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Parte 1 / 2
¿Cómo les ha afectado este incremento de la violencia
contra las comunidades?
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Río Yurumanguí |
Le cuento que ha sido un descalabro. Esta violencia ha
limitado el proceso organizativo. Negarlo sería tonto, decir que estamos
igual que antes no es cierto. Muchos líderes han tenido que abandonar sus
tierras y se han visto obligados a irse de las localidades. Hay muchos
desplazados en Bogotá, líderes importantes del proceso. Hay casos muy
dramáticos, como es el caso del líder Jorge Aramburu, él es un líder
destacado de la organización étnico – territorial del Río Yurumanguí, a él
ya le han asesinado 11 personas de su familia, varones todos, siempre han
ido detrás de él, y cada vez que los grupos paramilitares encuentran a un
Aramburu lo asesinan, porque ellos consideraban que las exigencias de este
líder atentaba contra sus intereses. Estaban acostumbrados a expropiar a
la gente y sacarlos de sus territorios sin que nadie reclamara nada, ahora
matan al que se les enfrenta. También hay que decir que igual del lado de
la insurgencia que se movía por esa zona, muchas veces no respetaron las
formas propias de autoridad en los territorios y también con ellos se
presentaron dificultades muy serias. De otro lado cuando la fuerza pública
hacia presencia en la zona en vez de enfrentar a las fuerzas ilegales, lo
que hacían era amedrentar a la población, llegaban con todos sus
armamentos y equipos de aire y tierra arrinconando a las personas,
asustando a los niños e interrogando a los adultos como si fueran los
principales sospechosos. Las comunidades por ese motivo declararon en una
asamblea su posición de no a la guerra en los territorios colectivos de
las comunidades negras, no a los cultivos de uso ilícito y no a la
presencia de actores armados dentro del territorio. La situación se hizo
tan crítica que todo esto obligo a buscar medidas de protección por fuera
del ámbito nacional, hoy Jorge Aramburu es protegido por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos –CIDH.
Actualmente luchamos por salvaguardar las vidas de estas
personas. Se ha trabajado mucho el tema de los derechos humanos, se ha
buscado la solidaridad internacional y nacional, se han hecho numerosas
denuncias y alertas tempranas. Estamos permanentemente en contacto con los
organismos de derechos humanos presentando la situación de las comunidades
negras, aunque en los informes de estos últimos nunca aparece un capítulo
sobre las comunidades negras. A diferencia de las comunidades indígenas,
la situación de las comunidades negras siempre la incluyen dentro del tema
de los desplazados, pero no han reconocido que hay una violación a los
derechos de un grupo con características de vulnerabilidad. No hay un
reconocimiento porque no lo quieren incluir en el panorama jurídico para
no admitirles sus derechos.
¿Cómo están lidiando con este conflicto?
Lo que han tenido que hacer las organizaciones es cambiar
su forma de trabajar las demandas, de relacionarse con la
institucionalidad sorda a sus reclamos. Inicialmente se fue muy exigente,
se hicieron protestas públicas para reclamar los derechos otorgados por la
ley, porque el gobierno, ni el local, ni el nacional, querían reconocer lo
que la Constitución y la ley habían establecido. Entonces se tuvo que
cambiar de estrategia, ahora se es menos visible, menos agresivo a la hora
de reclamar pero se sigue siendo firme en las demandas, digámoslo de otra
manera, se es menos público, porque los enfrentamientos públicos les han
costado la vida a muchas gentes. Se ha mermado mucho el protagonismo
directo de las organizaciones afro. Ahora se sigue trabajando en alianza
con las organizaciones indígenas, pero no tenemos el mismo tratamiento que
se les da a los compañeros indígenas, por ejemplo, ellos pueden hacer
marchas aunque también sufren represiones, -en estos días asesinaron a 4
de sus dirigentes indígenas-, pero los agresores lo piensan más cuando se
trata de los indígenas por las implicaciones y el escándalo internacional.
Creo que no hay la misma reacción cuando se asesinan dirigentes negros que
cuando se asesinan gentes indígenas.
¿Por qué piensa eso?
Porque sigue habiendo una invisibilización y una falta de
reconocimiento a los derechos de las comunidades negras. A nosotros nos ha
costado más trabajo para que se reconozcan nuestros derechos que a los
mismos indígenas. Hay una juridisprudencia internacional que los protege,
en cambio las comunidades negras no tienen un estatus internacional que
los proteja más allá de población desplazada o vulnerable, pero como
comunidad negra ni Naciones Unidas nos tienen catalogados.
Nosotros estamos tratando de que los organismos
internacionales reconozcan a las comunidades negras con un estatus
especial, así como reconocen a los pueblos indígenas. Alguien por ahí, de
Naciones Unidas nos decía, "ustedes pueden llamarse indígenas también".
Eso tiene sentido en África, pero en América no.
¿Particularmente usted ha recibido algún tipo de
amenaza por su labor?
Sé que me han vigilado y me han controlado los teléfonos
en algunas ocasiones pero mi papel en el proceso organizativo se ha movido
dentro de las instituciones, o sea, no he estado exclusivamente dedicada a
ser líder de las organizaciones. Yo he tenido el papel de hacer de
intermediaria entre entidades del Estado con nuestras organizaciones, es
decir mi papel no ha sido muy público por lo que no me identifican como
líder, aunque aquí nadie respeta mucho la vida ajena, como solemos decir
"aquí no amenazan, aquí matan". Cuando amenazan a alguien es porque
quieren que se corra, o de alguna manera tratan de conseguir algo más
porque aquí simplemente asesinan, sin previo aviso; aquí no amenazan a la
gente. El estilo más usual es ir llanamente a asesinar a las personas, por
ejemplo, la mayoría de nuestros líderes que han sufrido atentados no han
sido amenazados, han sido buscados directamente para ser asesinados. Al
que molesta de entrada lo van a matar no lo amenazan, una se cuida porque
nunca se sabe. Aunque aquí la guerra también es machista, si bien hay
asesinatos de mujeres líderes, es cierto que hay una persecución mayor y
más visible para los líderes hombres; no ha sido la misma persecución para
las mujeres que para los hombres. Cuando asesinan a las mujeres las
violan, las mutilan y es horrible, pero comparativamente hay un número
mayor de hombres asesinados y perseguidos que de mujeres, y no porque las
mujeres trabajemos menos sino porque es parte de la visión machista,
aunque las mujeres seamos claves en mantener la organización, hemos sido
menos notorias a la hora de las protestas y en el reclamo.
¿En el texto del Premio Ambiental Goldman se menciona que
usted, "ha logrado que se incrementen las restricciones del Gobierno para
evitar el daño cultural y ambiental en la costa Pacífica, y ha recuperado
la identidad cultural de la región". ¿Qué es lo que ha hecho por la
recuperación de la identidad cultural?
Yo siempre he dicho que el Premio tiene una visión
individual de las cosas, el premio surge en el contexto cultural de
Estados Unidos donde siempre andan buscando héroes, lo que tiene un
sentido individual. Aun cuando es necesario reconocer que ha sido muy útil
en la campaña de difundir y dar a conocer la causa de la comunidad negra
en Colombia. Yo no he sido la única que ha trabajado, el actor principal
es el Proceso de Comunidades Negras – PCN – en su conjunto. En un país
como este donde te matan por cualquier cosa, una sola persona no lograría
lo que hemos obtenido ni aunque fuera la Mujer Maravilla. Es cierto que he
estado impulsando dentro de Proceso hacia una visión ambiental en las
organizaciones. He trabajado mucho en que se organicen y he estado desde
el principio al frente del Comité Ambiental dentro del PCN, orientando el
trabajo, pero lo hemos hecho entre todos.
Digamos que si tengo algún mérito ha sido el de gestora de
que lo ambiental se posicione dentro del tema de derecho de comunidades
negras. Pero lo que hemos logrado, al tener la visión ambiental dentro del
Proceso, es un logro de todos, porque la gente está convencida de que el
hábitat cultural es un hábitat que tiene que respetar lo natural, porque
en el caso del Pacífico, si no se protegen a los ríos y si no se conservan
los bosques, entonces no hay territorios que le sirvan a la gente. Hay un
vínculo muy estrecho entre cultura y ambiente. En este enfoque sí he
trabajado mucho y también en mostrar hacia afuera la vitalidad de la
identidad cultural en relación con la conservación del ambiente, y como
conservar culturas es conservar también condiciones ambientales. Esta
relación no puede ir separada.
El hecho de que las comunidades negras tengan todavía los
bosques no es un azar del destino, es porque hay una visión cultural
profunda que respeta a la naturaleza. Yo he trabajado en artículos,
informes, en investigaciones de situaciones como el tema de palmas
aceiteras, en la denuncia de agresiones ambientales, en la protección de
los bosques y en hacer propuestas frente a las reglamentaciones e impulsar
las discusiones. También trabajé en parques nacionales cumpliendo una
función específica que fue hacer notoria las contradicciones entre las
autoridades de los parques nacionales y nuestras comunidades. Traté de que
las instituciones entiendan la lógica de las comunidades negras. Este ha
sido mi papel: promover el tema. Pero lo hemos hecho entre todos, porque
si la gente no estuviera convencida de eso, una sola persona no podría
defender en todo el territorio nacional un punto de vista.
En la larga labor que ha
realizado ¿qué es lo que ha resultado más difícil?
Lo más difícil ha sido el reconocimiento de los gobiernos
a los derechos de las comunidades negras. Ha sido un proceso largo, a toda
hora y en todo momento, convenciendo del aporte y de la importancia de la
cultura afro y lo que significa no solamente para el país, sino para todo
el mundo. Eso ha sido lo más difícil, que los gobiernos entiendan y
reconozcan. Pero se que hay intereses económicos muy fuertes de por medio,
y nos ha tocado salir de los círculos del país para lograr alguna
reacción. El apoyo de movimientos internacionales y de grupos de
solidaridad de otros países hermanos de América Latina y de otras
organizaciones afro ha contribuido a que el gobierno entienda. Ha sido
necesario presionar desde afuera hacia adentro para que entiendan que así
es.
Aunque esté en la Constitución y en la ley, casi siempre
nos tropezamos con que las instituciones del gobierno están buscando la
manera de hacerse los locos con el reconocimiento de los derechos de las
comunidades negras. Hay funcionarios que simplemente no entienden,
entonces a una le toca como enseñarles y hacerles entender. Eso ha sido
una lucha constante y permanente: hacer valer y hacer entender los
derechos de las comunidades. Ha sido un proceso lento por encima del
conflicto y de los grupos de intereses que vienen a trabajar con nuestra
comunidad. En resumen podría decir que lo más difícil ha sido la miopía y
la falta de garantías por parte del gobierno.
¿Y lo más gratificante?
Lo más gratificante es el contacto con nuestra gente.
Cada vez que uno va a las comunidades y ve a la gente todavía convencida
de que usa sosteniblemente su territorio, sin sobre-explotarlo o dañarlo.
Las comunidades negras no están en contra el desarrollo. Hay algunos que
han dicho que estamos en contra del desarrollo, pero no es así.
Ver que la gente busca iniciativas, propone actividades,
mantiene la esperanza de lo que han logrado y se mantiene dentro del
territorio a pesar de todo lo que se ha hecho en su contra; ver a la gente
retornando a su sitio y manteniendo sus relaciones ha sido muy
gratificante. Todo eso le da aliento a una a seguir a pesar de las
dificultades. La gente mantiene la esperanza de que las cosas se logren y
espera que una apoye sus sueños, y eso para mí es una motivación.
¿Ha tenido alguna repercusión para la obtención de sus
propósitos el hecho de ser una mujer de raza negra?
Se ve constantemente un machismo tremendo. Indistintamente
de la raza, se ve en los cargos institucionales, en el reconocimiento, en
la diferencia cuando habla un hombre a cuando lo hace una mujer, por eso
digo que hasta la guerra es machista porque se oyen más a las voces
masculinas que las femeninas. Se tiende a minimizar la protesta cuando se
hace entre las mujeres, pero de todas maneras hemos hecho valer nuestros
derechos. Aquí, incluso se dice que las mujeres somos más difíciles de
manejar que los hombres, lo dicen porque ha habido mucha firmeza en el
liderazgo de las mujeres.
Pero diría que de todas maneras la discriminación racial
es un hecho contundente en la vida diaria e institucional. Por ejemplo el
otro día iba caminando por la calle y un tipo en una moto se me atravesó.
Yo le dije "Hey, me estas atropellando", y el tipo me contestó "Negra
tenías que ser"; ese tipo de insulto muestra en que país estamos. Existe
discriminación y prejuicios raciales a todos los niveles, desde el más
abajo hasta el de más arriba. Hemos tenido por ejemplo que echar mano a la
discriminación positiva para que cuando se hagan estudios sobre nuestras
propias organizaciones y comunidades, exigir que tenga que haber
representantes afro en los equipos, porque si no tranquilamente nos montan
gente mestiza que desconocen por completo el contexto cultural y social de
la comunidad o que muchas veces no conocen siquiera la región donde
habitan nuestras comunidades. ¡Y los contratan habiendo profesionales
negros y profesionales mujeres negras capaces! Es común ese tipo de
discriminación, habiendo gente nuestra que pueden hacer ese trabajo. Eso
es una pelea constante con las instituciones, no porque no haya gente
mestiza que tenga el nivel de trabajar nuestros temas, no, no es eso, uno
lo reconoce, pero también hay gente nuestra que puede trabajar los temas.
El reclamo no es por que seamos racistas hacia los otros sino por que se
trata del derecho a decidir sobre nuestro propio futuro.
De usted se dice que es una de las líderes más
inspiradoras de América Latina. ¿Qué es lo que usted más quisiera
inspirar? ¿A quiénes?
Creo que primero a nuestra gente. No se puede perder la
esperanza, porque de verdad creo que hemos avanzado mucho, hace 20 años
que no se hablaba de comunidades negras en América Latina. Colombia ha
sido pionera en esa lucha, aunque todos hemos puesto nuestro grano de
arena, hermanos de Uruguay, Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú.
Yo le pediría a nuestra gente de que no pierdan la
esperanza, que Colombia es uno de los países donde el conflicto es más
grave porque por lo que la gente piensa y dice son asesinadas. Aún no se
ha llegado a esos niveles en otros países, entonces los caminos que se
vienen recorriendo son importantes y lo que hacen los hermanos en otros
países por nosotros es una voz de aliento también hasta que se vaya
conquistando y ganando posicionamiento, hasta que logremos un estatus de
reconocimiento ante Naciones Unidas como comunidad negra. Eso es un sueño
por el que luchamos: obtener derechos, mucho más allá, de lo que la
conferencia contra el racismo ha establecido.
¿Qué mensaje quisiera hacer llegar a las comunidades afro?
Mi mensaje sería mantenernos firmes, mantener la esperanza
y el orgullo de pertenecer a las comunidades negras. Pero también la
necesidad de vernos como parte de la misma diáspora en América. Somos
pueblos de origen común por lo que debemos mantener la unidad.
¿Cuáles son sus nuevas metas?
Una meta importante es que haya el respeto por la vida. En
Colombia, que se respete el derecho de las comunidades a sus territorios,
y el derecho a la vida. No ha existido un reconocimiento suficiente de las
comunidades negras, y más en este último gobierno. Hay una
invisibilidad, se han visto mínimamente aquellas cosas que les interesa
pero no los derechos plenos de las comunidades. Es por eso que la meta es
tener ese reconocimiento internacional para que estos gobiernos locales
tengan herramientas para reconocer esos derechos. Para ello es necesario
que los líderes se mantengan firmes en sus demandas y en los propósitos de
los trabajos organizativos, porque si el gobierno no los quiere reconocer
y la gente pierde el ánimo, entonces se complican las cosas.
¿Sus sueños?
El gran sueño es que realmente se cumpla todos los
derechos adquiridos en la Constitución y en la ley. Ese es un sueño que se
tiene en las comunidades, por ahí hay esos documentos, pero esos logros,
digamos jurídicos, se quieren amañar a las visiones de los gobiernos y no
a las visiones de las organizaciones.
El reconocimiento es una meta permanente a largo plazo, el
derecho a ser reconocido y el derecho a que se cumpla lo que se ha
establecido en la ley y en la Constitución es una meta a alcanzar.
¿Algo más que quieras decir a los lectores de Futuro?
Yo diría que hemos andado parte del camino pero que
todavía nos falta. Sin embargo, si miramos atrás ya hemos recorrido un
trecho, hay algunos logros, y eso debe alentarnos a seguir avanzando.
Tenemos que lograr que cada vez les sea más difícil invisibilizarnos, y
mientras se mantengan vivas las voces y los niveles de comunicación, como
ustedes con esta revista, hay esperanzas.
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