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Obesidad: la otra epidemia
del siglo XXI
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Salud |
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Parecería ridículo hablar de obesidad en una revista
latinoamericana donde casi la mitad de la población,
aproximadamente 213 millones de personas, son pobres. De éstas, unos 98
millones de personas (19,4% de la población) se encuentran en situación de
pobreza extrema o indigencia, es decir, viven con menos de un dólar al
día.
Sin embargo, aunque parezca una paradoja, varios estudios
de la Organización Panamericana de la Salud alertan de que la obesidad se
extiende también entre los pobres. Hay varios factores que motivan este
padecimiento entre los necesitados, el principal, según varios autores es
la comida basura -el "junk food". Junto con la globalización no sólo
expande el intercambio de información, también los malos hábitos, en este
caso, de alimentación. Los estadounidenses son los reyes de este tipo de
comida insalubre y ya la obesidad alcanza proporciones de epidemia en ese
país.
En
Estados Unidos como promedio se gasta el 9.7% del ingreso familiar en
comida, es la menor proporción en comparación con cualquier otro país. Sin
embargo no es una coincidencia que tenga el mayor porcentaje que cualquier
otra nación en gastos médicos (16%). Toda esa comida basura los engorda y
enferma. Es dañina para la salud y el medio ambiente. Está llena de
químicas y componentes artificiales. Por sólo mencionar uno muy dañino:
las grasas transaturadas. Este tipo de grasa aparece naturalmente en los
productos lácteos y la carne de los animales rumiantes, pero el mayor
consumo de este tipo de grasa en América Latina, al igual que en
Norteamérica viene de las grasas parcialmente hidrogenadas. Estas son
grasas alteradas por el hombre donde se añaden unidades de hidrógeno en su
composición química para así poder solidificar la grasa líquida. Desde
1994 el Consejo de Nutrición de Dinamarca concluyó que las grasas
parcialmente hidrogenadas propician la arteriosclerosis al menos en igual
proporción que las grasas saturadas. Nueve años más tarde, en el 2003,
concluyó que el consumo de este tipo de grasa incrementa el riesgo de
enfermedades cardiovasculares al menos en un 10% y aumenta el colesterol LDL, (el colesterol "malo"). En este estudio se mencionaba que una bolsa
de palomitas de maíz, una rosquilla (doughnut) y una ración de papa fritas
contiene aproximadamente 20 gramos de grasas transaturadas. Si esta comida
se consume varias veces a la semana, el incremento de infarto cardiaco y
otras enfermedades crece proporcionalmente. El Consejo recomendó cesar el
uso de grasas transaturadas producidas industrialmente. Esta prohibición
incluyó no sólo a las procesadoras de alimentos sino también a
restaurantes, panaderías, pastelerías, cafeterías y comedores. Un año
después de estar vigente esta prohibición las muertes relacionadas por
enfermedades cardiovasculares habían disminuido en cerca de un 10% en
Dinamarca.
Un menú típico para los niños de una de las principales
cadenas de comida rápida del mundo: McDonalds "nugget" de pollo con una
ración de papa fritas tiene 3 gramos de grasas transaturadas provenientes
de grasas parcialmente hidrogenadas. Una ración de pollo de KFC Colonel
con papas fritas tiene 4. 4 gramos. Estas grasas hidrogenadas o
parcialmente hidrogenadas se agregan a cereales, sopas, dulces, galletas y
muchísimos alimentos procesados para meriendas. Y América Latina esta
inundada de ese tipo de productos alimenticios, que es más consumida por
los pobres porque resulta más barato.
Las dietas no funcionan
Ya hace más de veinte años que se ha definido la salud
como "un estado de bienestar físico, psíquico y social y no como mera
ausencia de enfermedad", basándose en ese concepto podemos decir que la
obesidad está definitivamente en dirección opuesta a la salud. No sólo
provoca innumerables dolencias y enfermedades sino también afecta
psicológicamente y baja la autoestima en muchas personas. Pero la pregunta
del millón de pesos: ¿Qué hacer para mantener un peso adecuado? Hay varios
libros publicados recientemente que se han convertido rápidamente en
éxitos de ventas que afirman que las dietas no funcionan. Sus autores
aseguran que si no se cambian los hábitos alimentarios se vuelven a
recuperar las libras tarde o temprano.
Un resumen de algunos buenos hábitos alimentarios
recomendables, y probados por científicos que contribuyen a bajar de peso
pero
sobre todo a mantenerlo, son los siguientes:
- Tomar mínimo 8 vasos de agua al día.
Lo ideal es entre 1 litro y
medio a 2 litros. Esto es fundamental. Se han hecho experimentos de dos
grupos que comían lo mismo y tenían el mismo gasto calórico diario, la
única diferencia era el consumo de agua (o líquidos como te o jugos sin
azúcar, no café) y al cabo de dos meses el grupo que había consumido más
agua había bajado como promedio 6 libras mas que el grupo que no
consumía agua.
- Comer el arcoiris
. Es decir alimentos de todos los colores:
verdes, amarillos, rojos, morados. Muchas frutas y vegetales: naranja,
toronja, guayaba, lechuga, tomate.
- Comer suficiente fibra (soluble e insoluble).
La insoluble
abunda en los frijoles, salvado de trigo, cáscara de la papa, boniato,
etc. La soluble está en la avena y en las frutas y vegetales (aunque las
frutas y vegetales tienen de los dos tipos). El óptimo consumo de fibra
al día debe ser 40 gramos. Por ejemplo:
una taza de frijoles tiene entre 12 a 20 gramos,
3 onzas de zanahoria, quimbombo o col tiene 3 gramos de
fibra;
3 onzas de mango, lechuga, papa, tomate, naranja, tiene
2 gramos de fibra;
3 onzas de boniato, berro, plátano fruta o maíz tienen 4
gramos de fibra
3 onzas de espinaca cocinada tiene 6 gramos de fibra
2 onzas de maní tiene 5 gramos de fibra
2 rebanadas de pan integral tiene 3 gramos de fibra
Esto no quiere decir que uno tenga que volverse
científico para contar los gramos de fibra pero si cumple la regla de
comer el arcoiris (muchos vegetales y frutas y una taza de frijoles
seguramente se estará comiendo la fibra necesaria)
- Tomar suficiente calcio
. Hay algunos estudios que afirman que
las mujeres que no consumen suficiente calcio además del peligro de
osteoporosis se produce un proceso de acumulación de grasa.
- No saltar comidas.
Esto está demostrado por numerosos estudios
de varias universidades y centros de investigaciones. Cuando se pasan
muchas horas sin comer se produce un proceso bioquímico en el organismo
que provoca que cualquier cosa que se coma, incluso carbohidratos o
proteína, el cuerpo lo convierte en grasa. El porqué se produce este
proceso es lo que todavía no se han puesto de acuerdo los científicos
pero de que esto sucede, hay decenas de investigaciones para probarlo.
Algunos tienen una teoría de información genética: el hombre hace miles
de años era cazador y no tenia comidas regulares por lo que cuando
pasaba mucho tiempo sin comer se mandaba una señal al cerebro: "hay que
guardar grasa".
Hasta ahora los laboratorios farmacéuticos dirigían sus
productos dietéticos a quitar el hambre pero las nuevas investigaciones
para medicinas que ayuden a bajar de peso están dirigidas a romper ese
mecanismo bioquímico de acumular grasa, pero todavía están en
investigaciones, no han logrado obtener ningún resultado.
Es por eso que se dice que el desayuno es la comida más
importante, se llevan más de 10 horas sin ingerir alimentos por lo que
si se salta todo lo que uno coma de merienda o almuerzo se convirtirá en
grasa.
Por ese mismo fundamento la comida debe ser ligera y
temprana porque ya no habrá tiempo hasta la hora de dormir de gastar las
calorías que se consumieron. Se ha visto que personas que hacen una
pequeña caminata de 15 minutos después de la comida bajan o mantienen el
peso más fácilmente que aquellas que se acuestan a dormir o se ponen a
ver la televisión.
También todo ese proceso bioquímico de acumulación de
grasa es el motivo por lo que se dice que es preferible hacer 6 pequeñas
comidas (desayuno, merienda, almuerzo, merienda, comida y merienda antes
de dormir) que 3 comidas (desayuno, almuerzo y comida). Por supuesto son
6 comidas pequeñas.
- Hacer ejercicio aeróbico y pesas. En Estados Unidos las personas
gastan 37 billones de dólares al año en suplementos de vitaminas y
hierbas pero muy pocos caminan 20 minutos al día. Una buena dieta y
ejercicio son los fundamentos básicos para una vida longeva. Se ha
demostrado que el caminar a paso rápido 20 minutos al día disminuye los
problemas de artritis y artrosis, baja el colesterol, mejora la
condición de los diabéticos, incluso se han reportado casos en que los
niveles de glucosa en la sangre han llegado a ser normales. 30 minutos
es mejor que 20 y 60 minutos es mejor que 30, pero 20 minutos al día es
una meta razonable para empezar un plan de salud. Debe ser una caminata
a paso rápido que uno sienta que casi le es difícil llegar a tomar
aliento, sin que llegue a faltar el aire, pero sin llegar a correr;
aunque hay muchas personas que prefieren correr, también está probado
que se aumentan los riesgos de daños en las articulaciones y los
músculos.
Si el caminar se combina con ejercicios de pesas, los
beneficios se multiplican porque se desarrollan los músculos, esto no
quiere decir que las mujeres se conviertan en unas "bodybuilder" pero el
tener músculos en vez de grasa hace que se necesite más calorías para
mantener la temperatura del cuerpo y por tanto se puede comer más
calorías sin engordar. La proporción de grasa contra masa limpia
(músculos) está siendo usado cada vez más como medición del estado de
salud de la persona porque no es lo mismo una persona de 170 libras con
un 25 % de grasa que otra persona con ese mismo peso pero con un 40 % de
grasa en el cuerpo.
La cantidad de grasa en el cuerpo depende del sexo y la
edad, una mujer atlética debe tener un % de grasa entre el 13 al 20%, y
una mujer normal entre 21 y 27%.
Adicionalmente al hacer pesas los huesos también se
fortalecen ayudando así a evitar la osteoporosis.
- Copar con el stress. El stress es parte de la vida humana, es
por eso que es básico aprender a vivir con él. Aunque este factor se ha
dejado casi para el final, ello no quiere decir que sea menos
importante.
Cuando sentimos estrés nuestro cuerpo reacciona
segregando una hormona llamada cortisol. Esta hormona es llamada
la hormona del estrés. El cortisol hace que nuestro cuerpo
produzca energía para manejar el estrés. Si nuestros niveles de
cortisol son elevados por varios meses o años esto produce daños a
nuestro cuerpo. Afecta el sistema inmunológico, la fertilidad y
los huesos. Nuevos estudios también demuestran que niveles altos
de cortisol producen perdida de la memoria y diabetes de ciertos tipos.
El stress y el aumento de peso parecen andar mano en
mano. El stress puede causar el aumento de peso porque el stress hace
que el cuerpo produzca más cortisol y niveles altos de cortisol están
directamente vinculados a la grasa abdominal. Haciendo dieta puede
causar a veces realmente más stress. Repetidas dietas "yo-yo" por muchos
años puede hacer ganar más peso porque el cortisol producido por el
stress al hacer dieta favorece que se acumule más grasa en el abdomen.
De ahí que los tipos de cuerpo con forma de pera puedan llegar a ser
cuerpos con forma de manzana. Los tipos de cuerpo con forma de manzana,
esto quiere decir más grasa en abdomen y cintura, tienen más riesgo de
desarrollar enfermedades tales como la diabetes, el infarto, cáncer, y
otras enfermedades cardíacas. Así que la necesidad de aprender a manejar
el stress no solo es un problema cosmético sino que puede acarrear
aumento de peso y serias enfermedades.
Otra teoría es que las personas que ya tienen exceso de
grasa en el abdomen producen más cortisol y ello genera más acumulación
de grasa, convirtiéndose en un ciclo vicioso. Las personas que producen
más cortisol cuando están bajo stress ganan más peso porque tienden a
comer más. ¿Por qué? El stress hace que a menudo ansiemos alimentos que
causan placer, estos suelen ser comidas con alto contenido de grasa,
carbohidratos o azúcar como pueden ser las galletas, las tortas, los
helados y el chocolate. Cuando se mastican estos alimentos el cerebro
produce sensaciones placenteras y se siente que se ha aliviado la
tensión, pero es una impresión temporal.
¿Por qué ansiamos estos tipos de alimentos cuando
estamos estresados? La razón es porque fuimos creados con un sistema de
respuesta y escape que nos ayude a lidiar situaciones de peligro. El
cuerpo no puede distinguir el tipo de stress: las cuentas sin pagar que
se amontonan, la pérdida del trabajo, o los niños que actúan como
animales salvajes. Muchos factores de la vida moderna pueden producir
estrés. En los tiempos de las cavernas, cuando un animal salvaje
perseguía a un ser humano, esa persona sentía por supuesto un gran
stress porque era una cuestión de vida o muerte, el cuerpo producía casi
instantáneamente más cortisol que facilitaba poner tensos los músculos,
listos para luchar o correr, también producía adrenalina, que hace que
uno se sienta más alerta para luchar o correr. El cuerpo espera que
usted luche o corra cuando estas sustancias químicas se producen lo que
quemaría calorías extras. Y por tanto se crea también el mensaje para el
cerebro de que hay que volver a comer más carbohidratos tan pronto como
sea posible para abastecer de nuevo el cuerpo de la energía que se
perdió. La mayoría de las personas no corren ni luchan ya, muchas de las
causas de stress no son ante peligros físicos que requieran un aumento
del consumo de calorías, sino estrés de tipo psicológico. Sin embargo,
producimos todavía estas hormonas cuando estamos bajo el stress, aunque
sea psicológico, con el consecuente mensaje para el cerebro de que hay
que comer. Esta es la explicación de varios científicos de porque el
stress hace aumentar de peso.
Los niveles de cortisol en el flujo sanguíneo son
diferentes en cada individuo. Alguna gente segrega más hormona de la
tensión que otras. Algunas personas apenas reaccionan a la tensión
secretando menos cortisol que otras. Los estudios han demostrado que la
gente tiende a comer más cuando bajo tensión son las que secretaban más
la hormona de la tensión, el cortisol, demostrando que el aumento de la
tensión y del peso es relacionado.
Otro estudio demostró que los que tenían una vida muy
estresada de forma regular y tenían altos niveles del cortisol tendieron
a acumular más libras de grasa alrededor del vientre. Mientras que los
que tuvieron vidas menos estresantes y tenían niveles más bajos de la
hormona de la tensión tendieron a acumular alguna grasa en las caderas
pero no en el abdomen. Algunas circunstancias tienden a incrementar la
producción de la hormona de la tensión. Por ejemplo, las mujeres durante
el último trimestre del embarazo, atletas en entrenamiento, estados
depresivos o de ansiedad, desnutrición y alcoholismo pueden aumentar los
niveles de la hormona de la tensión.
Debido al papel que juega el stress en el aumento de
peso y en la dificultad de perder peso si se tiene altos niveles de
cortisol, se debe practicar alguna rutina para aliviar el stress como
parte del plan para perder peso, si se quiere tener éxito. Uno de los
mejores mitigadores de la tensión y promotor de la pérdida del peso, el
aumento de la masa muscular y el incremento de las sensaciones del
bienestar es el ejercicio. Si las ventajas derivadas de ejercicio se
podrían poner en una botella, sería un "bestseller".
El ejercicio nos hace sentir mejor porque el cuerpo
libera unas sustancias químicas llamada endorfinas que no sólo alivia la
tensión sino también reduce los niveles de cortisol. ¿Qué tipo de
ejercicio puede ser el mejor para aliviar el stress? La respuesta puede
ser abierta, desde dar puñetazos a un saco de boxeador hasta el taichi.
Eso depende de las preferencias personales y culturales. Por ejemplo, el
yoga es una excelente práctica de ejercicio para aliviar la tensión
porque consolida los músculos, ayuda a una mejor respiración y favorece
la relajación. Incluso la meditación simple puede también ayudar a
reducir la tensión y el stress. Un buen momento para practicar un
ejercicio o meditación sería cuando la hormona de la tensión tiene los
niveles más altos. El cuerpo tiende a secretar la mayoría del cortisol
entre las seis y las ocho de la mañana. Esa es una hora difícil en la
vida moderna pero si practican apenas 10 ó 15 minutos de ejercicios de
estiramiento y alguna posición yoga le aseguro que en menos de una
semana sentirá los beneficios. También, si usted se está sintiendo
estresado en cualquier momento, en vez de tomar un helado o comer una
galleta haga una caminata, practique ejercicios de respiración, de un
paseo en bicicleta, arregle el jardín o haga algunas posiciones yogas.
- Suplementos. En el mercado hay cientos, sino miles de productos
que aseguran hacer bajar de peso sin dieta o sin ejercicio físico,
incluso mientras se duerme. Desgraciadamente el bajar de peso es
principalmente una relación entre lo que se come y lo que se gasta,
aunque como hemos visto hasta ahora hay algunos otros factores que
pueden afectar el aumento de peso.
Sólo voy a mencionar dos que están probados por algunas
investigaciones que funcionan y que no necesariamente hay que ingerirlos
como suplementos, si se incluyen de forma regular en la dieta:
- Las grasas Omega 3 que se encuentran también en la macarela, el
salmón, el atún pero también en las nueces, la soya y las semillas de
lino.
- El te verde. Se ha demostrado que reduce la acumulación de grasa.
Se puede tomar varias tazas de te al día o un suplemento en tabletas.
- Elimine las grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas.
El Dr. Andrew Weil es un reconocido gurú de la medicina
integracionista (unir y balancear los avances de la medicina moderna
con las prácticas de la medicina tradicional y naturista). En una
ocasión un periodista le preguntó al Dr. Weil si una persona tuviera
que hacer un solo cambio, uno solo, en sus malos hábitos para mejorar
la salud, cuál él recomendaría, el Dr. Weil respondió que eliminar las
grasas hidrogenadas.
- Coma comida, no productos alimenticios. Dicho de otra manera,
no coma lo que su bisabuela no conocía. Prefiera los productos
naturales y los menos procesados. Olvídese de la comida en cajitas
envueltas en papel de celofán. Prefiera una fruta a un helado, una
papa a un pedazo de pan, avena a una caja de cereal, una rueda de
tomate a catsup, una sopa de verduras a una enlatada. El caso más
renombrado de las comidas procesadas es el de la margarina (grasa
hidrogenada), por muchos años se promovió que era mejor para la salud
que la mantequilla natural de la grasa de la leche de vaca. Hubo que
esperar varias décadas para darnos cuenta que estábamos equivocados.
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