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 Globalización, gobernabilidad y salud

Comunicación

Álvaro Franco Giraldo

Parte 1 / 2

Presentación realizada en el IV Congreso Internacional de Salud Pública:
 GLOBALIZACIÓN, ESTADO Y SALUD,
organizado por la Facultad Nacional de Salud Pública
de la Universidad de Antioquia, Colombia
Noviembre 2005

1. Introducción

Para Robert Castel [1] (sociólogo francés, director del Centro de Estudios de los Movimientos Sociales de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París), la nueva época se ha inscrito en una globalización desgobernada, globalizando el capital, restringiendo cada vez más el trabajo al ámbito local para impedir movimientos migratorios y generando cada vez mayor pobreza, exclusión social y efectos discriminatorios hacia grupos como, por ejemplo, contra las mujeres. El mundo de hoy se encuentra polarizado entre quienes reclaman más autonomía (democracia) y quienes prefieren restringírsela, aún más, a los ciudadanos y a las naciones.

El enfoque de la teoría crítica [2] también señala las consecuencias desestabilizadoras y destructoras del proceso de globalización. De acuerdo con el análisis planteado por este enfoque, se viene acentuando la polarización entre países desarrollados y países pobres a partir de la globalización. Pero también internamente en los países se enfrentan sus grupos de poder, como consecuencia de la pérdida de la función económica y social del Estado; lo más grave ha sido la flexibilización laboral y la privatización de las empresas públicas.

De un lado quedan, pues, los ganadores de este proceso neoliberal: los países poderosos, sus elites políticas y los grupos económicos transnacionales; del otro lado están los excluidos y marginados sociales, los pequeños productores nacionales y, por entero, muchos países subdesarrollados. Estas descripciones están cruzadas por la desgobernanza del mundo y de los países, sumidos en una absoluta crisis de gobernabilidad.

Dada la convocatoria del IV Congreso de Salud Pública para analizar la gobernabilidad en el proceso de globalización, el tema que nos reúne es, de todas formas, la salud. Se trata de responder a la pregunta por las relaciones de la salud en un mundo globalizado e ingobernable, es decir, intentar algunas aproximaciones al análisis de las implicaciones de la globalización sobre la salud, como consecuencia de la crisis de gobernabilidad.

Previamente, es necesario establecer la mediación de la gobernabilidad entre la globalización y la salud. Después de considerar la crisis de gobernabilidad actual del mundo y de las relaciones internacionales, podríamos indagar por sus consecuencias sobre la salud mundial. Este enfoque hace referencia a los determinantes sociales de la salud y, de paso, nos aproxima al estudio de algunos elementos de ella, la salud, entendida como una categoría global: salud global. Buscaremos, por lo tanto, en esta presentación conjugar dos perspectivas, la de los determinantes socio-políticos y la de la gobernabilidad, como categoría intermedia en el entramado de la causalidad social. Finalmente se explorarán varias opciones o alternativas al actual estado de cosas generado por la globalización y la desgobernanza mundial.

Surgen otra gran cantidad de temas conexos a nuestro eje de análisis, de gran relevancia en el debate sanitario actual, que no tocaremos —o solo tangencialmente—, ya que sin ninguna duda serán acogidos y considerados con la mayor preocupación durante el resto de sesiones del congreso; temas como el afán por los derechos humanos, la relación con la ética, el acceso a los servicios de salud, el rol del Estado, las nuevas políticas mundiales de salud, entre otros.

  2. El concepto de globalización

De las diferentes versiones o fenómenos explicativos de la globalización que hemos analizado en otros ensayos, [3] destacamos dos: una está dada por la sucesiva expansión del sistema capitalista, proveniente desde la época del descubrimiento, como lo ve el enfoque del sistema-mundo [4] y otros autores. [5] La otra corresponde a la revolución tecnológica y electrónica actual, que soporta redes complejas que atrapan a todos los individuos en los mercados financieros y en los medios de comunicación de internet, incluidos los actores sociales, culturales y políticos [6] —y no solo los económicos.

Lo político ha sido subordinado a lo económico, al interés universalista de las fuerzas económicas y del capital financiero internacional. Esta es la cara perversa de la globalización, que se impuso en la interfaz de los dos últimos siglos: la de "no hay alternativa", la de "menos Estado y más mercado", [7] la del "pensamiento único", que oculta las tremendas desigualdades existentes en el mundo, entre el centro y la periferia.[i] Al respecto, Monsalve [8] recoge varias interpretaciones sobre las tendencias de la globalización en una sociedad capitalista:

  • La globalización podría entenderse como una mega cognición, como el planetarismo o como la totalidad (comprensión): consiste en superar marcos locales, regionales…

  • "Las distancias se acortan dramáticamente, el tiempo se concentra… vivimos en directo acontecimientos lejanos… el mundo inmerso en nuestra casa (en nuestra privacidad)…" [9]

  • "Conjunto de interacciones económicas, políticas, culturales y valorativas a nivel planetario".

  • Globalización: conjunto de procesos, conocimientos y valores particulares que se universalizan y de universalismos que se localizan.[10]

  • Conjunto de sociedades interrelacionadas, cruzadas de conflictos y problemas transnacionales (distintos a los nacionales).

En la globalización se entrecruzan: economía de mercado transnacional, profundas asimetrías, aparición de órdenes jurídicos estatales supranacionales; florecen las autonomías, la cultura del consumismo, la informática y los medios de comunicación electrónicos a escala mundial (conciencia global); se universalizan el conocimiento científico-técnico y los problemas que atañen a la humanidad en conflicto, etc.

Sus procesos: se globalizan la economía de mercado, las corporaciones transnacionales, el consumismo; se localizan enclaves de libre comercio, agotamiento de recursos naturales, la degradación ambiental, etc.

Sus expresiones:

  • Expansión de la economía de mercado

  • Desmonte y crisis del Estado de bienestar

  • Origen de grandes bloques económicos y políticos en el mundo

  • Pauperización y marginación de los Estados periféricos (ajuste estructural)

  • Pérdida de soberanía de los Estados

  • Expansión del concepto de "democracia norteamericana" en el mundo

  • Globalización de valores e ideologización (colonización del mundo de la vida por los subsistemas de la economía y la administración de políticas) [11]

  • Alternativos: globalización de localismos positivos y democráticos, de derechos, libertades y solidaridad

Por otro lado, está la reacción contra el capitalismo internacional y transnacional (cosmopolitismo y herencia común de la humanidad, en oposición, según Santos y Monsalve).[10] Corresponden a ella la actitud de las ONG, de las organizaciones de derechos humanos y del trabajo internacional: ejerciendo la resistencia y esperando el reconocimiento de valores éticos y de derechos individuales y colectivos (no universalizados aún).

Significado del Consenso de Washington en este contexto La expansión del neoliberalismo en América latina se dio en los años ochentas a partir de la aplicación de las reformas de ajuste estructural (ajuste económico) para superar la "crisis": reformas promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que se fueron convirtiendo en la receta para superar el déficit público y estabilizar las economías.[12] Esas propuestas fueron posteriormente denominadas "Consenso de Washington" por los medios académicos, en cabeza de John Williamson, [13] investigador del ITE (Institute for Internacional Economies) en los Estados Unidos, que se sintetizan en los siguientes diez puntos:

  1. Establecer una disciplina fiscal

  2. Priorizar el gasto público en educación y salud

  3. Llevar a cabo una reforma tributaria

  4. Establecer tasas de interés positivas, determinadas por el mercado

  5. Lograr tipos de cambio competitivos

  6. Desarrollar políticas comerciales liberales

  7. Una mayor apertura a la inversión extranjera

  8. Privatizar las empresas públicas

  9. Llevar a cabo una profunda desregulación

  10. Garantizar la protección de la propiedad privada

El "Consenso" defiende las reformas y la retórica neoliberal para su legitimación en el continente, con argumentos como el de que las políticas neoliberales pueden tener un costo social alto (en el mediano plazo) pero (en el largo plazo) son la única salida para obtener las condiciones necesarias para un desarrollo con equidad. [14] El resultado no se hizo esperar: reducción del gasto público como porcentaje del PIB, privatización y aumento del gasto familiar, segmentación y dualización de servicios sociales, con diferenciaciones urbano-rurales y por clase social, y empeoramiento de la calidad de los servicios.

En Europa y en Estados Unidos, los efectos del modelo económico han sido menos agresivos sobre los trabajadores, la ciudadanía y la protección social; aunque, según los estudios de The International Network on Social Inequalities and Health (Red Internacional sobre las Inequidades Sociales y la Salud, por su sigla en inglés), [15] también los países industrializados han asistido a un crecimiento de las inequidades sociales en las últimas décadas, resaltando el aumento de las inequidades sociales en 12 de 18 países de la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (OECD).

Han sido los países latinoamericanos los que en mayor grado se han visto impelidos a aceptar los postulados del Estado mínimo,[16, 17] que impuso el neoliberalismo. En América latina predomina el desmonte de lo público y la flexibilización laboral llevada al extremo de violar cualquier legislación laboral basada en principios universales, según denuncian quienes se oponen a la globalización económica, [18] aunque existen en esta última región algunos programas de inclusión como los que priorizan la atención a las mujeres pobres. Las manifestaciones de la discriminación son mayores en África y en algunos países asiáticos. En Europa y en países desarrollados, por el contrario, existe mayor conciencia, apoyo político y validación social de las políticas antidiscriminación.

Existen regiones en peores condiciones de desarrollo, como África y el sur de Asia, que no logran ni siquiera articularse a la economía mundial; son sociedades completamente marginadas, al decir de Samir Amín,[19] condenadas, por las características de su estructura productiva a mayor marginación en la globalización, dado que no han desarrollado el potencial competitivo de sus industrias; son solo exportadoras de materias primas, basadas en una división del trabajo obsoleta, plagadas de guerras fronterizas y de crisis políticas, conflictos raciales y civiles, poco apetecibles para la inversión extranjera.

3. Sobre gobernabilidad y globalización [ii]

Aunque es claro que la gobernabilidad está asociada al conflicto social, se retoman en este trabajo cuatro vetas de análisis distintas para visualizar sus relaciones con el proceso de globalización. Son ellas: la carencia de política social, la crisis del Estado–nación, la vulneración de los derechos sociales y la crisis de gobernanza internacional.

Carencia de política social

La primera veta para tratar la gobernabilidad es la carencia de política social y de protección social, cuya ausencia genera para nuestro caso crisis de gobernabilidad y, en general, "desorganización social" y descomposición social. [1] Vivimos en un mundo afectado por la pérdida de la cohesión social y la falta de protección social. Castel hace un símil de la situación actual con la época de los inicios de la industrialización, cuando se intentó aplicar el mercado autorregulado, generándose una gran desestabilización social y pauperismo. Pero, a diferencia de lo que ocurre ahora —concluye—, fue imposible aplicar completamente el mercado autorregulado porque la sociedad "secretó una especie de defensa contra la hegemonía del mercado", consistente en las políticas sociales, el derecho al trabajo y la protección social.

En lo que sí encontramos coincidencia en cualquier época en que predominan los mecanismos del mercado autorregulados es en la ingobernabilidad resultante. Con Polanyi, Castel demuestra que el mercado autorregulado destruye las antiguas formas de regulación social, el trabajo, la sociabilidad, las formas tradicionales de solidaridad. Se destacan su incapacidad para fundar un nuevo orden social y el riesgo de que destruya la existencia misma de la sociedad; es pasar de la sociedad civil a la sociedad mercantil.

En el centro del análisis están el trabajo y, fundamentalmente, el empleo que reconoce un estatuto al cual están asociados protecciones y derechos (una especie de desmercantilización de las relaciones de trabajo), es decir, las garantías colectivas para los asalariados, representadas en la seguridad social que queda por fuera de las leyes del mercado. Es, en síntesis, el derecho al trabajo y a la seguridad social los que definitivamente no son posibles dentro de un régimen de mercado puro o autorregulado (el neoliberalismo). Hoy solo se consigue la precarización de las relaciones laborales y la mercantilización del trabajo, en desmedro de la política social. Las conquistas sociales son vistas como obstáculos para el libre desarrollo del mercado.

Este cambio en las relaciones laborales de finales del siglo XX y principios del XXI ha sido el responsable de la nueva inestabilidad social, de la crisis de gobernabilidad, [22, 23] lo que propicia una especie de población excedente, de personas no incluidas ni integrables a la sociedad ni al sistema productivo; no son ni siquiera susceptibles de ser explotadas por el capital, "están ahí como inútiles", según la expresión del propio Castel.

Pasamos, en consecuencia, de una sociedad de mercado —que siempre ha existido— a una sociedad que se convierte en mercado, según concluye también Juan Francisco Martín Seco, autor de La farsa neoliberal (1995), al relacionar el neoliberalismo con la destrucción de todo lo que es estatal y con el favorecimiento del capital en contra del trabajo. [24]

  Notas

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