobia desarrolla un discurso
violento que excluye y daña al afectado en forma integral.
El discurso xenófobo sostiene que los inmigrantes vienen a
"quitarnos los puestos de trabajo". (Incluso un sindicato empapeló la
Ciudad contra los paraguayos) Pero si observamos los datos del INDEC, por
ejemplo en provincia de Buenos Aires, sólo un 11.9% de la PEA (Población
Económicamente Activa): está ocupado por extranjeros y generalmente en
trabajos y condiciones laborales que los argentinos no aceptarían ( basta
leer las muertes de bolivianos en la construcción) .
Según técnicos del INDEC, hay indicios de que a partir de
1996 comienza un descenso en lo que se refiere a la llegada de migrantes
de otros países. Los datos aún no están procesados.
Los mecanismos que operan para el ejercicio de la
discriminación son múltiples. Pero queremos hacer hincapié en dos que en
la esfera de la cultura son poderosísimos. Uno es el aparato educacional y
el otro es el lenguaje.
La escuela si bien puede ser un excelente mecanismo para
el cambio cultural, de hecho lo fue, es al mismo tiempo un dispositivo muy
claro de la reproducción cultural del sistema social. A través de ella
internalizamos no solo los conocimientos, o su ausencia, sino lo más
importante es la cosmovisión que nos transmite, el sistema de lealtades,
de solidaridad o su ausencia, la competencia, la creatividad o su
ausencia, el autoritarismo y las jerarquías como forma cotidiana y
"normal" de las relaciones sociales y muchos otros más. ( todo aquello que
técnicamente se denomina curriculum oculto). La escuela ha sido concebida
como reproductora de los modelos sociales patriarcales y jerárquicos. Es
uno de los disciplinadores más importantes del Estado.
La supuesta neutralidad del lenguaje:
El lenguaje es uno de los más formidables formadores del
pensamiento y la conciencia, es el estructurador básico de nuestras
categorías de pensamiento y por lo tanto es un excepcional mecanismo de
producción y reproducción simbólica e ideológica, por ende reproduce y
refuerza la discriminación y los prejuicios. Por ejemplo: "hombre
público" es una persona de bien, preocupado por el bienestar de la
sociedad, "mujer pública" es una prostituta. Dado que el rol básico de
las mujeres debe ser el hogar y la familia aquella que está en lo
público pertenece a las "otras" y esa trasgresión hubo que punirla
socialmente. Por ello es tan importante bregar para que el lenguaje,
cuyo uso es casi inconsciente para las personas se visibilice, se vuelva
consciente y logremos así modificarlo. Nunca se insistirá demasiado en
la necesidad de la utilización de un lenguaje inclusivo, no sexista.
El objetivo al que debe tender nuestra sociedad es la vida
en pluralidad y democracia, incorporando el respeto a las diferencias como
parte constitutiva de la modernidad.
En este camino se han logrado avances como la legitimación
de un nuevo concepto de igualdad basado no en lo legal, sino en la real
igualdad de oportunidades y trato. Uno de los mecanismos más eficaces para
lograr la igualdad de oportunidades y trato es la implementación de
acciones positivas en todos los campos, porque la igualdad jurídica entre
las personas no se garantiza con sólo enunciarla sino con medidas,
acciones y políticas públicas que permitan el ejercicio de esa igualdad.
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