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 Pueblos indígenas: el derecho a tener derechos

Entrevista

Tarcila Rivera Zea 

Parte 2 / 3

¿Cómo funcionó el proyecto de la mejora nutricional?

Con la propuesta de mejora nutricional también fue extraordinario porque eran niños que tenían niveles de desnutrición altísima. Descubrimos que la mayoría éramos desnutridos crónicos, y después no pasamos de 1.50 metros. Apenas en 6 meses, solamente con un desayuno y un almuerzo básico, usando principalmente los productos locales, y combinándolos apropiadamente, logramos mejorar la nutrición, con menús de casi de ½ dólar.

Ahora, esa pequeña propuesta, la hemos convertido en algo más ambicioso: desarrollar la seguridad alimentaría. Es decir recuperar la biodiversidad alimenticia y medicinal. Hemos encontrado una enorme diversidad de frijolitos, simplemente haciendo que los propios comuneros recuperen e intercambien semillas. Los campesinos sembraron y luego en los festivales aparecieron más de 80 tipos de frijolitos, más de 100 tipos de maíz y de papas. Esto nos demuestra también el potencial que tienen las comunidades y que podemos llegar a ser dueños de nuestro propio desarrollo. Pero igual nos gustaría que los gobiernos regionales nos apoyaran para poder salir de la extrema pobreza, que estimulen a las comunidades que están produciendo para que puedan tener la posibilidad de tener un valor agregado a su producción y de esa manera mejorar las condiciones económicas para destinar recursos a la educación y a la salud. Si tuviéramos más recursos, ese sería nuestro objetivo principal.

En todo este programa, por supuesto, el motor principal han sido las mujeres. Primero las fundadoras mujeres de Chirapaq, y después las que nos hemos impuesto con la línea de trabajo.

¿Es por esto que tienen un programa especial para la mujer indígena?

Así es. Nos dolía de las condiciones en que estábamos las mujeres en nuestras comunidades: marginalizadas, muchas analfabetas y sin oportunidades. Vimos que las mujeres siempre se quedaban calladas a pesar de que aportan económica y productivamente al hogar. Muchas tenían muy baja autoestima. No podemos negar que lamentablemente en las comunidades indígenas o andinas hay patriarcado, machismo y violencia. Tristemente hay preferencia de oportunidades para los varoncitos. Es por eso que pensamos en el Programa Mujer Indígena, para fortalecer las capacidades de liderazgo que tienen las mujeres y ya hemos logrado que jueguen roles de dirigentas de organizaciones. Simplemente nos propusimos el aportar el componente cultural como identidad y mejorar la autoestima. Haciéndoles saber que ser quechua hablante no es malo, ni nos disminuye, y además lograr que las dirigentas mismas incorporen en su ser esa aceptación de la especificidad que tenemos como indígenas. Con el Programa Mujer Indígena aportamos una visión de mayor alcance, más estratégico, de ver cuáles eran nuestros derechos, tanto como mujeres o ciudadanas, y sobre todo como indígenas, y por lo tanto, también como comunidades específicas, como pueblos indígenas.

Hemos tenido resultados sorprendentes, porque la primera dificultad fue aprender a dialogar con respeto a la diferencia cultural entre mujeres indígenas andinas y amazónicas. Asombrosamente el racismo también se reproduce entre nosotros. Las andinas veíamos a las amazónicas como vulgarmente se dice aquí "las chunchas o salvajes", y las amazónicas nos miraban a nosotros como preguntándonos: "¿Pero cómo es posible que puedan vivir en esos cerros pelados tan altos?". Había problemas de rechazo por las dos partes.

En el Taller Permanente, líderes andinas y amazónicas comenzamos a reflexionar justamente desde nuestra condición de persona, de mujeres y de ciudadanas, y llegamos a la conclusión de que los dos sectores teníamos los mismos problemas por la condición de ser indígenas. Pero cuando empezamos a hablar de cuestiones concretas, por ejemplo, el tema de los colonos; entonces las andinas decían "ese tema no tenemos que hablarlo porque nosotros no tenemos problemas de colonos", y las amazónicas respondían "no, no, no, ustedes se sientan acá, porque ustedes las serranas se meten en nuestro territorio". Poco a poco llegamos a escucharnos mutuamente, y le digo que hay liderezas que en ese proceso han aprendido muchísimo, han fortalecido no sólo autoestima o la identidad, sino toda su capacidad de liderazgo.

Hace poco acabo de ver a una de las participantes del Taller que está elegida como presidenta de la Organización Indígena de la Región Atalaya y otras que han llegado a ser regidoras en los municipios locales.

Pero también es cierto que nos hace falta desarrollar aún más en la capacidad de gestión, porque como desdichadamente el sistema centralizado del país no permite que se tengan suficientes recursos para ejercer la responsabilidad que tienen, muchas veces no saben que hacer. En ocasiones dicen: "yo no sé donde buscar la plata, no sé como hacerlo", por lo que creo que además del desarrollo en la participación política, debemos desarrollar la capacidad de gestión para que puedan cumplir bien su rol. Otro aspecto también es el de la claridad que se necesita en relación al rol que tienen los liderazgos positivos, porque vivimos también en una coyuntura en donde el apetito por el poder y la figuración nos gana y nos traiciona, como en todas partes.

Queremos recuperar la equidad de género como un concepto que está dentro de lo que sería la complementariedad de diferentes pero en igualdad de condiciones. No es algo que viene de afuera, siempre ha existido como concepto o filosofía, pero se ha perdido. Esa es la idea que tratamos de que los varones comprendan, que, tanto el hombre como la mujer tienen derecho de un trato justo y de oportunidades, y que no hacerlo no es complementario ni es equilibrado. Actualmente, no hay equidad, no hay equilibrio ni hay complementariedad, porque la complementariedad es entre dos diferentes pero de igual valor, igual reconocimiento.

El Taller Permanente evidentemente ha jugado una función muy importante ¿Cómo resumiría la función de este taller que ya tiene 10 años?

En esencia, el Programa Mujer Indígena fue concebido como una necesidad indispensable de aportar el conocimiento de derecho, al fortalecimiento de autoestima como mujeres e indígenas, y al desarrollo de la discriminación positiva.

El Taller Permanente, -que es como le hemos llamado-, nos ha dado oportunidades para el crecimiento tanto como personas que como liderezas. El hecho de estar unidas nos ha dado oportunidades de crecer y articularnos. Primero en el espacio nacional, luego en el plano internacional, Ya hoy en día hay muchas liderezas que se encuentran también incidiendo en varios foros internacionales, así como en las Naciones Unidas. La mayoría estamos participando en el Foro Permanente y asistiendo a los espacios que hemos logrado felizmente alcanzar como pueblos indígenas.

El Taller ha dado también la posibilidad de jugar un rol en el espacio de lo local. De demostrar que las mujeres tienen capacidades y habilidades iguales que la de los hombres. Muchos varones dicen: "ustedes están enseñando a las mujeres que conozcan el convenio 169 de la OIT, -que vela por los derechos de pueblos indígenas- y nosotros que somos líderes varones no conocemos ese convenio", Pudiera decir que sienten un poquito de celos, de ver que las mujeres están aprendiendo. El hecho de elegirlas en comunidades mixtas como presidentas de Federación es un gran avance.

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