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Parte 1 /4

El doctor cubano
Sergio A. Pérez Barrero
es un experto mundial en el tratamiento y prevención del suicidio.
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de
Psiquiatría y de la Red Iberoamericana de Suicidiología.
El Dr. Pérez es el presidente
fundador de la
Red Mundial de Suicidólogos
que agrupa a través del correo electrónico a personas y organizaciones
interesadas en la prevención del suicidio cuya sede permanente se
encuentra en Bayamo, Cuba. Además de autor de varios libros sobre el tema,
es asesor de la Organización Panamericana de la Salud en la prevención del
suicidio en Las Américas.
La Organización Mundial de
la Salud reconoce el suicidio o violencia autoinfligida como un problema
mundial de salud pública. (Más información en "Informe
Mundial sobre la Violencia y la Salud").
Revista Futuros presentó a
sus lectores en la edición No. 9 del año 2005, la sección de
Preguntas y
Respuestas de este compacto y
valioso ensayo. A petición de muchos lectores y con la cortés autorización
del Dr. Pérez Barrero ofrecemos hoy este estudio en su totalidad.
1. Introducción
Escribir un libro sobre el suicidio en la adolescencia
destinado a un público general resulta harto difícil por varias razones:
probablemente algunos pensarán que por qué no se escribe sobre otro tema
menos trágico, que aporte más a este grupo de personas en vez de escribir
un libro sobre suicidio en los adolescentes que pudiera incrementar el
riesgo en ellos y al final un mayor número intente quitarse la vida. Otros
considerarán que el suicidio no es tan frecuente en estas edades, pues la
adolescencia es una etapa de la vida con muchas potencialidades para
desarrollar una existencia creativa y el suicidio, cuando ocurre, debe ser
un acto impulsivo, no bien pensado y por tanto, muy difícil de evitar,
tarea esta que deben abordar los psiquiatras, psicólogos, suicidólogos, y
médicos de la familia, no así otros sectores, que pudieran empeorar las
cosas y demorar la asistencia especializada.
Cada una de estas razones constituyen mitos relacionados
con la conducta suicida y no reflejan en modo alguno las evidencias del
suicidio en la adolescencia. Aprender a cuidarse la única vida que tenemos
los seres humanos es una cualidad que debe ser desarrollada desde la más
temprana infancia, pues si no se tiene vida no se puede llevar a cabo
proyecto alguno. Aprender a amarse racionalmente incrementará la capacidad
de amar a otros, aprender a respetarse hará que seamos respetados.
Enfrentar la vida con soluciones no suicidas mejorará nuestra calidad de
vida.
A pesar nuestro, el suicidio en la adolescencia es una
trágica realidad, ocupando un lugar entre las tres primeras causas de
muerte en la mayoría de los países y en algunos, sólo le supera otro tipo
de muerte violenta: los accidentes de vehículos de motor. Y lo peor es que
la tendencia es a incrementarse según los estimados de la Organización
Mundial de la Salud (OMS).
Dotar a los adolescentes de la literatura científica que
aborde el comportamiento suicida y su prevención pudiera ser de una
utilidad no despreciable, pues les pondría en mejores condiciones de
ayudarse ellos mismos y a sus iguales que se encuentren en una situación
de crisis suicida. Similar provecho tendría para los padres, las madres, y
otros familiares, maestros y profesores, que estarían más capacitados para
detectar prematuramente aquellos candidatos a la realización de un acto
suicida y evitar que ocurra, además de contribuir a interpretar el
suicidio como un proceso que tiene su historia y que contrariamente a lo
que se piensa, no ocurre por impulso, sino más bien como una decisión
largamente pensada, analizada, desechada y retomada en múltiples ocasiones
para poner fin a una vida, en la que el suicidio es un síntoma más, el
último síntoma, de una existencia infeliz.
En este libro aparecen un grupo de preguntas que han sido
realizadas al autor por adolescentes que han participado en sus
conferencias sobre el tema del suicidio y su prevención y expresiones
erróneas que hemos escuchado a padres y madres y que se convierten en un
problema para la crianza de los hijos. También se ofrecen algunos consejos
a la familia para que puedan lograr relaciones interpersonales más
armónicas entre sus miembros, todo lo cual contribuirá a mantener la salud
mental de sus integrantes.
Ojalá sea leído con el mismo amor con que fue escrito.
2. Generalidades
La adolescencia es definida como una etapa del ciclo vital
entre la niñez y la adultez, que se inicia por los cambios puberales y se
caracteriza por profundas transformaciones biológicas, psicológicas y
sociales, muchas de ellas generadoras de crisis, conflictos y
contradicciones, pero esencialmente positivos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la
adolescencia es la etapa que transcurre entre los 10 y 19 años,
considerándose dos fases: la adolescencia temprana de 10 a 14 años, y la
adolescencia tardía de 15 a 19 años.
La adolescencia, con independencia de las influencias
sociales, culturales y étnicas, se caracteriza por eventos universales
entre los que se destacan:
- El crecimiento corporal evidenciable en el aumento de peso, estatura
y los cambios en las formas y dimensiones corporales.
- El aumento de la masa muscular y de la fuerza muscular, más marcada
en el varón, acompañado de un incremento de la capacidad de
transportación de oxígeno, de los mecanismos amortiguadores de la sangre
capaces de neutralizar de manera más eficiente los productos químicos
derivados de la actividad muscular.
- Incremento y maduración de los pulmones y el corazón, con un mayor
rendimiento y recuperación más rápida frente al ejercicio físico.
- Incremento de la velocidad de crecimiento, los cambios en las formas
y dimensiones corporales, los procesos endocrino metabólicos y la
correspondiente maduración, no siempre ocurren de forma armónica, por lo
que es común que presenten torpeza motora e incoordinación, fatiga
fácil, trastornos del sueño, los que pueden generar trastornos
emocionales y conductuales transitorios.
- Desarrollo y maduración sexual, con la aparición de las
características sexuales secundarias y el inicio de la capacidad
reproductiva
- Los aspectos psicosociales están integrados en una serie de
características y comportamientos que en mayor o menor grado estarán
presentes durante esta etapa de la vida y que pueden resumirse de la
siguiente manera:
- Búsqueda de sí mismo y de su identidad.
- Necesidad de independencia.
- Tendencia grupal.
- Evolución del pensamiento concreto al abstracto.
- Manifestaciones y conductas sexuales con desarrollo de la
identidad sexual.
- Relaciones conflictivas con los padres que fluctúan entre la
dependencia y la necesidad de separación de los mismos.
- Actividad social reivindicativa, tornándose más analíticos, con
pensamientos simbólicos, en los que formulan sus propias hipótesis y
llegan a conclusiones propias.
- Eligen una ocupación para la que necesitarán adiestramiento y
capacitación para llevarla a la práctica.
- Necesidad de asumir un nuevo rol social como partícipe de una
cultura o subcultura específica.
No se pretende enumerar todas las características que
definen esta etapa de la vida. Con las hasta aquí abordadas, el lector
tendrá aquellas que constituyen las esenciales de la adolescencia. Pasemos
a continuación a abordar los aspectos más generales relacionados con el
comportamiento suicida, para en los siguientes capítulos, introducirnos en
las especificidades del adolescente suicida.
3. El comportamiento suicida
El comportamiento suicida abarca las siguientes
manifestaciones:
El deseo de morir. Representa la inconformidad e
insatisfacción del sujeto con su modo de vivir en el momento presente y
que puede manifestar en frases como: "la vida no merece la pena vivirla",
"lo que quisiera es morirme", "para vivir de esta manera lo mejor es estar
muerto" y otras expresiones similares.
La representación suicida. Constituida por imágenes
mentales del suicidio del propio individuo, que también puede expresarse
manifestando que se ha imaginado ahorcado o que se ha pensado ahorcado.
Las ideas suicidas. Consisten en pensamientos de
terminar con la propia existencia y que pueden adoptar las siguientes
formas de presentación:
- Idea suicida sin un método específico, pues el sujeto tiene deseos
de matarse pero al preguntarle cómo lo va a llevar a efecto, responde:
"no sé cómo, pero lo voy a hacer".
- Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado en la que el
individuo expone sus deseos de matarse y al preguntarle cómo ha de
hacerlo, usualmente responde: "De cualquier forma, ahorcándome,
quemándome, pegándome un balazo."
- Idea suicida con un método específico no planificado, en la cual el
sujeto desea suicidarse y ha elegido un método determinado para llevarlo
a cabo, pero aún no ha ideado cuándo lo va a ejecutar, en qué preciso
lugar, ni tampoco ha tenido en consideración las debidas precauciones
que ha de tomar para no ser descubierto y cumplir con sus propósitos de
autodestruirse.
- El plan suicida o idea suicida planificada, en la que el individuo
desea suicidarse, ha elegido un método habitualmente mortal, un lugar
donde lo realizará, el momento oportuno para no ser descubierto, los
motivos que sustentan dicha decisión que ha de realizar con el propósito
de morir.
La amenaza suicida. Consiste en la insinuación o
afirmación verbal de las intenciones suicidas, expresada por lo general
ante personas estrechamente vinculadas al sujeto y que harán lo posible
por impedirlo. Debe considerarse como una petición de ayuda.
El gesto suicida. Es el ademán de realizar un acto
suicida. Mientras la amenaza es verbal, el gesto suicida incluye el acto,
que por lo general no conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero
que hay que considerar muy seriamente.
El intento suicida, también denominado parasuicidio,
tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión
intencionada. Es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un
individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo.
El suicidio frustrado. Es aquel acto suicida que, de
no mediar situaciones fortuitas, no esperadas, casuales, hubiera terminado
en la muerte.
El suicidio accidental. El realizado con un método del
cual se desconocía su verdadero efecto o con un método conocido, pero que
no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por el sujeto al
llevar a cabo el acto. También se incluyen los casos en los que no se
previeron las complicaciones posibles, como sucede en la población penal,
que se autoagrede sin propósitos de morir, pero las complicaciones
derivadas del acto le privan de la vida (inyección de petróleo en la pared
abdominal, introducción de alambres hasta el estómago o por la uretra,
etc.).
Suicidio intencional. Es cualquier lesión
autoinfligida deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de
morir y cuyo resultado es la muerte. En la actualidad aún se debate si es
necesario que el individuo desee morir o no, pues en este último caso
estaríamos ante un suicidio accidental, en el que no existen deseos de
morir, aunque el resultado haya sido la muerte.
De todos los componentes del comportamiento suicida, los
más frecuentes son las ideas suicidas, los intentos de suicidio y el
suicidio consumado, sea accidental o intencional.
Las ideas suicidas son muy frecuentes en la adolescencia
sin que ello constituya un peligro inminente para la vida, si no se
planifica o se asocia a otros factores, llamados de riesgo, en cuyo caso
adquieren carácter mórbido y pueden desembocar en la realización de un
acto suicida.
El intento de suicidio es muy común entre los adolescentes
con predisposición para esta conducta y se considera que por cada
adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca de trescientos.
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