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Según el Latinobarómetro 2005 el
país latinoamericano que más preocupa en términos de cultura social
autoritaria (orden sin libertad) y de deslegitimidad del sistema
democrático es el Perú. Al parecer, los peruanos preferimos el orden al
ejercicio de las libertades, de ahí la demanda social de liderazgos
personalizados fuertes que ofrecen orden y disciplina. La educación no ha
hecho nada significativo para erradicar el autoritarismo como cultura
social. Si no priorizamos la educación ciudadana en la educación pública,
el retroceso continuará, la gobernabilidad democrática será cada vez más
frágil y la institucionalización del país seguirá siendo una retórica sin
contenido.
El
estado actual de la cultura ciudadana y de la legitimitidad del sistema
democrático en el Perú es deplorable. Y si comparamos estos fenómenos con
los otros países de la región el panorama es bastante preocupante.
Los resultados de la encuesta nacional de educación 2006
evidencian claramente cuán autoritaria es nuestra cultura social y cuán
conservadoras son las expectativas de la población en relación con la
educación. Como bien ha señalado Nelson Manrique en su comentario a los
resultados de esta encuesta, los valores que más se reclaman son los de
disciplina y patriotismo, entre otros, (incluso muchos padres de familia
añoran el retorno de la instrucción pre-militar en los colegios). En
términos generales, la gente asocia orden a disciplina, y libertad a caos
e indisciplina. La idea de que la verdadera disciplina es la que emana de
la autodisciplina no es cultura común.
Frente a la "cultura autoritaria instalada en el sentido
común" que no concibe el orden con libertad, ¿qué podemos y qué debemos
hacer desde la educación? Una primera posibilidad es ajustarnos a estas
expectativas y empezar a ofrecer una educación conservadora que refuerce
los prejuicios existentes. Creo que esta posibilidad hay que descartarla
de entrada. La educación es, por esencia, opción por el cambio, el
mejoramiento, la excelencia humana. Por ello, los educadores son por
naturaleza disconformes. Un educador conformista es una contradicción. La
otra posibilidad, es optar por introducir cambios en la cultura social
existente, ilustrarla, democratizarla. ¿Y cómo se democratiza el sentido
común desde la educación? La respuesta es un a: construyendo ciudadanía.
Creo que de no ser atacada desde sus raíces la cultura
social autoritaria actualmente vigente, ésta se reproducirá
incontroladamente y el descrédito de la democracia que tenemos seguirá en
ascenso. Si no optamos por introducir cambios en la cultura autoritaria de
las escuelas para ir sustituyéndola paulatinamente por una cultura
democrática auténtica, el autoritarismo social seguirá creciendo y la
legitimidad social de las opciones políticas autoritarias irá en aumento.
Si las prácticas democráticas de resolución de conflictos -vía
deliberación en común- están ausentes en el día a día de la vida escolar,
los educandos incorporarán los hábitos autoritarios que encuentran e
internalizarán los valores antidemocráticos que la cultura de la escuela
les inculca.
La situación actual
Desde hace aproximadamente diez años, el Latinobarómetro
hace un seguimiento sostenido sobre el estado de l a ciudadanía y la
evolución de los grados de apoyo y de satisfacción con la democracia en un
conjunto de países latinoamericanos, entre ellos el Perú.
"El apoyo a la democracia es un indicador de legitimidad
del sistema democrático (mucho más) ligado a la aceptación de de valores
básicos como libertad y tolerancia" 1. "...La
satisfacción con la democracia es un indicador de eficacia del sistema
ligado al desempeño del gobierno"2. Si bien se
trata de indicadores distintos tienen mucha relación entre sí. El grado de
satisfacción o insatisfacción con el gobierno democrático de turno afecta
directamente el grado de apoyo al sistema democrático en general. Sobre
todo en aquellos países en los que el tránsito de gobiernos autoritarios a
gobiernos democráticos es reciente como el Perú. En los países en los que
la institucionalización democrática es incipiente y la cultura ciudadana
es más un desideratum que una realidad, los errores políticos en el
desempeño del gobierno perjudican enormemente la legitimidad del sistema
democrático y alimentan las fantasías autoritarias.
El informe de Latinobarómetro de 2005 hace un sugerente y
lúcido balance comparativo de la evolución de los grados de apoyo y
satisfacción con la democracia en América Latina (AL) durante los últimos
diez años. En éste, el Perú es el país que más preocupa en términos de
cultura social autoritaria (orden sin libertad) y de deslegitimidad del
sistema democrático.
Independientemente de los éxitos macroeconómicos, que
hasta ahora no han tenido ningún efecto significativo en términos de
reducción de la pobreza (seguimos siendo una democracia de mayorías
pauperizadas), "... en general los datos de Perú son muy preocupantes por
el impacto negativo que está teniendo en la cultura política y cívica (la
crítica al) desempeño del gobierno".
Podemos decir enfáticamente que en términos de cultura
política y cultura cívica, no sólo hemos "experimentado un (grave)
retroceso en los últimos años"3, sino que
somos el país que más ha retrocedido en toda la región. Este retroceso se
evidencia: primero, en el hecho de que en nuestro país -a diferencia de
los otros países de la región- el índice de "apoyo a la democracia" ha
descendido 18 puntos (de 63 % en 1996 a 45 % en el 2004 %) -el índice de
descenso más alto de la región-, y que tengamos el índice más bajo en AL
de satisfacción con la democracia (7 %, nos sigue luego Paraguay con 13 %
, Ecuador con 14 % y Bolivia con 16 %)4.
En no pocos países de América Latina hay una tendencia muy
marcada a la antipolítica y al autoritarismo como cultura social. En
términos generales la gente prefiere el orden al ejercicio de las
libertades, de ahí la demanda social de liderazgos personalizados fuertes
que ofrecen orden y disciplina, "mano dura", pues lo "normal" es asociar
disciplina a verticalismo y ausencia de libertades. El cuartel sigue
siendo para muchos el modelo de lo que deben ser las escuelas y el
panóptico de lo que debe ser el Ministerio de Educación.
No estamos, sin embargo, a la cabeza en América Latina en
términos de demandas autoritarias. "En Brasil la demanda de orden por
encima de las libertades alcanza el 53%. (p. 13). "La base del
autoritarismo político en América Latina está sin duda en esta demanda de
orden o autoritarismo social, donde la población prefiere orden en vez de
libertades"5. En Perú la demanda de orden sin
libertad ("prefiero vivir en una sociedad ordenada, aunque se limiten
algunas libertades") es del orden del 48 %. Pero en Perú el autoritarismo
militar es más fuerte que otros países. "Sólo en Perú persiste (...) la
percepción de que un gobierno militar puede ser más eficiente y hay más
gente dispuesta a apoyar un gobierno militar"6.
"Perú es -según las conclusiones- el único país donde han aumentado las
demandas autoritarias"7.
¿Qué es necesario hacer desde la educación?
En lo que a nosotros nos concierne como educadores, no
hemos hecho nada significativo desde la educación para erradicar el
autoritarismo como cultura social y para sentar las bases de una cultura
cívica y ciudadana que le dé legitimidad y sustento a la democracia
incipiente que tenemos.
Ni la deliberación pública ni la participación política
son hábitos sociales, y la tolerancia ni el respeto a las diferencias son
virtudes públicas. Bien entendidas, las virtudes de la vida pública se
deberían aprender en los espacios de socialización secundaria, y de manera
privilegiada en la escuela. Pero para ello habría que transformar la
cultura de las escuelas y hacer de ellas espacios privilegiados de
formación ciudadana. Pero si persistimos en no hacer de la educación
ciudadana la columna vertebral de la educación pública, la involución de
la ciudadanía y la praxis de la antipolítica continuarán en ascenso. Y es
que en educación no hay estancamientos, o se avanza o se retrocede. Si no
se implementan procesos formativos, los procesos deformativos no se
detienen.
Mientras no prioricemos de verdad la educación ciudadana
en la educación pública el retroceso continuará, la gobernabilidad
democrática será cada vez más frágil y la institucionalización del país
seguirá siendo una declaración hueca, un deseo insatisfecho, una retórica
sin contenido.
Conclusiones provisionales
De todo esto concluyo:
- Que construir ciudadanía es la tarea más importante que nos compete
hoy como educadores. En un país donde la mayoría de los ciudadanos y las
ciudadanas están en situación de pobreza, donde nos negamos
sistemáticamente a reconocer que el racismo y la discriminación cultural
-que campean en la vida cotidiana- son expresiones privilegiadas de
fracturas identitarias fundacionales, sólo construyendo ciudadanía se
puede cambiar el rumbo de los acontecimientos. Amartya Sen nos ha
enseñado, y muy bien, que la pobreza es fundamentalmente ausencia de
libertades (no sólo de recursos) y que no se combate con políticas de
tutelaje sino al revés, construyendo ciudadanía.
- La ciudadanía, como decía H. Arendt, es el derecho a ejercer
derechos. O existe en la práctica o no existe. Es un asunto ético-
práctico. Los derechos no son condiciones naturales, se conquistan
históricamente, son -como dice Habermas- tareas públicas. No son
categorías ontológicas, son desafíos éticos. Las esferas públicas son
-en las democracias reales- los espacios propios de la lucha por el
reconocimiento de los derechos. Y la lucha democrática por los derechos
en los espacios públicos de la sociedad exige la formación de ciudadanos
abiertos al reconocimiento respetuoso de la diversidad cultural y la
pluralidad política.
- La educación ciudadana no debe convertirse en una nueva estrategia
subrepticia de homogeneización de las diferencias y de pasiva
asimilación cultural. Las diferencias culturales no son ni deben ser
entendidas como un obstáculo para el ejercicio de la ciudadanía. No hay
una sino muchas maneras de ser ciudadanos y de entender lo que ello
implica. La ciudadanía se concibe de muchas maneras. Como bien dice
Boaventura de Sousa Santos "... todas las culturas poseen concepciones
de la dignidad humana, pero no todas la conciben en términos de derechos
humanos."8 Por otro lado, no se puede
establecer a priori una jerarquía de concepciones de manera imparcial.
"...Todas las culturas son incompletas y problemáticas en sus
concepciones de la dignidad humana. La idea de completud está en el
origen de un exceso de sentido del que parecen sufrir todas las culturas
y es por eso que la incompletud es más fácilmente perceptible desde el
exterior, a partir de la perspectiva de otra cultura. Aumentar la
conciencia de la incompletud cultural es una de las tareas previas para
la construcción de una concepción multicultural de los derechos
humanos".
- La educación ciudadana debe ser para todos - indígenas y no
indígenas- , pero no debe ser la misma para todos. Debe ser
diferenciada, significativa y adaptada a las características culturales
de los educandos. Y además de ser pertinente y significativa, debe ser
intercultural. ¿Qué es lo que esto quiere decir?
Que se tiene que empezar por "identificar, interpretar y
orquestar una multiplicidad de puntos de vista culturalmente
diferenciados (sobre la cultura política), para poder propugnar una
comunidad argumentativa democrática en la cual todos tengan igual poder
de habla"9. En esta línea venimos
implementando hace tres años un proyecto a nivel latinoamericano de
educación ciudadana intercultural para pueblos indígenas en Perú,
Bolivia, Nicaragua, México y actualmente han ingresado Ecuador y Brasil.
- Fruto de los trabajos de investigación iniciados en el marco de este
proyecto es posible afirmar que hay diferencias significativas entre la
concepción ilustrada y la concepción amerindia de los derechos humanos
que es importante considerar en programas de educación ciudadana con
pueblos indígenas. Así por ejemplo, mientras que desde la concepción
ilustrada liberal-republicana de los derechos fundamentales, éstos son
derechos individuales, desde la concepción amerindia el derecho a la
vida, por ejemplo, pasa necesariamente por el derecho a la tierra, que
por su connotación simbólica y religiosa es un derecho colectivo
fundamental. Los derechos fundamentales incluyen pues -desde esta
perspectiva- a los derechos colectivos, sin los cuales, los derechos
individuales pierden sentido y concreción real. Otra diferencia es que
la diferencia entre derechos individuales y derechos colectivos no es
-desde la perspectiva amerindia- ni evidente ni obvia. Y esto es así
porque se parte de una concepción comunitarista, no liberal
individualista, de la identidad personal (las personas se identifican
normalmente por su comunidad de procedencia, lo que no sucede en las
urbes modernas pues en ellas se pierde el sentido comunitario). En
tercer lugar, desde la concepción amerindia de la dignidad, no tiene
sentido establecer una diferenciación entre derechos de primera, segunda
y tercera generación, porque derechos de tercera y cuarta generación
son, desde esta mirada, derechos tan o más fundamentales que los
derechos civiles y políticos, que son los de primera generación. Esta
taxonomía, si bien da cuenta de cómo se ha ido desarrollando la teoría
clásica de los derechos, introduce de manera soslayada y tal vez no
intencional, una jerarquía que a todas luces no es universalizable ni
multicultural.
- Que la educación ciudadana en nuestro país sea prioridad número uno
de educación nacional, significa que ésta no se debe restringir a los
pueblos indígenas ni a las zonas rurales; se debe impartir también en
las ciudades, priorizando los espacios urbano-marginales, porque son
espacios privilegiados de encuentros y desencuentros interculturales
Tarea a futuro
La gran tarea a futuro que nos concierne a todos es la de
construir políticas de Estado auténticas, es decir, desde abajo. Y para
ello tenemos que aprender a partir del reconocimiento de la diversidad
cultural y del pluralismo político que nos conforma como el punto de
partida de los consensos a largo plazo que aún no hemos sabido construir
en el país.
En las sociedades pluriculturales como la nuestra, la
construcción de consensos interculturales es la base de la gobernabilidad
democrática sobre la que se erige la posibilidad del desarrollo humano
como realidad tangible. Sin gobernabilidad no hay desarrollo humano. La
verdadera gobernabilidad se logra generando procesos amplios de consulta y
deliberación pública inclusivas de la pluralidad política y la diversidad
cultural. La deliberación pública sobre los asuntos públicos es la esencia
de la democracia Deliberar es construir dialógicamente soluciones
compartidas a problema comunes. La deliberación es el punto de partida de
la praxis política basada en el debate racional y la concertación de
voluntades; es la negación de la violencia como medio para solucionar
problemas.
La participación y el buen gobierno presuponen una cultura
política intercultural común y una ética de la responsabilidad compartida
que es preciso construir en el día a día, en el aula, en la escuela, en la
universidad, etc. Para que los canales institucionalizados de
participación y deliberación pública funcionen como debe ser, se requiere
instalar hábitos sociales de participación ciudadana. Se requiere la
formación de una cultura política pública que sea transcultural, es decir,
que incorpore y no censure las diversas maneras culturalmente
diferenciadas de entender el buen gobierno.
Pero sólo desde Estados multiculturales inclusivos de la
diversidad es posible impulsar procesos sociales significativos de
educación ciudadana intercultural para todos. Los Estados nacionales
monoculturales colocan y están destinados a colocar, por ideología, la
educación ciudadana intercultural como un tema marginal de la educación
pública, prescindible, descartable. Esto quiere decir que el cambio
cultural que nuestro país requiere involucra un cambio de modelo de
Estado, no sólo la descentralización del que ya tenemos, implica su
modificación sustancial. Pero el Estado nacional moderno no tiene -en este
campo- capacidad de autotransformación. Esto es tarea de los movimientos
sociales, es el gran reto de la sociedad civil en las sociedades
pluriculturales y por qué no, el gran reto de la educación nacional.
Notas
Fuente
Palestra/Lista Interculturalidad
http://palestra.pucp.edu.pe/?id=206
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