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Fragmento del
estudio publicado por INSTRAW
"Cruzando fronteras",
Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación
de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer
www.un-instraw.org
Informe completo
Introducción
En la
actual fase de globalización, la migración internacional por razones
económicas es un fenómeno que afecta a cada vez más personas, hogares y
comunidades en todo el mundo. Para mantener el contacto con sus familias y
comunidades de origen, las personas migrantes expanden sus relaciones a
través de fronteras geográficas, políticas, económicas y culturales,
creando familias y comunidades transnacionales. Dentro de estos campos
sociales de interacción hay un flujo continuo de recursos y discursos que
están cuestionando y transformando las ideas tradicionales sobre identidad
y pertenencia.
Las remesas -el dinero que las personas migrantes ganan
trabajando en el extranjero y que envían a sus hogares- constituyen la
dimensión monetaria, y más perceptible, de esta circulación constante
entre migrantes y países de origen. En la última década, las remesas han
emergido como la segunda fuente de financiación externa para los países en
vías de desarrollo y su volumen sigue en aumento. Este flujo de dinero ha
capturado la atención de gobiernos, agencias financieras y de desarrollo,
que han comenzado a identificar e implementar iniciativas destinadas a
maximizar el impacto de las remesas en la reducción de la pobreza y el
desarrollo local.
Las mujeres están protagonizando cada vez en mayor medida
los movimientos migratorios. Como sujetos activos de los mismos
contribuyen al mantenimiento de sus hogares y al desarrollo de sus
comunidades de origen mediante el envío de remesas. Ahora bien, las
desigualdades de género hacen que la experiencia migratoria sea muy
diferente para hombres y mujeres. La decisión de migrar, las redes
empleadas o la inserción laboral en el país de acogida, por nombrar sólo
unos pocos, son hechos que no escapan a las divisiones de género.
Por ello, el dinero que se remesa, la frecuencia con que
se envía, el canal que se emplea o el impacto de las remesas sobre el
desarrollo del país de origen están igualmente marcados por el género.
Sin embargo, y a pesar del creciente número de mujeres
trabajadoras migrantes y de la gran importancia de las remesas para el
bienestar material de muchas familias en los países en desarrollo, son muy
pocos los estudios que analicen la dimensión de género de las remesas.
Este vacío es particularmente preocupante ante la evidencia de que la
integración de la perspectiva de género en las políticas y los programas
de desarrollo incrementa su efectividad y sostenibilidad. Una revisión
crítica, desde la perspectiva de género, de los flujos de remesas y sus
impactos se hace necesaria de cara al desarrollo y a la implementación
exitosa de programas dirigidos a aprovechar el potencial de las remesas
como herramientas para el desarrollo.
Cada vez es mayor el número de mujeres que migran de forma
autónoma como principales proveedoras y cabezas de hogar, mientras va
disminuyendo su presencia como migrantes "dependientes" de sus maridos.
A pesar del alcance y características de la feminización
de las migraciones, la incorporación del análisis de género en el estudio
de las mismas es relativamente reciente. Hasta ahora, la mayor parte de la
literatura sobre migraciones se centraba en la idea patriarcal de familia
como unidad cohesionada, donde el varón es el proveedor y la mujer es
esposa o hija, es decir, "dependiente de" (Jiménez, 1998). Se ocultaba así
la presencia de mujeres con proyectos migratorios no dependientes de un
esposo y las contribuciones económicas y sociales a las sociedades de
acogida de aquellas que migraron con sus esposos (Lutz, 1997).
La invisibilidad de las mujeres migrantes ha sido
consecuencia de:
- un déficit en la recogida de información, puesto que las
estadísticas no se desagregaban por sexo (Zlotnik, 2003);
- el predominio de visiones androcéntricas en ciencias sociales,
puesto que las mujeres han sido ignoradas incluso en aquellas
migraciones donde su presencia era mayoritaria.
Feminización de las migraciones como estrategia de
supervivencia de los
hogares
Que los flujos migratorios estén compuestos por un
porcentaje cada vez mayor de mujeres está en estrecha relación con la
austeridad extrema impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y
el Banco Mundial (BM) a los países en vías de desarrollo en las décadas
finales del siglo XX. Las Políticas de Ajuste Estructural impuestas como
precondiciones para el préstamo de dinero han resultado en la quiebra de
pequeñas y medianas empresas, el aumento del desempleo, recortes en el
gasto social y una deuda externa insostenible. La implementación de estas
políticas ha empeorado las condiciones de vida de los grupos más
vulnerables, especialmente de mujeres y niños. Muchas mujeres se han visto
así abocadas a la economía informal, en un intento de equilibrar su
presupuesto mediante cultivos de subsistencia, comercio callejero,
costura, venta de platos cocinados, etc. Tareas de supervivencia que no
tienen reconocido su valor económico ni su utilidad social, que gozan de
un escaso prestigio y por las que se reciben menores ingresos que en la
economía formal.
A ello se une la erosión del papel del varón como
proveedor económico, consecuencia del elevado desempleo masculino. Esta
crisis del modelo reproductivo no está suponiendo un cuestionamiento de la
división sexual del trabajo, sino que, lo que diversos estudios muestran,
es que una parte significativa de varones se desentiende, adoptando
estrategias individualistas o de huida (Juliano, 1999). Como consecuencia,
en virtud de un sistema que las hace responsables últimas del
mantenimiento de la familia, las mujeres están asumiendo la jefatura de
sus hogares.
En este contexto, una de las estrategias de supervivencia
que adoptan los hogares es la migración hacia países desarrollados, en
donde crece una economía de servicios que necesita de una mano de obra
barata y vulnerable, características que las mujeres inmigrantes cumplen a
la perfección. En su trabajo sobre la globalización, Saskia Sassen (2003)
argumenta que la transnacionalización de la economía y la dualización de
los mercados de trabajo globales han creado las condiciones para este
nuevo tipo de migraciones, en "una suerte de equivalencia funcional: esto
es, las instalaciones para la producción que no pueden ser deslocalizadas
y tienen que darse donde está la demanda, como es el caso de restaurantes
y hospitales, pueden emplear mano de obra inmigrante mientras que aquellas
facilidades que pueden ser deslocalizadas pueden emplear mano de obra
barata en los países menos desarrollados".
Remesas
Las remesas representan vínculos sociales a larga
distancia de solidaridad, reciprocidad y obligación, que unen a hombres y
mujeres migrantes con sus parientes y amigos a través de las fronteras
nacionales controladas por los Estados. Esta íntima "solidaridad limitada"
a larga distancia, que tiene en principio un alcance de acción bastante
estrecho, puesto que la intención de los migrantes individuales es
principalmente beneficiar a su grupo doméstico y a sus redes sociales, se
convierte fácilmente en un factor macroeconómico que desencadena vastos
efectos, no sólo en los países de origen sino incluso de forma
transfronteriza (Guarnizo, 2004).
Visión general
Mientras que el monto medio de una remesa puede ser
bastante modesto5, a nivel mundial las remesas se han convertido en la
segunda fuente de financiación Mundial, en el año 2004 entraron en los mil
millones de dólares por concepto de remesas, lo que supone casi dos veces
la Ayuda Oficial al Desarrollo (72 mil millones de dólares) y el 76% de la
inversión extranjera directa (165 mil millones de dólares) (World Bank,
2005). Este volumen ha crecido de forma sostenida en el pasado y todo
parece indicar que, a diferencia de otros flujos financieros, las remesas
continuarán creciendo en el futuro6 (ver Fig. 1).
Desde una perspectiva regional, América Latina y el Caribe
son las principales receptoras de remesas a nivel mundial, habiendo
recibido el 35% del total de remesas en 2004. Asia del Sur -con un 20%- es
la segunda región; seguida de Medio Oriente y África del Norte (17%); Asia
del Este y Pacífico (13%); Europa y Asia Central (11%); y África del Sur
(4%) (World Bank, 2005).
Los principales países receptores de remesas fueron, en el
año 2004, India, México y Filipinas. Si consideramos la relación entre
remesas y volumen total de la economía, los principales receptores de
remesas son países pequeños con ingresos medios como Jamaica, Jordania, El
Salvador y Cabo Verde, para los que las transferencias de la población
migrante representan más del 10% del PIB (Carling, 2005).
A pesar de lo impresionante de estas cifras, la
contabilidad oficial sólo representa la punta del iceberg. El envío de
remesas hacia los países de origen se puede realizar por diversos canales.
En ocasiones, las personas migrantes emplean canales formales, como
bancos, oficinas de correos o compañías remesadoras. En otros casos usan
canales informales, llevan el dinero en propia mano o lo mandan a través
de otras personas que viajan a sus países de origen. Las remesas
transferidas a través de canales formales suelen estar registradas en las
cuentas nacionales, mientras que las enviadas a través de cauces
informales no lo están. De acuerdo a algunas estimaciones, si se
contabilizarán las transferencias informales, el valor estimado de las
remesas podría doblarse.
Un elevado porcentaje de remesas se envía a través de
canales informales por diversos motivos: en ciertos contextos son un medio
más rápido, barato, cómodo y seguro; los y las migrantes con situación
legal irregular corren riesgos al emplear canales formales; no existen
alternativas porque las personas destinatarias viven en áreas rurales con
falta de infraestrucutura financiera o en lugares donde hay conflictos
armados; la tasa de cambio en el país receptor está sobrevalorada, o la
persona migrante y/o la receptora no está familiarizada con los
procedimientos bancarios, entre otros8.
El coste de enviar dinero al país de origen varía
considerablemente de acuerdo al país y al método empleado, y puede
representar una pérdida significativa para la persona migrante y su
familia. Además –y dado que las comisiones por transferencias pueden
incluir diversos conceptos difíciles de entender y apreciar por parte del
cliente-, en muchas ocasiones, ni la persona que envía la remesa ni la que
recibe conoce el coste real de
la transacción. La creciente competitividad e implantación
de mecanismos de control en el mercado internacional de remesas está
haciendo descender los precios y aumentar la transparencia. Como ejemplo,
mientras el coste de envío de dinero a América Latina y el Caribe en la
década de los 90 constituía cerca del 15% del valor de la operación, este
valor cayó al 5-9% en 2003 (IDB/MIF, 2004). Aún así, este porcentaje
continúa siendo injustificablemente alto si tenemos en cuenta que una
transferencia internacional (swift) cuesta aproximadamente 15 centavos de
dólar (World Bank, 2004).
Las remesas son transacciones ágiles que no responden a
las fluctuaciones del mercado, como la exportación de bienes primarios, ni
a la volatibilidad de la inversión extranjera. Por el contrario, las
remesas son estables y pueden ser contracíclicas en tiempos de recesión
económica. Es más, las remesas son flujos de persona a persona que eluden
la intervención de gobiernos corruptos o las condicionalidades impuestas
por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a sus créditos. En
la reunión del G8, celebrada en Suiza en 2003, países ricos concluyeron
que las remesas de los trabajadores migrantes son la fuente de ayuda
externa más estable, abundante y segura para los países en desarrollo.
Esto es, los hombres y las mujeres migrantes se han convertido en la mayor
y más estable fuente de ayuda extranjera para sus países de origen.
La perspectiva de género en las remesas
Puesto que gran parte de la investigación sobre remesas se
ha realizado desde una perspectiva puramente económica, el interés
principal se ha centrado hasta el presente en determinar su volumen,
evaluar su contribución al desarrollo local mediante la inversión en
actividades productivas o identificar canales de transferencia y costos
asociados. En esta visión, las remesas no tienen género. No se analiza si
las envía un hombre o una mujer ni se tienen en cuenta las posibles
diferencias que pudieran existir en función del sexo en las cantidades,
periodicidad, empleo de las mismas o impacto socioeconómico, tanto en la
persona que envía como en el hogar que recibe. Quedan así ocultas las
divisiones de género que operan a escala tanto macroestructural como
microestructural y que determinan, sin duda, el envío, uso e impacto de
las remesas. Es más, al tomar como unidad de análisis a los sujetos
individuales descontextualizados, no se está considerando que el envío de
remesas es un acto realizado por un sujeto atravesado por variables
estructurales –género, clase, etnia- e inserto en dinámicas familiares y
sociales que, a su vez, están estructuralmente determinadas por procesos
sociales, económicos y políticos de gran alcance.
Lo que la mayoría de las investigaciones parecen ignorar
es el hecho de que la cantidad de dinero enviada a sus hogares por los y
las migrantes, el cómo se envía y la forma en que se emplea no viene
determinado sólo por la economía de mercado sino también por la economía
política de los hogares. Las remesas son más que transferencias
financieras periódicas; son el resultado de complejos procesos de
negociación en el interior de hogares inmersos en una intrincada red de
relaciones entre diásporas y países de origen. La literatura sugiere que
el dinero enviado por las personas migrantes a sus hogares son algo más
que un acto de altruismo individual; sino que representan una estrategia
familiar para diversificar las fuentes de ingreso y asegurarse fondos
adicionales mediante la emigración (Kapur, 2003; IMP, 2003). Este modelo
de "estrategia de hogar" ha sido ampliamente estudiado y documentado en la
investigación sobre migraciones. Cuestionando la naturaleza unitaria del
hogar implícito en este modelo, la crítica feminista ha mostrado cómo las
jerarquías de poder de género, edad, autoridad y recursos dentro de los
hogares juegan un papel crucial en la configuración de las dinámicas de
las familias migrantes y las redes sociales, lo cual influye también en el
flujo de remesas. Entender las remesas y sus efectos requiere, por tanto,
un análisis de los hogares a través de las lentes de género.
Conclusiones
Las remesas son el beneficio más evidente –por su
materialidad– de las migraciones. Los hogares que las reciben las emplean
fundamentalmente en acceder a bienes y servicios básicos que de otro modo
no obtendrían. Con lo que queda se financian inversiones, actividades
generadoras de empleo y ahorro. Pero su impacto va más allá del ámbito de
los hogares y lo privado. La suma agregada de las pequeñas remesas
individuales tiene un enorme efecto macroeconómico, a tal punto que las
remesas constituyen actualmente la segunda fuente de financiación externa
para los países en desarrollo. Este gran flujo monetario ha despertado el
interés de gobiernos y organizaciones internacionales, que están empezando
a considerar en sus estrategias de lucha contra la pobreza el potencial de
las remesas como herramientas para el desarrollo. Más allá de las
controversias acerca de si el impacto de las remesas sobre el desarrollo
se puede ver bajo una perspectiva tan positiva como se pensó en un
principio, lo cierto es que los hombres y las mujeres migrantes se han
erigido, mediante el envío de remesas monetarias, sociales y colectivas,
en sujetos activos en la construcción de bienestar para sus hogares y
comunidades y, por extensión, sus países.
El constante aumento en el volumen de remesas no es más
que un reflejo del incremento en el número de personas que, aún viviendo
fuera de sus países de nacimiento, siguen manteniendo fuertes lazos de
reciprocidad y solidaridad con sus familias y comunidades de origen. Estas
redes de solidaridad transfronteriza tienen como uno de sus rasgos
característicos la presencia creciente de mujeres que migran como
proveedoras económicas. Sin embargo, a pesar de esta constatación y la
abundante literatura que evidencia cómo las relaciones de género
atraviesan las experiencias migratorias de hombres y mujeres, los estudios
sobre los patrones de envío, canales de transferencia, empleo de las
remesas y potencialidades para el desarrollo de las mismas apenas han
introducido la perspectiva de género. Antes bien, la mayoría de
investigaciones se centran en la vertiente puramente económica de las
remesas y dejan de lado toda consideración social, así como los aspectos
de género que subyacen a todo hecho económico, político y social. Este
vacío es especialmente preocupante ante la evidencia de que la integración
de la perspectiva de género en las políticas y programas de desarrollo
contribuye a su eficacia y sostenibilidad. El presente documento es un
esfuerzo en la dirección de contribuir a colmar este vacío. INSTRAW ha
intentado reflejar la compleja red de intersecciones entre género,
migración, remesas y desarrollo a través de un marco conceptual que
ofrezca puntos de entrada para analizar el impacto del género en los
patrones de envío de remesas y el uso que se hace de las mismas; cómo el
género atraviesa estructuralmente las sociedades de origen y de acogida y
el impacto que esto tiene sobre los flujos de remesas; y, por último, cómo
las relaciones de género pueden, a su vez, verse afectadas y modificadas
por el nuevo rol económico que asumen las mujeres en el proceso
migratorio.
En el documento se recogen algunos de los principales
programas, proyectos e iniciativas que, desde diversos enfoques, se están
llevando a cabo con el fin de maximizar el potencial de las remesas
monetarias y sociales como fuentes de desarrollo. Entre ellas destacamos
aquellas dirigidas a:
- Reducir los costos de transferencia;
- Redireccionar un mayor porcentaje de los envíos a través de canales
formales de transferencia y fortalecer los sistemas financieros de los
países receptores de remesas;
- Hacer partícipe a la sociedad civil del país de origen en el diseño,
desarrollo y seguimiento de proyectos de desarrollo sostenible
cofinanciados con remesas;
- Apoyar la labor de las asociaciones de migrantes que están tendiendo
puentes entre las diásporas y sus comunidades de origen con el fin de
llevar a cabo proyectos en beneficio mutuo;
- Desarrollar mecanismos de microcrédito que asistan a los hombres y
las mujeres migrantes y a sus hogares en el empleo de las remesas en
inversiones y actividades generadoras de ingresos; y
- Fortalecer las capacidades y cualificaciones de migrantes y
familiares para la creación y gestión de pequeñas empresas.
Para que el desarrollo sea humano y sostenible debe, de
manera intrínseca, considerar las diferentes necesidades e intereses que
mujeres y hombres tienen, favorecer la igualdad de género y no reforzar
las desigualdades previamente existentes. Por ello, INSTRAW plantea que
toda medida encaminada a aprovechar el potencial de las remesas para el
desarrollo ha de tener en cuenta que:
- Las migraciones internacionales, y por ello el envío, uso e impacto
de las remesas son procesos de género;
- Las migraciones internacionales se están feminizando. Esta
feminización sólo puede comprenderse en el contexto de la fase actual de
desarrollo del capitalismo global, caracterizado por una división
internacional del trabajo en la que las brechas de clase, género y etnia
operan con más fuerza que nunca;
- Una de las características principales del actual fenómeno
migratorio es su dinámica transnacional. Son muchas las personas
migrantes que continúan participando de forma activa en la vida social,
económica y política de sus lugares de origen, lo que implica participar
en redes e interacciones que trascienden las fronteras;
- Hogares y redes sociales son dos unidades de análisis claves para
comprender la dimensión de género presente en las remesas;
- La vulnerabilidad de las mujeres migrantes o familiares de migrantes
es mayor que la de sus homólogos varones. Dentro del proceso migratorio
encuentran mayores dificultades y están sometidas a mayores tensiones.
Sus posibilidades de remesar, sus patrones de envío y el uso que hacen
de las remesas están atravesados por un factor diferencial que las
coloca en posiciones de desventaja;
- Como sujetos activos de los actuales flujos migratorios, las mujeres
migrantes no sólo están contribuyendo al bienestar de sus hogares, sino
también al desarrollo de sus comunidades de origen. Esta contribución
puede ser un efecto indirecto de las remesas (inversiones productivas
que generan empleo, por ejemplo) o un efecto directo (asociaciones de
migrantes que financian proyectos sociales y de infraestructura, por
ejemplo);
- • Los procesos de toma de decisión sobre el empleo del dinero de las
remesas, qué miembros del hogar se benefician de ellas y sus efectos a
medio y largo plazo sobre la estructura familiar no son ajenos a las
divisiones de género;
- • Los obstáculos que las mujeres -sobre todo las mujeres pobres de
áreas rurales- enfrentan para acceder al sistema financiero, al crédito
y a la propiedad de la tierra, así como para participar en el mercado
laboral y en las actividades generadoras de ingresos, limitan en gran
medida su capacidad para beneficiarse de la entrada de remesas en las
comunidades;
- Hay una invisibilización sistemática de las necesidades de las
mujeres en los proyectos de desarrollo financiados con las remesas
enviadas por las asociaciones de migrantes;
- Si bien parece haber acuerdo en los cambios positivos en los roles
de género que pueden derivarse del protagonismo de las mujeres en las
migraciones como proveedoras económicas, no puede olvidarse que este
papel está siendo realizado a costa de un gran sacrificio en sus
posibilidades de desarrollo individual y autónomo;
- Las remesas serán un elemento de desarrollo en la medida en que
además del crecimiento económico fomenten también la igualdad de género;
- Las desigualdades de género, aunque comunes a todas las sociedades,
adquieren rasgos y manifestaciones distintas en cada contexto social,
económico y político específico. Por ello, cualquier medida o política
destinada a aprovechar el potencial de las remesas para el desarrollo
local debe estar informada por un análisis riguroso de cuáles son las
relaciones y dinámicas de género que atraviesan ese contexto particular.
Los fuertes vínculos que la población migrante mantiene
con sus lugares de origen están dando lugar a la creación de espacios
transnacionales a través de los cuales circulan bienes, dinero, ideas,
imaginarios y valores. Este vivir que transciende las fronteras físicas
está reconfigurando espacios, economías e identidades.
Potencialmente, las migraciones internacionales pueden ser
una oportunidad histórica para el desarrollo de los países de origen. Que
lo sean o no es esencialmente una cuestión política y depende de la
voluntad de articular políticas migratorias pensadas con fines de
desarrollo y de reconocer el importante papel que hombres y mujeres
migrantes juegan como agentes de cambio y desarrollo. Es para ello
imprescindible que la perspectiva de género atraviese el diseño de las
políticas y programas dirigidos a maximizar el potencial de desarrollo de
los movimientos migratorios. De no ser así, las potenciales ganancias de
la migración - y de su beneficio más evidente: las remesas - dejarán de
lado, una vez más, a las mujeres, contribuyendo a reforzar las
desigualdades de género.
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