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ISSN 1913-6196

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  Remesas, género y desarrollo

Desarrollo humano Sustentable

Carlota Ramírez, Mar García Domínguez y Julia Míguez Morais 

Fragmento del estudio publicado por INSTRAW
"Cruzando fronteras",
 Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación
de las Naciones Unidas para la Promoción de la Muje
r
 www.un-instraw.org
Informe completo

  Introducción

En la actual fase de globalización, la migración internacional por razones económicas es un fenómeno que afecta a cada vez más personas, hogares y comunidades en todo el mundo. Para mantener el contacto con sus familias y comunidades de origen, las personas migrantes expanden sus relaciones a través de fronteras geográficas, políticas, económicas y culturales, creando familias y comunidades transnacionales. Dentro de estos campos sociales de interacción hay un flujo continuo de recursos y discursos que están cuestionando y transformando las ideas tradicionales sobre identidad y pertenencia.

Las remesas -el dinero que las personas migrantes ganan trabajando en el extranjero y que envían a sus hogares- constituyen la dimensión monetaria, y más perceptible, de esta circulación constante entre migrantes y países de origen. En la última década, las remesas han emergido como la segunda fuente de financiación externa para los países en vías de desarrollo y su volumen sigue en aumento. Este flujo de dinero ha capturado la atención de gobiernos, agencias financieras y de desarrollo, que han comenzado a identificar e implementar iniciativas destinadas a maximizar el impacto de las remesas en la reducción de la pobreza y el desarrollo local.

Las mujeres están protagonizando cada vez en mayor medida los movimientos migratorios. Como sujetos activos de los mismos contribuyen al mantenimiento de sus hogares y al desarrollo de sus comunidades de origen mediante el envío de remesas. Ahora bien, las desigualdades de género hacen que la experiencia migratoria sea muy diferente para hombres y mujeres. La decisión de migrar, las redes empleadas o la inserción laboral en el país de acogida, por nombrar sólo unos pocos, son hechos que no escapan a las divisiones de género.

Por ello, el dinero que se remesa, la frecuencia con que se envía, el canal que se emplea o el impacto de las remesas sobre el desarrollo del país de origen están igualmente marcados por el género.

Sin embargo, y a pesar del creciente número de mujeres trabajadoras migrantes y de la gran importancia de las remesas para el bienestar material de muchas familias en los países en desarrollo, son muy pocos los estudios que analicen la dimensión de género de las remesas. Este vacío es particularmente preocupante ante la evidencia de que la integración de la perspectiva de género en las políticas y los programas de desarrollo incrementa su efectividad y sostenibilidad. Una revisión crítica, desde la perspectiva de género, de los flujos de remesas y sus impactos se hace necesaria de cara al desarrollo y a la implementación exitosa de programas dirigidos a aprovechar el potencial de las remesas como herramientas para el desarrollo.

Cada vez es mayor el número de mujeres que migran de forma autónoma como principales proveedoras y cabezas de hogar, mientras va disminuyendo su presencia como migrantes "dependientes" de sus maridos.

A pesar del alcance y características de la feminización de las migraciones, la incorporación del análisis de género en el estudio de las mismas es relativamente reciente. Hasta ahora, la mayor parte de la literatura sobre migraciones se centraba en la idea patriarcal de familia como unidad cohesionada, donde el varón es el proveedor y la mujer es esposa o hija, es decir, "dependiente de" (Jiménez, 1998). Se ocultaba así la presencia de mujeres con proyectos migratorios no dependientes de un esposo y las contribuciones económicas y sociales a las sociedades de acogida de aquellas que migraron con sus esposos (Lutz, 1997).

La invisibilidad de las mujeres migrantes ha sido consecuencia de:

  1. un déficit en la recogida de información, puesto que las estadísticas no se desagregaban por sexo (Zlotnik, 2003);
  2. el predominio de visiones androcéntricas en ciencias sociales, puesto que las mujeres han sido ignoradas incluso en aquellas migraciones donde su presencia era mayoritaria.

  Feminización de las migraciones como estrategia de supervivencia de los
  hogares

Que los flujos migratorios estén compuestos por un porcentaje cada vez mayor de mujeres está en estrecha relación con la austeridad extrema impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) a los países en vías de desarrollo en las décadas finales del siglo XX. Las Políticas de Ajuste Estructural impuestas como precondiciones para el préstamo de dinero han resultado en la quiebra de pequeñas y medianas empresas, el aumento del desempleo, recortes en el gasto social y una deuda externa insostenible. La implementación de estas políticas ha empeorado las condiciones de vida de los grupos más vulnerables, especialmente de mujeres y niños. Muchas mujeres se han visto así abocadas a la economía informal, en un intento de equilibrar su presupuesto mediante cultivos de subsistencia, comercio callejero, costura, venta de platos cocinados, etc. Tareas de supervivencia que no tienen reconocido su valor económico ni su utilidad social, que gozan de un escaso prestigio y por las que se reciben menores ingresos que en la economía formal.

A ello se une la erosión del papel del varón como proveedor económico, consecuencia del elevado desempleo masculino. Esta crisis del modelo reproductivo no está suponiendo un cuestionamiento de la división sexual del trabajo, sino que, lo que diversos estudios muestran, es que una parte significativa de varones se desentiende, adoptando estrategias individualistas o de huida (Juliano, 1999). Como consecuencia, en virtud de un sistema que las hace responsables últimas del mantenimiento de la familia, las mujeres están asumiendo la jefatura de sus hogares.

En este contexto, una de las estrategias de supervivencia que adoptan los hogares es la migración hacia países desarrollados, en donde crece una economía de servicios que necesita de una mano de obra barata y vulnerable, características que las mujeres inmigrantes cumplen a la perfección. En su trabajo sobre la globalización, Saskia Sassen (2003) argumenta que la transnacionalización de la economía y la dualización de los mercados de trabajo globales han creado las condiciones para este nuevo tipo de migraciones, en "una suerte de equivalencia funcional: esto es, las instalaciones para la producción que no pueden ser deslocalizadas y tienen que darse donde está la demanda, como es el caso de restaurantes y hospitales, pueden emplear mano de obra inmigrante mientras que aquellas facilidades que pueden ser deslocalizadas pueden emplear mano de obra barata en los países menos desarrollados".

  Remesas

Las remesas representan vínculos sociales a larga distancia de solidaridad, reciprocidad y obligación, que unen a hombres y mujeres migrantes con sus parientes y amigos a través de las fronteras nacionales controladas por los Estados. Esta íntima "solidaridad limitada" a larga distancia, que tiene en principio un alcance de acción bastante estrecho, puesto que la intención de los migrantes individuales es principalmente beneficiar a su grupo doméstico y a sus redes sociales, se convierte fácilmente en un factor macroeconómico que desencadena vastos efectos, no sólo en los países de origen sino incluso de forma transfronteriza (Guarnizo, 2004).

Visión general

Mientras que el monto medio de una remesa puede ser bastante modesto5, a nivel mundial las remesas se han convertido en la segunda fuente de financiación Mundial, en el año 2004 entraron en los mil millones de dólares por concepto de remesas, lo que supone casi dos veces la Ayuda Oficial al Desarrollo (72 mil millones de dólares) y el 76% de la inversión extranjera directa (165 mil millones de dólares) (World Bank, 2005). Este volumen ha crecido de forma sostenida en el pasado y todo parece indicar que, a diferencia de otros flujos financieros, las remesas continuarán creciendo en el futuro6 (ver Fig. 1).

Desde una perspectiva regional, América Latina y el Caribe son las principales receptoras de remesas a nivel mundial, habiendo recibido el 35% del total de remesas en 2004. Asia del Sur -con un 20%- es la segunda región; seguida de Medio Oriente y África del Norte (17%); Asia del Este y Pacífico (13%); Europa y Asia Central (11%); y África del Sur (4%) (World Bank, 2005).

Los principales países receptores de remesas fueron, en el año 2004, India, México y Filipinas. Si consideramos la relación entre remesas y volumen total de la economía, los principales receptores de remesas son países pequeños con ingresos medios como Jamaica, Jordania, El Salvador y Cabo Verde, para los que las transferencias de la población migrante representan más del 10% del PIB (Carling, 2005).

A pesar de lo impresionante de estas cifras, la contabilidad oficial sólo representa la punta del iceberg. El envío de remesas hacia los países de origen se puede realizar por diversos canales. En ocasiones, las personas migrantes emplean canales formales, como bancos, oficinas de correos o compañías remesadoras. En otros casos usan canales informales, llevan el dinero en propia mano o lo mandan a través de otras personas que viajan a sus países de origen. Las remesas transferidas a través de canales formales suelen estar registradas en las cuentas nacionales, mientras que las enviadas a través de cauces informales no lo están. De acuerdo a algunas estimaciones, si se contabilizarán las transferencias informales, el valor estimado de las remesas podría doblarse.

Un elevado porcentaje de remesas se envía a través de canales informales por diversos motivos: en ciertos contextos son un medio más rápido, barato, cómodo y seguro; los y las migrantes con situación legal irregular corren riesgos al emplear canales formales; no existen alternativas porque las personas destinatarias viven en áreas rurales con falta de infraestrucutura financiera o en lugares donde hay conflictos armados; la tasa de cambio en el país receptor está sobrevalorada, o la persona migrante y/o la receptora no está familiarizada con los procedimientos bancarios, entre otros8.

El coste de enviar dinero al país de origen varía considerablemente de acuerdo al país y al método empleado, y puede representar una pérdida significativa para la persona migrante y su familia. Además –y dado que las comisiones por transferencias pueden incluir diversos conceptos difíciles de entender y apreciar por parte del cliente-, en muchas ocasiones, ni la persona que envía la remesa ni la que recibe conoce el coste real de

la transacción. La creciente competitividad e implantación de mecanismos de control en el mercado internacional de remesas está haciendo descender los precios y aumentar la transparencia. Como ejemplo, mientras el coste de envío de dinero a América Latina y el Caribe en la década de los 90 constituía cerca del 15% del valor de la operación, este valor cayó al 5-9% en 2003 (IDB/MIF, 2004). Aún así, este porcentaje continúa siendo injustificablemente alto si tenemos en cuenta que una transferencia internacional (swift) cuesta aproximadamente 15 centavos de dólar (World Bank, 2004).

Las remesas son transacciones ágiles que no responden a las fluctuaciones del mercado, como la exportación de bienes primarios, ni a la volatibilidad de la inversión extranjera. Por el contrario, las remesas son estables y pueden ser contracíclicas en tiempos de recesión económica. Es más, las remesas son flujos de persona a persona que eluden la intervención de gobiernos corruptos o las condicionalidades impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a sus créditos. En la reunión del G8, celebrada en Suiza en 2003, países ricos concluyeron que las remesas de los trabajadores migrantes son la fuente de ayuda externa más estable, abundante y segura para los países en desarrollo. Esto es, los hombres y las mujeres migrantes se han convertido en la mayor y más estable fuente de ayuda extranjera para sus países de origen.

  La perspectiva de género en las remesas

Puesto que gran parte de la investigación sobre remesas se ha realizado desde una perspectiva puramente económica, el interés principal se ha centrado hasta el presente en determinar su volumen, evaluar su contribución al desarrollo local mediante la inversión en actividades productivas o identificar canales de transferencia y costos asociados. En esta visión, las remesas no tienen género. No se analiza si las envía un hombre o una mujer ni se tienen en cuenta las posibles diferencias que pudieran existir en función del sexo en las cantidades, periodicidad, empleo de las mismas o impacto socioeconómico, tanto en la persona que envía como en el hogar que recibe. Quedan así ocultas las divisiones de género que operan a escala tanto macroestructural como microestructural y que determinan, sin duda, el envío, uso e impacto de las remesas. Es más, al tomar como unidad de análisis a los sujetos individuales descontextualizados, no se está considerando que el envío de remesas es un acto realizado por un sujeto atravesado por variables estructurales –género, clase, etnia- e inserto en dinámicas familiares y sociales que, a su vez, están estructuralmente determinadas por procesos sociales, económicos y políticos de gran alcance.

Lo que la mayoría de las investigaciones parecen ignorar es el hecho de que la cantidad de dinero enviada a sus hogares por los y las migrantes, el cómo se envía y la forma en que se emplea no viene determinado sólo por la economía de mercado sino también por la economía política de los hogares. Las remesas son más que transferencias financieras periódicas; son el resultado de complejos procesos de negociación en el interior de hogares inmersos en una intrincada red de relaciones entre diásporas y países de origen. La literatura sugiere que el dinero enviado por las personas migrantes a sus hogares son algo más que un acto de altruismo individual; sino que representan una estrategia familiar para diversificar las fuentes de ingreso y asegurarse fondos adicionales mediante la emigración (Kapur, 2003; IMP, 2003). Este modelo de "estrategia de hogar" ha sido ampliamente estudiado y documentado en la investigación sobre migraciones. Cuestionando la naturaleza unitaria del hogar implícito en este modelo, la crítica feminista ha mostrado cómo las jerarquías de poder de género, edad, autoridad y recursos dentro de los hogares juegan un papel crucial en la configuración de las dinámicas de las familias migrantes y las redes sociales, lo cual influye también en el flujo de remesas. Entender las remesas y sus efectos requiere, por tanto, un análisis de los hogares a través de las lentes de género.

  Conclusiones

Las remesas son el beneficio más evidente –por su materialidad– de las migraciones. Los hogares que las reciben las emplean fundamentalmente en acceder a bienes y servicios básicos que de otro modo no obtendrían. Con lo que queda se financian inversiones, actividades generadoras de empleo y ahorro. Pero su impacto va más allá del ámbito de los hogares y lo privado. La suma agregada de las pequeñas remesas individuales tiene un enorme efecto macroeconómico, a tal punto que las remesas constituyen actualmente la segunda fuente de financiación externa para los países en desarrollo. Este gran flujo monetario ha despertado el interés de gobiernos y organizaciones internacionales, que están empezando a considerar en sus estrategias de lucha contra la pobreza el potencial de las remesas como herramientas para el desarrollo. Más allá de las controversias acerca de si el impacto de las remesas sobre el desarrollo se puede ver bajo una perspectiva tan positiva como se pensó en un principio, lo cierto es que los hombres y las mujeres migrantes se han erigido, mediante el envío de remesas monetarias, sociales y colectivas, en sujetos activos en la construcción de bienestar para sus hogares y comunidades y, por extensión, sus países.

El constante aumento en el volumen de remesas no es más que un reflejo del incremento en el número de personas que, aún viviendo fuera de sus países de nacimiento, siguen manteniendo fuertes lazos de reciprocidad y solidaridad con sus familias y comunidades de origen. Estas redes de solidaridad transfronteriza tienen como uno de sus rasgos característicos la presencia creciente de mujeres que migran como proveedoras económicas. Sin embargo, a pesar de esta constatación y la abundante literatura que evidencia cómo las relaciones de género atraviesan las experiencias migratorias de hombres y mujeres, los estudios sobre los patrones de envío, canales de transferencia, empleo de las remesas y potencialidades para el desarrollo de las mismas apenas han introducido la perspectiva de género. Antes bien, la mayoría de investigaciones se centran en la vertiente puramente económica de las remesas y dejan de lado toda consideración social, así como los aspectos de género que subyacen a todo hecho económico, político y social. Este vacío es especialmente preocupante ante la evidencia de que la integración de la perspectiva de género en las políticas y programas de desarrollo contribuye a su eficacia y sostenibilidad. El presente documento es un esfuerzo en la dirección de contribuir a colmar este vacío. INSTRAW ha intentado reflejar la compleja red de intersecciones entre género, migración, remesas y desarrollo a través de un marco conceptual que ofrezca puntos de entrada para analizar el impacto del género en los patrones de envío de remesas y el uso que se hace de las mismas; cómo el género atraviesa estructuralmente las sociedades de origen y de acogida y el impacto que esto tiene sobre los flujos de remesas; y, por último, cómo las relaciones de género pueden, a su vez, verse afectadas y modificadas por el nuevo rol económico que asumen las mujeres en el proceso migratorio.

En el documento se recogen algunos de los principales programas, proyectos e iniciativas que, desde diversos enfoques, se están llevando a cabo con el fin de maximizar el potencial de las remesas monetarias y sociales como fuentes de desarrollo. Entre ellas destacamos aquellas dirigidas a:

  • Reducir los costos de transferencia;
  • Redireccionar un mayor porcentaje de los envíos a través de canales formales de transferencia y fortalecer los sistemas financieros de los países receptores de remesas;
  • Hacer partícipe a la sociedad civil del país de origen en el diseño, desarrollo y seguimiento de proyectos de desarrollo sostenible cofinanciados con remesas;
  • Apoyar la labor de las asociaciones de migrantes que están tendiendo puentes entre las diásporas y sus comunidades de origen con el fin de llevar a cabo proyectos en beneficio mutuo;
  • Desarrollar mecanismos de microcrédito que asistan a los hombres y las mujeres migrantes y a sus hogares en el empleo de las remesas en inversiones y actividades generadoras de ingresos; y
  • Fortalecer las capacidades y cualificaciones de migrantes y familiares para la creación y gestión de pequeñas empresas.

Para que el desarrollo sea humano y sostenible debe, de manera intrínseca, considerar las diferentes necesidades e intereses que mujeres y hombres tienen, favorecer la igualdad de género y no reforzar las desigualdades previamente existentes. Por ello, INSTRAW plantea que toda medida encaminada a aprovechar el potencial de las remesas para el desarrollo ha de tener en cuenta que:

  • Las migraciones internacionales, y por ello el envío, uso e impacto de las remesas son procesos de género;
  • Las migraciones internacionales se están feminizando. Esta feminización sólo puede comprenderse en el contexto de la fase actual de desarrollo del capitalismo global, caracterizado por una división internacional del trabajo en la que las brechas de clase, género y etnia operan con más fuerza que nunca;
  • Una de las características principales del actual fenómeno migratorio es su dinámica transnacional. Son muchas las personas migrantes que continúan participando de forma activa en la vida social, económica y política de sus lugares de origen, lo que implica participar en redes e interacciones que trascienden las fronteras;
  • Hogares y redes sociales son dos unidades de análisis claves para comprender la dimensión de género presente en las remesas;
  • La vulnerabilidad de las mujeres migrantes o familiares de migrantes es mayor que la de sus homólogos varones. Dentro del proceso migratorio encuentran mayores dificultades y están sometidas a mayores tensiones. Sus posibilidades de remesar, sus patrones de envío y el uso que hacen de las remesas están atravesados por un factor diferencial que las coloca en posiciones de desventaja;
  • Como sujetos activos de los actuales flujos migratorios, las mujeres migrantes no sólo están contribuyendo al bienestar de sus hogares, sino también al desarrollo de sus comunidades de origen. Esta contribución puede ser un efecto indirecto de las remesas (inversiones productivas que generan empleo, por ejemplo) o un efecto directo (asociaciones de migrantes que financian proyectos sociales y de infraestructura, por ejemplo);
  • • Los procesos de toma de decisión sobre el empleo del dinero de las remesas, qué miembros del hogar se benefician de ellas y sus efectos a medio y largo plazo sobre la estructura familiar no son ajenos a las divisiones de género;
  • • Los obstáculos que las mujeres -sobre todo las mujeres pobres de áreas rurales- enfrentan para acceder al sistema financiero, al crédito y a la propiedad de la tierra, así como para participar en el mercado laboral y en las actividades generadoras de ingresos, limitan en gran medida su capacidad para beneficiarse de la entrada de remesas en las comunidades;
  • Hay una invisibilización sistemática de las necesidades de las mujeres en los proyectos de desarrollo financiados con las remesas enviadas por las asociaciones de migrantes;
  • Si bien parece haber acuerdo en los cambios positivos en los roles de género que pueden derivarse del protagonismo de las mujeres en las migraciones como proveedoras económicas, no puede olvidarse que este papel está siendo realizado a costa de un gran sacrificio en sus posibilidades de desarrollo individual y autónomo;
  • Las remesas serán un elemento de desarrollo en la medida en que además del crecimiento económico fomenten también la igualdad de género;
  • Las desigualdades de género, aunque comunes a todas las sociedades, adquieren rasgos y manifestaciones distintas en cada contexto social, económico y político específico. Por ello, cualquier medida o política destinada a aprovechar el potencial de las remesas para el desarrollo local debe estar informada por un análisis riguroso de cuáles son las relaciones y dinámicas de género que atraviesan ese contexto particular.

Los fuertes vínculos que la población migrante mantiene con sus lugares de origen están dando lugar a la creación de espacios transnacionales a través de los cuales circulan bienes, dinero, ideas, imaginarios y valores. Este vivir que transciende las fronteras físicas está reconfigurando espacios, economías e identidades.

Potencialmente, las migraciones internacionales pueden ser una oportunidad histórica para el desarrollo de los países de origen. Que lo sean o no es esencialmente una cuestión política y depende de la voluntad de articular políticas migratorias pensadas con fines de desarrollo y de reconocer el importante papel que hombres y mujeres migrantes juegan como agentes de cambio y desarrollo. Es para ello imprescindible que la perspectiva de género atraviese el diseño de las políticas y programas dirigidos a maximizar el potencial de desarrollo de los movimientos migratorios. De no ser así, las potenciales ganancias de la migración - y de su beneficio más evidente: las remesas - dejarán de lado, una vez más, a las mujeres, contribuyendo a reforzar las desigualdades de género.

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