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Parte 2 /4
4. Factores de Riesgo Suicida en la Niñez
El conocimiento de los factores de riesgo que predisponen
la aparición de determinada condición mórbida es una estrategia válida
para su prevención. Este principio es aplicable a la conducta suicida.
Ante todo hay que considerar que los factores de riesgo
suicida son individuales, pues lo que para algunos es un elemento de
riesgo, para otros puede no representar problema alguno. Además de
individuales son generacionales, ya que los factores de riesgo en la niñez
pueden no serlo en la adolescencia, la adultez o la vejez. Por otra parte
son genéricos, ya que la mujer tendrá factores de riesgo privativos de su
condición y así también lo será para el hombre. Por último, están
condicionados culturalmente, pues los factores de riesgo suicida de
determinadas culturas pueden no serlo para otras.
Pasemos a enunciar los factores de riesgo suicida en la
niñez que contribuyen a que se desarrolle la conducta suicida en la
adolescencia.
Como es conocido, se considera que por debajo de los 5 ó 6
años, los niños tienen un concepto muy rudimentario de lo que es la muerte
o el morir, por lo que resulta prácticamente improbable que se participe
activamente de la muerte. En esta etapa la muerte se representa,
personifica u objetiviza como una persona con buenas o malas intenciones,
o un lugar desagradable o apacible. También a estas edades es común que la
muerte se asocie a la vejez y a las enfermedades. Por encima de esta edad,
se comienza a considerar la muerte como un suceso inevitable y universal,
llegando el niño o la niña a la conclusión de que todas las personas,
incluyéndolo a él, tienen que morir.
Paralelamente con el concepto de muerte se desarrolla el
de suicidio. Por lo general los niños han tenido alguna experiencia sobre
el tema mediante la visualización de este tipo de acto en la televisión,
sea a través de programaciones para los adultos o dirigidos a los niños y
las niñas (muñequitos o comics). Otras veces, el concepto se va
adquiriendo mediante diálogos con compañeros de su propia edad que han
tenido familiares suicidas o por conversaciones que escuchan a los
adultos. En sus concepciones sobre el suicidio, en el niño se entremezclan
creencias racionales e irracionales, articuladas y lógicas y poco
coherentes y comprensibles.
Hay niños y niñas que adquieren ambos conceptos, muerte y
suicidio a una edad más temprana y otros más tardíamente, creyendo estos
últimos que la muerte es una continuidad de la vida o que es un estado
parecido al sueño del cual es posible ser despertado tal y como ocurre en
el cuento "La Bella Durmiente".
En la infancia, como es lógico suponer, los factores de
riesgo suicida deben ser detectados principalmente en el medio familiar.
Por lo general, el clima emocional familiar es caótico, pues no hay un
adecuado funcionamiento de sus integrantes y no se respetan los roles ni
las fronteras de sus respectivos miembros. Los padres, cuando conviven
juntos se enrolan en constantes querellas, llegando a la violencia física
entre ellos o dirigiéndolas a los integrantes más vulnerables, en este
caso los más jóvenes, niños y niñas y los más viejos, ancianos y ancianas.
Es frecuente que los progenitores padezcan alguna
enfermedad mental, entre las que se citan por su frecuencia, el
alcoholismo paterno y la depresión materna. El alcoholismo paterno es
sufrido por el resto de la familia, pues esta toxicomanía involucra a
todos los integrantes, sea por los desórdenes conductuales, por la
violencia, los actos suicidas, los problemas económicos o la incapacidad
de cumplir con los roles asignados al alcohólico y que otros tienen que
asumir.
La depresión materna, además del peligro suicida que
conlleva se convierte en un estímulo para el pesimismo, la desesperanza,
la sensación de soledad y la falta de motivación. A ello se añaden las
situaciones de maltrato por no poder la madre, en estas condiciones,
satisfacer las necesidades emocionales y de cuidados del niño o la niña.
Otro factor de riesgo suicida de importancia en la niñez
es la presencia de conducta suicida en alguno de los progenitores. Aunque
no está demostrado que el suicidio esté determinado genéticamente, es un
hecho que el suicidio puede ser imitado, principalmente por las
generaciones más jóvenes, lo cual ha dado origen al término "Efecto
Werther", por los suicidios ocurridos entre los jóvenes que habían leído
la novela de Goethe Las penas del joven Werther, cuyo protagonista termina
su vida por suicidio con arma de fuego. En ocasiones este proceso no es
plenamente consciente y el suicidio se produce por un mecanismo de
identificación, proceso mediante el cual se incorporan a la personalidad
algunos rasgos de la personalidad o formas de ser del sujeto identificado.
Otras veces lo que se transmite es la predisposición
genética, no para el suicidio, sino más bien para alguna de las
enfermedades en las que este síntoma es frecuente. Entre estas
enfermedades se encuentran las depresiones y las esquizofrenias en
cualquiera de sus formas clínicas. Ambos trastornos están descritos como
uno de los principales factores de riesgo suicida en la adolescencia.
Las relaciones entre los progenitores y sus hijos pueden
convertirse en un factor de riesgo de suicidio cuando están matizadas por
situaciones de maltrato infantil y de abuso sexual, físico o psicológico.
La violencia contra los niños y las niñas en cualquiera de sus formas es
uno de los factores que entorpecen el desarrollo espiritual de la
personalidad, contribuyendo a la aparición de rasgos en ella que
predisponen a la realización de actos suicidas, entre los que se destacan
la propia violencia, la impulsividad, baja autoestima, las dificultades en
las relaciones con personas significativas, la desconfianza, por sólo
citar algunos.
Otras veces las relaciones están caracterizadas por la
sobreprotección, la permisividad y la falta de autoridad, todo lo cual
conspira contra el buen desarrollo de la personalidad de los niños y las
niñas, quienes se tornan caprichosos, demandantes, poco tolerantes a las
frustraciones, manipuladores y egocéntricos, pretendiendo que todos los
seres humanos los traten de la misma manera indulgente que lo hacen los
familiares, lo que provoca diversos problemas de adaptación desde la más
temprana infancia, los que se recrudecen en la adolescencia, cuando la
socialización ocupa un lugar preponderante en la conformación definitiva
de la personalidad.
Los motivos que pueden desencadenar una crisis suicida
infantil son variados y no específicos, pues también se presentan en otros
niños que nunca intentarán contra su vida. Entre los más frecuentes se
encuentran:
- Presenciar acontecimientos dolorosos como el divorcio de los
padres, la muerte de seres queridos, de figuras significativas, el
abandono, etc.
- Problemas en las relaciones con los progenitores en los que
predomine el maltrato físico, la negligencia, el abuso emocional y el
abuso sexual.
- Problemas escolares, sea por dificultades del aprendizaje o
disciplinarios.
- Llamadas de atención de carácter humillante por parte de padres,
madres, tutores, maestros o cualquier otra figura significativa, sea
en público o en privado.
- Búsqueda de atención al no ser escuchadas las peticiones de ayuda
en otras formas expresivas.
- Para agredir a otros con los que se mantienen relaciones
disfuncionales, generalmente las madres y los padres.
- Para reunirse con un ser querido recientemente fallecido y que
constituía el principal soporte emocional del niño o la niña.
Obviamente, una crisis suicida infantil surge de la
relación del niño o la niña con su medio familiar y se manifiesta por una
serie de señales en la conducta que se expresan, de manera general, en
cambios de todo tipo. Comienzan a tornarse agresivos o pasivos en su
comportamiento en la casa y en la escuela, cambian sus hábitos de
alimentación y de sueño, pudiendo mostrar inapetencia o por el contrario,
un apetito inusual. En cuanto al hábito del sueño, los cambios pueden
consistir en desvelos o insomnio, terrores nocturnos, en los cuales el
niño o la niña despiertan, al parecer, pues realmente no lo están aún, con
los ojos desmesuradamente abiertos, temerosos, sudorosos y quejándose de
lo que están visualizando y que les ocasionan el terror que experimentan.
También sufren de pesadillas o malos sueños, así como
enuresis, o lo que es lo mismo, orinarse en las ropas de cama mientras se
está durmiendo. En otras ocasiones lo que pueden presentar es una
somnolencia excesiva, que puede ser un síntoma depresivo a estas edades.
Durante la crisis suicida infantil son comunes los
problemas relacionados con el rendimiento y comportamiento del niño o la
niña en la escuela. Las dificultades académicas, las fugas de la escuela,
el desinterés por las actividades escolares, la rebeldía sin motivo
aparente, la no participación en los juegos habituales con los demás niños
y amigos, la repartición de posesiones valiosas, y hacer notas de
despedidas, son signos que pueden ser observados en una crisis suicida
infantil.
Para el manejo de esta crisis suicida en la infancia es
necesaria la participación de los padres y las madres en la terapia, lo
cual no se logra en muchas ocasiones, pues el niño o la niña provienen de
hogares rotos o con un clima emocional que impide tal procedimiento.
La atención psicoterapéutica a una crisis suicida infantil
debe ir dirigida a la sensibilización de padres o tutores para que tomen
conciencia de los cambios ocurridos en el niño o la niña, que presagian la
ocurrencia de un acto suicida. Hay que insistir con ellos en el control de
los métodos mediante los cuales el niño o la niña puedan autolesionarse y
poner a buen recaudo sogas, cuchillos, armas de fuego, tabletas de
cualquier tipo, combustibles, sustancias tóxicas y otros venenos, etc.
Si el niño o la niña realizan una tentativa de suicidio
hay que investigar qué intención perseguían con este acto, pues
necesariamente no tiene que ser el deseo de morir el principal móvil,
aunque sea el de mayor gravedad. Los deseos de llamar la atención, la
petición de ayuda, la necesidad de mostrar a otros cuán grandes son sus
problemas, pueden ser algunos de los mensajes enviados con un acto
suicida. Se debe intentar realizar un diagnóstico correcto del cuadro
clínico que está condicionando la crisis suicida, para descartar que este
sea el debut de una enfermedad psiquiátrica mayor, como un trastorno del
humor o una esquizofrenia, y en ello puede desempeñar un papel muy útil la
observación de sus juegos y la entrevista médica, la cual debe correr a
cargo de un especialista en psiquiatría del niño y el adolescente.
La actitud de la familia ante el intento de suicidio
infantil constituye un dato de suma importancia y cuando sea posible hay
que evaluar la capacidad que tienen los padres y las madres para
comprender y modificar los factores que han predispuesto o precipitado el
intento de suicidio. Es necesario que la familia comprenda que la conducta
suicida siempre indica una adaptación inadecuada y requiere tratamientos
psicológicos, psiquiátricos o ambos, según sea la gravedad del caso y
nunca limitarlo a la resolución de la crisis suicida.
Se debe evitar que los padres y las madres se ataquen
mutuamente, para lo cual se le hace entender que ya la familia tiene un
problema, que es el intento suicida del niño o la niña y no se debe sumar
uno más, dado por los continuos ataques mutuos, que lo único que pueden
conseguir es entorpecer el manejo de la crisis o provocar mayor malestar
en el infante que puede sentirse culpable de estas reyertas. Se invitará a
cada progenitor a meditar en lo que cada cual debe comenzar a hacer o
dejar de hacer para que la situación del infante sea aliviada y se
establecerán contratos terapéuticos con cada uno, a ser reevaluados en
próximos encuentros. Si alguno de los progenitores presenta niveles
importantes de psicopatología, se intentará persuadir para recibir la
terapia correspondiente.
Nunca debe transmitirse a los miembros de la familia que
este tipo de acto tiene intenciones de manipularlos y siempre se les debe
alertar sobre aquellas conductas que presagian la realización de un nuevo
acto de suicidio.
La hospitalización del niño o la niña que han intentado
contra su vida puede ser una indicación válida si persisten las ideas
suicidas, si el intento de suicidio es el debut de una enfermedad
psiquiátrica grave, especialmente el consumo de drogas, alcohol u otras
sustancias adictivas, si los progenitores padecen de trastornos mentales
de importancia o si el clima emocional familiar no constituye un medio
idóneo para que la crisis suicida sea resuelta.
De manera general, se puede dividir la biografía de los
futuros adolescentes con conducta suicida en tres momentos.
- Infancia problemática, caracterizada por un elevado número de
eventos vitales negativos, tales como abandono paterno, hogar roto,
muerte de seres queridos por conducta suicida, alcoholismo paterno,
depresión materna, dificultades socioeconómicas, abuso sexual,
maltrato físico o psicológico, etc.
- Recrudecimiento de los problemas previos con la incorporación de
los propios de la edad, como son las preocupaciones sexuales, los
cambios somáticos, los nuevos retos en las relaciones sociales, la
independencia, la vocación, etc.
- Etapa previa al acto de suicidio que se caracteriza por la ruptura
de una relación valiosa o un cambio inesperado de su rutina cotidiana,
a la cual le es imposible adaptarse de una manera creativa,
apareciendo los mecanismos autodestructivos.
Una vez conocidos los factores de riesgo suicida infantil,
pasemos a mencionar los que suelen aparecer en la adolescencia o
recrudecerse en ella.
5. Factores de Riesgo Suicida en la Adolescencia
Los adolescentes que intentan el suicidio o se suicidarán
se caracterizan por tener diversos factores de riesgo para esta conducta,
entre los que se encuentran:
- Provenir de medios familiares con desventaja social y pobreza
educacional
- Estar más expuestos a situaciones familiares adversas que
condicionan una niñez infeliz.
- Presentar mayor psicopatología, incluyendo depresión, abuso de
sustancias y conducta disocial así como baja autoestima, impulsividad,
desesperanza y rigidez cognitiva.
- Mayor exposición a situaciones de riesgo suicida o eventos vitales
suicidógenos como las relaciones humanas tumultuosas, los amores
contrariados o problemas con las autoridades policiales.
Intentaré desarrollar cada uno de estos aspectos por
separado para que el lector pueda conocerlos en detalle.
Factores culturales y sociodemográficos
Los problemas socioeconómicos, los bajos niveles
educacionales y el desempleo son factores de riesgo para el comportamiento
suicida pues limitan la participación social activa del adolescente,
impiden la satisfacción de las necesidades más elementales y coartan la
libertad de quienes los padecen.
Los factores asociados a la cultura adquieren una
importancia capital en la conducta suicida entre las minorías étnicas,
quienes se ven sometidos a un proceso de coloniaje cultural con pérdida de
la identidad y sus costumbres y también se hace patente entre los
inmigrantes. Oberg fue el primero en utilizar el término "shock cultural"
para referirse al proceso de adaptación del inmigrante, el cual se
caracteriza por:
- Esfuerzos constantes por lograr adaptarse a la nueva cultura.
- Sentimientos de pérdida y pena, motivados por los recuerdos de los
amigos, familiares, la profesión, las posesiones y cuanto se ha dejado
atrás.
- Sentimientos de ser rechazado por los miembros de la nueva cultura.
- Confusión en el rol, las expectativas, los valores y la identidad
ante la nueva cultura.
- Sorpresa, angustia, disgusto e indignación ante las diferencias
culturales a las que debe adaptarse.
- Sentimientos de no ser capaz de adaptarse a la nueva cultura.
Entre las razones que pueden contribuir al suicidio de los
adolescentes de estos grupos poblacionales se encuentran extrañar la
tierra natal y sus costumbres, problemas con la pareja, infelicidad, baja
autoestima, carencia de amigos o familiares, el aislamiento social y la
falta de comunicación por las barreras que impone el idioma en caso que el
país receptor difiera del natal.
Un proceso de este tipo, aunque con menos diferencias,
puede desencadenarse en el curso de migraciones internas, cuando se
trasladan las familias, en busca de oportunidades, desde las zonas rurales
a las urbanas o de las provincias o departamentos a las capitales. La
mudanza o migración interna, puede ser un factor de riesgo de suicidio de
importancia en la adolescencia, principalmente cuando no se logra la
adaptación creativa al nuevo entorno.
Situación familiar y eventos vitales adversos
La situación de la familia del adolescente suicida
garantiza su infelicidad e impide su crecimiento emocional, pues son
comunes:
- Presencia de padres con trastornos mentales.
- Consumo excesivo de alcohol, abuso de sustancias y otras conductas
disociales en algunos de sus miembros.
- Antecedentes familiares de suicidio o intentos de suicidio y
permisividad o aceptación de esta conducta como forma de afrontamiento.
- Violencia familiar entre sus miembros, incluyendo el abuso físico y
sexual.
- Pobre comunicación entre los integrantes de la familia.
- Dificultades para prodigar cuidados a los que los requieren.
- Frecuentes riñas, querellas y otras manifestaciones de agresividad
en las que se involucran los miembros de la familia, convirtiéndose en
generadores de tensión y agresividad.
- Separación de los progenitores por muerte, separación o divorcio.
- Frecuentes cambios de domicilio a diferentes áreas.
- Rigidez familiar, con dificultades para intercambiar criterios con
las generaciones más jóvenes.
- Situación de hacinamiento, lo que en ocasiones se traduce por la
convivencia de varias generaciones en un breve espacio, lo cual impide
la intimidad y la soledad creativa de sus miembros.
- Dificultades para demostrar afectos en forma de caricias, besos,
abrazos y otras manifestaciones de ternura.
- Autoritarismo o pérdida de la autoridad entre los progenitores.
- Inconsistencia de la autoridad, permitiendo conductas que han sido
anteriormente reprobadas.
- Incapacidad de los progenitores para escuchar las inquietudes del
adolescente y desconocimiento de las necesidades biopsicosociales.
- Incapacidad de apoyar plena y adecuadamente a sus miembros en
situaciones de estrés.
- Exigencias desmedidas o total falta de exigencia con las
generaciones más jóvenes.
- Llamadas de atención al adolescente que generalmente adquieren un
carácter humillante.
- Si los padres están divorciados pero conviven en el mismo domicilio,
el adolescente es utilizado como punta de lanza de uno de ellos contra
el otro y se le trata de crear una imagen desfavorable del progenitor en
contra de quien se ha realizado la alianza.
- Incapacidad para abordar los temas relacionados con la sexualidad
del adolescente, la selección vocacional y las necesidades de
independencia.
Los elementos abordados con anterioridad son muy
frecuentes en las familias de los adolescentes con riesgo suicida, pero no
son los únicos. Es muy posible que usted pueda incrementar esta lista con
experiencias conocidas.
Psicopatología del adolescente que constituye una
predisposición a cometer suicidio
Se considera que casi la totalidad de las personas que se
suicidan son portadores de una enfermedad mental diagnosticable, lo cual
ha sido ampliamente abordado en las investigaciones realizadas mediante
las autopsias psicológicas. En los adolescentes este postulado también se
cumple y se considera que la mayoría de los que se suicidan pudieron haber
padecido algunas de las siguientes enfermedades:
- Depresión.
- Trastornos de Ansiedad.
- Abuso de alcohol.
- Abuso de drogas.
- Trastornos incipientes de la personalidad.
- Trastorno Esquizofrénico.
Pasemos a describir dichos trastornos, lo cual facilitará
el reconocimiento de los mismos por parte de los padres, las madres, los
abuelos y abuelas, maestros y maestras, amigos y cualquier otra persona
que esté en contacto directo con los adolescentes, lo que les permitirá
detectar precozmente los sutiles cambios en la conducta, las relaciones
humanas, la afectividad y los hábitos que sugieren la presencia de uno de
estos trastornos.
Depresión. Es una enfermedad del estado de ánimo, muy
frecuente, la cual afecta al ser humano en su totalidad, ya sea física y
emocionalmente, con repercusión social debido a la merma de la voluntad
para satisfacer las demandas habituales de la vida de forma óptima. Entre
los síntomas más frecuentes observados en los adolescentes deprimidos se
encuentran los siguientes:
- Tristeza, aburrimiento, tedio y fastidio.
- Pérdida de los intereses y del placer en las actividades que
anteriormente lo despertaban.
- Trastornos del hábito de sueño, con insomnio o hipersomnia.
- Intranquilidad.
- Falta de concentración.
- Irritabilidad, disforia, malhumor.
- Pérdida de la energía para emprender las tareas cotidianas.
- Sentimientos de cansancio y agotamiento.
- Preocupaciones reiteradas con la música, libros, y juegos
relacionados con el tema de la muerte o el suicidio.
- Manifestar deseos de morir.
- Sentirse físicamente enfermos, sin tener una enfermedad orgánica
alguna.
- Incremento del uso del alcohol y las drogas.
- Falta de apetito o apetito exagerado.
- Conducta rebelde sin una causa que lo determine.
- Expresar ideas suicidas o elaborar un plan suicida.
- Planificar actos en los que no se calculen de forma realista, las
probabilidades de morir.
- Llanto sin motivo aparente.
- Aislamiento social evitando las compañías de amigos y familiares.
- Pesimismo, desesperanza y culpabilidad.
La Asociación Psiquiátrica Americana (APA) en su
clasificación de enfermedades mentales DSM-IV-R considera que para
realizar el diagnóstico de un Trastorno Depresivo Mayor se requieren cinco
o más de los siguientes síntomas, los que deben estar presentes por al
menos dos semanas de duración y que ello representa un cambio en el
funcionamiento habitual del sujeto:
- Ánimo deprimido la mayor parte del día durante todos los días.
- Marcada reducción del placer o el interés en todas o la mayoría de
las actividades diarias.
- Disminución de peso sin someterse a dieta o ganancia de peso (del
orden de un 5%).
- Insomnio o hipersomnia diarios.
- Agitación psíquica y motora o retardo psicomotor.
- Fatiga o pérdida de energía diariamente.
- Sentimientos de culpa inapropiados, que pueden conducir a delirios
de culpa.
- Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse e indecisión
la mayor parte del día.
- Pensamientos recurrentes de muerte o de suicidio.
Estos síntomas no deben ser ocasionados por una enfermedad
física o por abuso de sustancias.
Es de suma importancia el reconocimiento de la depresión
en el adolescente, pues son más proclives a realizar intentos de suicidio
que los adultos en condiciones similares.
Algunas particularidades de los cuadros depresivos en los
adolescentes son los siguientes:
- Se manifiestan con más frecuencia irritables que tristes.
- Las fluctuaciones del afecto y la labilidad son más frecuentes que
en el adulto, quien tiene mayor uniformidad en sus expresiones anímicas.
- Los adolescentes tienen la tendencia a presentar más frecuentemente
exceso de sueño o hipersomnia que insomnio.
- Tienen mayores posibilidades de manifestar quejas físicas al
sentirse deprimidos.
- Muestran episodios de violencia y conductas disociales como
manifestación de dicho trastorno anímico con más frecuencia que en el
adulto.
- Pueden asumir conductas de riesgo como abuso de alcohol y drogas,
conducir vehículos a altas velocidades, sobrios o en estado de
embriaguez.
Trastornos de Ansiedad. Diversas investigaciones han
demostrado la correlación existente entre los trastornos de ansiedad y el
intento de suicidio en adolescentes varones, no así entre los adultos. Se
trata de un estado emocional en el que se experimenta una sensación
desagradable de peligro inminente para la integridad física o psicológica
del sujeto, quien puede temer a volverse loco, perder la razón o morir de
un ataque cardíaco. Si no es diagnosticado y tratado oportunamente este
trastorno, puede comprometer las habilidades del sujeto para realizar sus
actividades cotidianas.
Las manifestaciones del Trastorno de Ansiedad son las
siguientes:
- Manifestaciones físicas que incluyen pulso acelerado, palidez facial
o rubor, incremento de la frecuencia respiratoria y sensación de falta
de aire, sudoración de manos y pies, temblor, tensión muscular
generalizada, saltos musculares, dolor de cabeza, nauseas, dolores
abdominales, diarreas, micciones u orinas frecuentes, salto de estómago,
piel de gallina, frialdad de manos y pies, etc.
- Manifestaciones psicológicas entre las que sobresalen el temor, la
tensión, el nerviosismo, la sensación de estar esperando una mala
noticia, la incapacidad para mantenerse quieto en un lugar y de
relajarse.
- Manifestaciones conductuales consistentes en timidez, aislamiento,
evitación de aglomeraciones y actividades sociales, dependencia,
intranquilidad motora, hiperactividad afanosa o necesidad de mantenerse
ocupado
Las manifestaciones señaladas con anterioridad son
universales, es decir, caracterizan a la ansiedad como trastorno o cortejo
sintomático, pero es conveniente señalar que existen formas particulares
de este trastorno, con síntomas específicos que relacionaremos a
continuación:
Ataques de Pánico. Manifestación extrema de la
ansiedad con aceleración del pulso, hiperventilación o respiración rápida
y superficial, miedo a perder el control y sensación de muerte inminente.
Fobia simple. Miedo exagerado a objetos o situaciones
que no representan peligro alguno para la mayoría de los individuos. Un
ejemplo es el temor a los espacios cerrados o claustrofobia.
Fobia social. Esta fobia es incapacitante para quien
la presenta, pues el sujeto evita cualquier situación que signifique
interactuar con otras personas por el temor a quedar mal paradas, a hacer
el ridículo, a hablar en público o mostrarse incapaz de responder
preguntas en un auditorio.
Ansiedad de separación. Para su diagnóstico se
requieren al menos tres o más de los siguientes síntomas:
- Preocupación y malestar excesivos al separarse del hogar o de las
figuras vinculares principales.
- Miedo a perder a los padres o a que les pase algo malo.
- Miedo a ser secuestrado o a extraviarse.
- No poder ir a la escuela o a cualquier otro sitio.
- No poder quedarse sólo en casa.
- No poder dormir alejado de los padres o fuera de la casa.
- Tener pesadillas recurrentes de secuestros. Accidentes, etc.
- Manifestar diversas quejas físicas como dolor de cabeza, vómitos,
dolor abdominal antes de salir del hogar hacia la escuela u otro lugar
alejado
Estos síntomas deben estar presentes por un período de por
lo menos cuatro semanas e iniciarse antes de los 18 años.
Fobia escolar. Consiste en un temor a la escuela que
ocasiona un ausentismo total o parcial, lo que se expresa en diversos
síntomas físicos, imposibilidad de levantarse de la cama, náuseas,
cólicos, etc. Afecta a los niños y las niñas en la adolescencia temprana,
entre los 11 a 13 años.
Trastorno Obsesivo Compulsivo. Condición mórbida
caracterizada por necesidad de realizar actos repetitivos o rituales de
complejidad variada para mitigar la angustia surgida por la intrusión de
pensamientos desagradables, persistentes a pesar de los esfuerzos del
sujeto por desembarazarse de ellos y cuyo contenido es muy desagradable o
absurdo, como por ejemplo estar contaminado, padecer una enfermedad, la
muerte de un ser querido, profanación de imágenes religiosas, pensamientos
de contenido sexual intolerables, etc.
Trastorno de Estrés Postraumático. Es un trastorno que
ha cobrado interés en los últimos años y es ocasionado por un
acontecimiento o situación traumática no habitual y de gran intensidad y
que se caracteriza por la re-experimentación del trauma, por la aparición
de conductas de evitación de situaciones en relación con dicho
acontecimiento y por un aumento de síntomas neurovegetativos.
En la adolescencia son frecuentes los sentimientos de
culpabilidad, tendencia a mantener en secreto lo ocurrido, cuando esto es
posible, conducta oscilante entre agresividad, violencia y deseos de
venganza, actitudes de inhibición, pasividad y excesiva complacencia ante
el medio ambiente y en ocasiones, episodios de aparente repetición del
trauma con ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos con lagunas
de memoria.
Además de los trastornos depresivos y de ansiedad, el
abuso de alcohol constituye un importante factor de riesgo de suicidio en
la adolescencia, pues se estima que uno de cada cuatro adolescentes que
cometen suicidio lo realizan bajo los efectos del alcohol u otra droga o
la combinación de ambos.
En la adolescencia la vía más socorrida para abusar del
alcohol es la denominada sociocultural, la cual es el producto de las
costumbres, tradiciones, y convenciones de las diferentes culturas, y se
relaciona íntimamente con la presión ejercida por los grupos humanos
grandes o pequeños. Se ejemplifica con el adolescente que se inicia en el
consumo de cualquier sustancia adictiva para demostrar hombría, audacia
ante sus iguales que lo subvalora sino sigue las reglas del grupo.
Por lo antes referido, será de suma importancia que el
adolescente sepa que en la medida en que se ponga en contacto con
cualquier sustancia adictiva, con una mayor frecuencia y por un período de
tiempo más prolongado, tendrá mayores posibilidades de desarrollar una
toxicomanía o dependencia de sustancias.
Abuso de Alcohol. La característica esencial del abuso
de alcohol o de otra sustancia cualquiera, consiste en un patrón
desadaptativo de consumo de dichas sustancias, manifestado por
consecuencias adversas, significativas y recurrentes relacionadas con su
consumo repetido. Puede darse el incumplimiento de obligaciones
importantes, consumo repetido en situaciones en que hacerlo es físicamente
peligroso y dañino, pudiendo llevar a problemas legales, sociales e
interpersonales recurrentes. Estos problemas pueden manifestarse
repetidamente durante un período continuado de doce meses.
Los criterios diagnósticos para el abuso de sustancias son
los siguientes:
- Un patrón desadaptativo de consumo de sustancia que conlleva un
deterioro o malestar clínicamente significativo, expresado por uno o más
de los siguientes síntomas durante un período de un año:
- Consumo recurrente de la sustancia que da lugar al incumplimiento
de las obligaciones en el trabajo, la escuela o la casa (ausencias
repetidas o pobre rendimiento académico, suspensiones o expulsiones de
la escuela, descuido de las obligaciones en la casa, etc.).
- Consumo recurrente de la sustancia en situaciones donde hacerlo es
físicamente peligroso (conducir un automóvil o accionar máquinas bajo
el efecto de la sustancia).
- Problemas legales repetidos relacionados con la sustancia
(arrestos por escándalo público debido a la sustancia).
- Consumo continuado de la sustancia a pesar de tener problemas
sociales continuos o recurrentes o tener problemas interpersonales
causados o exacerbados por los efectos de la sustancia (discusiones
con la esposa, violencia física, etc.).
- Los síntomas no han cumplido nunca los criterios para la
dependencia de sustancia.
Existen determinadas señales de peligro que deben hacer
pensar a los padres, madres, tutores, maestros y médicos de la familia,
que un adolescente está consumiendo drogas y son los siguientes:
- Cambios bruscos de amistades.
- Cambios en la manera de vestir y de hablar, utilizando la jerga
propia de los toxicómanos.
- Disminución del rendimiento académico y repetidas ausencias
injustificadas a la escuela, sin que se conozca en qué ha empleado el
tiempo.
- Cambios en su comportamiento habitual en el hogar, tornándose
irritables, aislados, huraños y sin deseos de compartir con el resto
de la familia.
- Realiza hurtos en el propio domicilio, o en el de otros
familiares, amigos o vecinos para venderlos y adquirir el dinero con
que comprará la droga. En ocasiones roban importantes sumas de dinero
a los padres o les mienten sobre supuestas compras de artículos
deseados pero inexistentes.
- Cambios en los horarios de las actividades, predominando las que
realiza en horarios nocturnos, lo cual altera su ritmo de sueño y
alimentación.
- Señales de quemaduras en las ropas, manchas de sangre, señales de
pinchazos en antebrazos o resto de drogas en los bolsillos.
Como se ha hecho evidente, el abuso de sustancias conlleva
una serie de comportamientos comunes encaminados a la búsqueda de la
sustancia, su consumo y restablecimiento de sus efectos nocivos, variando,
como es lógico suponer, las manifestaciones clínicas de cada una de ellas.
Trastorno Disocial de la Personalidad. Es otro factor
de riesgo de suicidio entre los adolescentes, que por sus rasgos clínicos
tiene una elevada propensión al suicidio y a la realización de daños
autoinfligidos. Sobresalen en este trastorno las siguientes
características:
- Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se
violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales
importantes, propios de la edad, manifestándose por la presencia de los
siguientes criterios durante los últimos doce meses y por lo menos de un
criterio durante los últimos seis meses:
- Agresión a personas y animales: con frecuencia fanfarronea,
amenaza e intimida a otros, a menudo inicia agresiones físicas, ha
utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas
(bate de béisbol, ladrillo, botella, navaja, pistola, cuchillo, etc.),
ha manifestado crueldad física con personas y animales, ha robado
enfrentándose a la víctima (ataque con violencia, arrebatar bolsos,
robo a mano armada), ha forzado a alguien a una actividad sexual.
- Destrucción de la propiedad social: ha provocado deliberadamente
incendios con la intención de causar daños graves, ha destruido
deliberadamente propiedades de otras personas.
- Fraudulencia o robo: ha violentado la casa o el automóvil de otras
personas, a menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar
obligaciones, ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento a
la víctima (robos en tiendas, falsificaciones de documentos)
- Violaciones graves de normas: a menudo permanece fuera del hogar
de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este
comportamiento antes de los trece años, se ha escapado durante la
noche por lo menos en dos ocasiones, viviendo en la casa de sus padres
o en un hogar sustituto, suele tener ausencias a la escuela, iniciando
esta práctica.
El trastorno disocial de la personalidad provoca deterioro
significativo de la actividad social, académica y laboral. Con suma
frecuencia desarrolla abuso de sustancias y dependencia de ellas, pero no
por la vía sociocultural expuesta anteriormente, sino por la llamada
hedónica, en la que la motivación más importante es la búsqueda de "placer
artificial".
Trastorno de la Alimentación. En la cultura
contemporánea los medios de difusión masivos han globalizado un modelo de
belleza femenina que en muchas ocasiones se convierte en un objetivo
imitativo inalcanzable, este trastorno puede enmascararse detrás de esta
propuesta de belleza y se caracteriza por un severo trastorno de la
conducta alimentaria que puede adquirir las siguientes formas clínicas:
1- Anorexia nerviosa en la que se presentan los siguientes
síntomas:
- Rechazo manifiesto a mantener el peso corporal mínimo.
- Un miedo intenso a ganar de peso o a convertirse en obeso, incluso
cuando se está por debajo del peso ideal para la talla.
- Alteración de la propia percepción del peso o de la silueta
corporal, creándose una imagen negativa de sí mismo.
2- Bulimia nerviosa que se caracteriza por:
- Atracones recurrentes, en los que el sujeto ingiere en un corto
tiempo una cantidad superior de alimentos a los que ingeriría la mayor
cantidad de personas en un tiempo similar y en similares circunstancias.
- Sensación de pérdida de control sobre la ingesta de alimentos.
- Conductas compensatorias inapropiadas, repetitivas, con la finalidad
de no ganar peso, como son la provocación del vómito, el uso excesivo de
laxantes, enemas, ayunos y ejercicios descontrolados.
- Los atracones y las conductas compensatorias ocurren al menos dos
veces por semana durante un período de tres meses.
La autoevaluación esta principalmente influida por el peso
corporal del adolescente.
Trastorno esquizofrénico. Enfermedad devastadora que
puede en su debut, tener como primer y único síntoma evidente el suicidio
del adolescente. Se piensa que la asistencia al derrumbe psicológico, a
las diversas sensaciones y percepciones anómalas, el cambio del mundo
circundante y del propio Yo, cuando aún se conserva algún lazo con el
mundo no esquizofrénico, explicaría este desenlace en un adolescente
"aparentemente normal".
Esta enfermedad no tiene un cuadro clínico homogéneo, pero
algunos síntomas deben hacer que se piense en ella. Entre estos, los
siguientes son los más comunes:
- Pensamiento sonoro, eco, robo, inserción o difusión de los
pensamientos del sujeto.
- Alucinaciones auditivas que comentan la actividad que realiza el
individuo.
- Ideas delirantes de ser controlado, de ser influido en las acciones,
emociones o pensamientos desde el exterior.
- Alucinaciones auditivas que comentan la actividad que la persona
realiza.
- Ideas de tener poderes sobrenaturales y sobrehumanos.
- Invención de palabras nuevas que no tienen significado alguno para
quienes le escuchan.
- Asumir posturas corporales extrañas mantenidas o no realizar
movimiento alguno.
- Apatía marcada, pérdida de la voluntad, empobrecimiento del lenguaje
o respuesta emocional inadecuada a los estímulos.
- Pérdida de intereses, falta de objetivos, ociosidad y aislamiento
social.
- Lenguaje incapaz de servir de comunicación con los demás.
- La vida laboral, las relaciones sociales y el cuidado personal están
gravemente comprometidos.
Se han mencionado y descrito las enfermedades mentales que
frecuentemente conllevan suicidio entre los adolescentes, pero sería de
inapreciable utilidad detallar los rasgos o atributos de la personalidad
del adolescente que pueden facilitar la eclosión de salidas suicidas
emergentes frente a situaciones de riesgo, las que serán abordadas más
adelante.
Los siguientes rasgos o atributos de la personalidad del
adolescente que se convierten en factores de riesgo para cometer suicidio
son:
- Inestabilidad del ánimo.
- Conducta agresiva.
- Conducta disocial.
- Elevada impulsividad.
- Rigidez de pensamiento y terquedad de la conducta.
- Pobres habilidades para resolver problemas.
- Incapacidad para pensar realistamente.
- Fantasías de grandiosidad alternando con sentimientos de
inferioridad.
- Sentimientos de frustración.
- Manifestaciones de angustia ante pequeñas contrariedades.
- Elevada autoexigencia que rebasa los límites razonables.
- Sentimientos de ser rechazado por los demás, incluyendo los padres u
otras figuras significativas.
- Vaga identificación genérica y orientación sexual deficiente.
- Relación ambivalente con los progenitores, otros adultos y amigos.
- Antecedentes de haber realizado una tentativa de suicidio.
- Frecuentes sentimientos de desamparo y desesperanza.
- Frecuentemente se sienten heridos con la más mínima crítica.
Estos son algunos de los rasgos que predominan entre los
adolescentes que al estar sometidos a las llamadas situaciones de riesgo
pueden presentar una conducta suicida. Como es conocido, ellos se ven
involucrados en mayor número de eventos vitales desfavorables que sus
pares no suicidas.
Enunciaremos seguidamente aquellas situaciones en las que
los adolescentes vulnerables pueden desembocar en una crisis suicida:
- Situaciones que pueden ser interpretadas a través del prisma del
adolescente como dañinas, peligrosas, conflictivas en extremo, sin que
necesariamente concuerde con la realidad, lo cual significa que hechos
triviales para adolescentes normales, pueden tornarse potencialmente
suicidógenos en adolescentes vulnerables, quienes los perciben como una
amenaza directa a la autoimagen o a su dignidad.
- Los problemas familiares que como es reconocido, se constituyen en
uno de los motivos fundamentales de la realización de un acto suicida.
- Separación de amigos, compañeros de clases, novios y novias.
- Muerte de un ser querido u otra persona significativa.
- Conflictos interpersonales o pérdida de relaciones valiosas.
- Problemas disciplinarios en la escuela o situaciones legales por las
que debe responder el adolescente.
- Aceptación del suicidio como forma de resolución de problemas entre
los amigos o grupo de pertenencia.
- Presión del grupo a cometer suicidio bajo determinadas
circunstancias y ante determinadas situaciones.
- Situación de tortura o victimización.
- Fracaso en el desempeño escolar.
- Exigencia elevada de padres y maestros durante el período de
exámenes.
- Embarazo no deseado y embarazo oculto.
- Infección con VIH o padecer una infección de transmisión sexual.
- Padecer una enfermedad física grave.
- Ser víctima de desastres naturales.
- Violación o abuso sexual, con mayor peligrosidad si se trata de
familiares.
- Estar sometido a amenazas de muerte o golpizas.
- Estar involucrado en una situación de trajín-trajinador en una
situación de régimen interno (escuelas, servicio militar).
- Incumplir con las expectativas depositadas por los padres, maestros,
u otras figuras significativas y asumidas por el adolescente como metas
alcanzables.
No se pretende agotar todas las situaciones que son de
riesgo para que un adolescente intente contra su vida, pero sin lugar a
dudas se han mencionado las más comunes.
Una vez que un adolescente vulnerable ante una situación
psico-traumática inicia una crisis suicida, es necesario actuar con
rapidez y asumir una postura muy directiva, ya que la característica
principal de este tipo de crisis es que existe la posibilidad que el
individuo intente afrontar la situación problemática mediante la
autoagresión. Al existir esta posibilidad tangible el enfrentamiento a la
crisis suicida tendrá como objetivo primordial mantener a la persona con
vida mientras dure dicha crisis.
6. Manejo de la Crisis Suicida en el Adolescente
Ante una crisis suicida en el adolescente es de suma
utilidad observar los siguientes principios:
- Tratarlo con respeto.
- Tomarlo en serio.
- Creer lo que nos manifiesta.
- Escucharle con genuino interés.
- Permitirle expresar sus sentimientos (llanto, ira, disgusto).
- Preguntar sobre la idea suicida, para lo cual se sugiere las
siguientes posibilidades:
| |
|
| Primera variante:
|
¿Cómo piensa usted resolver su actual
situación?
|
| Segunda variante: |
Usted me ha dicho que apenas duerme y
desearía saber ¿en qué piensa cuando está insomne? |
| Tercera variante:
|
¿Usted ha tenido pensamientos
malos? ¿Cuáles? |
| Cuarta variante: |
¿En su familia alguien se ha suicidado
o ha intentado el suicidio? (Esperar respuesta). Y usted ¿lo ha
intentado o lo ha pensado últimamente? ¿Cuándo fue la última vez que lo
pensó? |
| Quinta variante: |
¿Usted ha pensado suicidarse? |
| Sexta variante: |
¿Usted ha pensado en matarse?
|
Si el adolescente manifiesta que ha pensado suicidarse
es necesario realizar una secuencia de preguntas para determinar la
planificación suicida, lo que incrementa notablemente el peligro de
suicidio. Esta secuencia es la siguiente:
¿Cómo ha pensado suicidarse?
¿Cuándo ha pensado suicidarse?
¿Dónde ha pensado suicidarse?
¿Por qué ha pensado suicidarse?
¿Para qué ha pensado suicidarse?
Para poder obtener una respuesta que permita conocer
cómo piensa el adolescente se deben evitar las preguntas que puedan ser
respondidas con monosílabos, lo cual lo impediría.
- Responsabilizar al adolescente con su propia vida, siempre que ello
sea posible.
- Trabajar juntos en encontrar soluciones no suicidas, por lo que
deben explorarse soluciones alternativas al problema que ha
desencadenado la crisis suicida.
- Establecer un pacto no suicida siempre que el estado del adolescente
lo permita. Para ello se le compromete a no autolesionarse durante la
crisis.
- Pedir permiso para involucrar a otros miembros de la familia, amigos
y cuantas personas sea necesario para apoyar al adolescente.
- Garantizar varias opciones para contactar con la persona que presta
la ayuda psicológica, sean los padres y las madres, los maestros,
tutores, médicos, suicidólogos, etc.
- No juzgarlo, comprometiéndonos a guardar secreto de todas las
confesiones que haga el adolescente.
- Ser directivo, con el suficiente tacto como para no parecerlo.
Una vez considerados estos principios se debe tener
una idea del riesgo de suicidio del adolescente. Si ello no se ha
conseguido, le sugiero realizar la siguiente secuencia de preguntas
sobre la idea suicida, que ya enunciamos con antelación pero que en
esta oportunidad ampliamos:
Pregunta: ¿Cómo ha pensado suicidarse?
Esta pregunta intenta descubrir el método suicida.
Cualquier método puede ser mortal. Se incrementa el peligro
suicida si está disponible y existe experiencia familiar previa de
suicidios con dicho método. Se incrementa el peligro si se trata
de repetidores que incrementan la letalidad de los métodos
utilizados para cometer suicidio. Es de vital importancia en la
prevención del suicidio evitar la disponibilidad y el acceso a los
métodos mediante los cuales se pueda lesionar el sujeto.
Pregunta: ¿Cuándo ha pensado suicidarse?
Esta pregunta no trata de averiguar una fecha
específica para cometer suicidio sino más bien determinar si el
adolescente está poniendo las cosas en orden, haciendo testamento,
dejando notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si
espera la ocurrencia de un hecho significativo como la ruptura de
una relación valiosa, la muerte de un ser querido, etc. Permanecer
a solas es el mejor momento para cometer suicidio, por tanto, debe
estar acompañado hasta que el riesgo desaparezca.
Pregunta: ¿Dónde ha pensado suicidarse?
Mediante esta pregunta se intenta descubrir el
lugar en que se piensa realizar el acto suicida. Por lo general
los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida,
principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y
amigos. Los lugares apartados y de difícil acceso, con pocas
probabilidades de ser descubierto, y los elegidos por otros
suicidas, conllevan un riesgo elevado.
Pregunta: ¿Por qué ha pensado suicidarse?
Con esta interrogante se pretende descubrir el
motivo por el cual se pretende realizar el acto suicida. Los
amores contrariados, la pérdida de una relación valiosa, las
dificultades académicas o las llamadas de atención de carácter
humillante se sitúan entre los más frecuentes. Los motivos nunca
deben ser evaluados a través de la experiencia del entrevistador y
siempre considerarlos significativos para el suicida.
Pregunta: ¿Para qué ha pensado suicidarse?
Se intenta descubrir el significado del acto
suicida. El deseo de morir es el más peligroso pero no es el
único, pues pueden referirse otras como reclamar atención,
expresar rabia, manifestar a otros cuán grande son los problemas,
como una petición de ayuda, para expresar frustración, para
agredir a otros, etc.
Mientras más planificada está la idea suicida, el riesgo
de cometer suicidio se incrementa considerablemente.
Hay que observar y neutralizar determinadas distorsiones
cognitivas muy comunes entre los adolescentes suicidas como son las
siguientes:
- Inferencia arbitraria
mediante la cual el sujeto llega a
conclusiones determinadas sin poseer pruebas evidentes para ellas, como
por ejemplo pensar que en el futuro las cosas le saldrán mal, pues en el
pasado eso fue lo que ocurrió. En este caso el adolescente infiere el
futuro en función del pasado, lo cual condiciona una actitud pesimista,
de perdedor y con predisposición al fracaso.
- Abstracción selectiva
en la que el adolescente intenta arribar a
conclusiones teniendo en consideración solamente un aspecto de la
realidad como puede ocurrir en los adolescentes deprimidos que recuerdan
principalmente sus fracasos cuando son sometidos a pruebas de ensayo y
error.
- Sobregeneralización
cuando el sujeto, a partir de un dato
particular llega a conclusiones generales, como por ejemplo, considerar
que es un "incompetente que está perdiendo facultades" por haber salido
mal en una evaluación parcial de sus estudios.
- Magnificación
mediante la cual el adolescente evalúa de forma
distorsionada un suceso, incrementa sus efectos y consecuencias. Es el
caso de un sujeto que considera cualquier evento desagradable como "una
tragedia", "una catástrofe", "lo peor que podía haberle ocurrido".
- Minimización
, mecanismo inverso al anterior en el que el
adolescente evalúa de forma distorsionada sus potencialidades y
habilidades, restándose sus méritos y cualidades positivas. Es el caso
del adolescente que ante un éxito frente a un examen difícil, que sólo
él ha pasado, considera que cualquiera pudo haberlo hecho, incluso mejor
que él.
- Pensamiento polarizado
mediante el cual el adolescente evalúa la
realidad en "blanco y negro", "todo o nada", "siempre o nunca", "bueno o
malo", "perfecto o imperfecto", etc. Por tanto son frecuentes las frases
siguientes: "Nada me sale bien", "todo me sale mal", "siempre fracaso",
"nunca acierto" y otras similares, sin cerciorarse que en la realidad
ninguna situación es completamente mala o buena, sino que se nos muestra
con diversos matices y una persona puede ser torpe en una tarea y muy
eficiente en otras, por solo citar un ejemplo.
- Personalización
que es el mecanismo mediante el cual el
adolescente considera cualquier situación o hecho, como referido a sí
mismo, aunque no exista conexión alguna. Así, si no es saludado en la
mañana por alguien conocido, puede pensar que eso ha ocurrido porque la
persona está molesta con él o ella, o que no le han querido tener en
cuenta, etc.
El manejo de las distorsiones cognitivas señaladas con
anterioridad constituye un recurso válido para evitar que el adolescente
se evalúe de forma anómala y ello le reste posibilidades de lograr una
adaptación armónica al entorno.
Otras veces es de mucha utilidad fomentar una terapia de
relación con el adolescente, lo cual disminuye la vulnerabilidad a las
presiones externas. Este tipo de terapia contiene fuertes elementos de las
terapias de apoyo y para algunos autores es una forma prolongada de estas.
Así se trata de establecer con el adolescente en riesgo de suicidio una
relación amistosa, no autoritaria, que aunque no juzga, se muestra firme e
impone ciertas limitaciones, asume una actitud flexible y ofrece al
adolescente nuevas opciones de ajuste para identificarse con una figura
paterna sustitutiva diferente a la del progenitor biológico.
Si el riesgo suicida del adolescente no es elevado, la
terapia de apoyo puede ser un valioso recurso. Una relación armónica,
basada en una dirección cordial y enérgica, que gratifique las sanas
necesidades de dependencia, que fomente una legítima independencia y sirva
para canalizar adecuadamente la agresividad y la hostilidad hacia formas
no destructivas del comportamiento, pueden ser una ayuda eficaz para
cualquier adolescente, y más aún para aquellos que presentan factores de
riesgo suicida. La orientación al descanso para recuperar las energías
perdidas, la diversión, la práctica de deportes y de ejercicios físicos,
una alimentación adecuada, evitar el consumo perjudicial de alcohol, no
utilizar drogas, tabaco, café y sustancias adictivas pueden ser
orientaciones beneficiosas para brindar apoyo. Utilizar técnicas de
relajación y otras similares que contribuyan a suprimir o atenuar los
síntomas más molestos, así como el uso de psicofármacos con similar
propósito durante breves períodos de tiempo harán que el adolescente se
sienta más seguro, aceptado, protegido, alentado y menos sólo. El cambio
de medio cuando los factores ambientales son considerados muy estresantes
para un adolescente vulnerable puede ser un magnífico recurso para evitar
una conducta autodestructiva.
Si en la crisis suicida del adolescente están jugando un
papel predominante los rasgos pasivos, dependientes y la timidez, una
técnica que puede ser empleada en estos casos es el entrenamiento
asertivo, que busca como objetivo cardinal, el hacerse valer, evitando ser
manipulado por los demás. Para ello se sugieren seis modos de conducta los
cuales se mencionan a continuación:
- Se debe intentar exteriorizar los sentimientos mediante la
verbalización de las emociones que son sentidas espontáneamente, lo cual
se hace muy difícil en los adolescentes suicidas, los que presentan
dificultades con la expresividad de estas últimas.
- Debe aprender a discrepar, sin fingir que se está de acuerdo sin
estarlo. Este aspecto tiene mucho valor si se tiene en consideración que
el suicidio es una situación diádica en la que se involucran el
adolescente y alguna otra persona significativa y muy vinculada
emocionalmente con él, como la novia o el novio, la madre o el padre, el
maestro o el amigo, etc., con la cual se han tenido recientes o
acumulativas dificultades interpersonales.
- Se le debe enseñar a utilizar el pronombre personal YO, de modo que
el adolescente se involucre en su conducta y aprenda a responder por las
consecuencias de la misma.
- Debe aprender a mostrar las emociones con el rostro y los
movimientos, lo cual le permitirá aprender a exteriorizar la afectividad
y modularla según el contexto de la situación.
- Debe ser capaz de estar de acuerdo cuando se le elogia y practicar
el autoelogio de forma razonable, pues ambos aspectos refuerzan el YO de
manera positiva.
- Debe aprender a improvisar, a dar respuestas espontáneas a estímulos
inmediatos, lo cual le facilitará otras opciones que no sean el miedo a
hacer el ridículo o simplemente no saber qué hacer.
Otras posibilidades a utilizar con el adolescente
potencialmente suicida es revisar sus metas y objetivos para hacerlos más
realistas de acuerdo a las potencialidades del sujeto y por tanto,
disminuir las posibilidades de fracasos y frustraciones, enseñarles a
desarrollar el autodominio, el autocontrol, incrementando el repertorio
general de actividades para que existan mayores opciones de éxito y
adecuarlas a sus atribuciones reales (inteligencia, aptitudes para la
actividad).
Otra forma de ayudar al adolescente que ya ha realizado
una tentativa de suicidio es invitarle a que descubra las diversas
dificultades que un acto de este tipo pudiera ocasionarle en su vida y en
sus relaciones sociales. Sin asumir una postura moralista, se le invita a
reflexionar sobre la opinión que él tendría de alguien conocido que
intenta poner fin a su vida, si él considerase que es un sujeto que goza
de una excelente salud mental o por el contrario si piensa que algo no
está funcionando bien en el cerebro de esa persona (por lo general
responden teniendo en cuenta esta última posibilidad. Una vez obtenida la
referida respuesta se le asegura que probablemente eso también sea lo que
los demás piensan de él y hay que trabajar juntos para modificar esta
realidad.
Se le pregunta también sobre los sentimientos que le
provocaría un sujeto cualquiera que intente contra su vida (la compasión,
la lástima, la rabia, la desconfianza o el miedo) y se le invita a
reflexionar si son estas las emociones que él pretende despertar en sus
relaciones con los demás, pues no son las que más aprecian los seres
humanos.
Otra forma de abordar al adolescente en situación de
crisis suicida es mediante la llamada Primera Ayuda Psicológica, que
consta de cinco etapas, las que se describen a continuación:
Primera etapa. Establecimiento del contacto
Lo que se debe hacer es escuchar detenidamente, reflejar
sentimientos, aceptar las razones que esgrime el sujeto y creerle, sin
juzgarle.
Lo que no se debe hacer es restarle importancia a lo que
nos expresa el sujeto, ignorar los sentimientos, impedir que el individuo
exprese sus sufrimientos y contar nuestra historia en situaciones
conflictivas.
Segunda etapa. Conocer la dimensión del problema
Lo que se debe hacer es formular preguntas abiertas que
permitan conocer cómo piensa el adolescente y facilitar la expresión de
sentimientos. Explorar siempre la presencia de pensamientos suicidas.
Lo que no se debe hacer es atenerse a realizar preguntas
que sean respondidas con monosílabos (sí o no) o evaluar el discurso del
adolescente a través de la experiencia propia, que no es válida para
otros.
Tercera etapa. Posibles soluciones
Lo que se debe hacer es establecer prioridades de
soluciones, abordando directamente los posibles obstáculos para su
consecución y desaprobar la solución suicida como forma de afrontar
situaciones problemáticas. Reforzar el concepto de que el suicidio es una
solución definitiva a problemas que usualmente son temporales.
Lo que no se debe hacer es permitir que el adolescente
continúe sin ensanchar su visión en túnel que es la que únicamente le deja
ver la opción suicida. Tampoco deben dejar de explorarse los obstáculos de
manera realista para evitar nuevos fracasos y que se agrave la crisis
suicida.
Cuarta etapa. Acción concreta
Lo que se debe hacer es tomar una medida a tiempo
(involucrar a otros familiares, acercar a las fuentes de salud mental,
imponer tratamiento, realizar hospitalización, etc.) Se debe ser directivo
y confrontar cuando la situación lo requiera. Nunca debe dejarse sólo a un
sujeto en crisis suicida.
Lo que no se debe hacer es ser tímido, indeciso, no tomar
una decisión a tiempo, dejar solo al adolescente en riesgo de cometer
suicidio o retraerse de asumir responsabilidades.
Quinta etapa. Seguimiento
Lo que se debe hacer es realizar el recontacto para
evaluar los progresos o retrocesos del adolescente en su sintomatología
suicida.
Lo que no se debe hacer es dejar la evaluación a otra
persona que desconozca del caso y le sea imposible establecer una
comparación con su estado inicial.
Este sencillo recurso puede ser utilizado por cualquier
persona, siempre y cuando evite hacer lo que no se debe hacer e investigue
la presencia de las ideas suicidas y si estas están presentes, nunca
dejarlo sólo y acercarlo a las fuentes de salud mental como el médico de
la familia, el psicólogo, el psiquiatra y los servicios de urgencias
médicas y psiquiátricas.
Hay quienes consideran que abordar a un adolescente en
riesgo de suicidio sin preparación para ello, sólo mediante el sentido
común, puede ser peligroso. Esto no es cierto, si el sentido común nos
hace asumir los siguientes principios:
- Escuchar con atención.
- Facilitar el desahogo.
- Durante el diálogo con el adolescente se deben utilizar frases
cortas que les sirvan para continuar exponiendo sus dificultades, como
por ejemplo: "me imagino", "entiendo", "es lógico", "no es para menos",
"claro está", "te comprendo". Estas frases además de facilitar la
expresividad le hará sentir que le comprendemos y tomamos en serio.
- Reformular lo que nos ha dicho, haciendo breves resúmenes que le
ratifiquen nuestra capacidad de escucha atenta y genuina de sus
dificultades.
- Preguntar siempre sobre la presencia de ideas suicidas.
- Ayudar al adolescente a que él descubra otras alternativas que no
sea la autodestrucción, sin confiar en aquellas que no pueda realizar
inmediatamente. Por ejemplo: "voy a irme de la casa" (sin tener otro
lugar adonde ir), "me voy a olvidar de él" (como si la memoria fuera una
pizarra que se puede borrar en un momento y no dejar huellas de lo
escrito.
- No dejar nunca a solas a la persona en crisis suicida y hacer todos
los esfuerzos por atraerla a los profesionales de la salud.
Si estas premisas son utilizadas por el llamado sentido
común, un gran número de los adolescentes que hoy intentan el suicidio o
se suicidan, no lo harían.
Otra probabilidad de abordaje del adolescente que ha
realizado un intento de suicidio es preguntar: "¿Para qué usted intentó
contra su vida?", con lo cual se puede determinar el significado del acto
suicida del adolescente y hacer una interpretación racional de dicho
significado. En ocasiones, el intento de suicidio ha sido realizado para
agredir a otros y en esos casos le invitamos a reflexionar sobre las
ventajas que la agresividad tiene en determinadas situaciones, como por
ejemplo, los deportistas de disciplinas de combate, como el judo, el
pugilismo, la lucha en sus diversas modalidades, kárate, etc., pero no en
otras, como lo son las relaciones familiares. Si se trata de una tentativa
de suicidio por miedo, hay que analizar que esta emoción es muy normal
ante situaciones específicas, que lo experimentan la mayor parte de los
individuos, pero también puede ser una emoción muy personal, porque
solamente lo manifiestan determinados sujetos ante situaciones que
habitualmente no provocan temor en la mayoría de la población.
Si el intento suicida se realiza para morir, no es
aconsejable reflexionar acerca de las supuestas bondades y ventajas que
nos depara la vida, porque eso es, precisamente, lo que el adolescente no
percibe. Este significado – el de morir– es el que entraña mayor peligro
para la vida del adolescente, por lo cual se debe tratar de que sea
evaluado, en el más breve tiempo posible, por un especialista en
Psiquiatría Infanto-juvenil.
Cualquiera de las técnicas para abordar el adolescente con
riesgo de suicidio que se han ofrecido al lector, pueden tener similares
resultados, siempre que usted escoja aquellas que más se adapten a sus
características personales, que le sea de más fácil aplicación y en la que
usted se sienta más cómodo y auténtico.
Hasta aquí se han expuesto los factores de riesgo suicida
del adolescente, las situaciones que incrementan dicho riesgo, las
enfermedades que lo pueden conllevar y diversas técnicas para abordar la
crisis suicida en esta etapa de la vida.
Pasemos a brindar los factores protectores de la conducta
suicida, los que deben ser desarrollados desde la infancia y en la
adolescencia por el padre, la madre, y otras figuras significativas en el
hogar y por los maestros y profesores, así como todos los que tengan la
responsabilidad de educarlos y conformarles una personalidad con
características antisuicidales.
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